Tras dormir de un tirón, me levanto temprano y lo primero que hago es cruzar a la quesería, donde hay gente trabajando desde que amanece, y comprarles yogures naturales y yogures batidos para el desayuno. Están buenísimos y desde ese día los tomaremos a diario para empezar la jornada.
Es día 2 de agosto y nos montamos en el coche rumbo a Bilbao, donde recogeremos a Olga y Marcelo que llegan en avión. Mariana ya está nerviosa solo de pensarlo. Con solo cinco años recién cumplidos, se ha portado de maravilla estos dos días: buena, obediente, y tan graciosa como siempre. Vamos a tener que repetir esto a menudo, porque cuando está con la madre y con el enano...
El camino a Bilbao se hace pesadillo, son nada menos que 165 kilómetros hasta el aeropuerto. Se pagan varios peajes en una autopista con tramos a veces demasiado curvados para una vía rápida. Nada más llegar al aeropuerto, aparecen Olga y Marcelo porque el vuelo se ha adelantado. El peque se pone muy contento de vernos. Con solo año y medio, el tío ya se ha montado tres veces en avión, y le queda una cuarta para volver a Sevilla.
En el mismo parking del aeropuerto Olga se encargó de reubicar las sillitas de los niños en el coche. Ahora éramos seis y había que habilitar la tercera fila del coche, en la que iría, encantada de la vida, Mariana. Acto seguido, nos pusimos en marcha. Al planear el viaje, pensamos que ya que había que venir hasta aquí, lo suyo sería aprovechar a la vuelta para parar en algún pueblo bonito de la costa vasca para comer y dar un paseo. Nos decidimos por Getaria, la patria chica de Juan Sebastián Elcano, ya en la costa de Guipuzcoa y a mitad de camino entre Bilbao y nuestra casa de Aniz.
Llegamos sobre las dos y media porque salir de los alrededores de Bilbao fue complicado. Aparcamos cerca del puerto, y caminamos unos minutos hasta el centro del pueblo. En tripadvisor recomendaban comer en Politena, un restaurante con un menú del día algo carillo (20 euros), pero que incluía pescado fresco de la zona. Yo tomé merluza y estaba espectacular, los demás se decantaron por las lubinas y doradas.
Después de la comida, paseamos bajando hacia el puerto. Pudimos visitar la iglesia de San Salvador, de la que me llamaron muchísimo la atención tanto la fuerte cuesta abajo interior desde el ábside a los pies, como el pasadizo exterior bajo la nave de la iglesia que comunica la calle mayor con el puerto.
Una vez que llegamos al puerto, paseamos por allí un rato: a un lado está la playa, pero la mayor diversión de los chavales del lugar, como ya vimos en otros pueblos pesqueros, es tirarse al agua desde la cuesta del puerto.
Al irnos y recoger el coche, tuvimos la desagradable sorpresa de que lo habían multado, ya que estaba en zona azul y no nos habíamos dado cuenta. En fin, cincuenta euritos que tendré que pagar.
Al salir de Getaria, tiramos por la carretera costera, que es imprescindible si se quiere disfrutar viendo los mejores paisajes costeros de Euskadi, ya que va dibujando el borde del mar hasta la playa de Zarauz, eso sí, por contra luego tienes que salir del atasco que supone meterte en el gran núcleo turístico de la costa guipuzcoana, pero merece la pena de todos modos.
Al llegar a Aniz, Marcelo recorrió todo el jardín con sus carreras y conoció al que sería su compañero de correrías durante las vacaciones: un pequeño gatito que vivía en el jardín y que se arrimaba a todo el que se acercaba por allí. A Olga le encantó la casa.
Bajamos a cenar y hoy Maider nos había preparado cardos a la navarra y de segundo cordero al chilindrón. Aunque todo está de rechupete, y la fuente en la que venía el cordero queda para pasar la prueba del algodón, decidimos que a partir de mañana cenaremos ya en nuestra casa, porque esto no hay estómago ni bolsillo que lo resista. Así que almorzaremos en la calle y cenaremos cualquier cosilla en casita.
Concluye así nuestra tercera jornada de viaje. Como ya llevamos recorridos 1.350 kilómetros, apetece para mañana (3 de agosto) una excursión cortita. Elegimos ir a Zugarramurdi, a visitar las cuevas de las brujas, que están a poco más de 30 kms, y después volver a Elizondo, donde hay una fiesta que organizan los comerciantes de la ciudad.