
Después visitamos la Ciudadela medieval. Una vez que pasas la puerta entre las dos torres es como entrar de lleno en la Edad media. El hotel queda oculto en una ciudad de hace siglos donde abundan las casas de entramado de madera, ropa tendida, un carro con barriles…En su cena buffet se pueden degustar tanto carnes como pescados al mismo precio que en el nuestro.

Luego nos vamos a la bonita Isla de Clovis. Clovis, también conocido como Clodoveo I, fue rey de los francos desde el 481 al 511. Fundó la primera de las dinastías de Francia, la de los merovingios, y fue el primer rey cristiano (ya dije que aquí todo es muy cristiano, seguramente porque el fundador del parque es Philippe de Villiers, político francés de derechas). El hotel está compuesto por 50 casitas enclavadas sobre el agua, con techos de cáñamo y entramados de madera. Las rodean 9 estanques que se han reconstruido expresamente y donde abundan las carpas, que pueden verse desde los balconcitos de cada casa y que se comen los mosquitos. Las camas de son de madera de roble. También tiene su propio restaurante, en este caso basado más en el pescado y algo más barato que el nuestro.
Unas bonitas ovejas nos saludan a nuestra llegada al siguiente hotel, la Villa Galo-romana, el primero que se construyó en Puy du Fou. Está rodeada de 62 columnas y dentro tiene un bonito jardín con olivos y lavanda. Dispone de su propio restaurante aunque en este caso tiene un menú fijo, no buffet como en los demás.
Después de nuestro paseo por los hoteles (todos menos Le logis de Lescure, 4 suites en una casa de piedra del siglo XVIII, que es el más apartado y más caro de los alojamientos del parque) nos fuimos a desayunar (en buffet más que suficiente). Después volvemos a entrar al parque. No comenté que comprándolo por Internet la entrada de un día cuesta 35 euros y de dos (necesarios para verlo todo bien), 56 euros. El ahorro es más que importante.
El primer espectáculo del día tiene lugar en un teatro del siglo XVII. Y es que vamos a ver Los mosqueteros de Richelieu, una aventura de capa y espada donde encontramos a los mosqueteros, Richelieu, Luis XIII, Ana de Austria y Cyrano de Bergerac. Vamos personajes que no me gustan “nada”. El protagonista de la historia es un cómico pero que a la vez es un genial espadachín (al principio recuerda un poco a Scaramouche) al que le secuestran a la novia, una bailarina de flamenco tipo zíngara. Después de las peleas uno se queda alucinado viendo a los caballos bailar sobre el agua. Y no digo más. No nos dejan grabar ni hacer fotos.
No todo son espectáculos en Puy du Fou, ya lo dije. También hay zonas muy bien adaptadas a épocas históricas. Tal es el caso de la Ciudad del año 1900, con tiendas preciosas y unos autómatas que tocan a determinadas horas del día.
Visitamos luego en visita guiada en francés el palacio renacentista (no se permite grabar ni hacer fotos). Ves a los diferentes miembros de la familia para terminar sorprendiéndote con un anillo que perteneció realmente (o eso parece) a Jean d’Arc y que Puy du Fou compró en una subasta reciente. Junto a ese palacio se alzan las ruinas del palacio real.
Paseamos por la rosaleda antes de meternos de lleno en la Primera guerra mundial en Los amantes de Verdún, un trayecto realmente impactante donde parece que vivas la guerra en primera mano. No da miedo pero sí algo de impresión (muchos niños salieron llorando para encontrarse con las tumbas de los soldados caídos).
De nuevo entre árboles y con suelos de tierra seguimos caminando por el enorme parque para llegar al pueblo del siglo XVIII donde nos esperan cerditos, conejos, cabras, una vaca… Todos ellos son de varias zonas de Francia.
En el mismo pueblo encontramos un restaurante y varias tiendas de artesanía así como un enorme carrillón que una chica toca varias veces al día. Espectacular.

Seguimos recorriendo los decorados y llegamos al poblado del año mil, mucho más rústico, con sus casas sencillas y su horno. No faltan tampoco los animales.
Volvemos a la ciudad del 1900 para ver el espectáculo cómico “Le ballet des sapeurs”, protagonizado por niños que se lo pasan en grande. Ya dije que aquí hasta los niños colaboran.

Aunque el parque es inmenso y hay mucho que ver no podemos resistirnos a la tentación de volver a ver El signo del triunfo, el segundo día con algo menos de público pero donde descubrimos algunas cosas que se nos pasaron por alto el día anterior. Fue ese día cuando una de las leonas a punto estuvo de atacar a la actriz protagonista. El domador la controló pero sin rozarla. Ya dije que están bien cuidados. Lucen lustrosos el poco rato que aparecen en escena.

Paseamos por el resto del parque, viendo rincones que se nos habían pasado, y comimos un risotto.
Vemos tres espectáculos de interior. El primero se llama la Odisea de Puy du Fou y hasta los edificios se mueven. Luego vimos el más nuevo, creado en 2018. Es Le mystère de La Pérouse. Te sitúas en 1785. Te embarcas en una de las naves del explorador La Pérouse. Salimos del puerto de Brest y mientras recorremos el barco nos vamos enfrentando al mar, no siempre en calma. Notamos el calor en Vanikoro y el frío en Alaska. Está tan bien hecho que parece que estés de verdad en un barco. Pero llega la tormenta, la más terrible…Jean-François de La Pérouse nació cerca de Albi (por eso cuando fuimos a esa ciudad hace poco vimos un museo dedicado a él). Se entoló en la marina con 15 años e participó en combates contra los ingleses y en varias exploraciones. El rey Luis XVI se seleccionó para dirigir una expedición alrededor del mundo que debía completar los descubrimientos que el capitán James Cook había hecho en el Pacífico. Con dos navíos, la Boussole y l’Astrolabe, dejó Brest en 1785. Le acompañaban muchos científicos (un astrónomo, varios naturalistas, dibujantes…). Por eso vemos en el “barco” los resultados de esa expedición científica. Rodearon el Cabo de Hornos, pasaron por Chile y las islas de Pascua y Hawaii para llegar a Alaska, donde desembarcaron. Parece que realmente nosotros estemos parados frente a un glaciar. Unas barcas se perdieron debido a las fuertes corrientes.
Siguieron hacia Monterrey y luego, atravesando el Pacífico, continuaron hasta Macao, donde vendieron las pieles que habían conseguido en Alaska. Visitaron Manila, descubrieron las islas Quelquepart y siguieron hasta Corea, la península de Kamchatka, Samoa (los lugareños les atacaron y murieron varios hombres) y Sidney. Entregó sus diarios a los británicos de Australia para que los enviaran a Europa y siguieron su camino hacia Nueva Caledonia, las Islas Santa Cruz, las Islas Salomón, el archipiélago de las Luisiadas y las costas oeste y sur de Australia. No se les vio nunca más. Unos paneles explican esta expedición.
En 2005 se identificaron unos restos que se habían encontrado cerca de Vanikoro (Islas Salomón) como los de los dos navíos de La Pérouse.
El tercero de los grandes espectáculos que nos faltaban se llama Le dernier panaché (el último penacho). El protagonista es un oficial de la marina francesa que ha participado en la Guerra de la Independencia americana. François Athanase Charette del Contrie existió realmente y fue apodado el rey de la Vendée. La Vendée era una rebelión, una guerra civil, que enfrentó a los partidarios de la Revolución francesa con los contrarrevolucionarios. Tuvo lugar en esa zona de Francia entre 1793 y 1796 y se trató básicamente de un levantamiento campesino. Después de que Luis XVI fuera guillotinado y se iniciara una guerra contra España, la Convención aprobó una leva de 300.000 hombres. Los campesinos, principalmente de esa zona, se negaron a aceptarlo y se levantaron en armas. Se dice que la reforma que se quería hacer de la Iglesia también influyó en gran medida en una sociedad muy católica (de nuevo un tinte católico). Charette se convirtió en uno de sus líderes e incluso el futuro Luis XVIII le otorgó el grado de General del Ejército católico y real. Sin embargo las cosas le empezaron a ir mal, no llegaron los refuerzos que esperaba y fue finalmente capturado. Fue condenado a muerte y ejecutado. La historia sigue su trayectoria con un teatro muy especial que te hace estar inmerso en la trama. Ese aire monárquico y católico (no se puede esperar otra cosa sabiendo quién es el fundador) no le quita la gracia al espectáculo. Sorprende la elección del tema contrarrevolucionario cuando lo normal sería la Revolución pero como lugar de ocio y entretenimiento no decepciona en absoluto.
