Hoy reposamos el desayuno tranquilamente porque la primera visita, San Cebrián de Mudá, está a 10 minutos de donde nos encontramos alojados.
Nuestra intención era primero visitar la iglesia de San Cornelio y San Cipriano del S.XII que en su capilla mayor conserva unas pinturas murales del S.XV. Pero no conseguimos que nadie nos abriese la iglesia: el alcalde estaba de boda, Gema la chica que trabaja en la reserva de bisontes que al parecer tiene la llave no podía… y el señor cura que apareció por casualidad por la reserva nos dijo que se iba a otro pueblo a dar misa. Así que nos quedamos compuestos y sin poder visitarla.
Lo que sí vimos fue la reserva de bisontes europeos. Un proyecto de recuperación de este animal para evitar su extinción. Eso sí, recomiendo hacerlo andando porque por el camino se pueden ver otras especies de animales totalmente en libertad. Además el camino es relativamente corto hasta el centro de avistamiento y no merece la pena ir en todo terreno.

Después de estar contemplando cara a cara a los bisontes, nos montamos en el coche para continuar hasta el siguiente objetivo que no es otro que el pueblo de San Salvador de Cantamuda y más concretamente su iglesia, antigua colegiata.
Cuando llegamos hay un número de teléfono en la puerta para llamar. Cosa que hago y me contesta un señor que su sobrina va a subir a abrir la iglesia a las cuatro de la tarde.
Como ya se aproximaba la hora de comer nos acercamos a la venta morena a degustar un cocido y un menú degustación por 19€.
Con el estómago lleno volvemos a la iglesia y a las cuatro y cinco se presenta Kheira, la chica que tenía que abrir. Un encanto de persona que nos obsequió con una visita espectacular, un lujo sus explicaciones tanto dentro como fuera de la iglesia. ¡Y sólo lleva allí seis meses! La entrada cuesta 1€. Así que si vais allí no os limitéis a ver la iglesia, dejad que os cuente ella, preguntar. Veréis qué maravilla. ¡Por cierto! Dentro de la iglesia en la puerta está pegada una hoja con los nombres de los distintos pueblos –iglesias – personas que las abren – números de teléfonos a los que llamar. Lástima que al día siguiente nos marcháramos. De todas formas hice una foto para la próxima visita.

Después de esto cogimos el coche hasta el mirador de Piedrasluengas para contemplar los Picos de Europa y Peña Labra.
Ya de vuelta paramos en Cervera de Pisuerga, estuvimos paseando por el pueblo y vimos unos árboles que estaban arropados con una especie de manta de punto, cuanto menos curioso camino de la fábrica donde elaboran unos lazos de chocolate que están de muerte, y que todos los días al regresar a la habitación teníamos una cajita para nuestro disfrute por cortesía de Silvia.
Una vez hecho acopio de varias cajas para traernos a Madrid, nos dirigimos a ver el eremitorio rupestre de San Vicente. Nos sorprendió para mal al ver que no estaba lo suficientemente protegido y la gente se subía para hacerse fotos y saltaban y lo pisoteaban todo.

De vuelta al hotel rural, a 10 minutos, y después de ducharnos y descansar un poco nos fuimos al Escaramujo a tomar unas raciones, cervezas y unas copitas.
Al día siguiente se nos acababa este viaje. Un viaje que nos había gustado muchísimo. Cada día había algo que nos sorprendía gratamente y causaba admiración.




