Viaje realizado del 2 al 6 de Junio de 2022.
Son las nueve y media de la mañana cuando tomamos tierra en el pequeño aeropuerto de Praga, estos horarios te obligan a pegarte un madrugón importante, pero a cambio te ves desayunando en Praga tres horas más tarde.
No tenemos que recoger equipaje, así que nos vamos directamente al mostrador donde adquirir dos billetes individuales que te dan derecho a coger autobús/metro/tranvía durante treinta minutos desde que validas el ticket (hay más opciones, de noventa minutos, de día entero…). Lo hicimos así por dos motivos, el primero es que se puede pagar con tarjeta, el segundo y más importante, antes de montarse en el transporte público hay que tener billetes y además tenerlos validados, sólo se validan una vez, en unas maquinitas que tienen habilitados dentro del autobús o tranvía. A nosotros nos los pidieron unas cuantas veces y vimos como a algunos los “trincaban,” y las multas no son baratas.
Nos montamos justo a la salida de la terminal, en el autobús 119 y 15 minutos más tarde bajamos en la parada de metro Nadrazi Veleslavin , en la que haremos transbordo yendo en la línea Verde A hasta Namesti Miru al centro de la ciudad.
Llegamos a nuestro hotel, el Hotel Ambiance, nuestras habitaciones no están disponibles, pero podemos dejar el equipaje en una consigna, acomodarnos un poco y empezar a patear la ciudad. El hotel está relativamente bien situado, cerca de paradas de metro, tranvía y autobuses que te conectan con toda la ciudad y a unos 20-25 minutos andando del centro. Estamos frescos, así que nos iremos acercando a la ciudad vieja sin utilizar transporte público.
Paseamos por la plaza de Carlos, donde se encuentra el ayuntamiento de la ciudad nueva. Bajando hacia el río llegamos a la iglesia barroca de San Cirilo y San Metodio, famosa por la tenaz resistencia de siete paracaidistas checos rodeados por las tropas nazis en 1942.

Seguimos hacia el río, hasta llegar a la casa danzante, también llamada Fred y Ginger, ya que parece estar inspiradas en estos dos bailarines y es uno de los lugares más fotografiados en Praga que no es poca cosa.

Cruzando la carretera, nos encontramos con el río Moldava y caminamos por su orilla, vemos el teatro nacional y el puente de Carlos, un magnífico puente medieval el más viejo e icónico de la ciudad. Sin duda uno de los monumentos más famosos de Praga, si no el que más.



A las tres hemos quedado para hacer un free tour de la ciudad vieja y barrio judío con una duración de dos horas, que luego resultaron ser dos horas y media. El punto de encuentro es otra de las imágenes de la ciudad, La Torre de la Pólvora, torre gótica del siglo XV, era una de las 13 entradas de la Ciudad Vieja

Y puntuales, bajo un sol de justicia empezamos el tour, con una guía excepcional, simpática y muy preparada. Nos cuenta sobre cómo se proclamó la independencia de Checoslovaquia en la casa municipal unida por una galería a la propia torre del pólvora, que marca la frontera entre la ciudad vieja y nueva.


Vamos parando delante de edificios de diferentes estilos, la casa de la Virgen Negra, edificio cubista. Aprendemos sobre la historia del Il Commendatore, en honor a la ópera Don Giovanni de Mozart, que se estrenó aquí.



Y llegamos a la Plaza de la Ciudad Vieja, con su Reloj astronómico, símbolo de la ciudad, sus edificios góticos, la estatua de Jan Hus, la iglesia de San Nicolás, la mágica iglesia de Tyn. Un lugar que te transporta a tiempos pasados, el único pero, está atestada de gente, sobre todo a las horas en punto con el espectáculo del Reloj. Aún así es una belleza de plaza.




Nos abrimos paso entre la gente y nos vamos al barrio judío a caminar delante de sus seis sinagogas pero, antes paramos a escuchar la historia que envuelve otra famosísima estatua de la ciudad. La figura de Kafka sobre un hombre sin cabeza.

Y aquí termina el tour, que nos ha encantado



De camino al hotel vemos de casualidad otra sorprendente estatua en Praga
