Mirador de Aiguas Caidas (ruta del río Sor) y comida en O Barqueiro.
Después de haber pasado toda la mañana en Porto do Espasante, a la hora de almorzar, decidimos ir al restaurante A Goleta de O Barqueiro, sito en un hostal, en la carretera AC-862, del que nos habían hablado bastante bien. Reservamos por teléfono y, tras dar una vuelta por el pueblo y su puerto, dilucidamos qué podíamos hacer en el rato que nos quedaba hasta la hora de comer.


Yo llevaba apuntada una ruta senderista por el río Sor y, de camino, vimos unos indicadores hacia su fervenza, así que decidimos echar un vistazo, pues, según vi en Google Maps, estaba a unos veinte minutos. Ignorando las instrucciones del navegador, cruzamos el puente sobre el río y, ya en la provincia de Lugo, seguimos la señalización, que nos metió por varias pistas asfaltadas, sorteando bosques, minúsculas aldeas y campos de labor.

Al final, tardamos media hora en llegar al anunciado mirador, desde el que pudimos observar el curso del río, muy al fondo, y ver desde arriba los manantiales que dan lugar a la cascada, pero sin poder apreciar su caída, pues habríamos tenido que bajar unas largas escaleras que forman parte de la ruta senderista que yo había visto, pero que no nos daba tiempo a recorrer en aquel momento.


Volvimos al restaurante. Tomamos una ensalada, una ración de almejas en salsa, unos chipirones encebollados, rape a la marinera y un tiramisú casero. Todo estaba muy bueno. Con copas de ribeiro y aguas, en total, 74 euros.

Justo entrente del restaurante, pero al otro lado de la carretra, hay un mirador con una bonita panorámica de O Barqueiro y la ría.

Por la tarde, valoramos si hacer el sendero del río Sor o tomárnoslo con calma y pasear en coche, parando en algunos miradores. Con el calor que hacía, ganó está última opción, así que cruzamos de nuevo el puente y fuimos a hacer un poquito de turismo por la Mariña occidental lucense.
Praia Xiloi (O Vicedo).
Nos acercamos a esta playa, recomendada por forero MiguelBilbao. Fue todo un acierto, pues realmente es una playa muy bonita y tranquila, rodeada de imponentes acantilados que la protegen de las mareas y los vientos. Nos tomamos un respiro y dimos un paseo por la arena, con los pies pisando el agua.


Aunque el cielo aparecía ahora un poco nublado, la temperatura seguía siendo estupenda para pasear. También había gente bañándose.

Mirador de Tixoso.
Después, no sé por dónde nos metimos, pero aparecimos en este Mirador, que nos proporcionó vistas hacia Fuciño do Porco (Punta Socastro, en realidad), lugar que se ha vuelto viral desde hace algún tiempo por su ruta de pasarelas, ahora cerrada. Durante el Camino de Santiago, que hicimos hace dos años, en Portomarín, toqué una campana “comprometiéndome” a visitar este sitio. Las pasarelas estaban cerradas, pero se podría llegar más o menos allí caminando, ¿no? Había que intentarlo.


Fuciño do Porco (Punta Socastro).
Dejamos el coche en un espacio habilitado que hay a unos 500 metros del aparcamiento propiamente dicho de las pasarelas, que están cortadas, como ya sabíamos y leímos también allí, en un indicador. Como ignorábamos si se podía ir hasta allí con el coche, aunque ninguna señal lo prohibía, decidimos acercarnos, caminando. Había mucha sombra, con lo que no nos agobiaría el calor.

Llegamos al aparcamiento de las pasarelas, que es enorme; también vimos la caseta de control y de pago, ahora vacía, naturalmente. A juzgar por las dimensiones de este conglomerado, no es extraño que se tuviera que poner un aforo y se exigiera reserva previa. En determinadas épocas, este sitio debía ser una auténtica romería. En adelante, el bosque se volvió más espeso y había que ingeniárselas para encontrar alguna rendija hacia el mar.

En adelante, había un cartel prohibiendo el paso de vehículos no autorizados. Seguimos por la pista y nos topamos con un par de miradores muy chulos hacia la Ensenada y la Praia de Pereira, con las Lodelas. Estábamos a bastante altura.

Por fin, aparecimos en la pista que baja directamente hasta las pasarelas, donde había un cartel de prohibido el paso. De todas formas, desde allí se aprecian unas vistas muy bonitas hacia el Illote Gaveira, la Punta do Monte Faro y, más allá, la Punta Fontans.

También se ve bastante bien el impresionante Fuciño do Porco (en cierto modo y salvando todas las distancias me recordó a San Juan de Gaztelugache) y las pasarelas que lo surcan como una tremenda costura. Sinceramente, con independencia de las panorámicas que puedan proporcionar, seguramente fantásticas, estéticamente me parecieron horribles, una auténtica exageración, sobre todo el juego de escaleras de la parte izquierda. No digo que no se hagan estas infraestructuras, en otros sitios las hay, pero ¿no pueden ser más discretas, menos intrusivas con el medio natural por mucho que el conglomerado se haya disimulado y solo se vea desde el punto de acceso? En fin, como siempre, se trata de una opinión particular.

Mirador de San Román.
Ya de regreso hacia el hotel, paramos en este amplio mirador, que permite contemplar hacia el este la entrada de la Ría de Viveiro, con la Praia de Esteiro y la Punta Roncadoiro con su faro, así como la Punta Socastro (Fuciño do Porco), que acabábamos de visitar.


De vuelta a Porto Espasante, tomamos unas cervezas y una ensaladilla en uno de sus bares. En esta ocasión, sin sorpresas, si bien no tuvieron el detalle de ofrecernos la bandeja de torreznos que pasaron a los clientes que estaban en la parte exterior del local. Sería porque ya teníamos una ración en la mesa y el resto estaban tomando cañas, vinos o tintos de verano sin más. En cualquier caso, vimos que en Galicia (en esta parte, al menos) no es costumbre poner aperitivos gratuitos con las cervezas. Vale, sin problemas, no lo critico, solo lo comento. Cada sitio con su modelo
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Te mando estrellitas. Abrazos.