Bien es cierto que no somos de repetir destinos pero volver a Canarias se ha convertido en un auténtico vicio.
Desde que Fuerteventura nos robó el corazón hace ya muchos años no hemos parado de volver. Canarias es nuestra adorable excepción viajera.
Somos Jordi y Elena y en esta escapada invernal de 7 días nos acercamos a un lugar que teníamos muchas ganas de explorar, la octava isla Canaria, la joya del archipiélago chinijo: La Graciosa.

De este mini-archipielago situado al norte de Lanzarote tambien forman parte las islas deshabitadas de Montaña Clara y Alegranza, así como los islotes Roque del Este y Roque del Oeste. Constituye la reserva marina más grande de la UE con 700 km2
La Graciosa es pequeña y sin asfalto, tiene tan solo 27km2 y unos 700 habitantes. Es la más desconocida y más serena de las Canarias.
Una isla muy peculiar para un viajero especial con capacidad de apreciar la belleza en bruto, limpia, insolente y desnuda. Una isla donde reina el silencio sin depredadores. De volcanes, caminos polvorientos y maravillosos arenales solitarios.
Lo mas habitual es visitar la Graciosa en una excursión de un dia desde Lanzarote pero nosotros vamos a pasar tres noches a principios de enero aprovechando que estamos fuera de temporada y esperamos encontrar pocos turistas. Un lugar tan especial se merece una visita sin prisas.
Combinaremos la estancia aqui con unos días en Playa Blanca en el sur de Lanzarote al final del viaje... porque nos chiflan las playas de Papagayo y estamos deseando volver.