El dia 3 de enero volamos con Ryanair desde Barcelona a Lanzarote y una vez aterrizados vamos a recoger el coche de alquiler que hemos reservado con Goldcar.
El alquiler para 8 dias nos ha salido muy barato pero como era de esperar el chico del mostrador nos hace un asustaviejas para que contratemos el seguro a todo riesgo. Yo no lo quería coger pero Jordi se está volviendo más precavido con la edad y al final nos sablan 165€ extras. Es el precio de la tranquilidad.
Tardamos unos 30 minutos en llegar al puerto de Orzola en el norte de la isla desde donde zarpan los barcos a la Graciosa. No hemos reservado el billete.
Por lo que vemos una vez alli hay un par de compañias que hacen el trayecto y dependiendo de la temporada se añaden uno o dos ferrys a última hora.

Hay mucho sitio para aparcar cerca del puerto y es gratuito. Muchos parquings en varias explanadas de tierra muy grandes.
A la entrada del pueblo de Orzola hay un supermercado donde está bien comprar algunas cosillas si vais a pasar varios dias y quereis ahorrar porque allí las cosas son más caras.
Si llegais con tiempo la playa de Orzola merece una visita. Nos pareció muy bonita desde el barco.
Nosotros compramos en las taquillas de Lineas Romero los billetes de ida/vuelta por 28€ por persona. La vuelta es abierta cuando nosotros queramos.
Al final embarcamos en el ferry de las 17.00h.
Las maletas nos las suben los chicos de tripulación.
El barco es enorme y vamos 4 gatos.
Unas 20 personas a lo sumo. Turistas 4, nosotros dos y otra pareja.
En el ferry viajan un montón de bolsas de supermercado con bebidas y alimentos que los gracioseros han comprado en Lanzarote porque es mucho mas barato.
Cuando ya estamos saliendo del puerto nos cruzamos con un barco que llega de La Graciosa. Va bastante gente. Un montón de turistas vuelven a Lanzarote después pasar el dia.
El viaje hasta la isla es muy relajado y la panorámica de los riscos de Famara desde abajo una bendita gozada. En menos de 30 minutos atracamos en Caleta de Sebo.
Yo me bajo del barco e instantáneamente siento la magia de ese lugar. Muy poca gente, una plaza con el suelo desconchado y un atardecer de película nos da la bienvenida.

Las casas blancas y las calles arenosas de Caleta de Sebo me retrotraen en el tiempo a una época que no he vivido. No se si tengo recuerdos de Prince of Persia, de Chanquete en el Verano Azul o una mezcla de ambas. Sea como sea, la primera impresión de la isla es muy buena.


En Caleta de Sebo no hay hoteles como tal pero si muchos apartamentos y viviendas vacacionales aisladas. Me sorprendió para mal porque habían muchas más de las esperadas. Demasiadas. Me dio mucha pena pensar que cada vivienda vacacional es una vivienda menos para un graciosero y me sentí culpable hasta de haber ido. Nunca voy a viviendas vacacionales por este motivo, pero en este caso no había otra opción.
Antaño esta isla vivía de la pesca, hoy vive del turismo. Aun así, creo que se está haciendo un gran esfuerzo en mantener a raya el turismo de masas.
Al final , el alojamiento que reservamos fue todo un acierto. Muy bonito, todo nuevo, muy completo, limpio, super bien ubicado y con una fantástica terraza.Se llama El Delfin 2.
En Caleta de Sebo también encontraréis 2 tiendas de alimentación. Una tipo supermercado y otra más básica con muchas menos cosas. Vimos también una panadería y una farmacia.

Una vez instalados y muy contentos con nuestro alojamiento nos fuimos a reservar las bicis para el dia siguiente.
De todas las agencias que hay allí elegimos "Pedalea la Graciosa" porque unos españoles que nos encontramos por allí subidos en sus bicis nos dijeron que les habían ido superbien y nosotros nos copiamos eligiendo las mismas bicicletas eléctricas. De rueda gruesa y con sillin acolchado tipo motillo. Una maravilla.

La mía no hacia falta cambiar marchas, sólo la potencia del eléctrico, la de Jordi era distinta. El esfuerzo en cuestas es prácticamente nulo y la batería nos dió para toda la ruta sobrada.
Yo recomiendo que las probéis antes y os enteráis bien de como van las marchas porque Jordi fue media vuelta sufriendo por no enterarse bien de como iba. Cuando me vió en un subidón que lo rebasaba alegremente mientras él se tenía que bajar de la bici se quedó flipado. Por un momento pensó que el gimnasio me estaba cundiendo muchísimo, pero no era eso. Era que él tenía los piñones mal puestos.
40 € por dia y bici.
Carísimo, sí. Aunque no me arrepiento. Es una gozada recorrer La Graciosa a tu aire y prácticamente sin esfuerzo.
Habia eléctricas por 35€ pero con sillín normal de bici. Las bicicletas de montaña normales estaban por 15€.
Recomiendo invertir en una eléctrica a no ser que seas muy joven, estés muy en forma o seas masoquista y te guste sufrir.
Un poco más tarde fuimos a cenar al Restaurante Casa Enriqueta que teníamos justo enfrente de la casa. Menudo festín... papas con mojo, pulpo caramelizado, zamburriñas... una maravilla, un paseo nocturno por el pueblo y caimos redondos en la cama. No se oía ni un ruído. El silencio era absuluto, que maravilla.