Recurrí una vez más a mis amigos (*Editado por moderacion *) que me propusieron que los llevase a ver un punto de la costa y otro de interior haciendo una ruta de interpretación ambiental. Aunque el precio se disparaba bastante de lo que yo tenía pensado invertir en esta sorpresa, la verdad es que el plan me apeteció tanto que decidí liarme la manta a la cabeza y encargarles un particular
Descubre Galicia.
El sábado nos recogieron en Santiago muy tempranito, y nos llevaron en furgoneta hasta
Palas de Rey (Lugo).
Al llegar a Palas nos tenían preparado el desayuno en uno de los bares del pueblo y, menos mal, porque para lo que nos esperaba más nos valía ir con los niveles de energía a tope. No había terminado de darle el último bocado a las tostadas y ya nos tenían listas las bicicletas.
Antes de salir,
Oscar nos comentó que la comarca de la Ulloa estaba marcada por el paso del Camino de Santiago (de ahí que existan más de 40 iglesias y capillas románicas), pero que también abundan los restos arqueológicos: mámoas, dólmenes y castros son el testigo de antiguos asentamientos que se romanizaron cuando por allí pasaba la vía de Lucus Augusti hacia Iria Flavia.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Pero, sobre todo, la historia de la comarca está ligada al castillo de Pambre, una de las fortalezas mejor conservadas de Galicia y que fue testigo de las revueltas Irmandiñas.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Comenzamos a pedalear y tras salir de Palas de Rey por el
Campo dos Romeiros, Óscar nos habló de que en esa zona había mucha devoción a San Julián, y prueba de ello es la iglesia de
"San Xulián do Camiño".
Según la leyenda, Julián, un noble soldado, da muerte por error a sus padres. Para purgar su pecado se establece como hospitalero hasta que recibe la visita de un ángel que le comunica el perdón divino. Una frondosa vegetación nos acompañó a lo largo de nuestro recorrido (que transcurrió mayoritariamente sobre pistas asfaltadas) en el que encontramos los Pazos de Ulloa (famosos por la novela de Emilia Pardo Bazán en la que se inspiró la serie) y el castillo de Pambre.
Nos detuvimos para beber y contemplar el castillo, un fuerte asentado sobre un macizo rocoso que ejercía de defensa natural, que fue propiedad de la familia Ulloa. Los monitores nos contaron que fueron protectores de los peregrinos, al contrario que los señores de la cercana fortaleza de Felpós, que los esquilmaban y robaban hasta que el Arzobispo Berenguer puso fin a esta situación.
Según la leyenda que nos contaron (que surgió probablemente para borrar el pasado antijacobeo de Felpós), un caballero francés que estaba peregrinando fue herido por bandoleros y recogido y curado en este castillo. Las dos hijas del señor del lugar se desvivieron en su cuidado hasta que, recuperada la salud, continuó su camino. Al regresar de Santiago se casó con la más joven y ambos se van a Francia. Según la tradición, la mayor, despechada y triste, subía todas las mañanas a la torre para ver si su enamorado regresaba hasta que murió de pena.
Seguimos pedaleando y descubriendo los hórreos, hospitales de peregrinos, molinos y cruceiros que configuran la esencia del corazón de la Ulloa mientras Óscar nos guiaba a través de esta lección de historia que remató en Melide para comer el famoso "pulpo á Feira" de
Ezquiel. Maravilloso comer el pulpito, acompañado de sus cachelos y una taza de vino, sentados en aquellas mesas y después de semejante paliza.
Nos metemos en la furgoneta y compruebo con satisfacción que mis amigos están encantados, parloteando sin parar y comentando lo bueno que estaba el pulpo en ese sitio tan rústico, la belleza del paisaje y las historias que nos ha contado Oscar. Llevo un poco cargados los gemelos, pero voy feliz todo el trayecto hasta Villalba.
Después de pasar la mañana sudando y pedaleando, la ducha que nos dimos al llegar al
Husa Spa Villalba, donde pasaremos la noche, nos sienta casi tan bien como el pulpo. El hotel es otra grata sorpresa, pues es un 4 estrellas muy moderno y acogedor que poco tiene que ver con los hoteles de Husa que yo conozco. Yo, que hacía años que no daba en bicicleta más que paseos, tuve tentaciones de quedarme durmiendo una siesta... pero ahí estaban de nuevo los chicos de Itineris con los Quads preparados para otra ruta.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Nos divertimos de lo lindo atravesando charcos, sorteando baches y haciendo rugir los motores por el camino. Regresamos para cenar cuando empezó a oscurecer.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Agotados, nos fuimos a la cama enseguida, pensando en la excursión del día siguiente con la misma ilusión de cuando estábamos en el colegio.