26 de abril de 2009
Acabamos de llegar a territorio de Burkina-Faso, "la Patria de los hombres íntegros". Brukina significa "íntegro" en la lengua local mossi; "Faso" es "patria" en dyula, la otra lengua local. Se llama así desde 1984 cuando el presidente Thomas Sankara decidió este nombre en sustitución del anterior, República del Alto Volta.Los próximos días recorreremos este país que casi llega a los 14 millones de habitantes.
Aún nos dura el asombro por lo que nos ha pasado en el País Dogón, unos días atrás. Fuimos a conocer uno de los pueblitos típicos de ese territorio. Cuando regresábamos de un lugar algo alejado del pueblo, nos encontramos con todo el vecindario reunido y mirándonos con caras para nada amistosas. Al parecer, nos habíamos metido en un sitio que para ellos es sagrado y con nuestra presencia lo habíamos profanado.
La creencia predominante en el País Dogón es el animismo, por lo que la presencia de lo sagrado puede estar en un árbol, una roca, un arroyo... El caso es que nos vimos ante el consejo de ancianos del pueblo en una especie de juicio bastante sui géneris.
La verdad es que al principio nos preocupamos. Por allí la policía o cualquier representante gubernamental no suelen pasar, así que nos hallábamos ante los representantes de la "justicia" local sin conocer el idioma y sin que nadie por allí pareciera dispuesto a hacer de nuestro abogado. Nos disculpamos de todas las formas posibles alegando nuestra ignorancia sin malicia hasta que la situación llegó a su meollo, la forma de lavar la ofensa a sus deidades: si les dábamos tres pollos para que fuesen sacrificados en desagravio por la profanación y algo de dinero todo se solucionaría. De no hacerlo, ellos sacrificarían tres pollos pero para que todos nosotros muramos en el plazo de tres meses. Hemos decidido que nuestros tres pollos seguirán vivos y felices y arrostrar la posible maldición con la que nos amenazó el consejo de ancianos.
De momento, todos estamos bien y disfrutando del viaje