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Por los monasterios y bosques de BUTAN -Diarios de Viajes de Bhutan- Meha
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Diario: Por los monasterios y bosques de BUTAN  -  Localización:  Bhutan  Bhutan
Descripción: 9 días por este país tan escondido informativamente como geográficamente, que ha preservado intactas su naturaleza y su cultura.
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Etapa: Nos vamos a Bután. Llegada a Thimphu  -  Localización:  Bhutan Bhutan
Fecha creación: 14/01/2015 23:56  
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Tan escondido informativamente como geográficamente, Bután ha preservado casi intactas su naturaleza y su cultura. Precisamente eso era lo que atraía mi atención cuando deslizaba mis dedos por el atlas, fijándome en ese escondrijo dibujado en el mapa de Asia.
Un territorio que nunca ha sido conquistado. Una población que apenas se ha mezclado con otras, y donde la industrialización ha pasado de largo.
Conocer lo que ocurre en el resto del mundo no suscita demasiado interés en este pequeño y peculiar país, que mide su evolución mediante el índice de felicidad, y donde el primer televisor no se enchufó hasta 1999.


Un lugar crucial para empezar a entender la historia y las tradiciones de Bután es el edificio de la foto, que corresponde al Dzong de Trongsa. Desde ahí se instituyó la monarquía, en 1907, logrando unificar el país. Anteriormente, se trataba de un conjunto de distritos, gobernados cada uno de ellos por un Dzong, o fortaleza, sedes de poder, y a los que la población campesina rendía tributos. Algo así como el régimen feudal durante el medievo en Europa.
Alcanzarlo nos había requerido 4 vuelos y unas cuantas horas en coche, por la única y penosa carretera que cruza el país de oeste a este.

Era temprano cuando nos recogía el taxi para llevarnos al aeropuerto de Kathmandu y recorríamos por última vez las calles de Bhaktapur, que nos habían emborrachado de experiencias vitales. Nos estaba dando pena marcharnos.
Recién aterrizados en Paro, y todavía me temblaban las piernas de la emoción. Casi se me caían las lágrimas al volar en paralelo a la Cordillera del Himalaya. El Everest y el resto de cumbres emergían como gigantes superando las nubes……..¡Impresionante! Lástima que el vuelo sea tan corto. Imágenes imborrables. Yo ya me sentía feliz sólo con esto, las horas de avión ya habían merecido la pena, pero ………… esto no había hecho más que empezar. Estábamos a punto de llegar al país de la felicidad.


La aproximación al aeropuerto impresiona, el avión entra en un estrecho valle muy pegado a las paredes de las montañas.
Se palpaba la expectación al poner los pies en suelo butanés. Todos los que salíamos de aquel avión mirábamos hacia todas partes. Al lado de la pista de aterrizaje aparecía un edificio cuya decoración se parecía mucho a la de los monasterios que habíamos visto en fotos, y que no resultó ser otro que la terminal del aeropuerto. Al instante notábamos que estábamos en un país diferente y muy tradicional, alejado de los últimos diseños tecnológicos.

Los trámites de ingreso son rápidos y muy sencillos. Aquí no hay colas. Comprueban nuestros datos y nos ponen el sello del visado en el pasaporte. No está permitido entrar con alimentos ni productos de origen vegetal o animal. Y ya está todo………..vamos a la caza de nuestro guía y nuestro chófer, con quienes prácticamente vamos a convivir durante los próximos días.
Nuestro guía, Sonam, y nuestro conductor, Pema, eran nuestros primeros contactos con Bután. Un flamante 4x4 a nuestra disposición sería el vehículo en el que pasaríamos bastantes horas durante nueve días. Suena bonito, y sin embargo, ésta era nuestra mayor desazón, ya que nuestro espíritu libre se tendría que adaptar a los rigores de un viaje guiado.

El gobierno ha apostado por un modo de turismo, que ellos llaman sostenible, autorizando las visitas turísticas de extranjeros sólo contratando el viaje con una agencia local validada por el estado, y acompañados por un guía local, lo cual limita mucho las experiencias a vivir. De momento, no queda otra que aceptarlo si se quiere conocer un país único en historia, cultura y naturaleza.
Al menos, el viaje puede personalizarse en cierto modo, ya que cada cliente dispone de un coche con conductor y de su propio guía, es decir, no se viaja en grupo con unas actividades cerradas.

Durante la hora que dura el traslado desde el aeropuerto de Paro a Thimphu, la capital del país, la belleza escénica es continua. Las montañas rodean los estrechos valles surcados por ríos. Y es que el agua es muy importante en el país, su principal fuente de energía. Las centrales hidroeléctricas suponen una suculenta fuente de ingresos, exportando a la India el 80% de su producción, que abastece a los gigantes industriales. Bután carece por completo de factorías, y compra a sus amados vecinos indios todos los productos manufacturados, combustibles, tecnologías, etc. Tras varios días de viaje nos hemos quedado con la impresión de que el país vive a la sombra de India, a quienes parecen profesar un amor incondicional, mientras que con sus vecinos del norte, los chinos, las antipatías se antojan irreconciliables.

Sonam nos iba narrando costumbres, tradiciones, formas de vida, y así empezábamos a descubrir las peculiaridades de este país. Un reino escondido del mundo, en el que la reciente democracia se desliza sobre arenas movedizas.

La temperatura era agradable, el paisaje apacible, la conducción relajada por las curvas adaptadas al abrupto relieve. Granjas dispersas de arquitectura tradicional, campos amarillos de arroz recogido, campos rojos de chiles………esos que me van a dar tanto la lata en las comidas……………iba pensando yo.
“No name”, era la respuesta que recibía cuando preguntaba los nombres de las montañas que íbamos viendo. Resulta que sólo los picos de más de 6000 m de altura tienen nombre propio. Las que teníamos a nuestro alcance no eran más que “montañas comunes” de “sólo 4000 m”, sin derecho a identidad propia.


Haciendo una parada intermedia, bajando por un sendero, llegábamos a orillas de un río, donde un puente colgante empezaba a poner a prueba nuestro equilibrio…………..”nos tenemos que ir acostumbrando a estos puentes himalayas” decía mi vocecita. Subiendo desde la otra orilla nos acercamos a un pequeño monasterio privado, donde teníamos la ocasión de conocer al propietario, y entrar en contacto con las costumbres budistas: el por qué de los 3 budas, las ofrendas, el respeto a la naturaleza y a los demás……más que una religión, una filosofía de vida………….sólo se trata de ser buena persona.

Tras muchas curvas llegábamos a la capital del país, Thimphu, una ciudad de 100.000 habitantes, ordenada y cuidada, que no se diferencia demasiado de cualquier pequeña ciudad de cualquier país del mundo, a no ser por su homogénea arquitectura tradicional y por las vestimentas de sus habitantes.

Después de almorzar y de comprar una tarjeta telefónica para el móvil (tan aislado está el país que ni siquiera disponíamos de cobertura), nos acercamos a conocer el mercado agrícola, aprovechando que estaba abierto al ser fin de semana. No es muy distinto de cualquiera de nuestros mercados locales, aunque pudimos conocer algunas frutas y verduras nuevas para nosotros. Los granjeros acuden a vender frutas, verduras, quesos, arroz blanco y arroz rojo, y sobre todo chiles, muchos chiles, frescos y secos, de todos los tamaños, formas y colores, que son la base de su gastronomía.


Nuestro siguiente destino era el Dzong de Thimphu, el Taschichodzong, antigua fortaleza del siglo XVII, construida para protegerse de las insistentes invasiones tibetanas. Como ahora reina la paz y la felicidad, el recinto se dedica a otros fines más pacíficos. Consta de varios edificios impresionantes, en los que siguen ejerciendo el poder dual, gubernamental y religioso, herencia de su historia secular. La mitad se usa como edificios del gobierno y del rey, y la otra mitad como monasterio budista. Esto era y sigue siendo una constante en todos los dzongs.
Muy cerca vislumbrábamos la casa del rey y el edificio del Parlamento, rodeados por bosques.
Aunque no me dediqué a contarlos, creo que cada uno de los 300 monjes budistas que habitan el monasterio salían de un culto religioso cuando llegábamos nosotros. Algunos extranjeros empezábamos a flipar con la experiencia de verlos desfilar por el patio, ataviados con sus túnicas rojas y anaranjadas. Se calzaban y se marchaban, hasta que el monasterio quedo vacío y llegó nuestro turno. De fastuosa y colorida decoración, íbamos observando las estaturas y las pinturas, que ocupaban cada centímetro de paredes, pilares y techos, representando budas y diferentes figuras simbólicas.


La ceremonia de cambio de guardia y de cambio de bandera también coincidía en aquel momento. Todos atendían con expectación, aunque a mí estas cosas no me dicen nada especial.


Estaban dando los últimos retoques a la ciudad y alrededores, engalanando con banderas de colores y fotos del rey para recibir la próxima visita del presidente indio. De inmediato percibimos su gran afinidad con India.
Todavía era de día cuando nos despedimos del guía, y tras acomodarnos en el hotel, era el momento para lanzarnos a descubrir Thimphu por nuestra cuenta.
Menos mal que había wifi y podíamos enviarnos whatsapps para localizarnos cuando uno viajaba al otro lado de la habitación. Menudo derroche de metros cuadrados. Pedazo habitación, más bien un salón de baile!

Los niños jugaban al fútbol en la plaza, algunos adolescentes se entretenían con el móvil, los mayores se dedicaban a pasear, a hacer compras o a ir de bares…..Era domingo por la tarde, y sólo algunos vestían sus trajes típicos. No encontrábamos gran diferencia entre su forma de vida y la de cualquier pequeña ciudad de otro lugar del mundo. En la capital está naciendo una pequeña sociedad burguesa, y notábamos su incipiente occidentalización. No mantienen sus costumbres intactas como quieren hacer creer al mundo. Quizás la mayor diferencia estaba en la ausencia de establecimientos de marcas internacionales.
El griterío nos guió hasta el campo de tiro con arco, el deporte nacional. Se celebraba el campeonato nacional, que despertaba gran expectación. Muy cerca, en el campo de fútbol entrenaban varios jugadores ……..un campo de fútbol de arquitectura butanesa.
Caminando al lado del río, una gran estatua de Buda destacaba por su altura y su llamativo color anaranjado. Así, sin rumbo, llegábamos al mercado agrícola, donde, al anochecer, palpábamos un ambiente mucho más activo. Un alegre bullicio invadía varias calles secundarias, donde ofrecían diversos productos en los puestecitos callejeros.
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Ver Etapa: Nos vamos a Bután. Llegada a Thimphu




Etapa: Monasterio de Tango y alrededores de Thimphu, la capital de Bután  -  Localización:  Bhutan Bhutan
Fecha creación: 15/01/2015 00:02  
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40 minutos de curvas y baches nos separaban de nuestro primer destino del día, el inicio del sendero al monasterio de Tango.
Montes de pinos nativos y valles con pequeñas poblaciones formaban el paisaje que recorríamos en coche.
Buda está presente en cualquier lugar. En esta carretera no podía ser de otra manera, y un mural de Buda del siglo XVIII, acompañado de molinos de oración girando con agua del río y banderitas con plegarias componían uno de esos lugares de recogimiento espiritual en medio de la naturaleza.

No creo que se avergonzasen de su propia música, tal vez la consideraban secreto de estado, ya que esquivaron nuestra sugerencia de sintonizar la radio, alegando que la música era demasiado tradicional, incluso la moderna. Su radio no emite música internacional. Sin embargo, los jóvenes empiezan a conocer música extranjera por internet. Muchas cosas han cambiado en Bután en los últimos años. ¡Y pensar que hasta 1999 ni siquiera tenían televisión!

La subida al monasterio de Tango es preciosa, por un camino empedrado en medio de un bosque diverso: rododendros, robles, acebos, algunos pinos, crisantemos, y muchos otros árboles y plantas que no conocemos. Banderas y lugares de oración inmersos en el entorno natural conforman lugares realmente relajantes y espirituales. Ahora sí que percibimos la esencia del Bután tradicional, nada que ver con la insulsa capital.


Tras 40 minutos de subida, alcanzábamos los 2900 m de altitud a los que se sitúa el monasterio. Las vistas eran magníficas, hacia las montañas cubiertas de bosque. Todo era armonía.
Los monjes preparaban la comida en aquel momento. Perfectamente organizados, unos cocinaban, otros instalaban las sillas, otros fregaban o daban de comer a las mulas que usan para subir las cargas al monasterio. Otros, simplemente, contemplaban. Y alguno consultaba el móvil.
Este monasterio alberga una Universidad del Budismo, que desde el siglo XII sigue enseñando las doctrinas budistas a cientos de jóvenes que viven su retiro en el bosque.
El exterior es fantástico, y el interior alberga pinturas, escrituras empaquetadas y objetos de culto budista. La literatura escasea en el país. Sin embargo, las escrituras religiosas se guardan con mimo en los monasterios, y están sólo al alcance de unos pocos para sus prácticas espirituales.



Arboles, flores, banderas, y ahora también una cabra salvaje, nos acompañaban en la bajada. Parece ser que se suelen mostrar bastante esquivas y no es habitual toparse con cabras salvajes en este camino. Para Sonam era su primera vez, a pesar de las docenas de veces que había subido a Tango.


De regreso a Thimphu, pedí que nos parasen al lado de un río. Los árboles con tonalidades otoñales y el río cristalino y enérgico componían una estampa que me pareció muy bonita.

Era la hora del almuerzo y la vida transcurría apacible en las calles de Thimphu. Los coches no pitan, la gente no se apresura. El tío del actual rey se cruzaba en nuestro camino, y tras las pertinentes presentaciones, no dejaba de sorprendernos que se interesase por nuestra procedencia y por nuestros planes de viaje, manteniendo una charla en plena calle, y ofreciéndose a ayudarnos en lo que necesitásemos.

Tras comer en un agradable restaurante de comida butanesa, una colina sobre el valle era nuestro siguiente destino.
Mientras hacíamos una caminata por esta zona alta, entre un bosque de gran diversidad, Sonam nos iba explicando la flora y fauna de Bután. Oíamos los cantos de los pájaros, nos íbamos fijando en las huellas de los animales, y los tonos otoñales daban colorido al bosque. Las vistas eran espléndidas hacia el valle de Thimphu, divisando casi todo el territorio poblado por árboles. La temperatura era perfecta en manga corta. Sonam no se quejaba, aunque sospecho que se debía de estar cociendo con su traje butanés.


Conforme avanzábamos, nuestra vista iba abarcando el valle, hasta que empezamos a divisar el Dzong de Thimphu, el Taschichodzong, que visitamos ayer, así como la pequeña casa del rey y el Parlamento.
Los campos de arroz teñidos de pálidos amarillos otoñales se escalonaban por el valle, configurándose en terrazas.



Toda la comunidad local trabajaba en la restauración de un pequeño monasterio escondido en el bosque, hombres, mujeres y niños, cada uno realizaba su función. Tres años antes, un terremoto lo dejó seriamente perjudicado. Increíble el entramado de andamios de bambú que rodeaban lo que quedaba del edificio, más combados que enderezados.
Tras una bajada pronunciada por el estrecho sendero de acceso al monasterio, llegábamos hasta otro monasterio, como no,………….(país de cientos de monasterios y miles de monjes)………Se trata de Dechen Phodrang, que funciona como escuela de estudios religiosos para niños, aunque no tuvimos la suerte de coincidir con ellos y poder conocerlos.


Pema estaba perfectamente atento para recogernos en este lugar. Al menos, el hecho de tener un coche con conductor a nuestra disposición presentaba algunas ventajas.
En 15 minutos llegábamos al Memorial Chorten, una estupa erigida en homenaje al tercer rey de Bután, muy frecuentada por fieles que acuden a rezar caminando alrededor de la estupa, tocando los rosarios de cuentas, girando los cilindros de colores. Nuestra interpretación paralela de este lugar es que también funciona como una especie de hogar del jubilado, donde se reúnen las personas mayores para hacerse compañía y conversar con los demás.


La tarde estaba a punto de acabar. Los niños salían de sus escuelas, con sus uniformes butaneses, llenando de bullicio las calles. Es que vemos muchos niños y mucha gente joven. ¡El 70% de la población tiene menos de 25 años! Muchos jóvenes y pocos viejos en este país.

Una gigantesca estatua de un buda sentado, de 65 m de altura, presidía el espléndido mirador del Bhuda point, alzado en lo alto de una colina.
El valle de Thimphu quedaba a nuestros pies. Podíamos apreciar su escasa amplitud, que ha obligado a construir edificios de varias plantas para acomodar a una población que navega entre lo rural y lo urbano en esta zona, la más poblada del país.


Soportar varios días la disciplina en compañía continua del guía se nos imaginaba difícil. Son las reglas del juego, sólo los indios pueden visitar Bután por libre.

Por fin solos. Momentos para pasear tranquilamente por el centro de Thimphu hasta la hora de la cena, aprovechando para algunas compras y observando la vida pasar. La ciudad estaba muy animada. Me llamaba la atención la escasez de tiendas de ropa, y la abundancia de sastrerías. Thimphu está lleno de tiendas de telas, y todas ellas llenas de clientes. Nosotros también entramos a curiosear. Estanterías y estanterías repletas de telas, lisas, de cuadros, rayas, y en todas las combinaciones de colores posibles. Y es que los butaneses se hacen sus trajes tradicionales a medida. Metros y metros de telas de banderas de oración parecían ser otro éxito de ventas.
Ellos eligen tejidos de cuadros o rayas en discretos colores para sus trajes de una pieza, que, al ajustarse con un cinturón, forman una falda, que acompañan con unos calcetines hasta la rodilla. Al sentarse quedaban a la vista sus piernas peladas. Cada día me fijaba con mayor insistencia, y, aunque no conseguí descubrirlo, yo apostaría que se depilan.
Ellas se enfundan en elegantes vestidos de 2 piezas. Una falta recta y larga que las obliga a caminar con pasitos cortos, ajustada con un ancho cinturón de tela que se ciñe a la cintura en varias vueltas. Las casacas en gustosas telas de brillantes colores completaban su atuendo.
Nos llamaba la atención la diferencia de vestimenta respecto a la tarde de domingo. En los días laborales sí que visten su traje tradicional. Es obligatorio usarlo para trabajadores gubernamentales o relacionados con el turismo………..o sea que para muchos no es más que un uniforme de trabajo.

Las 8 fuentes de comida que nos servían en la cena………..no podíamos con todo: cerdo, pescado al curry, ensalada, verduras con salsa, patatas con verduras, arroz rojo, fideos con verduras………Menudos festines. Eso sí, los chiles con queso, su plato típico, siempre quedaban intactos.
En una mesa adyacente cenaba una pareja de australianos. Eran de Melbourne y pronto entablamos conversación, recordando nuestro viaje por aquellas tierras. Su día había sido muy tranquilo, incluyendo una visita al hospital de medicina tradicional. Sorprendidos, nos contaban su experiencia al recibir masajes gratuitos para recuperarse de su subida al Tiger Nest del día anterior. Efectivamente, toda la sanidad es gratuita en Bután, no sólo para los nativos sino también para los extranjeros.
Y es que la desproporcionada cuota que cada turista debe pagar por día de estancia en el país, además de servir para hacer negocio a algunos avezados, también contribuye a otros fines más sociales. Tanto la creación de puestos de trabajo en el sector turístico, como la financiación de la sanidad y la educación del país. Los butaneses no pagan impuestos, somos los turistas quienes pagamos sus hospitales y sus escuelas, e incluso sus estudios universitarios en el extranjero en un país que prácticamente carece de universidades propias. Es un planteamiento diferente, sin duda. No soy yo quién para juzgarlo…………….¿sostenible?............. el tiempo dirá.
Los coros y danzas que emitían en la tele butanesa debían de ser cómplices de Morfeo…….rápidamente nos empujaban hacia sus brazos.
Lo mejor está por venir. Mañana tomaremos rumbo hacia el Bután más rural, más tradicional y auténtico.
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Ver Etapa: Monasterio de Tango y alrededores de Thimphu, la capital de Bután




Etapa: Arrozales y monasterios en el valle de Punakha  -  Localización:  Bhutan Bhutan
Fecha creación: 15/01/2015 22:37  
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Desayuno abundante, nos siguen cebando, y nos despedimos de Thimphu porque nos vamos a Punakha.
30 km/h era la velocidad a la que circulábamos por miles y miles de curvas en las estrechísimas carreteras que serpentean montañas sin cesar…………ni un puente, ni un túnel.

En una hora alcanzábamos el paso de montaña de Dochu-La. 108 estupas con vistas a los Himalayas se merecían una parada prolongada, mientras las cumbres y las nubes mantenían un mutuo juego de insinuaciones. Al otro lado de las montañas, está China………….el enemigo!. Las vistas de las montañas eran tan lejanas que nos dejaban con la miel en los labios, casi resultaba ridículo quedarse mirando hacia la lontananza esperando que aquellos picos nevados emergiesen sobre las nubes.
Esta es una parada obligada en los circuitos por Bután, así que todos los coches y minibuses de excursiones se detienen aquí. Un monasterio construido en 2003, copia del Dzong de Punakha, junto con las 108 estupas, rememoran una historia de guerreros, mezcla de mitología y de historia, y que nuestro guía narraba como si hubiese ocurrido de verdad. Su nombre nos suena extraño, Druk Wangyal Lhakhang. El conjunto rinde homenaje tanto al cuarto rey de Bután, el más querido por el pueblo, padre del actual treintañero reinante, como a la mayor de sus esposas. La poligamia no es extraña en Bután, especialmente en ambientes rurales, y se ve que el cuarto rey quiso seguir la tradición, casándose con 4 hermanas.



Antes de retomar la carretera, nos calentábamos con un té en la cafetería de enormes ventanales con vistas a las montañas del Himalaya, mientras las nubes seguían sin decidir si irse o quedarse.
Nos asustaban los rudimentarios medios, casi nada más que pico y pala, con los que están ensanchando esta precaria y estrecha “carretera”, en la que ahora hay que hacer malabarismos cuando viene un vehículo en sentido contrario. Aunque los butaneses no parecen indignados por las infrahumanas condiciones de trabajo. Total, quienes trabajan ahí son indios, y no parecen ser personas de la misma calidad y merecedoras de los mismos derechos humanos.
Todavía no nos molestaban los millones de agujeros de la endemoniada carretera por la que descendíamos hacia Punakha, ni las infinitas curvas, que son las mismas que el querido rey tiene que sufrir cuando viaja por el país para visitar los lugares más recónditos, ya que parece ser amante de conocer la realidad de sus gentes de primera mano. Ni helicóptero ni avión forman parte de sus propiedades.


Atrás quedaban los homogéneos bosques de coníferas en el paisaje de subida de Thimphu a Dochula. Descendíamos ente un bosque de enorme biodiversidad, tantísimas especies de árboles que es imposible identificarlos. Yo iba pidiendo paradas de vez en cuando para admirar todo aquello, aunque no tantas como me hubiese gustado. Tan abruptas eran las montañas que no veíamos ningún valle, sólo barrancos. Tantas especies de flora hay en Bután que ni siquiera están catalogadas. Tal es la diversidad animal que si siquiera ellos mismos conocen todas las especies que pululan por sus territorios: osos, leopardos, e incluso tigres que se han ido adaptando a las alturas generación tras generación.


Pasábamos por pequeñas aldeas, donde, la vida rural permanecía ajena al dinamismo de la capital.
El cambio de vegetación nos iba indicando que perdíamos altura. Plataneras, papayos, perales, poinsetias, mostraban la exuberancia que envolvía a las aisladas granjas, en cuyos tejados brillaban los chiles colocados a secar.
Los carnavalescos camiones, made in India (como no), transportaban toda clase de mercancías a los remotos pueblos del interior, culebreando por aquellas pendientes y curvas, rebosando colorido.


Llegábamos al cálido valle de Punakha pasadas las 12 de la mañana, hora del almuerzo en Bután. Así nos deleitaban con sabrosa comida butanesa en un restaurante situado en un bonito lugar al lado de un río: verduras cocidas, verduras rebozadas, rollitos de verduras, patatas al curry, pollo, arroz…………

Resultaba delicioso caminar hacia Chimi Lakhang sintiendo la dulzura del cálido sol y las caricias del aire sobre la cara. Los campos dorados de arroz parecían captar y reflejar toda la energía del sol. Las técnicas artesanales eran las únicas que aplicaban los granjeros, mimando sus campos de arroz.



En el Chimi Lakhang, monasterio del siglo XV, se respiraba paz. En un entorno color miel, regado por un río azulísimo que discurre por el fondo del valle, y enmarcado entre montañas.
La brisa movía los banderines de oración y las hojas de los árboles, cuyos susurros se combinaban con la música que los niños estaban interpretando. Los más pequeños se afanaban con sus trompetitas y los más mayores se esmeraban con los trompetones.



En su interior, como ya nos hemos acostumbrado, las pinturas de las paredes representan diferentes escenas. La leyenda no podía faltar, el monasterio fue creado tras la victoria contra el mal en forma de perro que llegó desde las montañas de Dochula.
Dedicado a la fertilidad, los símbolos fálicos están en todas partes. Creo que habría resultado divertido ver la expresión de mi cara cuando me “bendijeron” tocando mi cabeza varias veces con un enorme y rígido pene de madera. Seguro que delataba absoluta perplejidad.

Regresando entre los arrozales, las imágenes más entrañables que nos quedaban grabadas en el corazón eran las de los niños que volvían de las escuelas, los más pequeños se acercaban a tocarnos, los monjes paseaban entre los campos de arroz regresando al monasterio, las mujeres faenaban en los cultivos, y los ancianos reposaban apaciblemente. Un cuadro que desprendía armonía.



Durante los veinte minutos que dura el trayecto en coche hasta el Dzong de Punakha, el paisaje es precioso, a orillas del río rodeado de montañas y con bancales de arroz en el valle.
Me encanta el sitio en el que se emplaza el Dzong de Punakha, en la confluencia de 2 ríos, el Pho Chu y el Mho Chu, ríos padre y madre.


Este dzong o fortaleza, al igual que los demás, se reparte entre el poder dual del gobierno y los monjes. Seguíamos atentamente las explicaciones de Sonam, deteniéndonos en los frescos de las paredes, y aprendiendo mucho sobre el budismo y sobre Bután.
El amor a la naturaleza, el ciclo de la vida, la función de los animales, la vida de Buda, desde el embarazo de su madre con un elefante, su nacimiento, meditación y conocimientos…………..todo está representado en pinturas, que nos iban contando historias y enseñanzas.
Realmente impactante me resultó entrar en la estancia principal del monasterio. Varias personas meditaban concentradas ante esta fastuosa decoración de estatuas y pinturas que forran por completo las columnas, los techos, y las paredes de la sala. Todos los colores imaginables están aquí presentes en una atmósfera que desprende recogimiento y que casi te descoloca, pero que no sentimos intimidante, a pesar de las miradas de tantos budas y de tantos dioses de ojos rasgados. (No permiten hacer fotos en el interior de ningún monasterio)

De hecho, éste es el dzong más importante del país, y al que se traslada la cúpula religiosa de Bután en invierno, cuando el clima de este valle, a 1300 m de altitud, es más benigno que el de los 2400 m de Thimphu. Punakha fue la capital del país hasta mediados del siglo XX.


Disfrutábamos de los últimos momentos de claridad dando un paseo a orillas de este río que tanto me ha gustado, cruzándolo por un puente colgante en el que ondeaban las banderitas, y siguiendo a los niños que regresaban de la escuela con sus uniformes butaneses.

Las cervezas a orillas del río servían para brindar por el día vivido, mientras anochecía, esperando a que Pema acudiese a recogernos.

En medio de la oscuridad, el coche avanzaba por aquellas curvas de pánico, ascendiendo entre el bosque, hasta que llegamos a un lugar maravilloso…………Y allí estaba nuestro hotel.
Yo me quería quedar más tiempo, un hotel rodeado por jardines, y unas vistas increíbles…………el paraíso……….Quizás era un regalo de Buda tras tantas visitas a monasterios y tantas ofrendas. Y además, Pema, aprovechando nuestro paseo por el río, ya había dejado nuestro equipaje en la habitación. Nos lo ponían fácil.

¡Qué bien se estaba bajo la pérgola del jardín después de cenar! La luna casi llena iluminaba el cielo y nos permitía contemplar las siluetas que delineaban las montañas.
Hotel en Punakha: Meri Puensum Resort

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Ver Etapa: Arrozales y monasterios en el valle de Punakha



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  Últimos comentarios al diario  Por los monasterios y bosques de BUTAN
Total comentarios 29  Visualizar todos los comentarios

Salodari  Salodari  18/06/2017 08:47   
¡Qué aventura tan apasionante acabo de vivir sin salir de casa! Gracias por dar a conocer un lugar y cultura "tan escondidos", la verdad es que ni sabía que existía... Paisajes preciosos y las fotos captan la esencia de la gente y de la tierra, aunque hayas tenido que ir con guía. Gracias de nuevo por compartirlo, Meha. Un abrazo y 5****

Meha  meha  18/06/2017 20:35   
Hola Salodari, gracias por pasarte a comentar este relato de un país tan especial y tan oculto geográficamente y culturalmente

Chufina  Chufina  22/08/2018 21:15   
No sé cómo se me había pasado este diario, con las ganas que le tengo a Bután. Es una pena que ya no se vean las fotos Trist pero me quedo con tu buenísimo relato. Te dejo tus estrellitas y gracias por compartir!

Meha  meha  23/08/2018 21:55   
Muchas gracias Chufina. Bután es un país muy peculiar.
¡Qué rabia que no veas las fotos! Yo sí que las veo. Incluso he eliminado otros diarios porque desaparecían las fotos a pesar de restituirlas varias veces, pero este de Bután yo lo veo correctamente, o sea que no entiendo qué ocurre.
Abrazos

Chufina  Chufina  23/08/2018 22:14   
Ahora sí me salen! No sé qué pasó el otro día. Voy a disfrutarlas Sonriente

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Pais Tema: Viajar a Bután/ Bhutan: el último Shangri-la
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Ene 06, 2010
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Fecha: Vie Abr 12, 2019 04:55 pm    Título: Re: Viajar a Bután/ Bhutan: el último Shangri-la

Hola Carlosn, Yo estuve en el Holiday Inn del aeropuerto de Delhi, aunque no en escala a Bután, sino en escala a Nepal. Tal como dices, sólo tuve que pasar el primer control de seguridad de ingreso al aeropuerto y fue muy rápido. El hotel es muy cómodo para una escala de varias horas, ya que está dentro de la terminal. Pero a mí no me esperaba ningún representante con papelito. Busqué yo el hotel y es muy fácil encontrarlo dentro del aeropuerto. Está señalizado. No había reservado habitación, sino que llegamos directamente y pagamos por las horas que íbamos a permanecer. Es decir, se...  Leer más ...
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Feb 03, 2006
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Fecha: Lun Abr 15, 2019 02:23 pm    Título: Re: Viajar a Bután/ Bhutan: el último Shangri-la

Si no tenías una reserva es normal que no aparezca nadie con tu nombre.
No son adivinos Sonriente

Saludos
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Silver Traveller
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May 10, 2019
Mensajes: 18

Fecha: Dom May 19, 2019 12:06 pm    Título: Viajar Bhutan - viaje organizado

Hola, alguien ha viajado a través de www.visitabutan.es?
Y con "ABC, Tours & Treks"
Agradecería comentarios... Saludos.
Galyna
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May 02, 2006
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Fecha: Dom May 19, 2019 12:21 pm    Título: Re: Viajar Bhutan - viaje organizado

Money_Penny Escribio:
Hola, alguien ha viajado a través de www.visitabutan.es?
Y con "ABC, Tours & Treks"
Agradecería comentarios... Saludos.

Hola.
Yo viajé con ABC y muy contenta con todo.

Tienes comentarios míos en este mismo hilo.

Un saludo. Guiño
Money_Penny
Money_Penny
Silver Traveller
Silver Traveller
May 10, 2019
Mensajes: 18

Fecha: Dom May 19, 2019 06:45 pm    Título: Re: Viajar Bhutan - viaje organizado

Galyna Escribio:
Money_Penny Escribio:
Hola, alguien ha viajado a través de www.visitabutan.es?
Y con "ABC, Tours & Treks"
Agradecería comentarios... Saludos.

Hola.
Yo viajé con ABC y muy contenta con todo.

Tienes comentarios míos en este mismo hilo.

Un saludo. Guiño

Muchas gracias Galyna, ya lo he leido todo.
Saludos.
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