Nos despedimos de Maramures con otro maravilloso desayuno y la amabilidad de los dueños de Casa Amatista. Volvemos a rendir culto a las mermeladas que hacen por aquí, e intentamos hacerles ver lo bien que hemos estado y lo que nos ha gustado todo. Cuando nos íbamos, tras indicarnos cuál es el mejor camino, nos regalaron una botellita de licor de manzana (sólo apto para beber en esa tierra y en pleno invierno) y manzanas recién cogidas de la huerta. Como siempre en este país, ¡qué trabajo cuesta dejar un lugar! estaría muchos días más por aquí.
El día estaba nublado y chispeaba de vez en cuando. Nos dirigíamos hacia el sur, empezando a volver ya. Hasta Cluj el paisaje era un gran valle, con tierras de cultivo, algo monótono pero siempre con detalles que nos sorprendían.
Al llegar cerca de Medias empezamos a notar de nuevo la enorme influencia alemana en los pueblos que cruzábamos: mucho más cuidados, con casas pintadas de colores y un aire más compacto. Volvemos otra vez a encontrarnos con las iglesias fortificadas, algunas de ellas muy bien conservadas y bellas.
En Medias habíamos pensado parar precisamente para ver su fortificación, pero nos resultó una ciudad grande (e industrial) y no nos apetecía tanto jaleo, así que sustituimos rápidamente Medias por otras visitas por el camino.
Al llegar cerca de Medias empezamos a notar de nuevo la enorme influencia alemana en los pueblos que cruzábamos: mucho más cuidados, con casas pintadas de colores y un aire más compacto. Volvemos otra vez a encontrarnos con las iglesias fortificadas, algunas de ellas muy bien conservadas y bellas.
En Medias habíamos pensado parar precisamente para ver su fortificación, pero nos resultó una ciudad grande (e industrial) y no nos apetecía tanto jaleo, así que sustituimos rápidamente Medias por otras visitas por el camino.
A Sibiu, nuestro destino del día, llegamos muy bien de tiempo. Pero volvemos a equivocarnos en cuanto a dimensiones urbanas y nos encontramos con una ciudad que nos pareció enorme y con el caos circulatorio de cualquier carretera rumana pero cuadriplicado. Encima, los barrios que encontrábamos a ese lado de la ciudad (entrando por Medias) no tenían la mejor pinta. ¿Consecuencia? No encontrábamos la pensiunea reservada ¡que fallo más tonto y más aburrido!
Para agilizar, se nos ocurre utilizar el comodín de la llamada y nuestro contacto en España nos manda gracias al google maps ¡fuera de Sibiu! ¿seguro que es por aquí? que sí, que sí. Y nada, de vuelta, dispuestos ya a darle la última oportunidad a nuestra pensiunea.
Aparcamos cerca del centro (que es peatonal) y empezamos a preguntar. La gente se desvivía intentando ayudarnos (y no exagero), incluso un hombre al que preguntamos se sintió fatal de no podernos ayudar y se disculpó mil veces con cara de gran preocupación.
Nos situaron por fin bien, estaba cerca del centro, pero al otro lado de la ciudad. Volvemos a coger el coche, esto ya es cabezonería, ya puede estar bien Casa Burgheza, ya.
Preguntamos a una mujer, que llamó con su propio teléfono a la pensiunea para que les dijera dónde está, y como veía que no nos iba a saber indicar bien ¡se monta en nuestro coche y nos fue guiando! Nos dejó en un cruce muy cercano pero... volvimos a perdernos.
Le preguntamos a un señor mayor que se montó en su bicicleta pidiéndonos que lo sigamos con el coche. El buen hombre, casi con la lengua fuera para que el coche no tuviera que ir muy despacio.
¡Llegamos! Y para nuestro alivio ha merecido la pena la intensa búsqueda al cien por cien. Es preciosa.
¿Qué por qué cuento todo esto con tantas letras? Pues porque eso es Rumanía, la amabilidad de todo el mundo es increíble. Y es una forma de ayudar ¿cómo decirlo? inocente, honesta... simplemente te ven apurado y te ayudan de la mejor forma, sin más.
Para agilizar, se nos ocurre utilizar el comodín de la llamada y nuestro contacto en España nos manda gracias al google maps ¡fuera de Sibiu! ¿seguro que es por aquí? que sí, que sí. Y nada, de vuelta, dispuestos ya a darle la última oportunidad a nuestra pensiunea.
Aparcamos cerca del centro (que es peatonal) y empezamos a preguntar. La gente se desvivía intentando ayudarnos (y no exagero), incluso un hombre al que preguntamos se sintió fatal de no podernos ayudar y se disculpó mil veces con cara de gran preocupación.
Nos situaron por fin bien, estaba cerca del centro, pero al otro lado de la ciudad. Volvemos a coger el coche, esto ya es cabezonería, ya puede estar bien Casa Burgheza, ya.
Preguntamos a una mujer, que llamó con su propio teléfono a la pensiunea para que les dijera dónde está, y como veía que no nos iba a saber indicar bien ¡se monta en nuestro coche y nos fue guiando! Nos dejó en un cruce muy cercano pero... volvimos a perdernos.
Le preguntamos a un señor mayor que se montó en su bicicleta pidiéndonos que lo sigamos con el coche. El buen hombre, casi con la lengua fuera para que el coche no tuviera que ir muy despacio.
¡Llegamos! Y para nuestro alivio ha merecido la pena la intensa búsqueda al cien por cien. Es preciosa.
¿Qué por qué cuento todo esto con tantas letras? Pues porque eso es Rumanía, la amabilidad de todo el mundo es increíble. Y es una forma de ayudar ¿cómo decirlo? inocente, honesta... simplemente te ven apurado y te ayudan de la mejor forma, sin más.
Bueno, volviendo a la Casa Burgheza: está en un barrio residencial de la ciudad, bastante lujoso, de hermosas casas con grandes jardines (y estupendos coches a la puerta), a un agradable paseo del centro. Es una pensiunea de pocas habitaciones, y con una decoración y un buen gusto exquisitos. La pareja que la lleva es tremendamente amable y simpática.


Detalle de la habitación de Casa Burgheza...... Zona común: cocina (con unas galletitas caseras mmmmm)
Así que nada, ya por fin aposentados, echamos a andar tranquilamente admirando las casas de Negulistor y entramos al centro de la ciudad por una puerta que se abre en la bien conservada muralla.
Sibiu es una ciudad que invita a pasear. Prácticamente no hay tráfico, y el ambiente es alegre y agradable. Todo el entorno está muy bien cuidado, no en vano fue Ciudad Cultural Europea en 2006.
Visitamos la Plaza Grande (Piata Mare), con su divertida fuente en el centro y los edificios históricos tan bien cuidados, pasamos a la Plaza Pequeña (Piata Mica) y desde allí a la Catedral, tan centroeuropea. Admiramos las casas con pequeñas ventanas en los tejados que parecen ojos ¡todo es precioso!
En un momento dado se nos acercó un muchacho disculpándose ¡por no haber sabido indicarnos dónde estaba la Casa Burgheza! y es que era una de las muchas personas a las que habíamos preguntado ¡!
Sibiu es una ciudad que invita a pasear. Prácticamente no hay tráfico, y el ambiente es alegre y agradable. Todo el entorno está muy bien cuidado, no en vano fue Ciudad Cultural Europea en 2006.
Visitamos la Plaza Grande (Piata Mare), con su divertida fuente en el centro y los edificios históricos tan bien cuidados, pasamos a la Plaza Pequeña (Piata Mica) y desde allí a la Catedral, tan centroeuropea. Admiramos las casas con pequeñas ventanas en los tejados que parecen ojos ¡todo es precioso!
En un momento dado se nos acercó un muchacho disculpándose ¡por no haber sabido indicarnos dónde estaba la Casa Burgheza! y es que era una de las muchas personas a las que habíamos preguntado ¡!

Una de las preciosas casonas de la zona de Negulistor.


Piata Mare

Detalle de las casas con ojos

Seguimos andando mientras cae la tarde y la luz del atardecer lo inunda todo de colores rosados haciendo que parezca que estamos dentro de una romántica película. Disfrutamos de ver llegar la noche en la ciudad que nos pareció la más hermosa de Rumanía.
Comimos una pizza en la Piata Mica y volvemos andando. Perfecto.
Comimos una pizza en la Piata Mica y volvemos andando. Perfecto.
Recorrido del día: Surdesti-Sibiu.
Kilómetros: unos 300 km
Tiempo: unas 7 horas (con algunas paradas cortas)