Nos levantamos bastante pronto, fuimos a disfrutar nuestro último desayuno en el Lori's Dinner, y tras hacer el check-out en el hotel fuimos hasta la agencia de Dollar a coger el coche de alquiler.
Intentaron que subiéramos la categoría de coche de todas las formas, pero para dos personas nos sobraba con la clase compacta, así que no aceptamos. Si que cogimos los seguros adicionales. Finalmente nos adjudicaron un Nissan Versa, que no estaba mal.
Si nunca habéis cogido un coche automático, como era mi caso, un consejo fundamental: olvidaos de que tenéis pierna izquierda y tratad de hacerlo todo con la derecha. Los dos frenazos que pegué en la primera calle de San Francisco que pisamos con el coche fueron espectaculares, y todo porque, instintivamente, trataba de pisar el embrague en cuanto notaba que el coche se revolucionaba, y lo que pisaba era el freno. Eso sí, una vez te acostumbras es mucho más cómodo.
La primera experiencia con el GPS no fue nada buena, le pusimos la dirección de Yosemite y menos mal que en la agencia de Dollar nos habían dado indicaciones de cómo salir en esa dirección, porque el GPS nos lo iba indicando con un retraso considerable, con lo que no nos servía para nada. Tras cruzar el Bay Bridge y un pequeño despiste de qué ruta coger que nos llevó hasta la otra parte de la bahía, con unas vistas espectaculares sobre San Francisco, eso sí, retomamos la carretera buena y... a conducir unas horitas hasta Yosemite.
Llegamos a primera hora de la tarde, y tras hacer dos paradas, una donde se aprecia el impacto del fuego que arrasó parte del parque hace unos años y la otra, espectacular, desde donde se aprecia todo el valle, llegamos al aparcamiento desde el que se llega a Bridalveil Fall. Es una cascada espectacular, y como fuimos en la época del deshielo bajaba con una fuerza impresionante, hasta el punto de que nos empapamos por completo, y el camino asfaltado que conduce hasta la caída de la cascada parecía más bien un río:



Continuamos ruta y decidimos ir a hacer el check-in en el Curry Village, si bien antes pasamos por un centro de atención al visitante donde nos explicaron qué rutas podíamos hacer en entre esa tarde y mañana por la mañana. De paso fuimos haciendo paraditas para ver el Half-Dome, Gran Capitán y nuestros primeros contactos con la fauna local, tan acostumbrada al turismo que ni se inmuta aunque estés a 1 metro.

Las tiendas de lona de curry village es una forma simpática y asequible de pasar la noche en el parque, si bien un consejo que hay que tener en cuenta: hay que ir bien abrigado. Nosotros, con 3 mantas, pasamos bastante frío. La principal ventaja es que os va a permitir estar en pleno parque y aprovechar al máximo las horas de luz, tanto de un día como del amanecer del siguiente.
Continuamos camino e hicimos una ruta de 2,4km hasta unas cascadas llamadas Vernal Falls. Sencillamente espectaculares. La ida es durilla, pero lo que te encuentras allí merece la pena.

Una vez allí se puede seguir hasta la cima, justo desde donde cae la cascada, si bien supone un tramo durillo y, con la brisa, terminas empapado, pero merece, y mucho, la pena.
Después fuimos a hacer otra ruta al Mirror Lake, y, justo al bajarnos del autobús de conexión del parque, vimos un oso. Como estaba cayendo la tarde, el recorrido lo hicimos con mil ojos, por si veíamos algún oso más, pero no hubo suerte. Eso sí, al llegar al lago, vimos un grupo de ciervos a los que hicimos varias fotos.

Volvimos, ya de noche, a la zona de las tiendas de lona, cenamos en una pizzería y... a pasar frío...