Hola a todos y bienvenidos a mi primer diario. Hice este viaje en agosto de 2011 porque se me metió en la cabeza ver el castillo de Neuschwanstein, en Baviera. Casi todos los viajes los he realizado porque se me ha metido en la cabeza ver algo concreto y este no fue diferente. La idea de empezar en Praga fue para que mi acompañante de este viaje (mi madre) viera esta ciudad, para mí mágica, que yo ya había disfrutado el año anterior con mi pareja. En fin, qué contar de Praga que no se haya dicho en los cientos de diarios que hablan sobre ella... poca cosa.
En primer lugar recordar que la República Checa no pertenece al euro, y que mantiene su moneda, la corona checa, por lo que tocaba cambiar.
El aeropuerto (cuyo nombre ahora no recuerdo), se encuentra algos lejos del centro, por lo que al llegar allí, tuvimos que coger un autobús urbano (algo peligroso...) que nos dejó en la primera parada (o la última, según se mire) de la línea A, la verde, de nombre Dejviká, y a partir de la cual llegamos hasta nuestro hotel, que estaba algo alejado del centro. No voy a decir su nombre, porque no quiero hacer propaganda, pero es la habitación más grande en la que he estado (para resarcirme del hotel de cámara oculta de Londres, jejeje). Una vez acomodados en el hotel, y bajo un sol asfixiante, nos lanzamos en busca de algo de comer, pues en las cercanías del hotel había un centro comercial, aunque con un único McDonalds como restaurante... No soy amigo de estos establecimientos pero como no había otra cosa... nos sirivió para comprobar que fuera de las zonas turísticas el inglés no se estila...
Con los estómagos saciados, volvimos al metro (24Kc el billete individual, 150Kc el billete de 24 horas) y nos bajamos en Namesti Republiki para iniciar nuestra visita. Desde la plaza de la República ya se ve la Torre de la Pólvora (antigua torre de las murallas) y la casa municipal (modernista, con bellos mosaicos).


A partir de aquí, iniciamos el Camino Real. He de decir que pasear por las calles de la Ciudad Vieja me parece una maravilla, con sus edificios barrocos, de grandes puertas, plagadas de chocolaterías, tiendas de souvenirs y tiendas de artesanía (huevos de pascua y matrioskas) Andando, andando llegamos a la plaza de la Ciudad Vieja donde había una especie de mercadillo de productos típicos, y mucha gente. Después de hacer las fotos pertinentes a la iglesia de Tynn (y jugar a buscar la entrada), el edificio de la Galería Nacional, la Iglesia de San Nicolas y el Ayuntamiento Viejo. De paso, como era la hora en punto, aprovechamos para ver los autómatas del reloj astrológico.





Terminado el espectáculo, seguimos avanzando, hasta atravesar el Puente Carlos, a esa hora atestado de turistas (como a todas) y ascendidmos hasta el castillo, a esas horas cerrado, pero ya aprovechamos para hacer las fotos de rigor a la catedral de San Vito, a la calleja de Oro y demás.




Tras dar una vuelta por el barrio pequeño (Mala Strana), y hacer unas bonitas fotos con la puesta de Sol, buscamos donde cenar, y elegimos un restaurante italiano en la plaza de la Ciudad Vieja, que no era especialmente barato, pero las pizzas estaban buenísimas y además te hablaban en español... Con el estómago lleno, y después de hacer un par de fotos nocturnas, nos volvimos al hotel para un merecido descanso.


Importante: las máquinas expendedoras de tickets del metro no admiten billetes, por lo que si no tenemos cambio, tendremos que pedírselo a quien esté en la taquilla, que por mi experiencia, no hablan inglés...
En primer lugar recordar que la República Checa no pertenece al euro, y que mantiene su moneda, la corona checa, por lo que tocaba cambiar.
El aeropuerto (cuyo nombre ahora no recuerdo), se encuentra algos lejos del centro, por lo que al llegar allí, tuvimos que coger un autobús urbano (algo peligroso...) que nos dejó en la primera parada (o la última, según se mire) de la línea A, la verde, de nombre Dejviká, y a partir de la cual llegamos hasta nuestro hotel, que estaba algo alejado del centro. No voy a decir su nombre, porque no quiero hacer propaganda, pero es la habitación más grande en la que he estado (para resarcirme del hotel de cámara oculta de Londres, jejeje). Una vez acomodados en el hotel, y bajo un sol asfixiante, nos lanzamos en busca de algo de comer, pues en las cercanías del hotel había un centro comercial, aunque con un único McDonalds como restaurante... No soy amigo de estos establecimientos pero como no había otra cosa... nos sirivió para comprobar que fuera de las zonas turísticas el inglés no se estila...
Con los estómagos saciados, volvimos al metro (24Kc el billete individual, 150Kc el billete de 24 horas) y nos bajamos en Namesti Republiki para iniciar nuestra visita. Desde la plaza de la República ya se ve la Torre de la Pólvora (antigua torre de las murallas) y la casa municipal (modernista, con bellos mosaicos).
A partir de aquí, iniciamos el Camino Real. He de decir que pasear por las calles de la Ciudad Vieja me parece una maravilla, con sus edificios barrocos, de grandes puertas, plagadas de chocolaterías, tiendas de souvenirs y tiendas de artesanía (huevos de pascua y matrioskas) Andando, andando llegamos a la plaza de la Ciudad Vieja donde había una especie de mercadillo de productos típicos, y mucha gente. Después de hacer las fotos pertinentes a la iglesia de Tynn (y jugar a buscar la entrada), el edificio de la Galería Nacional, la Iglesia de San Nicolas y el Ayuntamiento Viejo. De paso, como era la hora en punto, aprovechamos para ver los autómatas del reloj astrológico.
Terminado el espectáculo, seguimos avanzando, hasta atravesar el Puente Carlos, a esa hora atestado de turistas (como a todas) y ascendidmos hasta el castillo, a esas horas cerrado, pero ya aprovechamos para hacer las fotos de rigor a la catedral de San Vito, a la calleja de Oro y demás.
Tras dar una vuelta por el barrio pequeño (Mala Strana), y hacer unas bonitas fotos con la puesta de Sol, buscamos donde cenar, y elegimos un restaurante italiano en la plaza de la Ciudad Vieja, que no era especialmente barato, pero las pizzas estaban buenísimas y además te hablaban en español... Con el estómago lleno, y después de hacer un par de fotos nocturnas, nos volvimos al hotel para un merecido descanso.
Importante: las máquinas expendedoras de tickets del metro no admiten billetes, por lo que si no tenemos cambio, tendremos que pedírselo a quien esté en la taquilla, que por mi experiencia, no hablan inglés...