En ocasiones, viajo sin moverme de la silla, resulta muy económico, consulto foros y busco vuelos de fin de semana sin importarme mucho el destino, me evado con historias que cuentan los foreros y viajo con ellos, así es como terminé comprando un vuelo a Manchester,… ¿Manchester!?, ¿Qué hay en Manchester!?, ¿En esa ciudad no hay un importante equipo de futbol?, ¿Queda en el norte de UK, no? Mira, no preguntes más, vente conmigo, te lo enseño.

Es un viernes de Enero, el vuelo sale sobre las 16.00 y eso significa que me toca salir corriendo del trabajo y continuar la carrera hasta la puerta de embarque, una gymkana con el estomago vacío, no parece un buen plan.
Aterrizamos en un nevado Manchester, las previsiones que leí unos días atrás se cumplen, Manchester está blanco. En la misma terminal de llegadas sacamos dinero de un cajero automático, sale más rentable que cambiar efectivo de euros a libras. Desde el aeropuerto, cogemos un tren que en tan sólo 10 minutos nos deja en el centro de la ciudad (Estación de Piccadilly). Nuestro hotel se encuentra a otros 10 minutos andando desde la estación, me parece una gozada aterrizar y en unos 20 minutos encontrarte en la habitación del hotel, Days Hotel Manchester City, Weston Building, Sackville St. Céntrico, prácticamente nuevo, habitaciones confortables por 60 euros y la única pega es que te retienen 100 libras de tu tarjeta, por si consumes del minibar o rompes algo que luego no declaras.
Salimos del hotel hacia la zona de ChinaTown, Portland Street y girando a la derecha por Charlotte Street un pequeño y luminoso barrio compuesto de varias calles, una pequeña plaza, farolillos de colores y una gran puerta roja con dragones dorados, que indican que estás en territorio chino. Multitud de tiendas y restaurantes orientales, entramos en uno que está repleto de asiáticos, suponiendo entonces, que la comida será buena, resulta todo un acierto, económico y “lico lico”.
Aterrizamos en un nevado Manchester, las previsiones que leí unos días atrás se cumplen, Manchester está blanco. En la misma terminal de llegadas sacamos dinero de un cajero automático, sale más rentable que cambiar efectivo de euros a libras. Desde el aeropuerto, cogemos un tren que en tan sólo 10 minutos nos deja en el centro de la ciudad (Estación de Piccadilly). Nuestro hotel se encuentra a otros 10 minutos andando desde la estación, me parece una gozada aterrizar y en unos 20 minutos encontrarte en la habitación del hotel, Days Hotel Manchester City, Weston Building, Sackville St. Céntrico, prácticamente nuevo, habitaciones confortables por 60 euros y la única pega es que te retienen 100 libras de tu tarjeta, por si consumes del minibar o rompes algo que luego no declaras.
Salimos del hotel hacia la zona de ChinaTown, Portland Street y girando a la derecha por Charlotte Street un pequeño y luminoso barrio compuesto de varias calles, una pequeña plaza, farolillos de colores y una gran puerta roja con dragones dorados, que indican que estás en territorio chino. Multitud de tiendas y restaurantes orientales, entramos en uno que está repleto de asiáticos, suponiendo entonces, que la comida será buena, resulta todo un acierto, económico y “lico lico”.

Noche muy cerrada, el frío cala, con el hambre saciada decidimos dar una vuelta por GAY VILLAGE (Canal Str o Chorlton str), el barrio Gay de Manchester, mucho ambiente nocturno e innumerables pubs, entramos en uno que anuncia; Karaoke. Al bajar unas escaleras nos mezclamos con gente variopinta, de edades que oscilan entre los 18 y los 55, ambiente oscuro, pero acogedor, sofás cómodos, sillas y mesitas repletas de copas semivacías, la gente baila de una forma desinhibida, moviendo las cabezas de un lado a otro. Dice el dicho, Adonde fueres haz lo que vieras, así que unas coronitas, unas copas y terminamos bailando a modo pulp fiction. No sé a qué hora decidimos marcharnos a descansar al hotel, pero lo que sí recuerdo, es que Manchester ya no me resultaba tan frío.
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