Decidimos madrugar algo más de lo habitual para llegar al Monte Saint Michel temprano. Es uno de los lugares más visitados de Francia y es recomendable llegar pronto. A partir de las 11-12 del mediodía empieza a llegar la “marabunta” en forma de autobuses de japoneses y se hace casi imposible transitar sus estrechas calles.
Es un lugar pintoresco. La roca enorme sobre la que se asienta la Abadía se puede considerar una isla (o península, para ser más exacto, pues hay una carretera-puente de acceso), pero en la mayor parte del año el mar se retira varios kilómetros hasta el punto de no ser divisible desde el monte. Realmente Monte Saint Michel pertenece a la Región de Normandia, aunque es prácticamente limítrofe con la Bretaña.
En el camino de vuelta a Rennes hicimos una parada en la ciudad de Fougeres, que destaca por su castillo medieval. Comimos en Fougeres y dimos una vuelta por el casco antiguo. Justo al lado del castillo, en la parte de abajo, hay una iglesia (St. Sulpice) que, sin ser resaltada especialmente en los planos turísticos de la zona, nos llamó la atención por su belleza. Marcadamente gótica y con unas hermosas vidrieras.



