Nuevo día en Londres, hoy toca visitar la Torre de Londres, por supuesto, después de nuestro desayuno, cogemos fuerzas para el día.
Tomamos el eficaz servicio de metro que tras realizar trasbordo con las líneas del centro, nos lleva hasta Tower Hill, donde cogemos rumbo directo a las taquillas de entrada a la Torre.
No es nada barata la entrada, los X2 del tren no incluían la Torre, de manera que pagamos religiosamente, nunca mejor dicho. Una vez en el interior, también decidimos coger audio guías, otro pico mas al presupuesto, pero ya que estábamos puestos, queríamos enterarnos de algo...
Y comenzamos el recorrido por las estancias, galerías, pasillos y torres del recinto amurallado.
Figurantes disfrazados de época, escenificaban con teatralidad escaramuzas entre los habitantes de la Torre, y los renombrados Beefeaters, orientaban e informaban a los visitantes luciendo sus flamantes uniformes.
Son señores de edad, que pertenecen al ejercito, pues lucen sus insignias y condecoraciones, y que ahora prestan este servicio mitad infoturistico mitad función de custodia, la cual fue la que ostentaban los Beefeaters, o comedores de carne; vigilantes de esta fortaleza Real, que eran recompensados con el privilegio de comer carne hasta la saciedad, en una época en la que el vulgo pasaba hambre y penurias.
Visita obligada dentro de la Torre, es la estancia donde se exhiben las joyas de la Corona Británica, custodiado el edificio por la misma guardia asignada al Buckingham Palace.
Bueno, aguantamos una enorme cola para verlas, y realmente tampoco fue algo destacable de la visita.
Todas las zonas tienen su interés y a su vez contribuyen a transportarte en el tiempo hacia los años del poderío de la Corona Británica.
Ejemplo es la puerta de los traidores, por donde solían pasar aquellos que eran sentenciados a muerte.
Salimos de la Torre realmente cansados, y con hambre, pues solo tomamos un tente en pie, de manera que justo frente a la entrada de la Torre, descubrimos varios locales de comida, donde cargamos las baterías ya casi al mínimo.
Tomamos nuevamente el metro, y nos dirigimos a la estación de Embankment, atravesamos el puente peatonal y nos dirigimos a la cola del London Eye.
Tampoco tuvimos descuento en estas entradas, que no salieron baratas.
La cola andaba ligera, pues la gigantesca noria, prácticamente no para nunca, y cada cabina acoge de 20 a 25 personas. Es una maquina de hacer dinero, ¡Menudo invento!...
Bueno, a pesar de su coste y el rato de espera, bien merece la pena, la panorámica, las vistas y la sensación de que Londres esta a tus pies. Lo recomiendo.
Fue bajarnos y salir corriendo hacia la estación de Wetsminster, para dirigirnos a Coven Garden, pasamos de ligero por Apple Market, donde vimos varios artistas actuando en la calle...
Y sin perder mas tiempo nos encaminamos a Catherine St. al Novello Theatre, donde a las 19:45 teníamos entradas compradas por internet para ver el musical “MAMMA MIA”.
La verdad que fue algo inolvidable, no estamos acostumbrados a visitar teatros, y menos musicales. Este era nuestro estreno, pero salimos muy impresionados, como este tipo de espectáculo forma parte del día a día aquí en Londres, muy aficionados al teatro y al musical.
La escena en directo le da una vida que no te da la pantalla de cine, y las coreografías, música y escenas fueron realmente buenas, el local magnifico, recomiendo este como otro cualquier musical que seáis capaces de entender, pues el ingles es el ingles, y claro; elegimos “Mamma Mia”, porque ya conocíamos su argumento gracias a la película, eso ayudo a entender el desarrollo mucho mejor.
Al salir, creo recordar que fuimos a cenar de nuevo a Leicester Sq., y se nos hizo tarde. El metro estaba cerrado a nuestra vuelta, de modo que me vi algo perdido al no contar con mi aliado, el metro que tan bien me había estudiado. No tanto la línea de bus, que si que funcionaba, pero que desconocíamos cual coger para ir al hotel.
Así que como buenos viajeros, improvisamos, nos fuimos a la parada mas próxima, y dada la hora, no queríamos deambular buscando otra, así que nos subimos al primer bus que paso.
Me acerque al conductor y chapureando mi ingles, intente explicarle donde teníamos el hotel y que bus nos llevaría hasta el.
Nueva muestra de amabilidad inglesa, el conductor me escucho y me repitió hasta que le entendí que iba mal, pero que nos apeáramos cuando el me dijera, en una parada para tomar otro bus, que nos llevaría a una tercera parada, donde tomar nuestro bus.
Yo no me sentaba, estaba nervioso y las calles eran todas desconocidas, el conducto me aviso y bajamos, pero mas aun, aguardó a que llegara el bus que debíamos tomar y le dijo al conductor mi problema y que me avisara también donde debíamos bajarnos para tomar finalmente nuestro bus.
Chapo por el conductor, aunque de nuevo le chapurreo mi problema, el ya lo sabia y me dice que el me avisa. Y así fue, el ultimo bus con su numero ya nos sonaba a que pasaba a diario por la calle del hotel, y allí terminamos sin ningún contratiempo.
He de añadir que en ningún momento sentimos inseguridad ni ambiente en la calle que nos intimidara, a pesar de la hora ya avanzada. Bueno y a dormir que nos lo merecemos.
Tomamos el eficaz servicio de metro que tras realizar trasbordo con las líneas del centro, nos lleva hasta Tower Hill, donde cogemos rumbo directo a las taquillas de entrada a la Torre.

No es nada barata la entrada, los X2 del tren no incluían la Torre, de manera que pagamos religiosamente, nunca mejor dicho. Una vez en el interior, también decidimos coger audio guías, otro pico mas al presupuesto, pero ya que estábamos puestos, queríamos enterarnos de algo...
Y comenzamos el recorrido por las estancias, galerías, pasillos y torres del recinto amurallado.

Figurantes disfrazados de época, escenificaban con teatralidad escaramuzas entre los habitantes de la Torre, y los renombrados Beefeaters, orientaban e informaban a los visitantes luciendo sus flamantes uniformes.

Son señores de edad, que pertenecen al ejercito, pues lucen sus insignias y condecoraciones, y que ahora prestan este servicio mitad infoturistico mitad función de custodia, la cual fue la que ostentaban los Beefeaters, o comedores de carne; vigilantes de esta fortaleza Real, que eran recompensados con el privilegio de comer carne hasta la saciedad, en una época en la que el vulgo pasaba hambre y penurias.

Visita obligada dentro de la Torre, es la estancia donde se exhiben las joyas de la Corona Británica, custodiado el edificio por la misma guardia asignada al Buckingham Palace.

Todas las zonas tienen su interés y a su vez contribuyen a transportarte en el tiempo hacia los años del poderío de la Corona Británica.
Ejemplo es la puerta de los traidores, por donde solían pasar aquellos que eran sentenciados a muerte.

Salimos de la Torre realmente cansados, y con hambre, pues solo tomamos un tente en pie, de manera que justo frente a la entrada de la Torre, descubrimos varios locales de comida, donde cargamos las baterías ya casi al mínimo.
Tomamos nuevamente el metro, y nos dirigimos a la estación de Embankment, atravesamos el puente peatonal y nos dirigimos a la cola del London Eye.

Tampoco tuvimos descuento en estas entradas, que no salieron baratas.
La cola andaba ligera, pues la gigantesca noria, prácticamente no para nunca, y cada cabina acoge de 20 a 25 personas. Es una maquina de hacer dinero, ¡Menudo invento!...

Bueno, a pesar de su coste y el rato de espera, bien merece la pena, la panorámica, las vistas y la sensación de que Londres esta a tus pies. Lo recomiendo.




Fue bajarnos y salir corriendo hacia la estación de Wetsminster, para dirigirnos a Coven Garden, pasamos de ligero por Apple Market, donde vimos varios artistas actuando en la calle...

Y sin perder mas tiempo nos encaminamos a Catherine St. al Novello Theatre, donde a las 19:45 teníamos entradas compradas por internet para ver el musical “MAMMA MIA”.
La verdad que fue algo inolvidable, no estamos acostumbrados a visitar teatros, y menos musicales. Este era nuestro estreno, pero salimos muy impresionados, como este tipo de espectáculo forma parte del día a día aquí en Londres, muy aficionados al teatro y al musical.
La escena en directo le da una vida que no te da la pantalla de cine, y las coreografías, música y escenas fueron realmente buenas, el local magnifico, recomiendo este como otro cualquier musical que seáis capaces de entender, pues el ingles es el ingles, y claro; elegimos “Mamma Mia”, porque ya conocíamos su argumento gracias a la película, eso ayudo a entender el desarrollo mucho mejor.

Al salir, creo recordar que fuimos a cenar de nuevo a Leicester Sq., y se nos hizo tarde. El metro estaba cerrado a nuestra vuelta, de modo que me vi algo perdido al no contar con mi aliado, el metro que tan bien me había estudiado. No tanto la línea de bus, que si que funcionaba, pero que desconocíamos cual coger para ir al hotel.
Así que como buenos viajeros, improvisamos, nos fuimos a la parada mas próxima, y dada la hora, no queríamos deambular buscando otra, así que nos subimos al primer bus que paso.
Me acerque al conductor y chapureando mi ingles, intente explicarle donde teníamos el hotel y que bus nos llevaría hasta el.
Nueva muestra de amabilidad inglesa, el conductor me escucho y me repitió hasta que le entendí que iba mal, pero que nos apeáramos cuando el me dijera, en una parada para tomar otro bus, que nos llevaría a una tercera parada, donde tomar nuestro bus.
Yo no me sentaba, estaba nervioso y las calles eran todas desconocidas, el conducto me aviso y bajamos, pero mas aun, aguardó a que llegara el bus que debíamos tomar y le dijo al conductor mi problema y que me avisara también donde debíamos bajarnos para tomar finalmente nuestro bus.
Chapo por el conductor, aunque de nuevo le chapurreo mi problema, el ya lo sabia y me dice que el me avisa. Y así fue, el ultimo bus con su numero ya nos sonaba a que pasaba a diario por la calle del hotel, y allí terminamos sin ningún contratiempo.
He de añadir que en ningún momento sentimos inseguridad ni ambiente en la calle que nos intimidara, a pesar de la hora ya avanzada. Bueno y a dormir que nos lo merecemos.