Día 2. Reichstag – Puerta de Branderburgo – Free tour – museo judío y Tempelhoff
Iniciamos el día con la visita al Reichstag, edificio que fue construido por Paul Wallot en las últimas décadas del siglo XIX y su objetivo era albergar el nuevo Parlamento del Imperio Germánico Unido. Para poder visitarlo es necesario que te registres en la página
www.bundestag.de/ ...upp/245686.
La visita a la cúpula es gratuita y abre hasta la media noche pero suele haber cola, lo mejor es llegar a las primeras horas de la mañana. Elijes entre tres horarios y ellos te envían la confirmación por mail.
El parlamento fue muy destruido en 1933 por un incendio, el cual fue el motivo de la caza a los comunistas emprendida por Hitler. Puedes ver toda la ciudad a 360 grados dentro de una estructura espectacular que fue construida por Norman Foster para simbolizar la reunificación de Alemania. Abajo, puedes ver la cámara del parlamento, el Bundestag. Las vistas son geniales y al lado está la puerta de Branderburgo y los jardines del Tiegarten, otras dos paradas obligatorias.
Una de las opciones más válidas es realizar el llamado Free Tour de Berlín. Es genial para todos los viajeros que se acerquen a la ciudad para un fin de semana, o una estancia corta, porque en sus tres horas de duración se ven los principales rincones y lugares emblemáticos de la apasionante historia de la ciudad. Como indica su nombre es gratuito, los guías piden al final del tour que cada uno ponga lo que quiera, y es verdad, cada persona pone lo que quiera, y si no quieres poner, no pones sin ningún problema. El tour es diario en varios idiomas, en castellano hay todos los días, pero también inglés, francés… Salen de un lugar emblemático: La plaza de París, donde está la puerta de Brandenburgo. En concreto, de un Starbucks que hace esquina en la plaza. Las salidas eran a las 11:00 horas y a las 14h, pero os recomiendo estar un rato antes para coger turno.
Mientras esperas puedes ver la Pariser Platz que alberga las Embajadas de Francia, Estados Unidos y otras instituciones como la Academia de las Artes, donde se puede asistir a exposiciones o simplemente sentarse y disfrutar de la arquitectura de este moderno edificio. El DZ Bank es también digno de una visita ya que posee un aspecto futurista gracias al trabajo del arquitecto Frank Gehry en su hall de entrada. Por último, el famoso Hotel Adlon, es otro de los nobles edificios de esta plaza, digno también de una visita y famoso desgraciadamente por la escena del cantante Michael Jackson enseñando por la ventana a su bebe. La puerta de Branderburgo es el monumento estrella de Berlín, con su cuádriga de la diosa victoria en la parte superior.
La ruta comienza con la visita por el monumento al Holocausto, impresionante, al lado del cual está el solar donde está el búnker que vio los últimos días de Hitler. De aquí se pasa a la zona comunista, viendo el muro, el último edificio que queda del nazismo, los excuartes de las SS, el Checkpoint Charlie y termina en la Isla de los Museos.
El Memorial fue diseñado por Peter Eisenman y está formado por 2.711 los bloques de hormigón que inmortalizan los horrores del Holocausto judío. Trasmite un sentimiento muy profundo. Solemne y sobrecogedor, paseando por él te invade una intensa sensación de soledad. Situado en el centro de la ciudad, ocupa una superficie de 19.000 metros cuadrados. Las losas tienen distintas alturas y están diseñadas para crear una atmósfera incómoda y confusa.
El Checkpoint Charlie fue el más famoso de los pasos fronterizos del Muro de Berlín entre 1945 y 1990. Se encontraba en la Friedrichstraße y abría el paso a la zona de control estadounidense con la soviética, donde actualmente se unen los barrios de Mitte y Kreuzberg. Sólo se permitía usarlo a empleados militares y de embajadas de los aliados, extranjeros, trabajadores de la delegación permanente de la RFA y funcionarios de la RDA. La denominación Charlie procede del alfabeto fonético de la OTAN y es su tercera letra. Checkpoint Alpha era el paso por la autopista en Helmstedt, Checkpoint Bravo el paso de autopista en Dreilinden. Como consecuencia del intento, por parte de la jefatura del SED, de restringir los derechos que como aliados tenían en Berlín las potencias occidentales, en octubre de 1961 tanques soviéticos y estadounidenses se posicionaron enfrentados con munición pesada. El Checkpoint Charlie fue escenario de huidas espectaculares de Berlín Este, algunas especialmente trágicas como la muerte de Peter Fechter, desangrado en 1962 ante los ojos de los que habitaban Berlín Oeste. El punto de control fue demolido el 22 de junio de 1990, de modo que salvo el Museo del Muro del Checkpoint Charlie no quedó nada que lo recordase, hasta el 13 de agosto de 2000, cuando se inauguró una reconstrucción de la primera caseta de control, idéntica salvo en los sacos de arena, que ahora están rellenos de cemento. La gente que allí están son actores.
En el free tour también se visita la Bebelplatz, que en 1933 fue el escenario de una gran hoguera en la que se quemaron miles de libros de algunos autores censurados por los nazis. Bebelplatz está rodeada de importantes edificios como el de la Ópera de Berlín, la Universidad Humboldt o la Catedral de Santa Eduvigis. Y a pocos minutos se encuentra Gendarmenmarkt, una plaza muy bonita donde están “las iglesias gemelas”, dos iglesias barrocas idénticas: la iglesia de la zona norte, Französischer Dom (Iglesia Francesa) y la iglesia en el sur de la plaza, Deutscher Dom (Iglesia Alemana).Entre las dos iglesias está la Konzerthaus, sede de la Orquesta Sinfónica de Berlín.
Junto a esta plaza hay una pastelería especializada en chocolate que hace reproducciones de algunos de los monumentos de la ciudad en chocolate negro, espectaculares… Fassbender & Rausch en Berlín, el paraiso para los amantes del chocolate. En esa zona, que es la más selecta de Berlín, hay muchas tiendas y centros comerciales, como el Friedrichstadtpassagen, que son 3 centros comerciales unidos y comunicados por un paso subterráneo.
El final del tour está cerca de la Isla de los Museos. Cabe destacar que Berlín sobresale también por su Isla de los museos, la ínsula de las 365 maravillas. Su conjunto museístico fue nombrado en 1841 “distrito dedicado al arte y las antigüedades”. Los museos más considerados son el Atles Museum (Museo Antiguo), el Neues Museum (Museo Nuevo), el Alte Nationalgalerie (Antigua Galería Nacional), el Museo de Pérgamo y el Museo Bode. Nosotros no entramos en ninguno de los museos de la Isla de los Museos, aunque yo me quedé con las ganas de visitar el Neues Museum para contemplar la que probablemente es la escultura egipcia más famosa del mundo: el busto de Nefertiti (que no se puede fotografiar). La entrada son 10€ pero si coges la compartida te cuesta 14 € que ya te compensa pues el del Pergamo ya te cuesta 10 € mas. Según he leído su visita te puede llevar perfectamente 2 horas.
Siguiente parada: la Catedral. El Berliner Dom fue construido entre los años 1894 y 1905 sobre los cimientos de una pequeña catedral barroca de 1747, justo enfrente del Palacio Imperial. Se acabó su restructuración en el año 2002 y destaca su altar en mármol blanco y ónix amarillo, como el imponente órgano de transmisión neumática, también la Cripta de los Hohenzollern, conocida por alojar los sarcófagos de los miembros de la dinastía Hohenzollern y la subida propiamente dicha a la cúpula. El trayecto hacia la cúpula se realiza por un camino algo desastroso, como si se fuera a llegar a un desván abandonado pero, tras subir los 270 peldaños que llevan hasta lo alto, se puede disfrutar de unas preciosas vistas del centro de Berlín que hacen que realmente valga la pena el ascenso.
Después nos dirigimos hacia Alexanderplatz, el lugar más céntrico de Berlín, donde está la torre de la televisión o Fernsehturm, cuya visita dejamos para el día siguiente. En esta plaza está además la iglesia de Santa María, el ayuntamiento rojo (Rotes Rathaus) y la fuente de Neptuno.
En un bus nos fuimos al Museo judío, entramos a visitar este museo donde lo importante no es lo que hay dentro sino el edificio en sí, ya que la arquitectura cobra fuerza en la reflexión de la historia. El edificio del museo, diseñado por Daniel Libeskind, se ha convertido en uno de los monumentos emblemáticos de Berlín. El edificio es el mensaje, consigue con poco transmitir la sensación de aislamiento, desorientación y pérdida de esperanza que muchos judíos sufrieron durante tanto tiempo. Con un exterior revestido en zinc, el edificio está diseñado para describir las tensiones de la historia judeo-alemana, a partir de dos ejes. En los cruces entre ambos, se encuentran los vacíos o voids, espacios huecos dotados de un gran significado emocional, que atraviesan todo el museo. Entre los espacios significativos del museo destacan especialmente la “Torre del Holocausto”, una pequeña construcción prácticamente sumida en la oscuridad, el “Jardín del Exilio”, una zona compuesta por 49 bloques de hormigón con un estilo parecido al del Monumento al Holocausto, y el “Void Void”, un callejón en el que se extienden miles de chapas de acero con forma de cara que producen un estremecedor lamento al pasear sobre ellas. A mí me gustó pero está lejos y si tienes pocos días puede que haya otras cosas que te interesen más.
Por último nos dimos un paseo por el antiguo aeropuerto de Tempelhoff. Este Aeropuerto de Berlín-Tempelhof (Flughafen Berlín-Tempelhof) fue uno de los aeropuertos más importantes en la historia de Alemania pero, debido a la ingente cantidad de pérdidas que generaba, recientemente fue clausurado y convertido en un extenso y céntrico parque. Desde hace 4 años se ha convertido en uno de los parques urbanos más grandes del mundo. Con 380 hectáreas de extensión, el parque de Berlín supera al mítico Central Park de Nueva York. Desde hace poco, el aeropuerto es un gigantesco parque urbano abierto al público, un estupendo lugar para recorrer en bicicleta sus dos pistas de dos kilómetros de longitud, practicar cualquier deporte, visitar exposiciones al aire libre, volar cometas y helicópteros teledirigidos o disfrutar de unas salchichas a la parrilla en las áreas delimitadas para ello. Particularmente interesante es el llamado Allmende-Kontor, una especie de jardín urbano colectivo donde las plantas crecen en imaginativos lugares reciclados: neumáticos, bañeras, guitarras, etc. Pasear por el Allmende-Kontor es disfrutar de un lugar que sorprende por su originalidad y por su anárquico diseño. Es un excelente sitio para tomar fotografías.El edificio de la terminal del aeropuerto sigue cerrado al público, pero sus alrededores se pueden recorrer a pie o en bicicleta. Suele estar vacío, así que el visitante tendrá la impresión de estar paseando por un impresionante lugar fantasmal cuyas carreteras hace unos años estaban saturadas de taxis, coches y viajeros con prisas.
La vuelta a casa fue en autobús para ver cómo caía la noche en la ciudad.