Split es una ciudad de dimensión mediana y con sus 250.000 habitantes es seis veces más grande que Dubrovnik. El centro de Split –la antigua Spalato- fue construido por Diocleciano, el emperador romano que, según parece, nació en Dalmacia. Aquí fue donde se retiró Diocleciano instalándose en el enorme palacio que él mismo había hecho construir tras diez años continuos de trabajo.
Despues de desayunar nos fuimos a ver el famoso Palacio de Diocleciano
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Para entrar en los sótanos hay que pagar una entrada de 25 kunas
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Lo más bonito para nosotros fue subir a la Torre de Catedral de St. Duje (15 kunas)
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Imagen de las vistas
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Al bajar nos encontramos con el teatro de unos Romanos
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Alguna imagen de dentro de la Catedral
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También había un coro
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Se nos hizo la hora de comer y decidimos volver al coche que aún nos quedaba un largo camino hacia Dubrovnik, nos alejamos de centro para comer y comimos en un restaurante tirado de precio, estaba lleno de familias croatas así que nos sentimos orgullosos de encontrar un restaurante barato donde fuesen los locales.

Una de las cosas de las que más me arrepiento del viaje es no haber ido a la antigua ciudad de Solona, pero por miedo a que se nos hiciese tarde y que tampoco sabíamos como sería cruzar la frontera con Bosnia decidimos dejarlo aparcado para la próxima vez.
La carretera es la autopista que cruza la costa croata, y en la frontera con Bosnia simplemente hay que enseñar el DNI y ya esta, ni te miran el coche ni nada y cuando vuelves a entrar a Croacia lo mismo enseñas de nuevo el DNI.
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Imagen de la frontera
Encontrar nuestro alojamiento en Dubrovnik fue una odisea el GPS nos envió por caminitos estrechos en los que casi no cabía ni el Pandita. Después como pasa siempre te das cuenta de que hay un camino más fácil y corto
Llegamos a la hora de cenar española (sobre las 10) así que compramos algo en un Konzum cercano, nos duchamos, cenamos y a dormir.
