Recorrido de la cuarta jornada:
ELORRIO/PARQUE NATURAL DE URQUIOLA (subida a Urkiolamendi, ruta a pie)/DURANGO/RÍA DE URDAIBAI. Noche cerca de Bermeo.
Itinerario en GoogleMaps.

ELORRIO.
Esa noche nos alojamos en el Hotel Elorrio, de tres estrellas, que se encuentra a las afueras de la población, junto a la carretera. Tiene aparcamiento propio y está situado frente a un centro comercial. Se puede ir caminando hasta el centro histórico, aunque son casi dos kilómetros. El amueblamiento y la decoración del hotel pueden parecer algo antiguos, pero las habitaciones son muy amplias y realmente cómodas. La nuestra tenía una cama doble bastante grande y con un colchón muy cómodo. Además, contaba con una pequeña nevera, escritorio, mesa baja, sofá, sillas y sillones. Y la televisión se podía girar para poder verla desde la cama o desde la zona de estar. Todo un detalle. Nos costó 71,50 euros la noche sin desayuno. Las vistas hacia el exterior eran muy bonitas, con la fachada de la bonita Iglesia de San Agustín de Extchevarria (su origen se remonta a 1053, aunque fue reedificada en el siglo XV en estilo gótico vasco) y las montañas de Urkiola como marco, de fondo.

Como no teníamos demasiado apetito, tomamos unos bocatas en la habitación y, después, salimos a conocer un poquito el centro de Elorrio. Decidimos llevar el coche porque a la llegada nos pareció que estaba más lejos del hotel de lo que luego resultó; pero había que caminar junto a la carretera y no nos hacía mucha gracia. Sobre las diez de la noche, no tuvimos problemas de aparcamiento.

Enseguida comprendimos que no era un lugar con demasiado ambiente nocturno. Parecía mentira que estuviésemos en pleno verano. Había poca gente por las calles, y solamente vimos algunos grupos de personas tomando algunas bebidas en un par de terrazas en la Plaza. Menos mal que no íbamos con idea de cenar.

Pongo un pequeño resumen fotográfico de nuestra visita nocturna a Elorrio.
Las dos calles principales están flanqueadas por edificios notables.
Plaza del Árbol de Guernica y alrededores, la zona más destacada para una visita turística básica en Elorrio.


Plaza del Árbol de Guernica y alrededores, la zona más destacada para una visita turística básica en Elorrio.



A la mañana siguiente, comprobamos con satisfacción que las previsiones meteorológicas se habían cumplido: hacía un día precioso y lucía un sol espléndido. Desayunamos en el hotel para perder el menor tiempo posible. Después volvimos al casco antiguo y dejamos el coche en un aparcamiento público gratuito. Luego fuimos a comprar avituallamiento para nuestra excursión senderista del día. Finalmente, entramos en la Oficina de Turismo, pedimos un plano y aprovechamos para hacer la oportuna visita turística, que resulta muy sencilla porque todo está muy bien indicado, con paneles informativos en cada edificio notable y un indicador en el suelo, que señala el número que le corresponde en el plano turístico.
Antes de empezar el recorrido, consulté algunos datos históricos que resumo a continuación. El municipio de Elorrio se encuentra en la provincia de Vizcaya y pertenece a la comarca del Duranguesado. Actualmente cuenta con algo más de 7.300 habitantes censados. La villa fue fundada en 1356 por Don Tello, XX Señor de Vizcaya, y se desarrolló en torno a dos calles (la del Campo y la del Río). Al principio, las casas se construyeron de madera, pero un gran incendio en 1480 destruyó gran parte de la villa, por lo que en adelante se utilizó la piedra como material principal para los edificios. Al igual que en muchas otras poblaciones, las familias importantes pretendían imponer su predominio y en 1468 tuvo lugar la llamada “batalla de Elorrio”, entre los Ibarra y los Marzana, cada clan con sus respectivos aliados, y que registró más de mil fallecidos. En aquellos tiempos eran muy importantes las torres defensivas propiedad de los señores feudales. Actualmente no se conserva ninguna de estas torres, pero sí se pueden ver los palacios de algunas de las familias más representativas.

El recorrido turístico básico se inicia en la Plaza del Árbol de Guernica, donde se encuentra la Basílica de la Purísima Concepción, construida entre 1464 y 1506, representa una mezcla entre los estilos gótico y renacentista, si bien cuenta con elementos posteriores como el pórtico, la torre barroca y la sacristía.
Fuente en la Plaza del Árbol de Guernica.
Basílica de la Purísima Concepción.


Basílica de la Purísima Concepción.

Como en la mayor parte de las iglesias vascas, nos llamó la atención la galería exterior.

Enfrente, se encuentra el edificio de la Casa Consistorial, que data de 1666 y cuenta con un amplio soportal y los escudos de Castilla-León y Elorrio. También tiene un reloj de sol.

Dimos una vuelta por la zona histórica, que tiene una estupenda colección de edificios notables y está considerada una de las localidades más monumentales de Vizcaya, pues cuenta con 24 palacios de los siglos XVI a XIX y son 69 los escudos heráldicos que adornan sus fachadas. El recorrido resulta fácil y entretenido, con los paneles informativos y el plano y los folletos que entregan en la Oficina de Turismo y que también se pueden descargar de su página web. También ofrecen visitas guiadas de 90 minutos de duración. No voy a mencionar los nombres de los palacios porque son muchos, tienen una ortografía complicada y me iba a equivocar al transcribirla con toda seguridad, así que pongo unos ejemplos fotográficos.

Asimismo, entre lo más destacado se puede citar el Portal de Tello, originariamente la Puerta del Campo, una de las dos puertas originales (la otra es la del Río) de las murallas que se conservan en la actualidad del total de seis que había en un principio.

El Palacio de Arezpakoetxea data de 1620 y se encuentra adosado a la Puerta del Campo, y para cuya construcción se derribó una parte de la muralla. Si hay tiempo, también merecen una visita las fuentes, en especial la neoclásica de Barriozabaleta, las cruces (nueve en todo el municipio) y la Necrópolis de Argiñeta, que cuenta con 23 sarcófagos del siglo IX y tres estelas funerarias anteriores de culto precristiano.

PARQUE NATURAL DE URKIOLA/URQUIOLA.
Terminada la visita a Elorrio, nos dirigimos hacia el Parque Natural de Urkiola, concretamente al Santuario de San Antonio, en cuyas proximidades está situado el Mirador de las Tres Cruces, que era nuestro primer objetivo allí. La distancia desde Elorrio es de unos 25 kilómetros, que se hacen en una media hora, pasando por las inmediaciones de Durango. Teníamos pensado hacer previamente una caminata en Atxondo, pero con el cambio de itinerario a que nos obligó el mal tiempo de los días anteriores, no nos quedaba hueco donde encajarla. Otra vez será.
De camino al Parque Natural de Urquiola.


Tomamos la carretera N-636 y luego nos desviamos a la izquierda por la BI-623, que conduce al Puerto de Urquiola (700 m) y atraviesa casi todo el parque de norte a sur. Las vistas nos parecieron muy bonitas subiéndolo. A la altura del Centro de Interpretación, donde también hay un restaurante, nos desviamos hacia el Santuario, donde hay espacio de aparcamiento suficiente para dejar el coche. Desde allí, seguimos los indicadores y fuimos caminando por un amplio sendero entre los árboles primero hasta la Ermita del Cristo y luego hasta el espléndido Mirador de las Tres Cruces, que ofrecía un bonito panorama, pero no tan espectacular como podría esperarse por la vegetación que tapa parte de las vistas. Sin embargo, como apenas son trescientos metros (unos diez minutos de tranquilo paseo) merece la pena asomarse, sobre todo para quienes no van a hacer ninguna caminata.
Sendero que conduce al Mirador de las Tres Cruces, cerca de la Ermita del Cristo.
Mirador de las Tres Cruces.


Mirador de las Tres Cruces.

El Parque cuenta con 5.800 hectáreas y su declaración se produjo en 1989. Alberga más de 300 especies vegetales y entre su arbolado destacan las hayas, los robles, así como alisos, fresnos, encinas, acebos, abedules, pinos y abetos. En cuanto a los animales, entre sus más de 200 especies cabe destacar el buitre leonado, el gato montés, el jabalí y la liebre. Su suelo está compuesto de rocas sedimentarias, entre las que destacan las espectaculares rocas calizas, que forman las mayores altitudes. También cuenta con más de 400 cuevas. El pico más alto es el Amboto, con 1331 metros sobre el nivel del mar.
Subida al Urkiolamendi y al Larrano, y fuente Pol-pol. Ruta a pie.
Longitud: unos 6 kilómetros. Ruta circular.
Tiempo: tres horas con paradas.
Dificultad: fácil.
Detalle de la ruta sacado de un panel informativo local.


Retrocedimos hasta donde habíamos dejado el coche, nos calzamos las botas y comenzamos la caminata del día. Siguiendo las indicaciones (1,7 Km. a la cima), dejamos el Santuario a nuestra derecha y seguimos hasta una verja, que se cruza por una especie de escalera de tablones, puesta para que no salga el ganado. El Urkiiolamendi tiene 1.011 metros de altitud sobre el nivel del mar, pero su ascensión resulta bastante asequible desde los aproximadamente 700 metros del inicio de la ruta, que hicimos circular, ascendiendo primero por la ondulada montaña cubierta de vegetación y regresando, al final, por una amplia pista forestal que conduce a la fuente de Pol-pol.


La parte inicial es toda cuesta arriba, por un camino bordeado de hayas. Más arriba, el campo se despeja y se empiezan a divisar las peñas calizas que forman el desfiladero Atxarte, con el Aitz Txiki y Alluitz a un lado y al otro el Untzillaitz. Según íbamos ganando altura, las vistas se hacían más amplias y espectaculares.



Muy cerca de nosotros pastaban caballos, vacas y ovejas. Aunque la pendiente es notable, el camino es fácil y cómodo e invita a realizar numerosas paradas para contemplar el paisaje alrededor y hacer unas cuantas fotos.


En menos de 1 hora estábamos junto a la marca geodésica, desde donde también se tienen buenas vistas de todo el parque y más allá.



También podíamos ver el sendero por el que continuaríamos, que tenía más pendiente de la que parecía desde arriba, pero que se realiza sin ningún problema.



Al llegar a un cruce con varios indicadores, seguimos hacia la izquierda, hacia el Monte Larrano, con el fin de alargar un poquito la caminata. Fueron 700 metros, pero por un sendero más pedregoso e incómodo que el anterior, aunque sin problemas tampoco.


Igualmente, nos encontramos con bonitos panoramas, embellecidos también por la luz del sol en un día que se presentó espléndido. Habíamos tenido suerte, después de todo.



Antes de deshacer el camino para volver al cruce, paramos a tomar un bocata, bajo un árbol. Se agradecía mucho la sombra porque pegaba el sol más de lo que nos hacía sentir el viento ligero que nos refrescaba.


Junto al cruce que he comentado, se encuentra la Fuente de aguas ferruginosas de Pol-pol, que se encuentra a 820 metros de altitud, paso obligado para acceder al Cordal de Amboto, el pico más alto del Parque. Y también nos cruzamos con un rebaño de ovejas, todas muy juntitas: con esas lanas y el calor que hacía, ¡pobrecillas!


Fuimos hasta la fuente, donde vimos y olimos sus aguas rojas. Luego, a la izquierda, tomamos la amplia pista que bordea el Urkiolamendi y lleva de vuelta al Santuario. Esta ruta es más cómoda, aunque algo más larga (2,2 Km) y mucho menos entretenida que la subida directa que hicimos a la ida. Sin embargo, sirve para convertir la ruta en circular. Y también agradecimos la sombra que proporcionaban los árboles. En unos 45 minutos estábamos de nuevo junto al coche. Habíamos empleado unas tres horas en el recorrido, incluyendo el tiempo del bocata.
El Santuario al fondo, desde la pista por la que descendíamos.

Terminamos nuestra estancia en Urkiola tomando un café, sentados en la terraza del bar que está frente al Santuario.

DURANGO.
Retrocedimos por la carretera, bajando el Puerto de Urkiola hasta Durango, donde nos detuvimos para echar un vistazo. Como no encontramos aparcamiento gratuito cerca del casco histórico, para no perder tiempo, aparcamos en zona azul, al otro lado del río Ibaizabal, muy cerca del Ayuntamiento, e hicimos un breve recorrido por el casco histórico de la localidad, perteneciente a la comarca del Duranguesado y que cuenta con más de 29.000 habitantes censados en el municipio. Se encuentra a 30 kilómetros de Bilbao y está situada en un magnífico emplazamiento natural, una amplia vega sobre la confluencia de tres ríos: Ibaizabal, Mañaria y el arroyo Larrinagatxu. Goza de una gran historia y su casco histórico está organizado al estilo típico de las villas medievales, con cuatro calles dispuestas de modo paralelo al río: Barrenkale, Artekale, Goienkale y Kalebarria.

No se conoce la fecha exacta de su fundación, aunque parece situada entre los reinados de Sancho VI y Sancho VII, entre 1150 y 1234. En un principio su nombre hacía referencia a toda una comarca, que no pasó a formar parte de Vizcaya hasta 1212 como una de sus merindades, conservando su propio fuero, aunque la villa nunca llegó a integrarse en la merindad. De las primitivas murallas, se conserva la Puerta de Santa Ana.
Entorno de la antigua muralla.


Al igual que en otras zonas de Vizcaya, Durango se vio envuelta durante la Edad Media en numerosas luchas entre sus nobles para conseguir el predominio, fundamentalmente entre las familias de los Ibarguen, Zaldibar y Unzueta, época en la que se construyeron las típicas casas-torre, de las que apenas se conservan vestigios. La villa fue visitada por Enrique III, Enrique IV e Isabel la Católica, que juró sus fueros en 1483. Hechos destacados en la historia de Durango fueron la Herejía de Durango, promovida por el padre franciscano Fray Alonso de Mella, entre 1442 y 1444, que terminó en la hoguera con más de cien de sus seguidores. En 1517 fue asolada por una mortífera epidemia de peste, en 1544 resultó inundada por un violento aluvión y en 1554 sufrió un terrible incendio. Ya en el siglo XIX sufrió las destructivas consecuencias de la Guerra de la Independencia contra los franceses y las Guerras Carlistas. La inauguración del ferrocarril que conectaba la villa con Bilbao supuso un gran impulso para su economía y un importante desarrollo industrial, que se recuperó a finales del siglo XX, después de las convulsiones producidos durante la Guerra Civil Española y la posguerra.
El Mercado.


Uno de los principales monumentos de la ciudad es el Arco de Santa Ana, el único vestigio que se conserva de las antiguas murallas. Se construyó en el siglo XVI, pero fue restaurado en el siglo XVIII en estilo barroco. No pudimos verlo porque durante nuestra visita lo estaban rehabilitando y estaba cubierto por lonas y andamios.
Alrededores del Arco o Puerta de Santa Ana.


Muy cerca se encuentra la Iglesia parroquial de Santa Ana, del siglo XV, aunque ha sido muy reformada.

El Ayuntamiento es un edificio clásico e influencia italiana, con amplio balcón que descansa sobre soportales de sillería. Sin embargo, su rasgo más llamativo es que las fachadas están cubiertas por pinturas barrocas, que fueron restauradas a finales del siglo pasado.


La Iglesia de Santa María de Uribarri data del siglo XIV y es gótica con elementos renacentistas. Tiene un gran pórtico con cubierta de madera sin columnas, que se apoya en enormes vigas curvas siguiendo antiguas técnicas de construcción naval. Se construyó adosada a la Torre de Arandoño, que se utilizó como campanario.

Otros lugares dignos de visitar son el ídolo de Mikeldi, la Torre de Lanz, el Palacio de los Zabala, el Palacio de Etxetarreta, la Cruz de Kurutziaga (siglo XV), la Iglesia de San Pedro de Tabira, la más antigua de Vizcaya, según la tradición local, el Mercado, etc.

Mirador del Balcón de Vizcaya.
A media tarde, emprendimos viaje hacia la costa por carreteras de montaña (BI-3231), huyendo como de costumbre de las más transitadas. Nos desviamos hasta el llamado Balcón de Vizcaya, un amplio mirador sobre las tierras más montañosas de la cuenca de Urdaibai, situado en las laderas del monte Oiz, desde donde se divisa la masa forestal y la ondulación del terreno, con varios picos de fondo. De todas formas, nos decepcionó un poco el mirador: esperábamos mejores vistas. Por cierto que según una antigua leyenda, en este lugar se reunían las brujas cuando caía la noche. Nosotros no vimos ninguna, quizás porque lucía el sol.

Reserva de la Biosfera de la ría de Urdaibai.
Seguimos después por la carretera que conduce a Mendata (BI-2224), adentrándonos en Urdaibai, territorio declarado Reserva de la Biosfera por la UESCO, ya que constituye una de las zonas con mayor diversidad paisajística y ecológica del País Vasco, donde se pueden hallar especies de aves migratorias como el águila pescadora, el charrán o la espátula.

Llegamos a la ría de Urdaibai, cuyo bello estuario lo forma la desembocadura del río Oka y que supone el humedal más importante del País Vasco. El río Oka nace en las laderas del Monte Oiz y recorre el valle de su nombre, donde se encuentra la villa de Guernica. Y su recorrido de 12 kilómetros termina en el Cantábrico, formando la ría de Urdaibai. Esa noche teníamos alojamiento cerca de Bermeo, así que nos dirigimos hacia allí por la carretera BI-2235, que va paralela a la ría, en su margen izquierda. En esta carretera hay zonas de mucho tráfico y donde hay que tener bastante precaución con los ciclistas pues circulan muchos y el arcén es casi inexistente en varios tramos. Enseguida nos dimos cuenta de este peligro, que lamentablemente se hizo realidad un par de días después, como contaré más adelante. Antes de llegar a Mundaca, se localizan un par de miradores con bonitas vistas sobre la ría. A veces resulta complicado encontramos un lugar para dejar el coche junto a la carretera, así que hay que ir preparados cuando veamos el indicador del camping y del Restaurante Asador Portuondo, junto al cual están los miradores, uno a continuación de otro. Fuimos caminando por el arcén para ver las vistas desde ambos.
Vistas desde los miradores llegando a Mundaca.



Luego, nos dirigimos directamente a nuestro alojamiento de esa noche, el Hotel-Apartamento Rural Atxurra, situado a unos cinco kilómetros de Bermeo, en plena naturaleza, lo cual constituye su mayor aliciente (el emplazamiento es espléndido) y su único inconveniente (hay que coger el coche para todo y subir y bajar un puertecito, con sus curvas correspondientes). El hotel es de cuatro estrellas y las habitaciones son bonitas, cómodas y amplias. El personal muy amable y nos dieron todo tipo de información. La verdad es que solemos preferir alojamientos más cerca de los cascos urbanos que vamos a visitar, pero en estas fechas fue imposible encontrar un alojamiento adecuado a un precio moderado en Bermeo. Así que tuvimos que pagar los 108,90 euros que nos costó alojarnos aquí una noche, con desayuno incluido, eso sí. Y no digo que el lugar no lo merezca, pero nosotros le sacamos poco partido ya que, a fin de cuentas, prácticamente sólo nos quedamos a dormir.
Habitación del hotel y vistas.


Por la noche bajamos a cenar a Bermeo, pero eso lo contaré en la etapa correspondiente a esa localidad para no dispersar la información.