Con el nuevo día iniciamos una nueva visita “especial”, hoy nos acercaremos a visitar a una familia de gorilas.
En la zona cercana a Sangha Bai hay dos familias de gorilas habituadas a la presencia de personas, no porque haya muchas visitas a la zona, sino que son los ranger que están en esta zona al cuidado de una estación de investigación de primates los que diariamente se acercan hasta ambas familias para recoger datos y no dejar que los gorilas se deshabitúen a la presencia humana.
Cuando estuve aquí en 2.014, era mi “primera vez” en la observación de gorilas. Recuerdo los nervios que tenía pensando en cómosería aquello. En aquella ocasión visitamos a la familia cuyo espalda plateada es Makumba.
Esta vez nos acercamos a ver a Mogambe, el macho dominante de la otra familia.
Cuando en 2.014 fui a visitar a Makumba y su familia, era mi primera experiencia con los gorilas. Recuerdo perfectamente los nervios que tenía y el miedo a que, por esperar demasiado del encuentro con un gorila en plena selva, pudiera salir desengañado. Dicho de otra manera, que las grandes expectativas que tenia de poder pasar un rato observando a una familia de gorilas, no se cumplieran.
Evidentemente, como cuento en el diario de ese viaje, no tan solo se cumplieron, sino que las superaron ampliamente. Así que esta vez ya sabíamás o menos lo que iba a ver, con lo que llegue al lugar mucho más relajado.

Mogambe
Al igual que en la otra ocasión, nos dirigimos en un coche hasta la estación donde se encuentran los ranger y los investigadores locales que siguen a esta familia y una vez allí, antes de dirigirnos al encuentro de los gorilas, nos dieron unas breves instrucciones de cómo proceder durante el encuentro. En esta ocasión, a diferencia de la vez anterior, nos dieron unas mascaras de esas que llevan los médicos en los quirófanos, para prevenir posibles contagios de los animales, pero aparte de esto el resto de la experiencia fue igual de apasionante que en la primera ocasión.
Tras una caminata de, aproximadamente una hora, finalmente empezamos a oír el ruido de la familia de gorilas moviéndose entre la maleza. Están moviéndose arriba y abajo buscando frutas y comida. Muy despacio vamos acercándonos a donde se encuentran, aunque debido a la espesa vegetación de la selva, se hace complicado poder seguir su paso y ver a los animales con claridad.
Por suerte para nosotros, Mogambe ya ha comido bastante, por lo que finalmente, busca un pequeño claro y se sienta a descansar y es entonces cuando podemos disfrutar realmente de la situación. Tener a un espalda plateada a tres o cuatro metros de ti, en mitad de la selva, es una experiencia que, por mucho que sea repetida, no deja de producir una fascinación especial. Aunque en esta ocasión, a diferencia de la primera vez en que crías y hembras iban andando a nuestro alrededor, casi no tenemos posibilidad de observarles, ya que tanto hembras como crías, prefieren alejarse un poco de nosotros, así que nos quedamos “a solas” con Mogambe, el cual, sentado nos observa con una curiosidad, yo diría que parecida a la que nosotros tenemos por él.

Después de un rato, que a nosotros nos parece un instante, pero que en realidad dura más de media hora, Mogambe decide que ya ha satisfecho bastante su curiosidad y se levanta para dirigirse al encuentro del resto de la familia. Nosotros intentamos seguirle, pero al parecer, a él no le atrae la idea, por lo que acelera la marcha y se pierde entre la frondosa vegetación de la selva, ya que somos incapaces de seguir su ritmo. Además, los ranger que nos acompañan, nos dicen que ya es hora de regresar, en teoría, el tiempo máximo que puedes estar visitando a una familia de gorilas es de una hora y nosotros llevamos ya allí bastante más de eso, así que damos media vuelta e iniciamos el camino de regreso a la base de los ranger, donde nos espera el vehículo que nos devolverá a Doli lodge.
Como en la anterior ocasión, el regreso se hace mucho más liviano que la entrada, ya que mientras vas andando, vas “digiriendo” la experiencia que acabas de vivir y antes de que puedas darte cuenta, ya has llegado a la estación científica donde te espera el coche.
Si tuviera que decidir cuál de las dos ocasiones me ha gustado más la experiencia de ir a visitar a una familia de gorilas, la verdad es que no sabría qué decir, ambas ocasiones han sido muy especiales, cada una con sus particularidades, pero lo que si se seguro, es que de surgir una nueva oportunidad para repetir la experiencia, no dudaría ni un segundo en aprovecharla!


