Sangha Bai es un lugar excepcional. Un Bai, es un claro en la selva en el que no crecen árboles debido a las sales minerales que hay en la tierra, ello lo convierte en un lugar donde los elefantes, búfalos de selva, jabalíes y resto de herbívoros acuden a beber en las charcas que se forman para así poder ingerir las sales que necesitan.
Lo que convierte este Bai en particular en un lugar tan especial, es el hecho de que sea el día que sea, tienes el 100% de seguridad de que podrás ver a montones de elefantes aquí. Es tal la regularidad con la que acuden los elefantes a este lugar, que hace ya muchos años, Andrea Turkalo, una naturalista considerada como la especialista número uno a nivel mundial en el estudio de los elefantes de selva, construyo una especie de tarima elevada en uno de los bordes del Bai y desde esta tarima podía observar a los elefantes entrando y saliendo y estudiar su comportamiento. Por desgracia, la guerra y las posteriores matanzas a principios de década en la RCA, expulsaron a Andrea de este lugar y aunque allá por el 2.015 regresó, ya no ha vuelto a establecerse aquí.
Aunque Andrea ya no esté aquí, la tarima que ella construyó sigue aquí y nosotros la podremos aprovechar para observar a los elefantes y pasar la noche.
Salimos de Doli lodge en coche, el cual nos acerca hasta las proximidades del Bai, una vez aquí, dejamos los vehículos y empezamos a andar, una media hora después de andar por un rio y por la selva, llegamos al Bai y nos encaramamos a la tarima y nos instalamos para pasar el día.
El hecho de estar en una tarima elevada, no es para poder tener una mejor visión del Bai (que también), sino que básicamente es por seguridad. En Sangha Bai, constantemente entran y salen elefantes y encontrarse de golpe con un elefante de selva es una experiencia poco recomendable. En primer lugar, estas en la selva, eso significa que la vegetación es densa y difícilmente podrás ver al animal hasta que no te encuentres muy cerca de él, por otro lado, el elefante hace rato que te huele y que te oye, así que si le parece que estas en su camino o que te acercas demasiado, inicia una carga. Que un elefante aparezca cargando a pocos metros de uno, es bastante delicado y a poco que dudes en apartarte de su camino y esconderte detrás de algún árbol, te pasará por encima como una apisonadora, así que bueno, mejor estar en un sitio elevado al que no lleguen.

Vista de Sangha Bai
Pasaremos toda la tarde viendo las idas y venidas de los elefantes, además de poder ver también algunos búfalos y jabalíes y es al atardecer cuando el número de elefantes en el Bai llega a su máximo, en un momento dado, uno de los compañeros de viaje se dedica a contar todos los elefantes que podemos ver y llega a más de cien. Machos, hembras, jóvenes, viejos, crías…. Estar aquí arriba, mientras estos magníficos animales entran y salen, se discuten por el derecho a beber de una determinadapoza… bueno, es algo difícil explicar la sensación que tienes cuando estás ahí, pero sin duda una de las sensaciones que si tienes es que es un auténtico privilegio el poder disfrutar de un espectáculo como este.

Al caer la tarde, cuando empieza a oscurecer, comemos algo y preparamos las colchonetas para pasar la noche, aunque eso no significa que duermas. Durante la noche, la actividad en el Bai aumenta aún más si cabe y los constantes bramidos de los elefantes, en sus “discusiones” mientras tú estás tumbado, dentro del saco de dormir crean una atmosfera difícil de olvidar. Finalmente el cansancio vence y dormimos unas pocas horas, hasta que el cielo empieza a clarear, nos levantamos y desayunamos y pasaremos el resto de la mañana, hasta el mediodía disfrutando de las increíbles vistas desde lo alto de la tarima.
Una anécdota que me ocurrió en el Bai es que sin querer, provoqué una estampida de elefantes.
Como ya he dicho antes, todo el tiempo que estas en el Bai, lo pasas en lo alto de la tarima, pero claro, de vez en cuando la llamada de la naturaleza aprieta y no hay más remedio que bajar de la tarima para poder hacer tus necesidades, intentando alejarte lo menos posible de la escalera de la tarima.
En una de estas ocasiones, mientras subía por la escalera, estornudé. Durante el día, en el Bai reina un silencio absoluto, solo interrumpido por el bramido ocasional de algún elefante y en lo alto de la tarima, se procura no hacer ruido y hablar solo en susurros para no molestar a los animales, así que en medio de este silencio, el estornudo resonó como un cañonazo, lo que hizo que los elefantes más cercanos a la tarima salieran huyendo a toda velocidad en dirección a la selva. Afortunadamente, el susto les duró poco y rápidamente regresaron para continuar abrevando en las pozas.

Finalmente, después de comer a mediodía, bajamos de la tarima e iniciamos el regreso hacia los coches que nos llevarán de nuevo al lodge. No sin una cierta tristeza dejamos atrás el Bai, pero nos llevamos con nosotros el recuerdo de una experiencia increíble y el resonar de los bramidos de los elefantes por la noche.


