Amaneció un día estupendo y queríamos aprovecharlo bien. En frente del Vai Moana hay una pequeña isla deshabitada, justo antes de llegar al arrecife que protege la bahía donde está el hotel, donde nos habían dicho que el snorkel era estupendo. La mejor hora para llegar hasta allí en kayak era bien prontito, antes de que se levantara el viento, así que desayunamos en cuanto abrieron el restaurante y a eso de las 8 estábamos ya montados en un kayak doble. Desde la orilla parece que está más lejos de lo que luego está, y en unos 15-20 minutos nos plantamos en la isla. Por el camino se pueden ver tortugas si tienes suerte, pero nosotros no vimos ninguna. Aparcamos el kayak en la playa y nos lanzamos a hacer snorkel al otro lado de la isla, el que daba hacia el arrecife. Tuvimos la suerte de que había habido marea alta un par de horas antes, algo fundamente porque de otra forma el coral está demasiado superficial. Había bastante oleaje y corriente, pero es verdad que el snorkel era espectacular, con una regeneración de coral increíble y muchísimos peces. Estuvimos más de una hora a remojo, hasta que vimos que la marea estaba ya empezando a bajar bastante y el viento empezaba a soplar con más ganas. La vuelta en el kayak fue algo más dura por el viento, pero no hace falta ser “kayakista” experimentado ni mucho menos para poder hacer esta mini excursión.



Vai Moana
Después de la sesión de deporte del día nos montamos en el coche dispuestos a explorar la costa oeste de Savai’i. En esta zona hay varios atractivos. Uno de ellos, la Falealupo Rainforest Preserve, incluye un canopy walk, una especie de puente colgante a 30 metros del suelo entre dos árboles enormes. Nosotros nos lo saltamos y fuimos directamente a la playa de Falealupo, en el extremo occidental de la isla. Es una playa remota donde no llegan muchos turistas, y aunque el acceso está sin asfaltar, no es difícil llegar hasta ella. Hay un “resort” (Falealupo Beach Fales) con fales muy básicos que se pueden usar también durante el día si comes allí por ejemplo, que es exactamente lo que hicimos nosotros. Había unos americanos comiendo pero no se bañaron, y no nos podíamos creer que en plena “temporada alta” tuviéramos semejante playa para nosotros solos. Montamos el chiringuito en uno de los fales y nos tiramos allí un buen rato. El snorkel en esta playa tiene muy buena fama, pero nos habíamos olvidado los tubos y las máscaras en el hotel y nos quedamos con las ganas de probarlo. La única consolación era que la marea estaba casi abajo del todo y no hubiéramos podido disfrutarlo de todas formas.




Playa de Falealupo
Para comer no había muchas opciones, por no decir que solo había una, porque cuando llegamos y preguntamos si podíamos comer allí nos dijeron que sí, pero no había menú ni nada parecido. Ni siquiera sabíamos qué íbamos a comer hasta que nos pusieron los platos delante… Pollo frito con arroz y ensalada, comida básica pero sabrosa y barata (20T cada uno).
Muy cerca de Falealupo está Cape Mulinuu, que no es más que el punto más occidental de Samoa. Es un sitio con mucha espiritualidad en la cultura samoana, ya que creen que es el punto desde el que los espíritus de los muertos pasan al más allá, algo parecido al Cabo Reinga en NZ. En la zona hay varios sitios arqueológicos que pueden resultar interesantes: una cueva, una piscina, un pozo… pero que en realidad son cuatro rocas en medio de la selva que a nosotros no nos dijeron nada. La entrada es carilla (10T) para lo que se ve. El tipo que está allí recogiendo el dinero te acompaña y te cuenta un poco la historia, pero ya os digo que no mata.

De camino a…

…Cape Mulinuu
Por su orientación, el Cape Mulinuu es estupendo para disfrutar de un atardecer fabuloso, pero no queríamos tener que volver al hotel de noche. Toda esta zona oeste nos pareció mucho más auténtica, menos visitada, más salvaje que el resto. El trayecto es muy agradable, la verdad es que es una parte muy bonita de la isla, y todos nos saludaban y sonreían al vernos pasar. Por el camino paramos en un pequeño supermercado en la carretera para comprar un par de cervezas para esa noche (a mitad de precio que en el hotel) y llegamos al Vai Moana justo cuando se ponía el sol, y pudimos ver nuestro sunset fale desde la carretera iluminado por la luz del atardecer:

Sunset fales en Vai Moana Resort
Esa noche teníamos una sorpresa en el hotel: tocaba FiaFia night, una cena especial que hacen muchos hoteles y resorts una noche a la semana con un espectáculo cultural que suele incluir baile y música samoanos. La comida también es especial pues se cocina en el umu, un horno enterrado en la tierra parecido al hangi maorí, y normalmente es buffet. Cada resort organiza su FiaFia night un día distinto, y tuvimos la suerte de disfrutar dos (en Vai Moana y más tarde en Taufua). La de Vai Moana estuvo bien, el buffet estaba muy rico, con oka, pulpo, y el otro plato estrella que nos quedaba por probar: palusami, hojas jóvenes de taro cocinadas en leche de coco (una especie de espinacas con bechamel a la polinesia!), además de taro y pollo asados. Los bailes estuvieron genial, pero le faltó danza de fuego, que luego veríamos en Taufua. Los bailes de los hombres son siempre más espectaculares que los de las mujeres, que son mucho más melódicos con movimientos de manos ilustrando la letra de las canciones. El espectáculo está incluido en la tarifa del hotel, ya que cuenta como una cena más, pero siempre piden amablemente una pequeña propina para los bailarines.