Durante nuestro viaje para hacer la ruta senderista de subida a la cumbre del Moncayo, además de Tarazona, la capital de la comarca, visitamos otros lugares muy interesantes. En concreto, Vozmediano -todavía en la provincia de Soria-, el Monasterio de Veruela y El Pozo de los Aínes, Grisel, de los que me voy a ocupar en esta etapa. Están cerca entre sí y el recorrido completo hasta Tarazona desde Vozmediano es de unos 44 kilómetros, tal como aparece en la siguiente captura de GoogleMaps.

Vozmediano (Soria).
Es un pequeño pueblo de solo 36 habitantes censados, que pertenece a la provincia de Soria, si bien está ubicado en la comarca de Tierras del Moncayo. Situado a 60 kilómetros de Soria capital y a 893 metros de altitud sobre el nivel del mar, cuenta con paisajes muy bonitos al estar casi en las faldas de la legendaria montaña aragonesa, en su Parque Natural.


Su importancia histórica está relacionada con su castillo, del que se tienen noticias desde mediados del siglo XII, tras la reconquista de la comarca por las tropas de Alfonso I El Batallador, en 1119, si bien en el mismo lugar pudo haber un edificio romano y, después, una fortaleza árabe, como sugiere el estilo de la Torre del Homenaje. No obstante, los restos que se conservan corresponden en su mayor parte al castillo gótico del siglo XV. Actualmente, pertenece al ayuntamiento, que lo utiliza como cementerio público. Cuenta con dos recintos y está en situación de ruina consolidada.

Depende de la perspectiva desde la que se contemple, presenta un aspecto más o menos imponente al presentarnos su cara más o menos ruinosa. Un tiempo antes de nuestra llegada, había sufrido algún desprendimiento y no podía visitarse. Desconozco cómo está el asunto ahora
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Pero más que el castillo, lo que queríamos ver en Vozmediano era el nacimiento del río Queiles, que acaece apenas a 200 metros del pueblo. ¿Y a qué se debía nuestro interés? Pues a que este río, de apenas 45 kilómetros de longitud, que pasa por Tarazona y desemboca en el Ebro a la altura de Tudela, atesora el sorprendente dato de que el manantial del que nace (la Fuente Vauclasiana) brota con un caudal que ha llegado a alcanzar los 1.500 litros por segundo, lo que le convierte en el segundo de Europa por su flujo de agua, si bien su caudal medio depende mucho del régimen de lluvias, alcanzando su cénit entre diciembre y abril, condicionado también a la nieve y posterior deshielo del Moncayo.

Aparcamos el coche a la entrada del pueblo y seguimos los indicadores, que nos condujeron a través de las casas, con la mole semiderruida del castillo casi sobre nuestras cabezas. Antes de llegar al nacedero, fuimos viendo pequeñas cascadas, canales, lavaderos y saltos de agua, sobre todo a la altura de la piscifactoría.




A lo largo de todo el recorrido nos encontramos con paneles informativos sobre lo que estábamos contemplando. Al fin, llegamos al naciente, donde vimos brotar un manantial a borbotones, localizado a 1.000 metros de altitud, en la falda septentrional del Moncayo. Por cierto que, aunque estemos en Soria, el río lleva sus aguas hacia Aragón, por lo cual hay un dicho popular -castellano, claro- que dice: "Queiles, ladrón, manas en Castilla y riegas Aragón"; lo que también afecta al Moncayo.




En definitiva, hicimos una visita corta pero muy agradable a Vozmediano, que nos ofreció unas bonitas estampas con el agua del río Queiles y, de fondo, su castillo.

A continuación, fuimos hasta nuestro lugar de alojamiento en San Martín de la Virgen del Moncayo, un pueblecito en pleno Parque Natural, que nos vino muy bien para afrontar la subida a la cumbre por la mañana, temprano. Al día siguiente, una vez realizada la ruta y después de almorzar en el restaurante del Santuario, nos detuvimos en el Monasterio de Veruela, que nos pillaba de paso hacia Tarazona, donde íbamos a pernoctar.
Monasterio Cisterciense de Santa María de Veruela.
Aparcamos sin problemas, ya que era un día laborable. El monasterio abre todos los días, excepto los lunes no festivos; en invierno (de octubre a marzo), de 10:30 a 18:00, y en verano (de abril a septiembre), de 10:30 a 20:00. La entrada, entonces, costaba 1,80 euros. También hay visitas guiadas determinados días. Como de costumbre, para asegurar horarios, conviene consultar previamente su página web turismo.dpz.es/ ...e-veruela/ Está permitido hacer fotos sin flash.


Nada más bajarnos del coche, vimos el crucero, llamado “Cruz Negra”, del siglo XVI, que mencionó Gustavo Adolfo Bécquer en “Desde mi celda”. Unos metros más adelante, nos topamos con la puerta principal, que conduce a la Barbacana, las murallas y la Torre del Homenaje (siglos XIII y XVI). La verdad, impresiona. El recinto, con forma de hexágono irregular, todo amurallado con un kilómetro de perímetro y once torres-cubo, parece una fortificación en lugar de un monasterio. El torreón de entrada es del siglo XIII, con una puerta para viandantes y otra para carruajes y caballerías.

El documento más antiguo que se tiene de su existencia se remonta a 1145, siendo el primer monasterio cisterciense que se erigió en Aragón. La comunidad se trasladó al lugar ya en 1171, pese a que las obras de construcción de la iglesia se demoraron 250 años, pues, pese a su estilo sobrio, exento de ornamentos, adquirió las dimensiones de una catedral.


En el siglo XVI, siendo abad Hernando de Aragón, nieto de Fernando el Católico, se renovó y amplió gran parte del conjunto, incluyendo el refectorio, la biblioteca, el claustro alto, las murallas, la torre del homenaje y de la iglesia. En el siglo XVII se construyó un nuevo claustro barroco con celdas individuales en vez del dormitorio común anterior.


Con la Desamortización de Mendizábal, el monasterio se arruinó, abandonándose en 1835. Salió a subasta pública y la Comisión Central de Monumentos artístico lo salvó, convirtiéndolo en hospedería y refugio de viajeros románticos, como los hermanos Bécquer, que cuentan con un espacio-museo en su recuerdo instalado en la antigua cilla, que era el nombre que se le daba antaño a los almacenes que también servían de granero y bodega en los monasteriors


Después, desde 1897 hasta 1972, la Compañía de Jesús instaló allí un noviciado. En 1976, el Estado le concedió su usufructo a la Diputación de Zaragoza, que lo restauró, ocupándose en delante de su conservación. Por cierto, que nos fijamos en las obras de remodelación de un ala del monasterio y de la antigua huerta para la instalación de un Parador Nacional, que, a fecha de hoy, todavía no ha abierto.



Hicimos la visita por libre, de acuerdo con las indicaciones que recibimos en portería y siguiendo un folleto con plano numerado que nos entregaron. A la derecha de la puerta de entrada al recinto amurallado está el Museo del Vino, que no visitamos, junto a un aljibe medieval. El Palacio Abacial, del siglo XVI, es una construcción amplia de ladrillo visto, donde residía el abad. Una zona del mismo está dedicada a exposiciones.




La portada de la iglesia abacial es románica, del siglo XII. Tras cruzar un arco, hay un pequeño jardín con un pórtico renacentista que da acceso al claustro. A la izquierda, una puerta conduce a la cilla que he mencionado antes.




El claustro ocupa el centro del monasterio y distribuye los accesos a las distintas dependencias (siglos XII-XIV). De estilo gótico levantino, fue construido a mediados del siglo XIV. Continuamos por la cocina y el refectorio; el lavabo, el calefactorio, la cámara abacial, la sala de los monjes (lugar de estudio y donde se copiaban los códices) y las letrinas.


Seguimos por el paso medieval a la huerta, el locutorio, la escalera por la que los monjes accedían desde el claustro al dormitorio común, la sala capitular y la puerta de acceso de los monjes a la iglesia abacial -de estilo gótico-, con la cabecera, la Capilla de San Bernardo, las tumbas, la cripta, la sala de difuntos y la torre medieval.




Entre las tumbas, destacan la del Abad Lupo Marco y la del infante Alfonso (siglo XIII), el malogrado primogénito de Jaime I. Toda esta parte es impresionante.





En el siglo XVII, con la construcción del monasterio nuevo, el paso a la huerta se convirtió en el lugar de comunicación entre las dependencias viejas y las nuevas, con la nueva sacristía y el claustro alto.



Nos gustó mucho todo el monasterio, es una auténtica maravilla perderse por sus distintas estancias, la mayor parte de corte totalmente medieval. Además, había poquísima gente dentro, con lo cual pudimos recorrerlo tranquilamente, recreándonos en los detalles.


Pozo de los Aínes. Grisel.
Se trata de un espacio natural singular, una cavidad kárstica o dolina formada por el hundimiento de estratos calizos y yesosos, debido a la acción de las aguas subterráneas.

Tiene unos 22 metros de diámetro, 23 de profundidad y 32 de desnivel. Románticamente, se denomina “pozo de los sueños”. En su interior hay un microclima con una temperatura anual casi constante de unos 10 grados, lo que permite el desarrollo de especies vegetales de entornos húmedos y templados, que no podrían sobrevivir a la intemperie durante los fríos inviernos de la zona. Sobre todo, destacan las enormes enredaderas, lianas y hiedras que cuelgan por las paredes, proporcionándole un aspecto casi tropical. En cierto modo y salvando todas las diferencias, me recordó vagamente a algún cenote de la Riviera Maya mejicana.


Se puede contemplar desde un mirador en superficie y desde otro más profundo, bajando unas escaleras. Un lugar realmente curioso, donde merece la pena detenerse un ratito.

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