El sábado teníamos reserva para el crucero fluvial en catamarán desde el embarcadero de San Estevo a las 12:30, por lo que partimos en esa dirección parando antes en el Monasterio de San Estevo cuando comenzó a llover y no paró en prácticamente todo el día.

En el embarcadero embarcas por orden de realización de reserva. Como el día estaba húmedo primero se llenó la parte interior. Como durante la travesía escampó a ratitos y la lluvia era débil pudimos andar entrando y saliendo a proa y popa para ver bien los paisajes ya que durante la hora y media de travesía te van comentando el relieve y las diferentes formaciones o peculiaridades de la geografía.

De allí fuimos a comer que habíamos reservado en el restaurante O Campanario de Luintra (www.restauranteocampanario.es/es/). No quisimos arriesgarnos a buscar a la aventura con la hora pillada y este tenía muy buenas opiniones…y con razón. Además muy cerquita está la oficina de turismo que nos dio un mapita con las rutas y miradores de la Ribeira Sacra orensana.
Comenzamos yendo a la parte más lejana a Bambán do Solpor donde está el mirador del columpio del atardecer.

Después fuimos al monasterio de San Pedro de Rocas, gratuito, uno de los más antiguos de España (siglo VI) con una iglesia rupestre, capillas excavadas en la roca y tumbas. Tiene centro de interpretación de la vida monástica y un campanario sobre la roca donde puedes subir.
A continuación seguimos por la ruta de los miradores (entrando y saliendo del coche paraguas en mano) comenzando por el mirador de Vilouxe, un mirador a 800 metros de paseo desde el coche con buenas vistas al meandro.

Seguimos por el mirador de la Columna, que ofrece la visión complementaria del anterior al meandro.La mejor foto es desde la roca que está al otro lado del cable de alta tensión, ya que desde el propio mirador el cable parte las vistas.
Muy cerquita se encuentra el mirador de Cabezoás, que es un balcón colgado al cañón.
Y ya muy calados por la lluvia hicimos una parada rápida de nuevo los Balcones de Madrid por si tenía la suerte de mi parte y encontraba las gafas de sol que debieron caérseme allí el día anterior (spoiler: lo único que pillé fue el rato más intenso de lluvia y vaqueros calados de caderas a tobillos aun con paraguas). De manera que ya nos recogimos en Casa Grande de Cristosende.