Hoy ha tocado madrugar bastante para estar a las 5:30 en la playa. Te dicen a las 5:30, pero luego ahí van con calma; si hubieran dicho a las 6, tampoco hubiera pasado nada. Hemos abordado como 20 personas el barco, y ha arrancado hacia la Sirena, el refugio más famoso de Corcovado. Es una hora larga bordeando costa 100% salvaje. El camino hasta la Sirena en sí mismo es un espectáculo. Es de la costa más salvaje de todo el viaje.
Hemos llegado a la Sirena junto con varios barcos. Hay que saltar al agua con la mochila en alto por si las moscas y avanzar hasta la costa por un fondo de piedras con olas. Una vez en la orilla, nos agrupamos por guías y se pasa un control de seguridad en el que no permiten botellas de plástico o cristal, ni ningún tipo de comida. Nuestro guía se llama Ulises y vamos solo 3 con él. Una vez pasado el control de seguridad, empezamos el camino hacia el refugio de la Sirena, aquí en este punto los grupos de turistas se dispersan y no se ve apenas otros turistas, se agradece mucho. En los primeros 10 minutos hemos visto tantas cosas que ya ha merecido la pena venir.
Nos hemos encontrado primero un basilisco. Seguidamente, el guía nos ha llevado a una charca en la que había 3 tapires bañándose como si fueran búfalos. Al lado, un trogón precioso ha terminado robándole el protagonismo a los tapires, junto con otro pajarito que estaba recogiendo musgo para el nido. El guía, de momento correcto, sin ser un apasionado. Es un hombre de Corcovado de toda la vida. Nació y se crió en Corcovado cuando había cultivos y se fue a Puerto Jiménez cuando los expropiaron. En Corcovado se ha dedicado a la extracción de oro, agricultura y ganadería, a la caza y, finalmente, al turismo. Sabe de animales por cultura popular más que por datos reales; de vez en cuando se marca alguna alusión religiosa y lo que cuenta hay que cogerlo con pinzas. Lo importante es que tiene el ojo hecho a ver animales, que es a lo que hemos venido.
Hemos continuado por la selva hasta llegar al refugio de la Sirena. Allí tienen montado un tinglado increíble con capacidad para 100 personas. Dormimos todos en una especie de barracones techados al aire libre con mosquiteras individuales. Un comedor gigante y una zona común bonita. Todo rodeado de lo que antiguamente era una pista de aterrizaje, ya en desuso desde hace años. Hemos dejado nuestras cosas en la cama asignada y en el locker y, casi sin descanso, hemos continuado recorriendo el parque hasta la hora de la comida. Arañas, escorpiones, un cocodrilo y un oso hormiguero. El oso hormiguero precioso, me lo imaginaba más grande y es incluso más pequeño que un coatí. No para quieto y pillarlo decentemente es difícil.
A la hora de la comida es tipo buffet libre pero de pocas cosas. Está bien porque comes hasta que te canses al menos, pero de lo único que no es buffet libre es de la carne. Se supone que había internet en el refugio, pero no funciona.
Tras descansar 30 minutos, hemos arrancado otra vez. Esta vez nos ha llevado por una ruta que se mete por todo el bosque primario. Aquí es tan densa la vegetación que se hace más difícil ver animales. Se escuchan muchos, pero se dejan ver pocos. Hemos podido ver bien un carpintero, monos y el momento Documental de la 2 del día. El guía ha parado de golpe y nos ha señalado el suelo. Justo a sus pies, una serpiente verde ha empezado a revolcarse mientras se escuchaba una rana. Cuando ha parado el revolcón, resulta que era una lora falsa de más de un metro que acababa de enganchar a una rana como mi puño de gorda. La rana estaba viva y luchaba por liberarse mientras croaba de forma insistente. Se alternaban momentos de pelea con descansos. La rana se ha empezado a inflar, como medida de seguridad, hasta que finalmente ha muerto y se ha desinflado. Ahí, la lora ha empezado poco a poco a engullir a la rana de la cabeza a los pies. ¡Qué chulada! El cuerpo de la serpiente se iba dilatando por donde pasaba la rana, quedando las escamas totalmente separadas. Se podía ver cómo usaba los colmillos para ir empujando para adentro. Hemos estado más de media hora hasta que finalmente se la ha tragado entera. Al tragársela, ha cogido y se ha ido subiendo por las ramas, con alguna dificultad para subir cuando tenía que flexionar la zona en la que estaba la comida. Ella se sube a lo alto del árbol y ahí se quedará fácil una semana haciendo la digestión. Era imposible no empatizar con la pobre rana. Sus gritos de auxilio me acompañarán por las noches. Eso sí, la serpiente se ha ido bien contenta.
Después de la serpiente, hemos llegado hasta el río Claro. Ahí nos hemos estado bañando bajo un montón de monos arañas que saltaban de un lado a otro. El baño ha sido una maravilla y el entorno inmejorable. Del baño, hemos seguido, viendo una manada enorme de pecaríes, o cerdos salvajes, y un par de iguanas y águilas. Ya casi en la Sirena, hemos visto más águilas, pecaríes de nuevo y un tucán. Los monos araña son constantes, junto con el sonido de los aulladores. Alrededor del refugio se ve además el mono ardilla alimentándose de un fruto rojo.
Yo he terminado la ruta agotadísimo. No estoy ni de lejos al 100%. Se me ha puesto dolor de cabeza, junto con dolor de espalda, que yo creo que hasta me ha subido la fiebre a la noche. No se me quita ni con paracetamol, por lo que debe ser deshidratación. He ido bebiendo, pero hace tanto bochorno que debo haber sudado más de lo que he bebido. He cenado deprisa y me he metido en la cama a las 19:00. Mañana hay que despertarse a las 4:30 y necesito recuperarme.
Día muy bonito, por mucho que el calor y la humedad lo compliquen.