Hoy tenemos hasta la tarde para dar una vuelta por la capital del Reino de Tailandia.
Tras el desayuno en el hotel, pedimos un vehículo para ir hacia el “Grand Palace”. Hace años recuerdo que era toda una odisea tomar un transporte privado y dar las indicaciones al conductor, ¡Muchos no entendían bien el inglés! Pero hoy en día con las app es todo mucho más sencillo. En gran parte de los países asiáticos funciona GRAB que es como su “Uber” o como el “Didi” Chino ¡Y funciona de maravilla! Esperamos en recepción su llegada.

En pocos minutos apareció un vehículo que nos dejó no lejos del acceso principal al recinto del Gran Palacio de Bangkok. Importante saber que la entrada al Palacio Real no está permitida con pantalón corto o camisetas sin mangas. Si no llevamos ropa adecuada, en la puerta la prestarán de forma gratuita.
El Palacio Real de Bangkok es un gran conjunto arquitectónico formado por un grupo de edificios que sirvieron como sede real desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX.

La construcción del Palacio Real de Bangkok comenzó en el año 1792 durante el reinado de Rama I. Su nombre en tailandés es Phra Borom Maha Ratcha Wang.

El lugar más importante del palacio es el templo Wat Phra Kaew, en el cual se encuentra el Buda de Esmeralda que, tallado en jade en el siglo XV y con sólo 45 centímetros de altura, es el más valioso y venerado de Tailandia. Lamentablemente en esta sala no están permitidas las fotografías.
El conjunto tiene edificios más recientes que combinan elementos propios de la arquitectura de la zona con otros más occidentales. Por ejemplo en este se distingue mucho el cambio entre el cuerpo del edificio con la zona del tejado.
Junto al Palacio Real se encuentra el templo de What Po.



El templo What Pho es especialmente conocido por tener en su interior al gran Buda Reclinado que, con sus 46 metros de largo y 15 metros de altura, es la estatua de Buda reclinado más grande de Tailandia.

El Buda Reclinado, totalmente recubierto de pan de oro, resulta más espectacular en vivo y en directo que en cifras e imágenes. Sorprende ver cómo la estatua encaja casi milimétricamente en el templo en el que se encuentra. Apenas hay sitio para los dos pasillos por donde se le rodea caminando.
Para acceder a cualquier sala donde esté presente la imagen de Buda es necesario descalzarse. Y nunca-nunca-nunca se puede apuntar con la planta del pie hacia Buda. Así que hay que tener cuidado si nos sentamos para meditar/rezar/descansar.
En la parte trasera del templo veremos decenas de recipientes y en una mesa cercana encontraremos urnas con monedas. Representa la tradición budista de repartir limosna. Si queremos realizarla, podemos coger una de las urnas e ir echando las monedas en los distintos cuencos.

Comimos en la zona antes de marchar hacia otro templo, el Wat Arun.

Para llegar hasta allí hay que cruza el rio Chao Phraya en un barco “longtail”, unas embarcaciones muy curiosas a las que se las ha adaptado un motor de camión.

Wat Arun es uno de los principales templos budistas de Bangkok. Su nombre significa Templo de la Aurora o Templo del Amanecer.


Con 82 metros de altura, la torre (prang) central del templo Wat Arun es la más alta de Bangkok. La arquitectura del templo es de estilo Khmer y recuerda a los templos de Camboya. En las esquinas del templo se sitúan cuatro prangs de menor altura. Todas las torres del Wat Arun están decoradas con porcelana china.

Por allí nos encontramos a un montón de tailandeses haciéndose un reportaje fotográfico.

Aunque nos hubiese gustado dar un paseo por Chinatown o por la bulliciosa Khao San Road, no teníamos mucho más tiempo.. así que decidimos regresar al hotel porque habíamos quedado a las 17:00 con el transporte que nos iba a llevar al aeropuerto.

Llegamos un poquito antes de la hora acordada para asearnos un poco, en Agosto y en Asia la humedad es muy alta y habíamos sudado un montón. Al llegar vimos que la furgoneta ya estaba allí y el conductor estaba durmiendo dentro. Tras un breve aseo, recogimos maletas y marchamos en dirección al aeropuerto. Teníamos 30 minutos teóricos de ruta, así que íbamos con tiempo de sobra.
Irónicamente habíamos elegido ese hotel para estar cerca de la línea “Skytrain” y sortear el denso tráfico de la ciudad, pero la buena experiencia a la llegada nos había animado a repetir la experiencia del transporte privado. Con maletas y demás, era una opción mucho más cómoda”.
Y aquí empezó nuestra odisea, nos encontramos con un atasco de aúpa y los minutos iban pasando sin movernos apenas del sitio… Empezamos a poneros nerviosos y hablamos con el conductor por si podía tomar una ruta alternativa. Nos dijo que pagando una tarifa especial (creo que eran como 5€ o así), podía tomar el carril rápido. Pagamos y, si ese era el carril rápido, no me imagino como era el lento. ¡Que perdemos el vueloooooooooo!

Una vez ya fuera del atasco, le dijimos que apretase un poco el ritmo….a lo que nos contestó que tenía que parar a echar combustible. ¡Pa matarlo! Enseguida entendimos la jugada…¡No tenía dinero para repostar! Así que tuvimos que abonarle el servicio para poder proseguir. Ya empezamos con el cachondeo y los nervios se mezclaron con las risas por la situación.

Nos dejó en la puerta de la terminal y...¡A correr! Al llegar a los mostradores de Emirates nos encontramos con una fila kilométrica. Así que fuimos a hablar con unos empleados de la aerolínea y tras explicarles la situación nos pasaron al mostrador “bussines/primera” para agilizar el tema. Encima nos tocó una azafata muy eficiente que resolvió el trámite en tiempo récord.

Tras correr por pasillos embarcamos en dirección a Camboya ¡Justo a tiempo! ¡Volamos hacia Siem Reap!

En menos de 1 hora estábamos en el aeropuerto de Siem Reap. Hicimos los trámites en la aduana pero fue más o menos rápido porque los habíamos hecho de forma electrónica (e-visa + e-arrival) con antelación.

Por allí andaba un argentino despistado que estaba haciendo un viaje de varios meses por Asia y que nos pidió compartir el transporte hasta la ciudad, a lo que accedimos. Pedimos un vehículo con Grab y, tras unos 20 minutos de ruta, nos dejaron en nuestro hotel en Siem Reap, el LOTUS BLANC.
¡A descansar!