Hace tiempo que mi mujer tenía ganas de visitar los templos de Angkor, uno de esos sitios que aparece siempre en toda lista de todo viajero. Lo estuvimos barajando en nuestro viaje a China de 2024 pero era materialmente imposible por disponibilidad de días.
Así que en 2025 decidimos pisar Camboya en la primera parte de un viaje que nos iba a llevar por otro país del sudeste asiático, Vietnam. Se unió a la aventura nuestro sobrino Sergio y una pareja de amigos, Cristina y Adrián.
El viaje lo organizamos totalmente “por libre” sin ninguna dificultad. Contactamos con algún profesional/agencia local para algún soporte, pero, en líneas generales, fue un viaje totalmente montado por nosotros lo que nos permitió incidir en aquellas cosas que más nos interesaban y pudimos obviar otras que no nos interesaban tanto.
Después de darle unas cuantas vueltas, este fue el programa final. Por algún contratiempo tuvimos que mover, sobre la marcha, alguna visita, pero nada que no tuviese una fácil solución.
Como el primer destino de nuestro viaje eran los templos de Angkor, en Camboya, decidimos hacer una noche en Bangkok ya que no existen vuelos directos hasta allí desde España. Nosotros ya conocíamos Tailandia, pero no parte del grupo. De esta forma podíamos descansar un poco antes de proseguir el viaje (sino eran 3 vuelos seguidos) y podíamos dar una vuelta por la capital de Tailandia que no es algo que se hace todos los días.
Así que el 19 de agosto nos reunimos en la T4 de Madrid Barajas para embarcar en un vuelo de Emirates con destino a Bangkok.
Nuestro vuelo despegó a las 22:00 (hora española) y fue muy bien. Emirates es una compañía que ofrece un buen servicio a los viajeros. Buenos asientos, comida correcta y un excepcional sistema de entretenimiento con un gran surtido de películas en todos los idiomas.
El vuelo era vía Dubái, pero teníamos solo 2 horas de escala, imposible salir del aeropuerto. En realidad, apenas tuvimos tiempo de desembarcar, dar un pequeño paseo y cambiar de puerta de embarque para el siguiente vuelo.
Continuará...
DIA 1, LLEGADA A BANGKOK (20 de Agosto)
Poco a poco las horas fueron pasando...
Tras más de 12 horas de viaje total, ¡Llegamos a Bangkok! Hora local, las 18:30. Hicimos el trámite en el aeropuerto, pero fue rápido y fácil porque habíamos gestionado desde España una e-visa (de pago y obligatoria) y una formalidad de registro electrónico de viajeros para evitar trámites en el aeropuerto.
Nuestro hotel para esta noche se encontraba en el centro de la ciudad, pegado a la línea de “Skytrain” (tren elevado). Recordaba el caótico tráfico de esta urbe asiática y, en principio, la idea era tomar el tren desde el aeropuerto Internacional Suvarnabhumi hasta el centro. Pero el hotel, a través de booking, nos ofreció un shuttle “gratuito” para la llegada y nos insistieron que era mejor opción con las maletas, así que optamos por el shuttle.
Cuando salimos de la zona de viajeros, Bangkok nos dio la primera bofetada: gente y más gente por todos lados. Acudimos al punto de encuentro acordado con el chófer, pero nos encontramos con un barullo de conductores oficiales y piratas, un mar de carteles con nombres de viajeros y una “coordinadora” con muy mala leche que despachaba a unos y a otros de muy malos modos.
Tras unos minutos de caos conseguimos contactar con nuestro chófer que nos recogió a pocos metros de allí. A esa hora el tráfico de entrada a la ciudad era fluido y tras 40 minutos estábamos en el hotel Anajak Bangkok.
La habitación, estupenda.
Desde la habitación teníamos la vista más o menos “despejada” a pesar de la aglomeración de edificios en Bangkok..
Como no habíamos cenado, enfilamos hacia la calle y a pocos metros encontramos un local de Ramen que no tenía mala pinta ¡Para allá que fuimos!
Parte del grupo se retiró a descansar, pero algunos dimos un paseo antes de ir a la cama. Pasamos por un típico mercado callejero asiático, de esos que están abiertos hasta tarde en la noche. ¡Esto es Asia!
Nos acercamos hasta el cercano hotel Baiyoke que habíamos visto desde nuestra habitación.
El hotel tiene un “Roof Top Bar” en el piso 83 donde nos tomamos una copa disfrutando de las vistas.
¡Y que vistas!
Y llegó la hora de marchar a la cama. ¡A dormir!
Hoy tenemos hasta la tarde para dar una vuelta por la capital del Reino de Tailandia.
Tras el desayuno en el hotel, pedimos un vehículo para ir hacia el “Grand Palace”. Hace años recuerdo que era toda una odisea tomar un transporte privado y dar las indicaciones al conductor, ¡Muchos no entendían bien el inglés! Pero hoy en día con las app es todo mucho más sencillo. En gran parte de los países asiáticos funciona GRAB que es como su “Uber” o como el “Didi” Chino ¡Y funciona de maravilla! Esperamos en recepción su llegada.
En pocos minutos apareció un vehículo que nos dejó no lejos del acceso principal al recinto del Gran Palacio de Bangkok. Importante saber que la entrada al Palacio Real no está permitida con pantalón corto o camisetas sin mangas. Si no llevamos ropa adecuada, en la puerta la prestarán de forma gratuita.
El Palacio Real de Bangkok es un gran conjunto arquitectónico formado por un grupo de edificios que sirvieron como sede real desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX.
La construcción del Palacio Real de Bangkok comenzó en el año 1792 durante el reinado de Rama I. Su nombre en tailandés es Phra Borom Maha Ratcha Wang.
El lugar más importante del palacio es el templo Wat Phra Kaew, en el cual se encuentra el Buda de Esmeralda que, tallado en jade en el siglo XV y con sólo 45 centímetros de altura, es el más valioso y venerado de Tailandia. Lamentablemente en esta sala no están permitidas las fotografías.
El conjunto tiene edificios más recientes que combinan elementos propios de la arquitectura de la zona con otros más occidentales. Por ejemplo en este se distingue mucho el cambio entre el cuerpo del edificio con la zona del tejado.
Junto al Palacio Real se encuentra el templo de What Po.
El templo What Pho es especialmente conocido por tener en su interior al gran Buda Reclinado que, con sus 46 metros de largo y 15 metros de altura, es la estatua de Buda reclinado más grande de Tailandia.
El Buda Reclinado, totalmente recubierto de pan de oro, resulta más espectacular en vivo y en directo que en cifras e imágenes. Sorprende ver cómo la estatua encaja casi milimétricamente en el templo en el que se encuentra. Apenas hay sitio para los dos pasillos por donde se le rodea caminando.
Para acceder a cualquier sala donde esté presente la imagen de Buda es necesario descalzarse. Y nunca-nunca-nunca se puede apuntar con la planta del pie hacia Buda. Así que hay que tener cuidado si nos sentamos para meditar/rezar/descansar.
En la parte trasera del templo veremos decenas de recipientes y en una mesa cercana encontraremos urnas con monedas. Representa la tradición budista de repartir limosna. Si queremos realizarla, podemos coger una de las urnas e ir echando las monedas en los distintos cuencos.
Comimos en la zona antes de marchar hacia otro templo, el Wat Arun.
Para llegar hasta allí hay que cruza el rio Chao Phraya en un barco “longtail”, unas embarcaciones muy curiosas a las que se las ha adaptado un motor de camión.
Wat Arun es uno de los principales templos budistas de Bangkok. Su nombre significa Templo de la Aurora o Templo del Amanecer.
Con 82 metros de altura, la torre (prang) central del templo Wat Arun es la más alta de Bangkok. La arquitectura del templo es de estilo Khmer y recuerda a los templos de Camboya. En las esquinas del templo se sitúan cuatro prangs de menor altura. Todas las torres del Wat Arun están decoradas con porcelana china.
Por allí nos encontramos a un montón de tailandeses haciéndose un reportaje fotográfico.
Aunque nos hubiese gustado dar un paseo por Chinatown o por la bulliciosa Khao San Road, no teníamos mucho más tiempo.. así que decidimos regresar al hotel porque habíamos quedado a las 17:00 con el transporte que nos iba a llevar al aeropuerto.
Llegamos un poquito antes de la hora acordada para asearnos un poco, en Agosto y en Asia la humedad es muy alta y habíamos sudado un montón. Al llegar vimos que la furgoneta ya estaba allí y el conductor estaba durmiendo dentro. Tras un breve aseo, recogimos maletas y marchamos en dirección al aeropuerto. Teníamos 30 minutos teóricos de ruta, así que íbamos con tiempo de sobra.
Irónicamente habíamos elegido ese hotel para estar cerca de la línea “Skytrain” y sortear el denso tráfico de la ciudad, pero la buena experiencia a la llegada nos había animado a repetir la experiencia del transporte privado. Con maletas y demás, era una opción mucho más cómoda”.
Y aquí empezó nuestra odisea, nos encontramos con un atasco de aúpa y los minutos iban pasando sin movernos apenas del sitio… Empezamos a poneros nerviosos y hablamos con el conductor por si podía tomar una ruta alternativa. Nos dijo que pagando una tarifa especial (creo que eran como 5€ o así), podía tomar el carril rápido. Pagamos y, si ese era el carril rápido, no me imagino como era el lento. ¡Que perdemos el vueloooooooooo!
Una vez ya fuera del atasco, le dijimos que apretase un poco el ritmo….a lo que nos contestó que tenía que parar a echar combustible. ¡Pa matarlo! Enseguida entendimos la jugada…¡No tenía dinero para repostar! Así que tuvimos que abonarle el servicio para poder proseguir. Ya empezamos con el cachondeo y los nervios se mezclaron con las risas por la situación.
Foto: Internet
Nos dejó en la puerta de la terminal y...¡A correr! Al llegar a los mostradores de Emirates nos encontramos con una fila kilométrica. Así que fuimos a hablar con unos empleados de la aerolínea y tras explicarles la situación nos pasaron al mostrador “bussines/primera” para agilizar el tema. Encima nos tocó una azafata muy eficiente que resolvió el trámite en tiempo récord.
Foto: Internet
Tras correr por pasillos embarcamos en dirección a Camboya ¡Justo a tiempo! ¡Volamos hacia Siem Reap!
En menos de 1 hora estábamos en el aeropuerto de Siem Reap. Hicimos los trámites en la aduana pero fue más o menos rápido porque los habíamos hecho de forma electrónica (e-arrival) con antelación.
Por allí andaba un argentino despistado que estaba haciendo un viaje de varios meses por Asia y que nos pidió compartir el transporte hasta la ciudad, a lo que accedimos. Pedimos un vehículo con Grab y, tras unos 20 minutos de ruta, nos dejaron en nuestro hotel en Siem Reap, el LOTUS BLANC.
¡A descansar!