Despertamos bien temprano, pues hoy toca bastante ajetreo, después del día relajado de ayer, sin apenas estrés.
A las 7:00 estamos pillando el bus local hacia San Salvador, poco más de hora y media de trayecto, tres coras cada uno.
Llegamos a la misma terminal, la del Nuevo Amanecer y pillamos un bus urbano local, que nos deja al lado del centro histórico. Desayunamos en nuestro estilo y nos vamos a ver el centro de San Salvador.

Allí puedes dejar las mochilas en una taquilla y ya ves la biblioteca y todo el centro de la ciudad sin peso alguno.



Recorremos un poquito más el centro de San Salvador, cambiamos algunos euros por dólares en un Davivienda y pillamos un bus urbano, que nos lleve a la estación de Occidente que es donde salen los buses para Santa Ana.
Me jodió no haber ido al estadio de fútbol Mágico González, emblemático jugador salvadoreño que se hizo famoso en el Cádiz. Pero con todo el tema de los conciertos de Shakira, no dejaban pasar dentro del estadio.
Pillamos el bus que está a punto de salir. Son dos horas de camino y el precio es bajo como siempre. Recordad que este se agarra (al final, me costó cambiar el verbo coger por agarrar, pero lo conseguí, y ahora me está costando la inversa) en la misma terminal que donde te dejan o desde donde salen, los buses para la Ruta de Las Flores.
Llegamos a buena hora a Santa Ana. La primera impresión, es que es mucho más salvaje que lo que hemos visto de El Salvador hasta ahora, mucho más Guatemala, y eso me gusta, aunque me han encantado los pueblitos tan cucos, que he visto hasta ahora.
Dejamos las mochilas en el Mountain View Hostel, totalmente recomendable, muy bien tío que lo lleva y en el único sitio que tuve una cafetera italiana en la cocina, con café gratuito a libre disposición.
Conocimos a un chaval español que estaba en la habitación compartida de al lado y se vino con nosotros a tomar unas chelas. Cuando lo pasamos por el barrio de las prostitutas y nos clavamos tres cervezas, se asustó y se fue al hostal.
Nosotros nos fuimos a cenar a un baratero. Cuando bajaba del baño, me para un tío bien vestido y me dice si soy español. Le digo que si y me dice que si no tenemos lugar donde dormir, que el tiene habitaciones y que podemos quedarnos gratis en su casa. Le digo que ya tenemos, que gracias y que me diga por donde se llega a el barrio Rosa. Se ríe y me dice que tengamos cuidado, que al final están los travestis y que tienen mala leche. No pasa nada, solo vamos a pasear y ver la vida real nocturna de Santa Ana.

