Estoy tomando un café muy cargado en la terraza de nuestro hostel, cuando desde la habitación de al lado, salen una pareja de españoles que habían llegado en la noche. Llevaban un coche de alquiler, los únicos que vimos que viajaban así, que habían alquilado a través de un amigo salvadoreño. Toda la parte de atrás iba abollada, una moto se les había estampado el día anterior. He conducido en muchas partes del mundo, pero aquí, en estos tres paises, no lo recomiendo.
Nos bajaron al centro del pueblo a desayunar y ellos siguieron su camino. Estuvimos viendo el mercado local, el mejor sitio para ver el día a día de la gente local. Ahí me llegó un WhatsApp de Christian, el dueño del hostal, que me dijo si nos llevaba en su coche, al principio del sendero hacia una cascada escondida.
Por supuesto! Y no sólo eso, sino que después de llegar en el coche, se vino con nosotros hasta el mismo desfiladero.
Joder! Nosotros con nuestras trekking de calidad y el tío en chanclas, nos llevaba follaos, pendiente arriba, pendiente abajo, increíble! Le preguntamos por el precio de esas chanclas.

Después de un buen rato allí disfrutando de esa maravilla de la naturaleza, una gran cascada a la que se accede por un desfiladero, nos fuimos a una aldea cercana, a hablar con los lugareños que allí vivían de forma continua, apartados de la civilización.


Ya cerca del mediodía, pillamos el bus que nos lleva para Sonsonate, el pueblo grande que está al sur de la Ruta de las Flores.
Allí pillas el autobús que te va a llevar hasta San Salvador en unas dos horas, pues para llegar a Suchitoto, famoso pueblo colonial, debes pasar si o si, por la capital.
A los diez minutos de salir en el bus pijo, con su aire acondicionado y sus asientos mullidos, va y se jode. Esto con una parrillera (chicken bus) no pasaría. Así que todos para abajo en medio de la carretera hasta que llegó el de repuesto y nos llevó hasta San Salvador.
El bus te deja en la Terminal de Occidente. De allí, hay un buen tramo hasta la otra terminal, una nueva que han hecho, que antes se llamaba Terminal de Oriente y ahora se llama Terminal Plaza Nuevo Amanecer.
En vez de ir en Uber, que en San Salvador funciona, decidimos ir en una combinación de tres buses públicos. Madre mía como van de gente esos buses...encima, era sábado, esa noche daba un concierto Shakira y aquello era una locura.
5 conciertos en 8 días , 30.000 personas por concierto. Entradas agotadas. 110 millones de dólares ingresados en el país. Con razón dicen que El Salvador, es el país con más crecimiento turístico de toda América (incluida Norteamerica).
Desde los buses, veíamos decenas y decenas de militares y policías, armados como si estuviesen en guerra, vigilando toda la ciudad, para que no hubiese el mínimo percance, que pudiese empañar la imagen de seguridad del pais.
Alucinante, una locura ver ese despliegue.
Después de mucho rato y muchas penurias, llegamos hasta la terminal del Amanecer. Justo en ese momento, sale el bus para Suchitoto. No os preocupéis, que salen con bastante frecuencia hasta las 19:00 horas.
En el trayecto, vamos hablando con una madre y sus dos hijas, muy bien vestidas y que se notan de buena posición, que también nos hablan de la historia reciente de el país. Ellas se quedan antes de Suchitoto y nos dan el WhatsApp por si necesitamos alguna ayuda.
Al llegar a la terminal de Suchitoto, nos espera Isaías, el dueño de El Mangal, la habitación más grande que hemos tenido en todo el viaje. El tío es de pm, muy servicial y con muy muy buen rollo. La habitación, bueno , tres habitaciones, el enorme dormitorio, cocina y baño, no se le puede pedir más, con dos camas en las que se puede hacer hasta un sexteto.


