Miércoles 5 de agosto
Nuestro vuelo con Ryanair sale a media mañana y llegamos al aeropuerto de Manchester algo más tarde de las dos del mediodía.
El siguiente tren a Windermere es dentro de dos horas (no hay mucha frecuencia
El trayecto en total son algo más de 2 horas y con un transbordo. Debido a una incidencia acabamos llegando pasadas las siete de la tarde.
Bajamos del tren y notamos un frío del carajo (13 grados para ser concretos), además de que llovizna. ¡Vaya diferencia comparado con los 35 grados y el sol abrasador que dejamos atrás en Barcelona!
Al fin y al cabo, el Distrito de los Lagos es la región de Inglaterra en la que más llueve.
Windermere es una de las pocas localidades de la región donde llega el tren.
El hotel para las dos primeras noches es The Lamplighter.
El edificio es una encantadora casa de piedra oscura, como prácticamente todas las casas de Cumbria, que tienen entre una y dos plantas, con los marcos de las ventanas y puertas pintados de blanco y los tejados de pizarra a dos aguas.
Hoy únicamente nos dará tiempo de dar una vuelta por el diminuto pueblo, que al ser tarde está casi desierto, y hacer la primera pinta de sidra del viaje en uno de los pubs tradicionales británicos.