Viernes 14 de agosto
Hoy el día amanece con nubes bajas, pero bueno, por esta región, esto no significa gran cosa, es posible que despeje enseguida y quede un día radiante.
Acabará quedando un día radiante, pero no sin lluvia y frío antes.
El pico más famoso de Glenridding, y uno de los más famosos de todo el Lake District es el Helvellyn, siendo con sus 950 metros de altura, la tercera montaña más alta de toda Inglaterra.
Un par de novatos como nosotros no nos meteremos en berenjenales de este calibre, pero se nos ocurre que podemos ir a observarlo “desde abajo”
Red Tarn 10 km de longitud, 609 m de desnivel acumulado (ruta en All Trails)
Resulta que el Helvellyn tiene forma de medio cuenco, o letra “C”, y en su base hay una bonita balsa llamada Red Tarn.
Será la ruta más larga y más alta que hayamos hecho hasta ahora, pero si hemos podido con lo anterior… ¡con esto también podremos!
El ascenso inicia siguiendo el arroyo Glenridding Beck. Pronto empieza a despejar y las nubes van subiendo.
La pendiente es moderada salvo algún tramo un poco más empinado, con escaleras, sin dificultad alguna. Y menos mal, porque todavía queda camino por delante.
Todavía no vemos el Helvellyn, pero sí que se adivina el Catstye Cam, el monte que queda enfrente, y resulta que se le han quedado unas nubes pegadas y no le vemos la cima.
Bueno, todavía es pronto, ya despejará.
El camino sigue y sigue, hoy el campo no son helechos, sino una alta hierba que hace las delicias de las ovejas que se dispersan aquí y allá.
Seguimos subiendo, pero las nubes no. Las alcanzamos y entramos en un mar de blanco. Se ven unos veinte o treinta metros a nuestro alrededor, y nada más.
Tras dos horas y cuarto de subida alcanzamos el lago. No vemos nada.
Sabemos que detrás del lago hay una bonita montaña, así que esperamos en la orilla.
Empieza a llover. Seguimos esperando.
Empieza a soplar un fuerte viento. Seguimos esperando.
Un manto interminable de nubes va deslizándose sobre el agua como pálida lava en un volcán.
Esperamos, y esperamos, y esperamos hasta que finalmente, nuestra vista intuye ligeramente una silueta de roca frente al cielo blanco.
Y poco a poco va materializándose ante nuestros ojos una pared oscura y verde y empinada y agreste y solemne.
A la cima del Helvellyn se puede acceder por sus dos crestas. Al oeste, el Swirling Edge”y al este, el infame Striding Edge, con una arista afilada como la colección de cuchillos de un carnicero.
Pasar por ahí requiere la precisión y la templanza de un equilibrista. O esto me parece a mí. Me acerco a una roca saliente, me asomo al otro lado, la pendiente desciende empinada hasta el infinito mortal. Retrocedo.
Montañeros más valientes y experimentados avanzan con paso firme y decidido, ¡qué sangre fría!
Tampoco era nuestra intención llegar a la cima, así que estamos super satisfechos de poder contemplar tal formación colosal.
Caminamos un poco por el sendero que lo une con el Catstye Cam, que también acaba siendo demasiado expuesto para una persona con miedo a las alturas como yo.
Y estamos varias horas más disfrutando del maravilloso paisaje.
Ahora brilla el sol y nos sentamos a comer un sándwich en la orilla. Dos ingleses se bañan en el agua. Hará 15 grados.
A las tres de la tarde decidimos emprender el camino de regreso. Aunque la ruta de All Trails es circular, nosotros deshacemos el camino andado porque nos ha parecido precioso y muy fácil.
Ahora la hierba de las montañas que nos rodean resplandece bajo el sol. El agua del arroyito fluye alegre. No puedo resistirme a la tentación de poner mis cansados pies a refrescar un rato.
Casi ya a la entrada del pueblo está el albergue con el idóneo nombre de Travelers Rest. Su terraza es una bendición para caminantes, donde nos refrescamos con una pinta de sidra.
Cuando llegamos a Glenridding ya son las seis de la tarde, compramos algo para comer en la tienda de conveniencia y nos lo comemos en los acogedores bancos del parque. ¡Vaya día!