Nos levantamos temprano para, tras un buen desayuno y un rato de agradable charla con Marie, salir con rumbo al Chateau de Villandry. Villandry se encuentra a menos de 20 kms de Tours, con lo que tras un corto trayecto llegamos a sus puertas, aparcamos en su exterior (gratuito) y nos dirigimos a sus taquillas. Allí cogimos entradas para ver sus Jardines (solo Jardines 6,50€/persona, entrada completa Jardines+Palacio 9,50€) que nos costaron 4,50€ cada uno, puesto que a pesar de que fue una visita muy interesante, se encontraban con los trabajos de la primera de las dos plantaciones anuales que realizan, motivo de la entrada reducida.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Construido en 1536 por Jean le Breton, ministro de Francisco I, es el último castillo edificado en el Renacimiento en el Loira, levantado sobre los cimientos de una antigua fortaleza del siglo XII, de la que únicamente se conserva un torreón. El momento más crucial en la historia de este castillo fue con la firma de la llamada “Paz de Colombiers (nombre medieval de Villandry)”, donde Enrique II de Inglaterra, primer monarca de la dinastía Plantagenet (curiosamente de origen francés), se vio obligado a reconocer su derrota frente a Felipe II de Francia, motivo por el que entre otras cosas subió al trono de Inglaterra un señor que nos sonará a todos: Ricardo I, más conocido como Corazón de León.
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El castillo pasó por diversas manos hasta que en 1906 lo compra un español, Joaquín Carvallo, quien dedica su vida a partir de ese momento a restaurarlo y a reconstruir los originales jardines renacentistas, mejorándolos y potenciándolos, hasta lo que se puede ver hoy en día, todavía en manos de la cuarta generación de su familia. La característica fundamental de sus jardines son su simetría y la combinación de flores, setos, árboles y hortalizas, ¡si, si, hortalizas!, lo que lo hace único en su género, integrando estos elementos en un “todo”, armónico y extremadamente cuidado.
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El motivo de no entrar al interior del castillo, fue que varios conocidos me dijeron que no era especialmente vistoso, recomendándome mucho más los Jardines: Existen dos itinerarios, que en el folleto que entregan con la entrada (detallado y también en español), están marcados en rojo y en azul, según se tenga movilidad plena o reducida. Optamos por la segunda opción, carrito y bebe obligan, con un cómodo paseo por los distintos espacios, que nos gustó bastante, aunque con el hándicap que citaba al principio, al encontrarse en plena plantación y unas semanas después de poda, aun así disfrutamos bastante de la visita.
Desde allí salimos para el cercano Chateau de Azay le Rideau, con tan mala suerte de que no tiene horario continuado, y a las 12 de la mañana ya estaba cerrado, le hicimos unas fotos desde fuera y, como no abría de nuevo hasta las 2, optamos por irnos directamente al destino que teníamos pensado para esa tarde: Chambord.
Desde allí salimos para el cercano Chateau de Azay le Rideau, con tan mala suerte de que no tiene horario continuado, y a las 12 de la mañana ya estaba cerrado, le hicimos unas fotos desde fuera y, como no abría de nuevo hasta las 2, optamos por irnos directamente al destino que teníamos pensado para esa tarde: Chambord.
Comimos en una brasserie a las afueras de Blois, ya que nos cogía en ruta, y después de un te helado para cada uno (apretaban unos 23 grados), continuamos hasta Chambord, donde estacionamos en su parking (3€), existe la posibilidad de visitarlo por fuera (gratis, aparte del parking) y por dentro (9,50€/persona).
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Sin duda el castillo más espectacular en lo que a su aspecto externo se refiere de toda la zona del Loira, siendo el más grande de los allí existentes, se quedan cortos los apelativos que se le refieren una vez que estás bajo sus muros y observas sus dimensiones y majestuosidad. Creado como capricho del joven rey (25 años) Francisco I en 1519, inicialmente fue un pabellón de caza con la estructura de una fortaleza medieval, pero pronto sus dimensiones colosales cambiaron su destino. A la muerte de éste, que únicamente llegó a pasar 72 días en el en todo su reinado, no estaba concluido, llegando a su actual estructura de la mano de Enrique II y del Rey Sol, Luis XIV.
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Decidimos entrar, por lo que tras hacer unas fotos por el exterior y coger las entradas, nos dirigimos a su zona central y a la vez más antigua, la Torre del Homenaje: En su interior el elemento más destacado de todos los que contiene el castillo, la famosa escalera helicoidal, cuyo diseño se atribuye a Leonardo Da Vinci, constituida por la unión de dos escaleras de tornillo (caracol) que giran alrededor de un núcleo central hueco. Si dos personas ascienden por cada uno de los vuelos de las escaleras podrán verse por sus aperturas pero no se cruzarán nunca. La verdad es que es de lo más curioso…En general el resto de las estancias están mayoritariamente vacías, lo cual es extensible al resto del castillo intercomunicado por distintos pasillos: A mayores de la escalera solo tiene reseñable en su interior los aposentos del último Conde de Chambord, la habitación de Francisco I, la Capilla (muy bonita y con una enorme bóveda) y unos aposentos del XVIII, además de una sala donde ponen en varios idiomas (incluido español) un audiovisual sobre su construcción. Caso aparte son sus tejados, chimeneas y linterna, espectaculares y desde los que hay una vista del vasto territorio que abarca el Dominio (parque forestal) de Chambord, equivalente a 5440 hectáreas, que se dice pronto, cerrado por un muro de 32 kms de longitud.
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De toda esa extensión hay 800 hectáreas visitables, donde pueden verse jabalíes y ciervos en libertad. Todavía impresionados por las dimensiones y espectacularidad de esta maravilla de la arquitectura, abandonamos su interior para, tras dar un paseo por su exterior y darle de merendar a la enana, dirigirnos a terminar la tarde en Blois.
Después de unos 20 minutos de carretera llegamos a Blois, atravesando el Puente Jacques Gabriel y aparcando en un parking cercano a la Place de la Resistance. Desde allí, fuimos paseando hasta su Chateau, construido por Luis XII, donde entre otras muchas cosas fue bendecida Juana de Arco por el arzobispo de Reims antes de dirigirse a asediar Orleans. El Castillo pasó por diferentes manos y reyes, acabando saqueado y en ruinas tras la Revolución, no siendo hasta su declaración en 1841 como monumento nacional gracias a la intervención de Prosper Merimée (autor de “Carmen” en la que se basó Bizet para su opera). Lo encontramos ya cerrado porque se nos había echado la tarde encima, al igual que el Museo de la Magia dedicado a Robert-Houdin (no confundirlo con Houdini, el gran escapista, que tomó ese nombre artístico en honor a éste ilusionista francés), con lo que nos conformamos con dar un tranquilo paseo por la ciudad, nos paramos a tomar algo en una de las concurridas terrazas de la Rue Anne de Bretagne donde nos pasó la anécdota del día: Llega el camarero, le pregunto a mi mujer que quiere tomar y se lo digo al camarero en inglés, coge el hombre y me dice “tranquilo que ya tomé nota, soy español nacido en Ceuta”. Después estuvimos allí conversando con el hombre, que era muy majete y estaba encantado de tener en su bar a unos compatriotas. Un ratillo después nos despedimos y continuamos hasta las interminables escaleras de la calle Denis Papin (no el famoso jugador de futbol francés, sino el que inventó la olla a presión) que comunican la parte antigua de Blois, con la más moderna de la ciudad.
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A unos 200 m se encuentra la Catedral de San Luis, del siglo XVII en estilo gótico, como ya eran sobre las seis y media estaba cerrada, aunque pudimos deleitarnos con sus hermosos exteriores.
Abandonamos Blois, muy contentos por lo disfrutado pero bastante cansados, en dirección a Tours. Cenamos unas pizzas que fui a buscar a un Pizza Hut al lado de la Rue Colbert y a descansar, que al día siguiente regresábamos y queríamos ver por la mañana Tours.
Abandonamos Blois, muy contentos por lo disfrutado pero bastante cansados, en dirección a Tours. Cenamos unas pizzas que fui a buscar a un Pizza Hut al lado de la Rue Colbert y a descansar, que al día siguiente regresábamos y queríamos ver por la mañana Tours.