Nuestra segunda jornada en Sicilia incluía llegar cerca del Etna, visitar Taormina y volver a dormir a Catania. Unos 143 kilómetros en total, con el siguiente itinerario sugerido en Google Maps.
Acercándonos al Etna.
Una de las visitas imprescindibles en Sicilia es acercarse lo más posible al volcán Etna, de modo que esperábamos ese momento con especial ilusión. Además, la mañana soleada nos hizo pensar que la climatología nos iba a acompañar. Y así parecía cuando vislumbramos el cráter en la distancia, surgiendo entre algunas nubes.
Pese a su ininterrumpida actividad y a que en ocasiones ha sido bastante destructivo, mucha gente vive cerca de sus faldas, ya que fertilidad de la tierra hace que en sus laderas abunden los cultivos, las viñas y los huertos, algo que pudimos comprobar mientras nos aproximábamos a sus inmediaciones por una carretera sumamente virada que asciende constantemente desde las mismas calles de Catania. Luego, para dejar la zona, fuimos por otra carretera, igualmente llena de curvas.
Las panorámicas eran cada vez más espectaculares, con la ciudad, los pueblos y el mar más y más abajo a cada kilómetro. Me pareció impresionante, aunque no fui capaz de captar con la cámara lo que contemplaba quizás por una bruma de la que no fui consciente hasta que revisé las fotos.
El punto más alto al que se puede llegar en autobús o vehículo particular es el Refugio Sapienza, a 1.800 metros de altitud, donde hay todo tipo de servicios: aparcamientos, tiendas, restaurantes, cafeterías... Desde allí, se pueden hacer varias rutas de senderismo de diversa dificultad y duración, guiadas o por libre. Sin embargo, la excursión estrella es subir lo más cerca posible del cráter, situado a unos 3.400 metros, un dato que no es fijo por las continuas erupciones. De hecho, mientras estoy escribiendo este diario he visto en la televisión que está arrojando lava de nuevo. El Etna fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2013.
Zona del Refugio desde el mirador del aparcamiento y desde el teleférico.
Una vez en el Refugio, dispusimos de varias horas libres para que cada cual las disfrutara a su aire. Nosotros queríamos hacer la excursión completa: subida en teleférico hasta 2.700 metros de altitud y, desde allí, una ruta guiada en vehículo todo terreno que asciende unos 300 metros más, con un paseo posterior a pie. El antojo salió por 78 euros por persona (50 euros solamente el telecabina), nada barato, por tanto. Además, nuestra guía nos advirtió que, aunque abajo luciese el sol, arriba podía darse el caso de que apareciese la niebla de improviso y viésemos poco o nada. Pero, claro, costaba echarse atrás. Así que tras mucho pensarlo decidimos subir. Es imprescindible llevar ropa de abrigo y botas o zapatillas resistentes.
Las fotos desde el teleférico no me salieron muy bien porque los cristales eran tintados y estaban rayados y muy sucios. Aunque empezaron a surgir las nubes, seguía habiendo buena visibilidad. Al bajar del teleférico, una empleada nos dijo que pasaríamos mucho frío y nos quiso alquilar chaquetones y botas. Lo rechazamos. Luego, tampoco fue para tanto y estuvimos bien con lo que llevábamos puesto.
Los vehículos 4X4 salen de la estación superior del teleférico y llevan un guía. El nuestro hablaba italiano e inglés, pero ponía voluntad con los hispanoparlantes y le entendíamos bien. No me tocó ventanilla, así que no pude hacer fotos. Me propuse estar atenta a la vuelta para pillar mejor ubicación. Pero no tuve opción. En cuestión de minutos, empezó a levantarse una espesa niebla que apenas permitía ver a cinco metros.
Aun así, hicimos la caminata por senderos de lava (no resulta especialmente complicado) hasta un mirador desde el que si el tiempo acompaña se divisa gran parte de la isla, lo que no era el caso. Pensamos que en algún momento las nubes harían un hueco, pero vinieron más. Mala suerte. En cualquier caso, la excursión fue interesante, ya que el guía nos contó muchas cosas tanto del Etna como de curiosidades geológicas y vulcanológicas. Posiblemente, hubiera sido preferible quedarnos a hacer alguna ruta abajo, donde la visibilidad era bastante mejor en comparación.
De vuelta al Refugio, solo nos dio tiempo de acercarnos hasta el Cráter Silvestri, en torno al cual había bastante gente. Fue entretenido, pero hemos estado varias veces en entornos volcánicos (aunque siempre difieren unos de otros) y nos hubiese apetecido algo más. Así que mucho cuidado si el cielo no está despejado, en especial por el desembolso económico de una actividad que puede quedarse casi en nada.
A continuación, fuimos a almorzar a una casa tradicional, reconvertida a restaurante rural, situada en un pueblo, en la ladera de una colina. El sitio era muy bonito, aunque no podría decir dónde estuvimos exactamente.
La casona era muy chula, casi parecía un museo. Las vistas resultaban espectaculares tanto hacia el mar, que se divisaba justo enfrente, como tierra adentro, donde se intuía en la distancia la -ese día- esquiva silueta del Etna.
Tomamos un menú degustación de especialidades sicilianas preparadas con productos locales de cosecha propia: los quesos y las aceitunas estaban de vicio, al igual que las verduras (caponata), los panes y los pastelitos. También hubo cata de vinos. La dueña nos fue explicando el nombre de cada plato y cómo lo hacían. Me arrepentí de no haberlo apuntado. Al final, la cocinera nos dio una lección magistral de sus habilidades culinarias. La verdad es que todo estaba riquísimo.