Nos dirigimos después hacia la rival histórica de Segesta, Selinunte, cuyos Parques Arqueológicos distan entre sí 52 kilómetros, estando situado el segundo frente a la costa sur siciliana, que se contempla perfectamente desde alguno de sus miradores. Por el camino, seguí fijándome en los paisajes.



Antes de llegar al parque arqueolóico, fuimos a almorzar a una casa rural con bodega de una zona cercana, en medio de bonitos paisajes donde reinan los viñedos. Nos sirvieron otro menú degustación que incluía cata de vinos de cosecha propia. La comida estuvo bien, pero me gustaron más los productos que tomamos en la casona del pueblecito cercano al Etna.




Desde la entrada del Parque Arqueológico (dividido en cuatro zonas) hasta los templos, se puede ir a pie por unas pistas acondicionadas o también tomar un trenecito, que fue lo que hicimos, ya que lo llevábamos incluido. Y no nos vino mal ahorrarnos la caminanta, pues hay que andar bastante entre los templos y el sol pegaba fuerte y apretaba el calor. Prefiero no imaginarme lo que puede ser este sitio en pleno verano. En cualquier caso, merece la pena: las ruinas me parecieron fantásticas. También hay una zona de museo. Hicimos la visita con un guía, que puso mucho más interés que el de Segesta. Y bien que lo percibimos.
Foto de panel informativo y plano de Selinunte en el centro de recepción de visitantes.


No hay certeza sobre la fundación de Selinunte, aunque se cree que fue a mediados del siglo VII a.C. cuando empezaron a instalarse las primeras construcciones en una amplia llanura, a 50 metros sobre el nivel del mar, entre los valles de Modione y Gorgo di Cottone. En cuanto al nombre, podría derivar del río Selinos o del apio selvático que aparece en las primeras monedas de la ciudad.




Nos bajamos del trenecito junto a la puerta norte y las antiguas murallas helenísticas de la acrópolis, que se desarrolló durante un largo periodo de paz, pues aunque era aliada de Cartago durante la I invasión púnica, no sufrió ataques importantes por parte de los griegos de Siracusa y Agrigento. Más tarde, cambió su política y se alió con Siracusa, lo que derivaría en su destrucción definitiva a manos de los cartagineses en el 409 a.C. En el 250 a.C., la ciudad fue conquistada por los romanos.
Puerta y murallas.
Acrópolis y Templos de la colina Occidental.


Acrópolis y Templos de la colina Occidental.


En la Colina Occidental, la zona más cercana al mar, hay cinco templos que datan del siglo IV a.C. y se conocen por letras. A lo lejos, se divisaba la playa, con algunos bañistas. Igualmente, resultaba imponente la estampa del Templo de Hera que corona la Colina Oriental, a la que nos dirigimos a continuación y cuya zona me pareció la más espectacular.



En la Colina Oriental, encontramos tres templos adyacentes, de los siglos IV y V a.C., con columnas de estilo dórico y de épocas diferentes. El llamado Templo E, alargado y con seis columnas por quince, estaba dedicado a Dionisio y era el segundo templo más grande, después del llamado Templo G, del que solo quedan ruinas y una única columna en pie. Pese a todo, realmente impresiona el tamaño de lo que se conserva.



Aquí jugamos un rato a hacer composiciones con la cámara de fotos, pues el lugar es muy agradecido para ello y había muy poca gente.


