Nos levantamos y nos dirigimos hacia el buffet del desayuno. Un muy buen buffet por cierto, desayunamos como campeones/as. Nos recogen después del desayuno y nos vamos hacia el aeropuerto. Cogemos el vuelo de las 13:15 de Air Mauritius hacia Mauricio. Sin duda, el avión más incómodo de los 5 que cogimos. 5 horas eternas rozando las rodillas con todos los sitios y sin saber cómo ponerme. Llegamos a la isla anocheciendo, aún así podemos divisar con las últimas luces del día la silueta de Le Morne y las playas infinitas que nos esperan. Bajamos a las 18:30 del avión (qué alivio), cogemos maletas y nos despedimos de nuestros compañeros de viaje en Kenia, no sin antes prometer que nos haremos alguna visita en el futuro.
Nos trasladan hacia nuestro alojamiento en Mauricio, el Sugar Beach Resort & Spa Hotel, en Flic en Flac, a una hora de camino del aeropuerto. Qué gustazo de monovolumen y qué gustazo de carreteras comparados con el 4x4 y los caminos Keniatas.
Llegamos al hotel y nada más bajar del coche nos “entra por el ojo”. Nos encanta. Después de la recepción nos llevan dirección a nuestra habitación, y a pesar de ser de noche, lo que vemos aún nos gusta más: jardines inmensos, restaurantes abiertos, bares de copas a pie de playa y no parece que haya mucha aglomeración de huéspedes. Y esto se debe a que la extensión del hotel es inmensa y los huéspedes estamos repartidos en una franja de playa bastante larga.
Entramos en la habitación y vemos que no desentona con el resto del hotel: está en una planta baja, es grande y acogedora a la vez. A un paso de la piscina y a dos pasos de una playa increíble. Además, tenemos un detalle de bienvenida del hotel: una botella de cava (que por cierto cayó esa misma noche), un pareo y alguna cosa más. Encantados con lo que vemos, descargamos los “trastos” y nos vamos al buffet a cenar. “El día siguiente ya haré fotos” pienso.
Nosotros llevamos régimen todo incluido, y podíamos optar por comer en el buffet, o en los restaurantes temáticos de nuestro hotel y del hotel vecino (llamado La Pirogue, son de la misma cadena creo). En el buffet la comida está toda incluida, las bebidas algunas si, y otras no, pero si pides las que no están incluidas tienes un descuento. En los restaurantes temáticos tanto comida como bebida tienen cosas incluidas y otras no, las no incluidas también tienes un descuento. En los bares de copas también aplican esta política. El descuento es importante, creo recordar que si te pedías una langosta con régimen alojamiento y desayuno eran unos 45€ al cambio, y con el régimen todo incluido salía por unos 20€. Es un concepto diferente al de la “pulserita” en los hoteles del Caribe por ejemplo, pero perfectamente puedes pasar sólo con los platos y las bebidas que incluye tu régimen, ya que las cartas tanto de comidas como de bebidas son bastante extensas, nosotros como íbamos “a por todas” pues nos pedimos lo que nos apeteció porque era nuestra Luna de Miel y nos lo habíamos ganao.
Esa noche cenamos en el buffet comida Italiana. La comida estaba bastante bien y tenían mucha variedad. Parece ser que organizan el buffet temáticamente: un día comida italiana, otro día europea, otro mauriciana, francesa, etc… Hay tantos platos que si no te gusta una cosa te gusta otra. Y el resto de días de nuestra estancia pudimos comprobar que tanto para el desayuno y como para la comida el buffet del Sugar Beach no falla. Un 8 sobre 10 para el buffet.
Después de cenar nos vamos al bar de copas Tides que se encuentra junto a la orilla del mar. Ambiente relajado, actuaciones de música en directo a diario, muchos cocktails para probar… (llegué a probar el 90% de la carta) Nos gusta mucho el bar. Nos damos cuenta también de que por la noche refresca bastante. Echamos en falta algo más de ropa para las noches frescas de Mauricio en esa época del año. La temperatura es muy parecida a la que tenemos en Valencia en abril: sol y calorcillo de día, fresquito de noche. Después de tomar alguna copa más de la que nos hacía falta, nos vamos a dormir con alegría.
Nos levantamos como nuevos, la cama es muy cómoda y dormimos como rey y reina, todo perfecto. Lo único un poco extraño fueron como unos pájaros piando que estuve escuchando a ratos la noche anterior.
Después de un buen desayuno y antes de reunirnos con la representante de nuestro tour operador para ver qué excursiones nos ofrece, saco la cámara y tomo algunas fotos del hotel. En la primera foto se puede ver el bloque donde se encontraba nuestra habitación (es la de abajo a la izquierda):
En las siguientes fotos vemos la entrada y las vistas al jardín:
En éste hotel las habitaciones se repartían en bloques de dos alturas como el nuestro, además de en un edificio principal que tiene hasta tres alturas:
Y además los jardines son muy bonitos:
Paseamos un poco hasta el hall, donde nos espera la chica del tour operador. Nos dan bastantes opciones para hacer excursiones. Nosotros, después de la paliza de km. de Kenia preferimos que nuestra semana en Mauricio sea un poco más relajada y como vamos a pasar 4 días completos en la isla, decidimos dejar el primer y el último día para nosotros, y los dos días que nos quedan hacer alguna excursión. Contratamos la visita a la Isla de los Ciervos en catamarán para el día siguiente (nos la recomendaron unos amigos), y la excursión por el centro y sur de la isla para dentro de dos días.
Al salir dimos forma a una idea que llevábamos pensada desde Kenia: hacernos un pedazo de masaje. Después de “pelearme” con mi inglés (y con la recepcionista del spa) por teléfono, consigo reservar para ése mismo día, antes de cenar.
Nos informamos sobre el sistema de reservas de los otros restaurantes del hotel: el Citronella’s (comida italiana) y el Tides (pescados y mariscos) que está al lado del bar del mismo nombre. Nos indican que para comer no se necesita reserva porque suelen tener mesas, pero para cenar hay que llamar y reservar. Por la tarde llamaremos para reservar.
Volamos a la habitación a ponernos el bañador y a la piscina a darnos un bañito:
Teníamos el día con un tiempo genial… de momento. Más tarde descubriríamos el tiempo tan especial que tiene Mauricio en septiembre. Después de refrescarnos, nos vamos a pegarnos el primer “homenaje” de nuestra estancia. Nos comemos una langosta por cabeza:
Está muy buena. Un poco demasiado hecha para mi gusto, pero las cocinan así por temas sanitarios. Ya estábamos sobre aviso del exceso de cocción de los mariscos en Mauricio. Aun así, todo el que probamos estaba muy bueno aunque tengo que añadir que en otros sitios los he probado mejores. Por supuesto, repetimos más de una vez.
Con la panza llena, nos vamos un ratillo a la playa. Pinta así:
Como podéis ver en la segunda foto, el cielo se empezaba a poner gris. Corría una brisa fresquita y la verdad es que no apetecía nada bañarse. Empezamos a ver nubes pasar desde el interior de la isla hacia el mar, una constante que se repetirá todas las tardes. Ahora sol, ahora nubes, un poco de viento, cuatro gotas, etc. Nos salió un tiempo muy variable en ésa época del año, que si bien no nos impidió disfrutar de la playa, no invitaba a tomar el baño.
Nos tumbamos a la bartola en la playa. La franja de playa que corresponde al Sugar Beach es bastante larga y perfecta para tomar el baño., el agua es muy tranquila y además cristalina:
En la siguiente foto se ve perfectamente la barrera de coral que rodea a casi toda la isla:
Fijaros dónde rompen las olas. De ahí no pasan, no llega ni una a la orilla.
Más tarde, dando un paseo por los jardines vemos los preparativos de una boda:
Vaya sitio para celebrar una ceremonia de boda ¿verdad? Espectacular
Al rato volvimos a pasar y la ceremonia parecía que iba a comenzar. Fijaros en las nubes y en el viento:
Afortunadamente para novios e invitados no llegó a llover, aunque estuvo amenazando toda la tarde como se puede observar en las fotos de las piscinas:
Qué piscinas más chulas y que tiempo tan molesto para tomar el baño. De hecho, podéis ver que no había nadie dentro.
De vuelta en la habitación y antes de ir al spa, llamo para hacer las reservas en los restaurantes y no tienen mesa hasta el domingo día 11… justo el día que nos vamos. Menudo bajón nos dio. Sólo podíamos aprovechar los restaurantes a la hora de la comida. Menos mal que la chica de nuestro tour operador nos contó un secretito: nos dijo que recibiríamos una invitación del restaurante Tides para nuestra última noche allí. Sabiendo esto, nos resignamos a cenar en el buffet el resto de noches, que aunque está muy bien hubiésemos preferido tener un ambiente un poco más especial para nuestras cenas en el Sugar Beach.
Se hace hora de ir a hacernos el masaje. Entramos en el spa y nos damos cuenta de que no es lo que pensábamos. Únicamente tienen una piscina de agua caliente y una sauna (muy bonitas eso sí), donde esperas hasta que te llaman para hacerte el masaje. Pregunté si tenían algún tipo de circuito tipo balneario, pero no era el caso. Nos llevamos u pequeño despago, pero el masaje valió la pena.
Salimos de allí como nuevos y nos vamos a cenar, luego a tomar alguna copichuela mientras veíamos el espectáculo del Tides Bar de esa noche, y a dormir. Vuelvo a escuchar desde la cama unos chillidos que parecen pájaros. Me pongo a pensar: “¿pájaros piando de noche? Qué raro…”
Para éste día contratamos la excursión en catamarán a la Isla de Los ciervos., llamada así porque estos animales habitaban la isla hace tiempo. El plan es dirigirnos a un embarcadero que tenemos a unos 45 minutos en coche, montar en el catamarán y dirigirnos a la isla para verla y pasar un rato allí. Por el camino haremos alguna parada para hacer snorkel, iremos a ver una cascada, y haremos una barbacoa en la misma embarcación.
Llegamos al embarcadero y el cielo lo tenemos así:
Incluso llegan a caer cuatro gotas antes de embarcar, pero al instante empieza a despejarse el día. Montamos en el catamarán y nos ponemos en marcha. La embarcación está muy bien preparada: tiene sus mesas con bancos para sentarse, su barra para tomar lo que quieras y en la parte delantera tiene una malla en la que te puedes tumbar para tomar el sol.
Al poco rato hacemos una parada para hacer snorkel. Las nubes no se acababan de ir y no hacía calor, pero yo me tiro al agua sin pensarlo:
No consigo ver muchos peces, lo poco que vi quedó inmortalizado en un par de vídeos tomados con la GoPro.
Después de estar media horita en el agua volvemos a embarcar y continuamos el camino. Al rato llegamos a la cascada que os he mencionado, que se encuentra en un recodo al que hay que llegar con un bote.
No es muy vistosa. De vuelta al catamarán oigo un sonido parecido al que se oye por las noches en el jardín hotel. ¡Son murciélagos! Y de los gordos:
“Tengo que fotografiar a uno de cerca” pienso.
Cuando llegamos al catamarán, la barbacoa ya está en marcha. Carne (brochetas) o pescado. Bastante ricas las dos cosas. Después de comer seguimos con el trayecto.
Al rato nos acercamos a la Isla de los Ciervos. De nuevo tenemos que montar en bote para llegar a la isla. El día se despeja y la isla vista desde el catamarán luce así:
Desembarcamos en la isla, y damos un paseo. La verdad es que llevamos el tiempo un poco justo. Creo recordar que no estuvimos allí más de una hora, tiempo justo para visitarla por encima y hacernos unas fotos.
La isla es bonita. Playas infinitas con agua que no cubre por arriba de la rodilla, mucha vegetación y aguas turquesas:
También hay bastantes puestos para hacer actividades acuáticas y mucho turista. Además está lleno de barcos y pequeñas embarcaciones hacia donde mires. Personalmente me esperaba algo un poco más… “natural”. Esta excursión nos la recomendaron varias personas que nos dijeron que la isla es una pasada y quizás nos habíamos creado expectativas. Entre esto y el poco tiempo que estuvimos en la isla, nos quedamos algo despagados. Pero pensando en el día completo y todo lo que habíamos hecho, visto, comido y bebido, la excursión en general sí que nos gustó.
De vuelta hacia el embarcadero de repente se nos escondió el sol y empezó a llenarse el cielo de nubes y a correr una brisa fría, que nos dejó helado a más de uno. Echamos en falta llevar algo más de ropa en la mochila, y tuvimos que taparnos con las toallas, que era lo único que teníamos a mano.
Al llegar al hotel nos vamos a ver la puesta de sol en la playa, que por cierto es espectacular. De lo que más nos gustó de Mauricio, sin duda. Grabo un video en “time lapse” con la GoPro en lugar de sacar fotos, pero la próxima puesta de sol sí que pienso fotografiarla. La veréis más adelante.
Después de cenar en el buffet, nos vamos a la cama, agotados por el largo día.