A las 06:30 nos levantamos, para darnos un buen desayuno y partir hacia el Parque Nacional del Lago Nakuru. La idea es ir haciendo paradas en lugares de interés para que los trayectos no se hagan tan pesados. La primera parada la hacemos en el ecuador, donde nos encontramos la típica curio shop (las hay en cualquier rincón), y también hay un señor que te hace la demostración de la dirección de giro del agua, dependiendo de si te encuentras en un hemisferio u otro. Es algo curioso de ver, pero nada más.
La segunda parada la efectuamos en las cataratas Thompson. Unas cataratas que a mí me parecieron muy chulas:

Cuyo curso de agua sigue a través de una garganta impresionante:

A eso de las 13:00 más o menos, llegamos a la entrada del Parque Nacional Lago Nakuru. El lago que da nombre al parque es un lago de agua salada famoso por ser refugio de aves migratorias, en particular de flamencos rosas, de los cuales llegan a concentrarse millones… solo decir que nosotros no vimos ni uno solo, no debía de ser la época más adecuada. Nada más entrar al parque, el paisaje cambia por completo. El parque comprende, a parte del lago, una buena extensión de terreno que es hogar de multitud de animales. Yo pensaba que en este caso: parque=lago. Y para nada es así porque hay kilómetros de tierra firme para recorrer.
Pedimos permiso para abrir el techo del vehículo, para poder admirar las vistas, y ya en el camino empezamos a ver nuestros primeros impalas:

También vemos babuinos, cebras, facocheros, búfalos y jirafas a lo lejos, pero no paramos para la foto porque según el guía “veremos mucho animal esta tarde”, ya que teníamos programado un safari por el Parque. No le faltaba razón, pero empecé echar en falta más tiempo dedicado a la observación y fotografías de animales, y menos prisas. Pero es lo que tiene un viaje de este tipo en el que se quieren pasar por tantos sitios en tan poco tiempo.
Subimos una cuesta y llegamos al hotel, el Lake Nakuru Lodge. Con buenas vistas, piscina y un jardín muy bonito y bien cuidado, nos causa buena impresión nada más entrar:


Después de los zumos y las toallas húmedas, vamos a la habitación, que es un bungalow, bastante grande, limpio y cómodo. Lo encontramos todo correcto. Nos dirigimos hacia el restaurante para comer, nos encontramos un buffet bastante variado, nos pareció bastante bueno. Nos sentamos en la terraza del restaurante, con unas vistas impresionantes del lago, que se empiezan a tapar porque comienza a esconderse el sol y a formarse nubes… y cuando estamos en la cafetería tomando nuestros cafés, empieza a diluviar con si se acabara el mundo.

Cosa curiosa en estación seca nos dicen, pero bueno, no sabemos si por la tarde podremos hacer el safari programado con el coche abierto… Finalmente a las 16:00 amaina un poco aunque no del todo y salimos a hacer nuestro primer safari en África. ¡Qué emoción! Nuestro principal objetivo de ese día: el rinoceronte blanco y/o negro.
Los tres hombres nos pasamos el rato abriendo y cerrando el techo conforme íbamos viendo animales en el camino. Al mal tiempo, buena cara, y además nos echamos unas risas con el cachondeo del techo y con los cabezazos que nos dimos.
Nada más salir del hotel, vemos animales empapados esperando que amaine la tormenta:


El cielo está gris y las fotos no lucen como nos gustaría, aún así la estampa nos parece preciosa. Las cebras y los impalas aprovechan para pastar, mientras los ibis sagrados y las garzas se asean en las charcas donde la lluvia no deja de salpicar:



A parte de apreciar la fauna de éste maravilloso país, hay que ser justo y mencionar también la flora. Los árboles de Kenia no desmerecen en majestuosidad a los animales que nos podamos encontrar en cualquier Reserva o Parque. Es algo que no se suele encontrar en las guías o en los diarios de viaje y no quería que se quedase sin nombrar. En Kenya en general y en éste Parque Nacional en particular, cada árbol es un auténtico monumento viviente. Incluso hay algunos que no caben en el objetivo:


Yo que soy un amante del mundo natural, quedé sorprendido con la belleza y el tamaño de algunos ejemplares. Debemos ser conscientes de que algunos de estos árboles tienen cientos de años, y tenemos que aprender a admirarlos, protegerlos y conservarlos. Pensad que la vida de uno de estos árboles puede comprender varias generaciones de leones, o rinocerontes, o elefantes. Imaginad lo que cuesta recuperar un ejemplar así…
Bueno, sigamos. Mientras observamos con fascinación las arboledas que se extienden a derecha e izquierda del 4x4, empezamos a notar actividad en la radio del guía. Le preguntamos y nos contesta con una palabra: simba. ¡Nuestro primer león! El tío mete la directa y llegamos emocionados los primeros al sitio, pero es una pena, porque el “animalito” está lejos del camino, y no tiene mucha pinta de querer moverse del sitio:

El animalito se mueve menos que los ojos de Espinete. Decidimos continuar, puesto que llevamos un rato observando y comienzan a llegar coches en tropel a fotografiar al rey de la selva.
Cerca de allí vimos una manada inmensa de búfalos, con bastantes crías por cierto, y especulamos con la posibilidad de ver alguna escena de caza ya que el león anda por allí cerca. Especulaciones sin fundamento porque, según el guía, el león está de “luna de miel”. Lástima que no hayamos visto a su compañera leona. Al instante, volvemos a oír voces por la radio del guía, el tío mete la directa y volvemos por donde habíamos venido: la leona ha aparecido de la nada y se está moviendo… pero ahora llegamos los últimos al sitio, y está todo lleno llenísimo de vehículos por todos lados:

Habíamos perdido nuestro “sitio privilegiado” De repente, el león empieza a moverse…

Se dirige hacia los coches… se dirige hacia NUESTRO coche… y nos pasa justo por detrás. Tan tranquilo, tan perezoso como sólo él puede estarlo:

Hasta nos deja un regalito en forma de cagarruta (gracias simba). Como si los treinta coches que hay allí no existieran. Y nosotros con los ojos como platos y muy emocionados, conseguimos sacar buenos primeros planos:

Entonces se va a buscar a su compañera, les perdemos la vista y ante la imposibilidad de observar a la parejita, les dejamos que disfruten de su luna de miel y continuamos con nuestro trayecto, en busca del rinoceronte.
A unos minutos de la “suite nupcial” leonina, vemos más leones. Leonas en este caso, pero subidas a los arboles. El guía nos explica que debido al hábitat en el que viven, han desarrollado esta habilidad para aprovechar la protección y el camuflaje que la masa forestal les brinda:

Y en ese mismo árbol, un poco más arriba, unos babuinos aguantan la lluvia como pueden, porque con semejante “portera” cualquiera se atreve a salir del pisito…

Después de deambular un rato, y tras varios avistamientos fallidos, volvemos a oír la radio. Llego a distinguir una palabra: rino.
Damos la vuelta en el mismo camino y nos dirigimos al sitio (yo no sé como leches se orientan en esos terrenos, parece mentira). Al llegar sólo hay un coche (raro raro, no tardaría en llegar la “marabunta motorizada”). Nos encontramos con un trío de rinocerontes a lo lejos. A pesar de estar alejados de nosotros, de vez en cuando levantan la cabeza y nos miran. Saben que estamos allí. Son tres animales impresionantes:

Con la emoción no me quedó claro si eran rinocerontes negros o blancos. Yo creo que eran blancos (no os guiéis por el color, recordad que estaban húmedos), y he visto algunas fotos en la red y se parece más al rino blanco, pero tengo dudas. Se puede saber por la forma de la cara, aunque en este caso están comiendo, y hacían muecas. En las siguientes fotos se ve mejor la silueta:


El guía creo que dijo qué clase de rino es en concreto, pero en ese momento estaba tan fascinado mirándolos y sacándoles fotos, que no le hice ni puñetero caso. Estábamos los rinos y yo, no había nadie más (espero que mi mujer no lea esto). Fuera de coñas, fue la primera vez en Kenya (la primera de muchas) que sentía que conectaba con la naturaleza, con el entorno. Estás observando a un animal de más de 2000 kilos, en estado salvaje, él te mira, sigue comiendo, hace su vida y yo estoy allí en silencio, simplemente observando, sintiendo la lluvia en la cara, oliendo la hierba fresca y húmeda que los mismos animales se están comiendo… es algo que no se puede explicar, hay que estar allí y vivirlo. Para mí fue un sueño hecho realidad que se cumplía, y fue justo en ese momento cuando me di cuenta.
Todavía emocionados por haber podido ver al trío de rinos, decidimos continuar porque todavía es pronto para volver, aunque el guía no dejaba de mirar el reloj. Nos encontramos de repente a la izquierda del camino a un “jirafo” comiendo:

Nuestro guía tira para adelante, le decimos al guía “PARA, PARA, PARAAAA!!!”, y el tío se ríe y nos dice: “mirad más adelante”. Unos 50 metros más adelante, a ambos lados del camino vemos un grupo de jirafas alimentándose. Contamos hasta siete ejemplares. Continuamos por el camino, nos vamos acercando… y paramos justo al lado. Las jirafas ni se mueven, siguen haciendo lo que estaban haciendo antes de que llegáramos. Nosotros, alucinados ante la belleza de estos animales, a escasos metros de ellos, solo podemos guardar silencio y hacer nuestras fotos:



Es increíble ver comer a estos elegantes animales. Los tenemos tan cerca que podemos oír las espinas rascando su piel al meter la cabeza entre las acacias. Simplemente espectacular.
Se acerca la hora de volver, y nos dirigimos hacia el hotel. El “jirafo” nos despide desde el camino con cierta indiferencia:

A las 17:55 estamos entrando por la puerta del hotel, puntualidad inglesa la de nuestro guía, teniendo en cuenta que el safari era de 16:00 a 18:00. Esto nos dejó claro desde el primer momento que no se iba a salir ni un centímetro del programa. Aprovechamos para preguntarle sobre la posibilidad de hacer un safari en globo al amanecer en Masai Mara. Nos dice que es posible… previo pago de 450$ por persona. Le decimos que intente “rascar” un poco el precio con el operador que gestiona el safari pero no suelta prenda. Nos parece caro, ya que 450x2=900 y desechamos la opción. Nos propone entonces un safari en barca el día siguiente en el Lago Naivasha (que iba a ser nuestra primera parrada al día siguiente) que nos cuesta 30$ por persona. No nos convence del todo pero los seis aceptamos, y así hacemos alguna actividad juntos, ya que el buen rollo entre las tres parejas empieza a hacer efecto.
Decidimos ir a descansar un ratillo a la habitación, nos duchamos para quitarnos el polvo convertido en barro debido a la lluvia, y vamos al buffet a cenar pronto, que el día siguiente hay que salir temprano hacia el plato fuerte de Kenya: la Reserva Natural de Masai Mara.