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Pirineos 2018 -Diarios de Viajes de Europa Sur- Lou83
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Diario: Pirineos 2018  -  Localización:  Europa Sur  Europa Sur
Descripción: Bienvenido al relato de nuestro viaje de 13 días a los Pirineos durante septiembre de 2018.
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Etapas 1 a 3,  total 5
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Etapa: Introducción  -  Localización:  Europa Sur Europa Sur
Fecha creación: 07/11/2018 18:34  
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Bienvenido al relato de nuestro viaje de 13 días a los Pirineos durante septiembre de 2018. El viaje cubre varias zonas del norte de Huesca y el sur de Francia para realizar senderismo por algunos de los parajes destacados de los Pirineos.

Tanto el relato de las etapas como las fotografías y videos que lo acompañan son de producción propia, tomando notas sobre la marcha para luego redactar el escrito final y tomando el material audiovisual con alguno de los múltiples aparatos que llevábamos con nosotros. En concreto, las imágenes se han tomado con el siguiente equipo:
Cámara DSLR Canon EOS 6D con objetivos 24-105mm f4 L IS y Samyang 14mm f2.8
Cámara de acción Xiaoyi Yi II 4k
Teléfonos móviles Xiaomi Mi 8 y Xiaomi Mi A1
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Ver Etapa: Introducción



Etapa: Día 0: Unos por aire, otros por mar  -  Localización:  Europa Sur Europa Sur
Fecha creación: 07/11/2018 18:41  
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1 de septiembre de 2018


Mapa de la etapa 0

Se inicia la proyección. Un cielo oscuro pero sin estrellas aparece en escena. La cámara desciende y aparece un ferry de tamaño medio abandonando el Puerto de Barcelona, con las luces de la ciudad en un sábado de septiembre haciéndose cada vez más y más pequeñas. Nos acercamos al buque y comenzamos a distinguir el interior a través de sus ventanas. En una de ellas un chico de 34 años con barba de cuatro días, camiseta de Los Vengadores y unos aparatosos auriculares en los que están sonando clásicos de The Police. Mira hacia un pequeño portátil y escribe según va ordenando sus ideas. Está escribiendo esto. Pero estamos viendo el final. La imagen comienza a retroceder a toda prisa, permitiendo solo intuir imágenes de lo que parece algo totalmente diferente: exteriores a plena luz del día, montañas, ríos, valles y alguna tormenta. El rebobinado finaliza y se retoma la reproducción. Títulos de inicio. Pirineos 2018. Comenzamos.

1 de septiembre de 2018. El verano encara su recta final, o eso esperamos, en la siempre saturada en los meses estivales isla de Mallorca. Hace calor, pero eso ya no es ninguna novedad. De un garaje en alguna parte de la isla emerge un Renault Grand Modus con el maletero lleno pero solo un asiento ocupado. Es el arranque de un viaje que llega casi un año después de que finalizara el último. De acuerdo, entre ellos ha tenido lugar una pequeña escapada a la ciudad de Sevilla pero ya echábamos de menos un viaje “de los nuestros”. De los de coche de alquiler, un itinerario todo lo planificado que se puede tener y kilómetros a recorrer por delante. Y en esta ocasión el destino elegido han sido los Pirineos.

Todo empezó con un objetivo: el de visitar el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido en Huesca. Dada nuestra afición a visitar los National Parks de Estados Unidos -especialmente los de montaña- no habían sido pocas las voces que nos habían recomendado darle una oportunidad algún año y algunos consejos están para tenerlos en cuenta. Así que comenzamos a tirar del hilo, iniciamos nuestro ya habitual ritual de investigación, documentación y planificación y fuimos trazando un plan que nos llevó hasta una propuesta de dos semanas. Propuesta que consistiría en no solo visitar Ordesa, si no la mayoría de accesos a los Pirineos que se extienden al norte de Huesca así como varios puntos más allá de la frontera, en la mitad francesa de la cordillera. Dada nuestra aversión a las empresas de alquiler de coches en España -demasiado caras y con mucha letra pequeña en comparación con otros países- y las consabidas limitaciones de peso en el equipaje a la hora de tomar aviones, no tardamos en investigar -y decidir- la posibilidad de emprender el viaje con nuestro propio vehículo. Y así terminamos con un pasaje de ida y vuelta en el trayecto Palma-Barcelona de Balearia para un adulto junto a un vehículo particular, y un billete de ida y vuelta con Vueling para conectar los aeropuertos de ambas ciudades. De las dos mitades que conforman la pareja yo soy el que más tolera la navegación y las posibles mareas revueltas y además los billetes de avión tienden a ser más baratos que los pasajes de barco si se reservan con suficiente antelación. Así que no había necesidad de hacer pasar a L por ese mal trago de ocho horas navegando por el Mediterráneo. Los alojamientos, como ya es habitual en nosotros, alternarán entre apartamentos turísticos y hoteles más convencionales según la disponibilidad, precios y opiniones que hemos descubierto a lo largo de la ruta.

Hechas las presentaciones, vamos a centrarnos por fin en los hechos. Alcanzo la Estación Marítima del Puerto de Palma de Mallorca a las 10:30, dos horas antes de la hora programada para zarpar con dirección a Barcelona. El recordatorio enviado por la compañía días antes exige presentarse con el vehículo en el punto de embarque 90 minutos antes de la salida, así que llego con 30 minutos de margen. Más que suficientes para entrar en la Estación y pedir indicaciones para saber hacia dónde dirigirme. Debo conducir un poco más allá para alcanzar el Dique del Oeste, donde los primeros coches están ya guardando turno en ordenadas filas siguiendo las indicaciones del personal de la compañía antes de adentrarse en el barco Rosalind Franklin que ya aguarda junto a nosotros.

Con puntualidad, el buque comienza a engullir vehículos a partir de las 11:00. Aunque la mayoría sean turismos, no faltan los camiones y alguna autocaravana. Comenzamos a circular por la bodega, pero no es ese el destino final. Subimos un par de rampas y salimos al exterior, a la cubierta 7 en la que la popa reserva un generoso espacio que hará las veces de aparcamiento durante las horas que dura la travesía. Así que mi coche, al igual que muchos otros, pasará todo ese tiempo expuesto a la sal que el mar disperse en el ambiente. Nota mental: lavar el vehículo con agua a presión cuánto antes al llegar a la península.


Motores apagados y listos para llenarse de sal

Motor apagado, freno de mano activado y me dirijo a pie hasta el interior. La tripulación está ya esperando para darnos las indicaciones según el tipo de pasaje que presentemos. Los de los camarotes por un lado. Los de las butacas Sirena a otro. Y lo peor de lo peor, los Jack Dawson de la actualidad, a las butacas Neptuno disponibles en dos salas diferentes sin abandonar la séptima cubierta. El método para “reservar” una butaca es rudimentario pero eficaz: consiste en doblar tu tarjeta de embarque e introducirla en el sobre de plástico disponible en el respaldo del asiento a ocupar. De esa manera queda marcado tu territorio y puedes proceder a moverte libremente por los espacios públicos del barco sin miedo a perder tu asiento. Por ahora me quedo aquí, viendo cómo la gente va accediendo por el pasillo principal junto a mi ventana -las ventanas al exterior ya estaban ocupadas a mi entrada-. Las dos salas Neptuno presentan butacas bastante cómodas con tomas de corriente y USB bajo los reposabrazos y un televisor grande en la pared a la que apuntan, por ahora emitiendo videos corporativos de la compañía. Todavía con más de una hora por delante hasta que arranque el barco, comienzo a disfrutar del material audiovisual que llevo bajo el brazo. Llego tarde, pero a petición de L estoy enganchado a The Leftovers.

Termina el capítulo y consulto con el teléfono las redes WIFI. Hay una disponible, pero al intentar utilizarla me informa de que debo pasar por la recepción del barco para adquirir una tarjeta de prepago. Ninguna información sobre precios, pero ya adelanto lo que descubrí en el trayecto de vuelta: 5 horas de conexión a Internet por 3 euros, pero la posibilidad de probarla antes durante 30 minutos sin coste alguno con un código que te ofrecen en la propia recepción.

Ahora que ya queda poco para empezar a movernos, comienzo a recorrer las zonas comunes. Y vaya zonas. La cafetería y restaurante ya está hasta arriba de gente, aunque es tan grande que hay espacio de sobras para los que lleguen ahora. En las cubiertas, todavía con el Puerto de Palma junto a nosotros, algunos ya han cogido sitio en las tumbonas de piscina y vienen perfectamente preparados para un largo baño de sol, crema solar y bañador mediante. El interior del barco es enorme, y durante los primeros minutos es fácil desorientarse entre pasillos y cubiertas. Sabiendo llegar hasta éstas, es posible ver qué hay en todas las direcciones: los laterales, la proa y la popa. Desde esta última podemos ver los coches aparcados un nivel por debajo de nosotros.


Esperando a zarpar


El acceso a los deseados camarotes

El barco empieza a moverse unos minutos más tarde de lo programado, desplazándose primero muy lentamente en las maniobras para abandonar el puerto. Durante el proceso pasa junto a algunos cruceros que en comparación con nuestra embarcación resultan gigantescos.


Cruceros descomunales


Palma se aleja

Cuando la Catedral de Palma ya ha pasado a ser un diminuto recuerdo en la popa, regreso a la sala de butacas. La pantalla ha empezado a proyectar Un Monstruo Viene a Verme, pero yo sigo con los delirios de Damon Lindelof. Tras un nuevo capítulo, me paseo por la cafetería para consultar los precios del menú. 11,95 euros por el menú completo, 8,95 por el medio menú. Me los ahorro recurriendo a sendos sándwiches que traigo preparados de casa, y encuentro el lugar perfecto para disfrutarlos. En una cubierta lateral, ahora muy poco concurrida, sentado en una silla de madera mirando al horizonte. Solo el cielo azul claro y el mar azul oscuro con las pequeñas montañas que forma el suave oleaje ante mí. Por ahora ni rastro de la marea que temía por el viento que tuvimos el día anterior en Mallorca. Esto no está nada mal.


Comedor con vistas

Con el estómago lleno, vuelvo a pasearme por el resto de cubiertas. Ahí siguen los adictos al bronceado en la más grande de todas, y en el resto se da siempre la misma combinación entre fumadores y padres que hacen lo imposible por mantener a sus hijos entretenidos durante el viaje. Es difícil encontrar una cubierta solitaria, pero hay tantos sitios donde recaer que en ningún sitio se acumula demasiada gente y el ambiente es tranquilo.

Me he ahorrado el almuerzo, pero sí que haré algún gasto en la cafetería. El tercer capítulo del viaje lo veo allí junto a una Estrella Galicia por la que me cobran 2,60 euros. Al terminar vuelvo al balcón que ofrece vistas al aparcamiento, donde se han disparado las alarmas de un coche con matrícula francesa.


De Galicia a Mapleton

Termina la película de Bayona y da paso a Zootopía. Ya la he visto y prefiero seguir con mi material. Cuarto capítulo del día y acto seguido echo una casi-cabezada, ya que no me duermo por completo en ningún momento. Cuando faltan 15 minutos por la 18:00 anuncian por megafonía que va a dar comienzo el espectáculo de magia en directo en la cafetería, aviso que agradezco enormemente para saber por dónde no pasar durante la próxima hora. Vuelvo a la cubierta de popa e intento deducir qué maniobras nos indicarán a los conductores para desembarcar.

Paso ahora a la cubierta de proa, en la que veo a lo lejos a mano derecha otro barco que parece de dimensiones similares al nuestro. Probablemente sea el equivalente de Acciona, que cubre el mismo trayecto pero abandona el Puerto de Palma unos minutos antes. Veo también cómo sobrepasamos un pequeño velero, probablemente de residentes en Catalunya que han decidido pasar el día a un par de horas de la orilla. Vuelvo a las butacas, y quinto capítulo. Este viaje se hubiera visto beneficiado de haber decidido comprar una Nintendo Switch en lugar de una Xbox One X unos meses atrás.

Se acerca la última hora de viaje, y regreso al exterior. Lo que hasta ahora había sido un cielo limpio y azul ha dado paso a un manto de nubes que cubre y oscurece casi todo el paisaje. En cualquier momento podrían empezar las lluvias. Ya se ve Barcelona, y lo hará durante todo lo que queda de viaje en lo que es una larga y lenta aproximación hasta el puerto de la Ciudad Condal.

A pocos minutos de la hora de llegada programada y con el perfil de la ciudad ya perfectamente visible desde las cubiertas, desde megafonía dan luz verde a que los conductores puedan regresar a sus vehículos. La espera hasta que comencemos a circular se hace eterna. Llevamos rato esperando y el pasaje a pie lleva ya tiempo en tierra, pero nosotros no arrancamos. Antes deben desalojar las bodegas, donde imagino que quedan aparcados los muchísimos camiones que hemos visto embarcar pero no están aquí arriba con nosotros. Junto a los coches veo el “Hotel para mascotas” en el que han pasado la mayoría del viaje los perros que he visto hace un rato ya en cubierta, muchos de ellos alicaídos. Mientras tanto, el humo de la chimenea cercana viene justo hacia nosotros debido al viento. Sumado a la sal, nuestros coches pasan a ser salmones ahumados.

Últimos minutos antes de abandonar el barco y surge un problema. Mi nuevo teléfono móvil -un Xiaomi Mi8 que he estrenado hace pocos días- no encuentra señal GPS, y eso dificulta poder coordinarme con mi hermano que espera en la Estación Marítima para que sepa por dónde voy a aparecer. Por fin comienzan las órdenes para descender y aparecemos en la zona conocida como Port Nou, el dique más alejado del edificio de la estación. Tras conducir unos tres kilómetros que incluyen atravesar un puente, aparezco en los últimos metros previos a la rotonda en la que espera la Estatua de Colón. Veo de forma fortuita a mi hermano y su familia deambulando por la acera frente a la estación, con la suerte de que puedo parar durante unos segundos en el carril derecho al no haber demasiada circulación. Se suben a bordo, y salimos disparados hacia Montjuïc para evitar un tráfico que a estas horas abruma un poco a un conductor que está ya acostumbrado a un tráfico mucho menos exigente.

Nuestro objetivo es la T1 del Aeropuerto del Prat, pero antes paramos en el Centro Comercial Splau. Aquí esperaremos a la señal de L que indique que su vuelo ha aterrizado. Su avión ha despegado con algo más de media hora de retraso, y cuando toma tierra el aviso nos llega sentados en una terraza y rodeados de gente guardando turno para entrar en los numerosos locales buscando la cena de este para muchos último día de vacaciones.

Son las 22:30 cuando abandonamos el centro comercial para poner rumbo a El Prat, rumbo que no acertamos a la primera y debemos corregir dando media vuelta en el desvío al Hospital de Bellvitge. Buscamos la zona de “Parking Express” del Aeropuerto sin éxito, y terminamos entrando por la zona de llegadas -el día del regreso descubriría que debería haberme dirigido hacia las Salidas-. Nuestros vuelos suelen ser con Ryanair, por lo que tenemos mucho más vistos los accesos a la T2 que los de la más moderna T1. Terminamos viéndonos obligados a entrar en el parking del aeropuerto, en el que en apenas 15 segundos ya nos hemos encontrado con L. Nos dirigimos hacia la salida y debemos pagar 85 céntimos por ese fugaz paso por el parking. Parking, por otro lado, diseñado por un psicópata visto lo que cuesta encontrar la salida.

Unos 20 minutos después alcanzamos por fin el parking particular que uno de mis hermanos tiene en nuestro barrio de toda la vida. Cumplimos el plan trazado: él sacaba su coche esa misma mañana y lo dejaba aparcado en un espacio libre en la calle para que mi vehículo pudiera pasar esta noche, con gran parte del maletero todavía lleno, fuera de las vías públicas. Nos llevamos solo lo necesario para ponernos en marcha mañana, y nos dirigimos a la cercana casa de mis padres donde nos espera una cálida y llena de calorías bienvenida en forma de cena.

Son las 23:30 cuando hemos cenado, hemos tenido un rato de charla de reencuentro y nos hemos duchado. El coche descansa listo para comenzar la aventura, y es hora de que nosotros hagamos lo mismo. Ha sido un día largo -para unos más que otros- pero lo importante es que ya estamos en la rampa de salida y listos para comenzar. Ahora sí, los Pirineos esperan.
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Ver Etapa: Día 0: Unos por aire, otros por mar



Etapa: Día 1: Ibones de Villamuerta  -  Localización:  Europa Sur Europa Sur
Fecha creación: 07/11/2018 18:52  
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2 de septiembre de 2018


Mapa de la etapa 1

Bzzzzz. Es el ruido de nuestras pulseras de actividad vibrando para avisarnos de que es hora de ponerse en marcha. Desde que descubrimos la posibilidad de programar alarmas con ellas, se acabaron las súbitas y molestas alarmas tradicionales. Pese a no ser una cama que me parezca extraña -son varias las veces que he venido a ver a mis padres durante el fin de semana en el último año-, he pasado mala noche despertándome varias veces. Más suerte corre L, que agradece la colchoneta visco-elástica que mis padres decidieron añadir al sofá cama. Empiezo el día con una buena noticia: investigando un poco por la red, encuentro el modo de conseguir que el GPS de mi teléfono móvil funcione (gracias a dos apps: QuickShortcutMaker para acceder a un menú de ajustes oculto y GPS Test para comprobar que el problema está solucionado). Traemos un GPS Garmin convencional como Plan B, pero para este viaje queríamos probar la experiencia de utilizar la navegación con información de tráfico en tiempo real de Google Maps. Problemas de geolocalización aparte, siento los clásicos nervios y ansiedad del inicio de un viaje en el que siempre van a haber imprevistos. Afortunadamente suelen durar poco, disipándose en cuanto entramos en materia. A las 9:10 y tras ir al encuentro de mi hermano para entrar en el aparcamiento, salimos de la capital catalana en dirección a Lleida.

Nuestra primera parada es en la Estación de Servicio Bonàrea en Òdena, muy cerca de Igualada. El gasoil es bastante más económico en Catalunya que en Baleares -debido a impuestos autonómicos-, y en concreto en las gasolineras Bonàrea es más barato que en la mayoría de sus competidoras. Más adelante descubriríamos que había otra gasolinera de la misma compañía ya en territorio oscense, pero por ahora nos ceñimos a lo planeado. Además del repostaje, por un euro sometemos el coche a cuatro minutos de lavado y aclarado a presión que le quiten la fina capa de sal que recubre toda la carrocería exterior. Volvemos al coche y volvemos a parar solo unos minutos después en un McDonald’s de Igualada, en el que compramos sendos cafés que acompañen a los cruasanes que mi madre nos tenía preparados -La Lola no da puntada sin hilo-. Habiendo repostado tanto nosotros como el coche, dejamos ya muy atrás en el retrovisor la peculiar forma de Montserrat y tras frenar a tiempo tras una furgoneta con matrícula rumana que ha decidido dar marcha atrás en una rotonda -todo vale- seguimos la marcha en dirección noroeste.

Entramos en Huesca unos 20 minutos después, a las 11:50. Durante éstos hemos superado múltiples puentes que atraviesan la autopista teñidos de amarillo por los incontables lazos que cuelgan de sus barandillas. La autopista A-2 da paso a carreteras nacionales, por lo que se acaba la posibilidad de mantenerse a la velocidad máxima permitida debido al tráfico que esporádicamente encontramos en nuestra dirección. Comenzamos a atravesar pueblos oscenses, primero en llano y luego levantados en la ladera de montañas. Suenan por los altavoces del coche programas atrasados de Nadie Sabe Nada. Hemos traído para la ocasión un adaptador “Bluetooth FM” que recibe la señal del móvil y la emite por la frecuencia que nosotros configuremos para poder escucharla en la radio del vehículo. Funciona a la perfección, incluso utilizando frecuencias que no están completamente libres.

Comienzan a sucederse carteles que ya nos suenan más familiares. Superamos la turística calle principal de Benasque, y a las 13:40 estacionamos en el muy amplio aparcamiento del Vado de Llanos del Hospital. Nuestro objetivo para hoy -y para mañana también, pero todo a su tiempo- es iniciar una excursión que nace en la explanada de La Besurta. El acceso hasta allí no está permitido para vehículos particulares así que nos vemos obligados a recurrir a los autobuses que permiten llegar hasta ella. La frecuencia es mucho mayor -y el precio muy inferior- cogiéndolo en este aparcamiento en lugar que subiéndose a bordo en el propio Benasque. A nuestra llegada acaba de irse uno de los servicios, así que nos toca esperar lo que termina siendo una larga media hora en el pequeño apartadero cubierto que hay junto a un río en el que pastan las vacas. Las vistas aquí ya empiezan a tener el sabor que andábamos buscando.


Esperando al autobús


Disfrutando de la fauna local durante la espera

A las 14:20 y tras pagar los 5,10 euros por cabeza que cuesta el pasaje de ida y vuelta, nos subimos al siguiente autobús y nos empezamos a mover. En la radio del conductor suena Platero y Tú. Su saludo ha sido seco, pero cordial, sin adornos ni una amabilidad que parezca impostada. Somos solo cuatro pasajeros a bordo, y tras 15 minutos atravesando por una pista con muchos baches un enorme valle atestado de vacas alcanzamos el pequeño kiosco que hay en el aparcamiento de La Besurta. Nos encontramos el paisaje mucho más verde de lo que esperábamos en esta época del año, si bien es evidente que los tonos han empezado a degradarse hasta el más amarillo más característico del otoño.


Vistas desde La Besurta

Para hoy tenemos previsto solo un pequeño aperitivo. Dejando para el día siguiente la excursión estrella de Benasque, hoy nos queremos limitar a alcanzar los Ibones de Villamuerta cuyo sendero se inicia aquí. Ibón es el término que en Aragón reciben los pequeños lagos formados por agua de origen glaciar en los Pirineos. Atravesamos el pequeño puente de madera que pasa sobre el agua que procede precisamente de esos dos ibones y tomamos el desvío a la izquierda. Según varias páginas webs especializadas en rutas de senderismo, nos quedan por delante 3 km de ida y vuelta en los que superar un desnivel de 170 metros. Suena a una buena opción para ir calentando.

En apenas 15 minutos hemos alcanzado el primero y menos elevado de los dos lagos que forman los Ibones de Villamuerta. Nos encontramos una masa de agua en calma rodeada por vegetación y piedra según dónde miremos, pero por ahora el espectáculo real lo estamos dejando a nuestra espalda. Según hemos ido ganando altura, las vistas a las múltiples cimas que quedan varias decenas de kilómetros tras nosotros han ido mejorando en consonancia.


Ibón Inferior de Villamuerta


Las vistas al valle dando la espalda al ibón

Tras un pequeño alto, damos inicio a la parte más exigente del recorrido. 40 minutos más ganando altura a un ritmo ahora mucho mayor, con una pendiente mucho más pronunciada que transcurre en paralelo al torrente. Poco a poco y vigilando cada paso para no patinar sobre todo en las zonas más escarpadas, nos encontramos el Ibón Superior de Villamuerta bañado por el sol a las 15:40. Coincidimos a nuestra llegada con otra pareja en la orilla contraria que no tardaría en marcharse, dejando así el ibón para nosotros solos.


Dejando atrás el ibón inferior


Por supuesto que él también ha venido


¿Todo eso hemos subido ya?

Más agua de origen glaciar rodeada de vegetación y piedra y de nuevo un espectáculo para nuestro gusto aún mayor mirando hacia las montañas al suroeste. Un poco más hacia la izquierda, mirando al sur, podemos intuir algunos saltos que el río hace a lo largo del recorrido que lleva a Aiguallut, la inevitable visita estrella de Benasque que nos espera mañana. El único pero de la escena es el resol de paisaje montañoso, pero por lo demás la relación entre esfuerzo y recompensa nos parece la idea para una excursión que no deja de ser introductoria. A las 16:30 y tras acumular las primeras de las muchas fotos que iremos haciendo a lo largo del viaje, iniciamos el descenso de regreso.


Ibón Superior de Villamuerta


Una panorámica junto al ibón


El intrépido reportero de naturaleza...

Con mucha más facilidad para ver dónde pisar y sin parar tanto como a la ida, en un suspiro estamos de nuevo en La Besurta cuando el reloj marca las 17:10. Sin ninguna cobertura móvil en toda la zona agradecemos llegar justo antes de que el bus aparcado junto al kiosco arranque y evitar así tener que esperar hasta el próximo servicio. Eso sí, llegar los últimos nos obliga a realizar todo el viaje de vuelta de pie y agarrados a una barra ya que el autobús está abarrotado.


Siempre es buena idea seguir los hitos

Vemos pocos metros antes de regresar al aparcamiento el hotel de Llanos del Hospital, y más concretamente el pequeño jacuzzi que asoma en una de sus esquinas. Unos pocos cientos de metros más y estamos ya de nuevo en nuestro coche.


Pastoreando mientras volvemos en autobús

Lejos de dar por concluido el día, nos dirigimos ahora hacia una Cascada de Espigantosa en una ruta en la que no encontramos el resultado deseado. Alcanzamos el desvío de la carretera que lleva a ella, y aquí ya nos sorprende un cartel de “Prohibido circular” que no se mencionaba en ninguna de las guías de cómo alcanzar la catarata disponibles en la red. Decidimos asomarnos unos pocos metros más de todos modos y entonces lo comprendemos. La pista que sube hasta la cascada se encuentra en un estado muy, muy malo en el que parece muy poco recomendable adentrarse con un vehículo que no tenga tracción a las cuatro ruedas. Damos media vuelta maniobrando muy despacio y con los ojos puestos en los profundos badenes a lado y lado de la pista, y nos resignamos a tachar la cascada de nuestra agenda.

Para utilizar el imprevisto en nuestro favor decidimos ir ahora al Mirador de Sos, parada que teníamos prevista hacer mañana antes de abandonar la zona de Benasque. Para llegar a él nos esperan cuatro kilómetros de subida por una de esas carreteras de montaña en las que deseas que no venga ningún vehículo de frente. Solo se cruza uno y además lo hace en un tramo en el que es muy sencillo apartarse levemente para dar cabida a dos coches en paralelo, así que sin más contratiempos alcanzamos el pequeño y coqueto -casas de piedra como nota predominante, y así ocurriría en muchos escenarios futuros- pueblo en lo alto de la colina. Aparcamos junto a la iglesia y aquí mismo, subiendo solo unos pocos metros a pie tenemos el mirador.

Resumiendo las vistas, tenemos ahora ya un poco apartada de nuestra posición una iglesia de formas muy fotogénicas, y en la dirección contraria todo el valle con el pueblo de Castejón de Sos a los pies de una cordillera que sube y sube tras él hasta alcanzar la cima del Turbón. El mirador se encuentra junto concretamente frente a la Ermita de Santa Elena, una pequeña construcción de piedra que alberga dentro la figura de la virgen y que parece sacada de una zona cualquiera del mapa de The Witcher 3.


Las vistas desde el Mirador de Sos


Un lugar tranquilo


La Iglesia de San Andrés


El Turbón arriba y Castejón de Sos abajo


Aquí tiene que haber una misión secundaria

Ahora sí, damos por cerrado este prólogo en territorio oscense y conducimos hasta precisamente ese Castejón de Sos que veíamos a nuestros pies. Gracias a Google Maps nos cuesta muy poco encontrar el Hotel Plaza en el que pasaremos esta noche, y junto a él el aparcamiento con capacidad para siete u ocho coches reservado para sus huéspedes. Nos registramos en recepción, en la que nos informan de que van a alojarnos en una habitación superior pero manteniendo el precio de estancia estándar que traemos reservado a través de la página web oficial del establecimiento. Nos acompañan hasta una habitación muy espaciosa, con un diván que acompaña a la amplia cama, una mesa junto a la terraza cerrada con una persiana eléctrica y un cuarto de baño completo con sistema de hidromasaje en la bañera.


Llegamos al Hotel Plaza



Todo suena muy bonito hasta que recordamos que nunca hay que fiarse por defecto de un negocio en el que te regalen algo. La mitad de los enchufes de la habitación no funcionan, incluyendo el que debería alimentar la pequeña nevera. La conexión a Internet es casi anecdótica, ya que resulta terriblemente lenta e inestable. Por último, el hidromasaje no se activa por mucho que utilicemos los controles tal y como indica las instrucciones incluidas en el dossier para huéspedes.


Vemos jugar a un vecino desde la terraza


Las vistas desde la habitación

Tras una muy deseada ducha y algo de descanso salimos a la calle del Hotel y sin abandonarla, solo varios metros hacia la derecha, nos metemos en el Bar La Morera. La carta suena genial gracias a las hamburguesas y burritos que en ella figuran y en la televisión se emite el partido entre Betis y Sevilla, algo lógico al ver que el establecimiento es un “Sports Bar”. La comida, sin embargo, es bastante decepcionante. La hamburguesa de L tiene poco sabor y viene dentro de un pan sin tostar, y mi burrito… se salva pero es algo extraño, con la tortilla que lo envuelve demasiado crujiente. De postre pedimos una tarta de queso que es azúcar puro y un vaso de “leche de la abuela” que sabe a anís. Incluyendo dos cañas de cerveza y un refresco, pagamos por una cena suficiente pero sin grandes alardes un total de 26 euros.


La carta de La Morera

Son las 23:00 cuando estamos ya de vuelta en nuestra habitación del Hotel Plaza, metidos en la cama y amenizando los últimos minutos del día, a falta de una conexión a Internet estable, con un placer culpable cinematográfico: 60 Segundos. Reproducimos en uno de nuestros teléfonos móviles el “sonido blanco” de lluvia que nos ayuda a amortiguar ruidos externos y cerramos los ojos. Mañana dejaremos Benasque pero no sin antes pasar por su más popular atractivo. Aiguallut espera.
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Ver Etapa: Día 1: Ibones de Villamuerta

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  Últimos comentarios al diario  Pirineos 2018
Total comentarios 3  Visualizar todos los comentarios

Oblomgo  oblomgo  09/11/2018 09:49   
Comentario sobre la etapa: Día 2: Excursión al Aiguallut
Muy buen comienzo!!

Esa zona es una maravilla y vais a Ordesa, uno de los sitios más espectaculares que he tenido el gusto de terminar.

Cuando termines el diario, a ver si cuentas si eres más de Picos o de Piris.

Salud y estrellas.

Lou83  lou83  09/11/2018 10:39   
Hola!

Gracias por el comentario!

A nivel general creo que me quedo con Asturias. No con Picos en concreto porque los visité muy parcialmente, si no con Asturias en general. Quizás paisajes de los Pirineos sean más bonitos, Ordesa es precioso, pero me quedo con Asturias como un conjunto de paisajes, gente, gastronomía, etc.

Meha  meha  11/11/2018 21:57   
Son unas excursiones preciosas

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Machine
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Travel Adict
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Fecha: Sab May 05, 2018 10:30 am    Título: Re: Que ver en los Pirineos

Hola, quería ver si me pegais una ayudita.... quiero cambiar del tipo de vacaciones de costa y he convencido a la woman y al niño (6 años)ara poder hacer un pequeño tour, mi idea pasa por estar unos dias en San Sebastian y partir para la zona de los pirineos y posiblemente estar 2 o 3 dias finales en alguna playa por tarragona etc... para que se queden contentos jaja lo de San sebastian puede ser prescincible quiza... y partimos de Madrid... el viaje seria para la segunda quincena de Agosto, y por esa zona del Pirineo podria estar una semana... a ver si podeis darnos unas recomendaciones...  Leer más ...
rosadelcarmen
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Fecha: Sab May 05, 2018 06:23 pm    Título: Re: Que ver en los Pirineos

Hola Machines. Yo elegiría Jaca o valle de Tena. Tienes muchas actividades para hacer con el peque que seguro que le encantan. Yo soy más de Tena: Tramacastilla, Sallent, Escarrilla,... Echa un vistazo y ya nos dirás. Un saludo
Machine
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Abr 13, 2007
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Fecha: Dom May 06, 2018 10:13 am    Título: Re: Que ver en los Pirineos

rosadelcarmen Escribio:
Hola Machines. Yo elegiría Jaca o valle de Tena. Tienes muchas actividades para hacer con el peque que seguro que le encantan. Yo soy más de Tena: Tramacastilla, Sallent, Escarrilla,... Echa un vistazo y ya nos dirás. Un saludo

Gracias ... me gusta esa zona porque en otros sitios lei que Ordesa y Monte perdido estaba muy bien tambien y veo que esta muy cerca.... mirare alojamientos por esa zona... si teneis algo chulo para recomendar pues guay si no mirare yo cosas...
thx.
rosadelcarmen
Rosadelcarmen
Super Expert
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May 23, 2010
Mensajes: 350

Fecha: Dom May 06, 2018 08:34 pm    Título: Re: Que ver en los Pirineos

Hola Machine. Una buena opción es el camping de Escarrilla o el de Gavín. En los dos tenéis la opción de bungalow o apartamento. Lo bueno es que hay piscina y actividades para niños que se agradecen al volver de una excursión o si algún día no os apetece salir. Como excursiones: Jaca, con la Ciudadela,la catedral, pista de patinaje,...; Astún, subida con el teleférico al ibón de la Trucha, hay un recorrido por los siete lagos, cruzando la frontera con Francia, la excursión hasta el primer ibón es muy sencilla, por pista; el tren de Artouse, cruzando a Francia, es muy fácil ver marmotas y...  Leer más ...
Machine
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Travel Adict
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Abr 13, 2007
Mensajes: 96

Fecha: Sab May 12, 2018 09:24 am    Título: Re: Que ver en los Pirineos

Gracias !!! Creo que voy a seguir un poco lo que dices... cuando lo tenga planificado ya os consulto... mil gracias
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