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Myanmar:el estupor de las stupas -Diarios de Viajes de Myanmar- Abaquo
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Diario: Myanmar:el estupor de las stupas  -  Localización:  Myanmar  Myanmar
Descripción: Recorriendo en solitario y por libre Yangón, Inle, Mandalay y Bagan
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Índice del Diario: Myanmar:el estupor de las stupas



Etapa: Entre lagos y pagodas  -  Localización:  Myanmar Myanmar
Fecha creación: 12/01/2012 20:41  
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Viaje en solitario y por libre del 5 al 16 de noviembre de 2011.

Ya hacía unos años que deseaba conocer este país, pero lo había ido posponiendo por el hecho de no poder hacerlo como a mí me gusta, completamente por libre y alquilando un coche. El tener que contratar un conductor-guía con el que compartir obligatoriamente una gran parte del viaje no me atraía en absoluto. Y el caso es que ninguna de las dos opciones son imprescindibles. Al final, con 4 vuelos internos y unos cuantos taxis se organiza todo perfectamente, no son necesarios guía-taxista, ni alquilar un coche porque el estado de las carreteras es lamentable y las distancias demasiado grandes para recorrerlas de esa manera.
Es verdad que en principio mi intención era dedicarle más tiempo a conocer el país, visitando más lugares, pero poco a poco fui eliminando destinos por su difícil acceso o por su escaso interés.
Así, pasarse unas 8 ó 9 horas de coche y pateada dura entre ida y vuelta para ver la famosa Golden Rock, que viene siendo una roca pintada, no me habría compensado. A pesar de ello, todos los que van recomiendan su visita, parece que sí les compensa. Pero yo la descarté. Y no me arrepiento.
Lo mismo con Ngapali, el destino de playa más popular, donde me apetecía acabar para hacer esnórquel. Desde Bagan hay que coger 2 vuelos para llegar allí, además los precios de hoteles me parecieron caros…y no me consta que sea un buen lugar para buceo con tubo, así que también lo descarté, cambiándolo finalmente por una semana en las islas de Trang, en Tailandia.
Y con Monywa, que también quería conocer, pero las 6-7 horas de coche por malas carreteras, entre i/v, desde Mandalay , también me desanimaron. Bago fue asimismo descartado, quizás acertadamente, porque hay que reconocer que en cuanto a templos, con los que visitas en Yangón, Inle, Mandalay y no digamos Bagan, el cupo queda bien completo.
Los días se fueron reduciendo y de los 20 que disponía finalmente Myanmar se vio reducido a 11, dejando el resto para completar con sitios nuevos en Tailandia. Y los puntos a visitar, se limitaron a los 4 imprescindibles y que hace todo el mundo : Yangón, Inle, Mandalay y Bagan. Recomiendo además, este mismo orden y desplazarse en avión. Fueron 1 noche, 3, 3 y 4 respectivamente. Vuelos entre esos 4 puntos (los 2 cortos cuestan 45-50 $ cada uno; los 2 largos, 90-100 $).
Como no se pueden reservar vuelos internos ni la mayoría de los alojamientos por internet, contacté con Khin Khin de la agencia birmana Baton Tours, con sede en Yangón. Me buscó y reservó 4 vuelos y 3 hoteles que le pagué al llegar a Myanmar. Aunque en principio me pareció muy bien su modo de hacer las cosas, finalmente no recomiendo esta agencia porque se quedó con algo de dinero que tenía que haberme devuelto y no lo hizo. Que lo disfrute.


Como la mejor oferta que encontré fue el vuelo directo de la Thai Madrid-Bangkok por 648 € comprado en Rumbo, decidí conseguir el visado yendo a 1ª hora de la mañana (abren a las 9) a la embajada de Myanmar en la capital tailandesa. Dejé la maleta en la consigna del aeropuerto (2,50 € por día) y fui directamente a solucionar el trámite cogiendo primero el tren hasta la última parada, Payathai, y luego el metro hasta la parada de Surasak, en North Sathon Road. Tras unos 10 minutos de caminata se llega a la embajada. No se puede decir que sean madrugadores, yo llegué antes de las 8 y ya había algunas personas haciendo cola en la calle, pero me harté de esperar durante una hora y media, porque la embajada no abre hasta las 9. Me entretuve charlando con Mariza, una austríaca que fue la siguiente en llegar y sentarse, como yo, en la acera.
Si se quiere en el día, el visado lo entregan por la tarde y cuesta 1.260 bahts, 31 €. Hay que llevar fotocopia del pasaporte, si no, te la hacen allí, y dos fotos. Además, debes cubrir un impreso que te entregan en una ventanilla y que incluye unas cuantas preguntas que ya rozan lo absurdo como son el color del pelo y de los ojos. Digo yo que ya puestos por qué no también las medidas del pecho para las chicas y de la … para los chicos…Estos países tercermundistas con dictaduras militares son terribles, nunca se sabe por dónde pueden ir los tiros.
Al día siguiente por la tarde cogí el vuelo de Air Asia a Yangón, en cuyo aeropuerto tras una hora de cola para el trámite de inmigración, cambié los euros a 1.080 kyats (léase chats) y en taxi (10 $) me dirigí al hotel Panda, que había reservado por internet.
Este hotel de 3 * es recomendable, tiene habitaciones enormes aunque algo antiguas, pero pillando una buena oferta vale la pena. In situ, el precio era de 60 $, a mí por internet me costó la friolera de 21 €.
Al cabo de un rato llega Khin Khin y me llevo una sorpresa. No es un hombre, sino una chica muy joven y simpática de veintitantos años, ella sola lleva Baton Tours, aunque busca una empleada que le ayude. Y habla español. Me entrega los billetes de los vuelos y le pago los 540 dólares de las reservas de los 4 vuelos y 3 hoteles.


Schwedagon. Yangón

Al día siguiente voy a ver lo que realmente merece la pena de esta ciudad, y es la conocida pagoda Schwedagon. Nada más entrar en el recinto ya me pillan enseguida la pinta de guiri, cosa que no entiendo porque yo puedo pasar perfectamente por birmano, y me indican dónde debo comprar la entrada, que son 5 $. Sin embargo, me piden 5.000 chats, que es más, pero pago con dólares, conmigo no cuela.
La mayor pagoda de Myanmar y principal centro de peregrinación del país es un auténtico espectáculo para los sentidos. Visualmente sorprende por sus enormes dimensiones, sus innumerables pagodas de diferentes tamaños, sus brillantes dorados, decoraciones diversas, variedad de razas y vestuarios en el elemento humano etc. En este lugar se reúnen miles de personas para realizar ofrendas y rezar en algunos de los muchos santuarios que rodean a la impresionante gran stupa central que está completamente revestida de pan de oro. Y se dedican a dar varias vueltas alrededor de ella como uno más de los diferentes ritos que practican.
El ambiente que allí se respira es de lo más auténtico, ya que la inmensa mayoría de los visitantes son peregrinos y los turistas pasamos bastante desapercibidos. Para los birmanos es el lugar más sagrado de Myanmar, y consideran que deben acudir aquí al menos una vez en la vida, como los musulmanes a La Meca.



De Yangón no visité nada más, y esa misma tarde ya cogí el vuelo a Heho con la KBZ. Llegando a Inle, los campos de Heho se ven desde el avión como cuadros de Mondrian.
Ya en la sala de embarque del aeropuerto encontré a una pareja de holandeses que iban también a Nyaungschwe, así que les propuse compartir el taxi y les pareció muy buena idea.
El colectivo de taxistas suele ser el más conflictivo en sus relaciones laborales con el que hace turismo en cualquier parte del mundo. Acabo de pelearme con algunos de ellos estas navidades en Egipto. Pues incluso en Myanmar ya están sacando los pies del tiesto y han formado “mafias” para obligar a los turistas a pasar por el aro de los precios que a ellos les parece. Por supuesto, muy por encima del precio que corresponde. Así, en el aeropuerto de Heho, para ir a Nyaungschwe han impuesto una tarifa inamovible de 25.000 chats. Hice muy bien en unirme a dos más, pues al salir del aeropuerto y ante mis narices a otro guiri le pidieron lo mismo y ante su respuesta: “¡eso es mucho!”, el taxista mafioso se encogió de hombros y se dio la vuelta, sin prestarse a un mínimo intento de entendimiento. Saben que no nos queda más remedio que aceptar. Eso, o a pie durante 42 km. La única posibilidad que nos queda es, pues, la de compartir el taxi para abaratarlo. Le di 12 dólares al holandés, con lo que me ahorré unos 16 € si lo hubiera pillado yo solo.



Llegando al lago Inle, el coche se para en un control y se pagan 5 $ por cabeza, da igual el tamaño que tenga, no se paga más por tener un cabezón que una pequeñita, lo que me parece muy justo. El holandés ya estaba protestando y diciendo que no pagaba, como si fuera un timo para turistas, pero yo le aclaré que sí era algo oficial, ya que lo había leído en la guía, demostrando estar mucho mejor informado.
El taxi me dejó en el hotel, el Hu Pin, uno de los más conocidos de Nyaungschwe. Aceptable habitación muy amplia, con aire acondicionado y baño que necesitaba una buena reforma, pero cumplía sus funciones. Eso sí, tenía algo sorprendente: el agua que se va por el desagüe de la bañera y del lavabo corría a la vista por un hueco en la base de la pared durante un tramo hasta que se iba por un agujero en la esquina. Nunca vi nada igual, pero siendo positivo me pareció muy práctico, ya que si por ejemplo se te cae la dentadura postiza en el lavabo y se cuela por el desagüe, siempre la puedes recuperar cuando va corriendo luego por el suelo. O a lo mejor en otra habitación si es que están comunicados los canalillos. En cualquier caso, conviene tener mucho cuidado a la hora de recuperar una dentadura, especialmente cuando va a cierta velocidad, porque te puede dar un buen mordisco.
Afortunadamente, la taza del retrete propiamente dicha, y llamada más finamente “inodoro”, no dejaba salir nada a la vista, cosa que agradecí bastante y que dice mucho de la respetabilidad y buen gusto del hotel.



Lo primero que quería resolver era cambiar euros y contratar la excursión en barco para el día siguiente. El cambio era claramente inferior que en Yangón, aquí no pasaba de 1€=1.000 kyats, así que tuve que aceptarlo.
Los precios de la excursión eran de 15 o 20.000 chats para todo un día visitando diferentes lugares. Decidí compartir el barco para abaratar, y preguntando en una agencia me hablaron de que tenían a 4 españoles para el día siguiente.
El masaje
Esa misma noche fui a que me dieran un masaje y eso que hacía dos días del último en Bangkok, pero quería compararlo con el birmano, que dicen que tiene buena mano Muy feliz . Me recomendaron uno un tanto perdido en un callejón oscuro donde unas luces y un cartel anunciaban masajes de una hora a 5 €, que más bien parecían un puticlub, sobre todo al ver fuera una de las mujeres esperando clientes. Pensé: “me parece que hoy definitivamente pierdo la virginidad que tanto me ha pesado en mis últimos 30 años Mr. Green . Eso, o me atracan y rajan en canal, que sitio más apropiado para ello no he conocido en mi vida”. Quien se mueva un poco por las calles (que en realidad son caminos) de Nyaungschwe después de anochecer, sabe lo que digo. Pero una cosa es la oscuridad y soledad incluso a las 7 de la tarde, y otra el peligro real, que es nulo.
La casa de masajes es lo que tiene que ser, y me conducen a un espacio relativamente acogedor, aunque muy sencillo, donde veo que hay un chico ya con un cliente. Una mujer un tanto entrada en carnes es la que me toca de masajista. En principio, se parece bastante al tailandés, es decir, que no es precisamente un masaje agradable, sino incluso en algunos momentos, algo o bastante doloroso, especialmente en los dedos de los pies cuando frotan con los nudillos de los dedos de manera totalmente despiadada. En esos momentos uno se pregunta si es justo pagar por algo así.
Como el otro masajista iba adelantado respecto a mi sesión, veía lo que me esperaba poco después. Y llegó un momento en que me asusté cuando vi que se colocaba de pie encima de las piernas del guiri. Eso no era problema, porque aunque hombre, era flaco, como todos en Myanmar, que están enjutos los pobres. Pero la mía de enjuta no tenía nada y le sobraban unos cuantos kilos. El chico me miró y enseguida captó toda la situación porque yo lo observaba casi con terror sabiendo lo que en breve me vendría encima, nunca mejor dicho. Así que se rio con ganas y me dijo: “la tuya es más pesada que yo, jeje”. He puesto “jeje” porque es lo que usamos en España, pero ellos se ríen de otra forma más compleja, algo así como: “jhkyejhkye”. A mí maldita la gracia que me hizo la cosa y cuando llegó el momento crítico me sentí atenazado y muy a la defensiva como ante el horrible torno del dentista, la abominable aguja del practicante o el sorprendentemente grueso dedo del urólogo, lo que no pasó desapercibido para la mujer, que me dedicó, probablemente, la más beatífica de sus sonrisas para darme ánimos, pero que a mí se me antojó una mueca esperpéntica de vieja bruja saboreando la peor de sus acciones, al tiempo que lame voluptuosamente la piel llena de verrugas de un repulsivo y viscoso sapo.
Es verdad que para evitar un peso excesivo se agarran a las vigas de techo mientras se pasean arriba y abajo sobre las piernas de uno, lo que tranquiliza un poco, pero solo hasta cierto punto, porque siendo fatalistas podemos pensar que en cualquier momento todo el techo, más la masajista, se nos viene encima, lo que aun sería peor.
Si ya me puse tenso con el paseo por las pantorrillas, que al ser yo delgado y estar boca arriba ofrece poca carne donde colocarse y me dio por pensar que si me rompo un hueso me complico demasiado, no solo el viaje, sino la vida misma en un país como Myanmar y en un pueblo como ese, el circuito por la parte superior de los muslos me subió la adrenalina, el azúcar y hasta el ácido úrico a límites peligrosos, ante la posibilidad de que me escachara la virilidad en un imperdonable descuido por su parte. Luego me di cuenta de que no hubiera sido posible, porque en esos momentos los innombrables no estaban allí, sino en plena garganta Confundido .
Si unos minutos antes deseaba ver diferencias entre los masajes tailandés y birmano, ya ahora recé para que el resto fuera igualito igualito, sin más innovaciones, que para una cosa distinta que me hicieron, no me resultó nada alentadora. Después de los estiramientos y el agradable masaje en la cabeza con que terminan estas sesiones tradicionales en el sudeste asiático, me invitaron a un té, pagué y me fui de allí muy satisfecho por haber salido físicamente intacto. Respiré aliviado y aunque quise repetir en Bagan, solo en Tailandia seguiría una larga serie de 4 masajes más en una semana, tanto en Bangkok como en las islas de Trang.



Por la mañana, me presenté a la hora indicada, 7.30, y me encontré a 4 chicos: 3 extremeños de Mérida y una castellana de Soria. Al revés, una extremeña de Soria y tres castellanos de Mérida habría sido impensable e incluso algo extraordinario. Eran muy agradables, tanto, que no tuvieron inconveniente en incluirme en el grupo. Fue todo muy rápido y sencillo, quizás demasiado, hasta me resultó sospechoso. Yo estaba muy nervioso por si no me aceptaban, sobre todo cuando vi que eran bastante jóvenes, casi con dientes de leche aun y como de haber hecho la Primera Comunión la semana pasada. Supongo que influyó el hecho de que también yo fuera español y no, por ejemplo, de Papúa Nueva Guinea, algo poco probable pero no imposible, ya que de hecho en la agencia había un letrero que ponía “papueros no”. Pero de todas formas se me hizo raro que no me exigieran la documentación, el pasaporte o la partida de nacimiento para ver si era de buena familia, la cartilla de vacunación o un certificado médico por si tenía sífilis, gonorrea o alguna otra tara como los pies planos o furor uterino. Nada, ni siquiera me miraron la dentadura para ver si estaba sana ni me preguntaron si estaba vacunado de fimosis… Qué poco curiosas son algunas personas.


Los 4 fantásticos

El recorrido fue muy completo y comenzó atravesando el lago mientras veíamos el paisaje circundante, pescadores, poblaciones flotantes en las orillas, plantaciones de tomates en islitas flotantes etc, hasta llegar a un mercado, el de Nam Pan, un lugar que me pareció fascinante por lo auténtico, sin apenas turistas y con una rusticidad y tipismo sorprendentes en ropas, materiales, productos etc. Fotográficamente, muy interesante y, a diferencia de los pueblos islámicos, los nativos no ponen inconvenientes a la hora de ser captados por la cámara, o al menos eso me pareció. En este momento lamenté no haber traído la cámara buena, la réflex, en vez de la compacta digital de 100 €.
En este sentido me alegré de que no hubiera coincidido el día del famoso mercado de Ywama, creo que bastante más turístico y con unos vendedores muy plastas que te persiguen por todo el recinto en plan Benny Hill, es decir, como a cámara rápida.



Luego, demasiado pronto en realidad para los estómagos, nos llevaron a comer a un restaurante flotante desde donde se contemplaba una gran pagoda flotante, mientras los habitantes de la zona, flotantes también, se acercaban en flotantes barquitos, entre los jacintos flotantes y las casas flotantes, a rezar unas oraciones flotantes. Se calcula en más de 1000 la población flotante de la zona flotante.
Ante ese panorama, respiré hondamente hasta expandir las costillas flotantes. Y me centré en la carta del restaurante, llena de platos con arroz y pollo, lo que acabo comiendo casi siempre. Yo no sé qué hago, pero siempre, por mucho que miro el menú y me propongo comer otra cosa, al final pido arroz con pollo o la otra opción, que es pollo con arroz. Ese día, rodeado de tanta agua, decidí tomar pescado, que si allí no lo tienen fresco es para matarlos.


Se me ocurrió bromear con los chicos preguntándoles si no les apetecería comer tortilla de patata y resulta que la habían tomado el día anterior en un restaurante del pueblo donde estábamos alojados. Menudo corte me dieron, pero me propuse cenarla yo esa noche, porque me dijeron que estaba buena.



Mercado en Nam Pam y Shwe Yaunghwe Kyaung

Tras la comida, con arroz, cómo no, fuimos a Indein, otro de los puntos más atractivos del lago. Para llegar hay que recorrer en barco parte de un río, rodeado de vegetación exuberante con grandes acacias, palmeras varias, árboles con hojas frondosas, plantas carnosas, euforbias y sinforosas, entre otras cosas y luego andar unos 10 minutos hasta ver un espacio con muchos pagodas pequeñas en ruinas, algunas con relieves, esculturas y hasta con raíces entre las piedras. No está mal, la imagen de Angkor Wat, salvando la gran distancia en cuanto a entidad, me vino a la mente, pero de cualquier manera es algo mucho más modesto que el espectacular recinto camboyano.
Desde allí se continúa por un curioso paseo cubierto y lleno de tiendas, hasta otro templo mayor e intuyo que más moderno, con bastantes estupas pintadas de blanco y a los lados más construcciones pequeñas, antiguas y en ruinas.



El resto de la excursión constó de un par de paradas semicomerciales, pero interesantes, en una hacían una tela para parasoles (los chicos compraron un par de ellos, para encontrarlos más baratos luego en el pueblo) y pudimos ver parte del proceso, y en otra un telar en el que trabajaban 4 mujeres jirafa. Los 5 nos quedamos mirando para ellas sin atrevernos a hacerles fotos porque nos parecía un poco violento, pero enseguida ellas mismas nos animaron a que las fotografiáramos. Y lo hicimos, aunque con un poco de pena, porque lo de estirar el cuello con los aros no deja de parecernos una práctica un tanto cruel y nada saludable. Manuel preguntó a la que tenía el cuello más largo de dónde venía, porque el lago Inle no es zona de mujeres jirafa. En realidad son de otra zona del país, cerca de la frontera con Tailandia.



La última visita fue al conocido monasterio “de los gatos saltarines”, también flotante y de madera, pero muy sencillo, nada que ver con los llamativamente ornamentados que me esperaban en Mandalay. El curioso nombre viene de la costumbre que tienen los monjes de hacer saltar a los gatos a través de un aro, supongo que para entretenerse, porque tienen que aburrirse mogollón sin poder siquiera salir a dar un paseo para estirar las piernas, todo tiene que ser en barquito. El caso es que por la tarde, tanto los monjes como los gatos, están ya hasta las narices de hacer el numerito para los turistas durante gran parte del día, y pasan de circos.
Sinceramente, tampoco me importó, porque ver a un gato pasar por un aro me parece una auténtica chorrada. Si fuera a un elefante o a un hipopótamo ya me atraería un poco más, sobre todo si se quedaran atascados. En el acceso al monasterio, también hay puestos con cosas tìpicas y los nativos quieren que compres algo, pero yo, como los gatos esa tarde, no pasé por el aro.



Indein

La vuelta fue de lo más agradable, porque el sol ya no quemaba, solo acariciaba; la temperatura era la ideal; la luz, maravillosa; el paisaje y entorno, muy especiales, y el momento, perfecto, pues contemplamos la puesta de sol a nuestra izquierda, sobre el lago y sus reflejos de plata, los evocadores palafitos, las esbeltas palmeras sutilmente mecidas por la brisa, las suaves montañas de ondulante silueta, e incluso algunas blancas nubes que, rodeando al astro rey, le hacían una orla y formaban una imagen mística, evocadora, etérea, inmarcesible, intemporal y ascética que en mi subconsciente dibujó la clara, que con la yema del sol, completaba un auténtico huevo frito. Entonces me di cuenta de que tenía hambre. Qué romántico soy a veces Mr. Green
Al llegar a Nyaungshwe ya anochecía, me despedí de los 4 jóvenes y tras pasar por el hotel, me fui a cenar la famosa tortilla española. Y hablando de tortilla, me costó un huevo, nunca mejor dicho, dar con el sitio, en una calle oscura –bueno, allí todas son oscuras de noche- y cuyo nombre pocos conocían, Miss Nyaungschwe. Pero di con él, no había nadie y pedí la spanish omelette, que costaba la friolera de 1,50 €, además de un zumo de piña, que no estaba nada bueno.
Mientras esperaba, aparecieron los 4 majetes de la excursión y nos sentamos juntos, ya como viejos amigos.
La tortilla, finalmente, estaba algo quemada, quizás por el sol Doblemente malvado , y tenía un poco de cebolla y un par de taquitos de patata estratégicamente distribuidos en el conjunto, de manera que a simple vista, un inspector de restauración, un militar de alta graduación o una monja de clausura de blancos pechos, podrían intuir que efectivamente se trataba de un sorprendente –por ser en Myanmar- y genuino ejemplar de la famosa “tortilla española”, pero a mí no me convenció y simplemente la voy a catalogar de una tortilla francesa con cebolla y un sutil atisbo de patata en su interior.
Al menos esa noche no cené arroz con pollo, ni siquiera pollo con arroz.
Tras la cena, me despedí por segunda vez de los chicos.


Al día siguiente, por la mañana, decidí hacer una pequeña caminata por la zona norte del lago en dirección a unas conocidas fuentes termales. Y me encantó, recomiendo este paseo, en bicicleta o incluso mejor a pie, porque es un entorno muy atractivo y fotográficamente muy interesante. El camino, sin asfaltar, y en sombra por los altos árboles, cosa que se agradece un montón, discurre con el lago a ambos lados, lleno de nenúfares, con las casas sobre pilares de madera, paredes de bambú y techos de paja; búfalos bañándose, gente desplazándose en canoas por el agua, paisanas que van o vuelven del mercado para vender sus productos, monjes que van a algún monasterio cercano, patos nadando, gallinas cacareando, cerdos haciendo guarradas, todo muy rústico y auténtico.


Además, temprano por la mañana, la temperatura es más agradable. Si a todo esto le sumamos el insuperable encanto de los birmanos, que te sonríen y saludan a tu paso proporcionándote una muy satisfactoria sensación de ser bienvenido y aceptado entre ellos, en vez de un intruso, hace del recorrido un momento emocionante, fantástico, e imprescindible en un recorrido por la zona.
Cuando el camino llegó a una carretera asfaltada y ya no había sombra ni nada atractivo alrededor, me di la vuelta y al poco me encontré a los 4 chicos que venían en bicis. Enseguida me vino a la mente la imagen de “Verano Azul”, lo malo es que yo allí sería Chanquete, el pobre Confundido . Después de charlar un poco, nos despedimos por tercera vez. Y no sería la última, jeje.



En total, estuve caminando unas tres horas y media, y el resto del día lo dediqué a ver lo que hay en el propio pueblo de Nyaungshwe: el mercado de Mingala, la pagoda principal, la Yadan Man Aung Paya, a preguntar precio para el taxi de vuelta al aeropuerto al día siguiente y a acercarme a otro templo al sur del pueblo, el Kyaukhpyugyi Paya, juro que no he puesto letras de más, así mismo está en la Lonely. Y yo, que no me considero torpe, he tenido que mirar unas 18 veces la guía para poder copiarlo tal cual, me habrá llevado casi un cuarto de hora. Anda que…también son ganas de complicar las cosas innecesariamente, no me digan que ahí por lo menos no sobran unas 5 o 6 letras. Y le llaman "paya" porque al leer o escribir ese nombre, Kyaukhpyugyi, te quedas bastante pallá Sorprendido
De camino al templo de marras- ya no lo escribo más, no quiero perder otros 15 minutos, que no tengo tanto tiempo-, contemplé en el río cómo descargaban de un camión fardos enormes de tabaco para transportarlos por el lago a otra zona, e hice de funambulista porque al haber zonas inundadas del camino, había que pasar por tablas estrechas que actuaban como puentes. Muy divertido, y con su riesgo y todo.
La Paya, semiabandonada, tiene su encanto, con montones de stupas blancas y sus correspondientes remates dorados, especialmente a aquella hora, a punto de ocultarse el sol, cuya luz encendía brillantemente el resplandor del metal. Unos niños, jugando con cometas, completaban aquel cuadro y ponían el cierre a un día muy especial en tierras birmanas.
De la cena en el Unique Superbe destaco un estupendo zumo de aguacate, y la crema de zanahorias que no está mal.
Al llegar al hotel me llama Khin Khin para decirme que Air Mandalay ha cancelado su vuelo del día siguiente y me han recolocado en otra compañía, la KBZ, que sale una hora antes. Parece que esto es normal aquí.


El vuelo a Mandalay salía a primera hora de la tarde del día siguiente y aproveché el inicio de la mañana para visitar el monasterio de Shwe Yaunghwe Kyaung, construido en madera a menos de 2 km de la entrada norte de Nyaungshwe. Se puede ir dando un paseo, son unos 25 minutos, pero hay que ir por el borde de la carretera. La construcción es muy sencilla y carece de ornamentación, pero es un lugar agradable y vale la pena si sobra tiempo para ello.
No conseguí más gente para compartir el taxi al aeropuerto, pero en la misma agencia donde contraté la excursión me dieron un buen precio si salía un par de horas antes:18 € a la una; 12 € a las 11. Pregunté si era porque iba con más gente y me dijeron que no, que para mí solo. No entendí por qué, únicamente se explica que fuera a recoger gente al aeropuerto a esa hora.
El caso es que en la agencia ¿a quién me encuentro? A los chicos extremeños, claro, negociando también la ida al aeropuerto.


Autobús del aeropuerto, jeje


Campos de Heho. ¿Se inspiró en ellos Mondrian?

La carretera es infame, afortunadamente no he hecho más recorridos por las carreteras de Myanmar que entre los aeropuertos y las ciudades. En Yangon, Mandalay y Bagan no hay problema, pero el primer tramo entre Nyaungshwe y el aeropuerto es terrible, la carretera es tan estrecha, que cada vez que viene un coche de frente haya que echarse al arcén que está lleno de piedras. Menos mal que no son muchos km, el resto ya no es una carretera terrible, es simplemente muy mala. En total son 42 km (la Lonely pone 11) que se hacen en unos 50 minutos o una hora.
Tras facturar, comparto el tiempo que falta con los chicos, que llegan un poco más tarde. Cuando llega su vuelo nos despedimos creo que por 4ª vez, ¿será la última? Buen viaje, majetes. Un abrazo desde aquí.
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Ver Etapa: Entre lagos y pagodas




Etapa: Mandalay y Bagan  -  Localización:  Myanmar Myanmar
Fecha creación: 14/01/2012 19:36  
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MANDALAY

El vuelo de Heho a Mandalay es corto, una media hora, y me costó, a través de la agencia, 50 dólares. Ya en el aeropuerto hay que dirigirse a un mostrador donde previo pago de 4.000 chats te colocan en un coche con más gente. Parece que aquí también hay intentos de exprimir al turista pidiendo cantidades mayores, pero yo no lo he vivido.
Curiosamente, coincido en el taxi con otros 3 españoles, también viajando a su aire y muy decididos, a pesar de que no hablan apenas inglés y nada de birmano, claro. Son de mi edad aproximadamente, una de ellas muy callada; el hombre, normal, y la otra, más habladora, ya me dice que aprovecha para cascar cuando se encuentra a españoles. Así que aprovechamos los dos y cascamos durante todo el trayecto contando nuestros recorridos, lo que más nos ha gustado, los problemas, sobre otros viajes etc. Grandes viajeros, me recomiendan un destino africano: Etiopía. Lo apunto para algún día.


Así van en el transporte público birmano

El hotel que me esperaba en Mandalay para 3 días era el Sabai Phyu, del que dice la Lonely que tiene unas habitaciones “algo ajadas”. Había pagado por una habitación individual con baño, aire acondicionado y desayuno, 20 $ diarios.
Llegamos al hotel y nada más verlo por fuera se me cayó el alma a los pies, la pinta era horrible, pero traté de ser optimista y pensé que seguramente por dentro no sería igual, estaría renovado y muy bien puesto. Acerté, por dentro no era igual, era aun peor. La habitación individual era pequeña, con la cama pegada a una pared llena de manchas asquerosas, todo muy viejo y cutre, mención especial para la terrible moqueta roja que en un estado lamentable, me amenazaba bajo los pies. Pensé “si me descalzo aquí, me quedo pegado a la moqueta para siempre”. Y eso no era lo peor, el baño tenía más mugre en las esquinas, ventanas, tuberías, suelo etc que en las cloacas de Calcuta.
Le dije que no me gustaba la habitación, que era pequeña y estaba sucia. Me dijo que sin problema, que me daba otra. Respiré aliviado y nuevamente optimista imaginando que me daría una suite renovada, con colcha nueva, paredes recién pintadas y con una toalla de inmaculada blancura sobre la cama formando un cisne de largo cuello blanco. Nunca creí que una gilipollez semejante fuera a hacerme ilusión. Pues ahora síiiii.
Me dio la habitación de al lado, más grande, sí, pero claro, no tuve en cuenta que al ser más grande también cabía más mierda… Entré en el baño por si me animaba su aspecto y sí, al primer golpe de vista me pareció sorprendente por las bellas cenefas que en delicados tonos ocres adornaban las esquinas de los suelos, pero al segundo no ya golpe, sino tortazo de vista descubrí que las cenefas no eran tales, sino el engañoso efecto de una acumulación de porquería durante años y años, creando un espejismo completamente nuevo para mí y probablemente para medio mundo. A partir de ahora ya saben que existen espejismos de charcos, de oasis y de cenefas de mierda.


Tallas en el Schwenandau

Sin decir nada, salí disparado a buscar otro hotel hasta que encontré, después de ver 5, uno bueno. Es el Queen Mandalay, me costaba la individual 30 $. Lo reservé de palabra y volví a buscar la maleta y me perdí, pero un chico majísimo me llevó gratis en moto. Cuando el fulano del hotel supercutre (ya os podéis imaginar cómo sería, que la habitación costaba 9 euros, con desayuno) me vio bajar con la maleta y le dije que me iba, me pidió que subiera otra vez con él, yo pensando que ahora sí que me daba una suite renovada con jacuzzi y piscina privados, y hasta puede que con helipuerto… Pero no, volvemos a la misma habitación y me la muestra, como si yo no la hubiera visto bien y me pregunta por qué no me gustaba. Le dije que estaba muy sucia y vieja (no se había renovado en los últimos 120 años, y limpiado en los últimos 48), señalando la moqueta que era para echar a correr de asquerosa, rota y con los bordes subiendo por las paredes, ah y una colilla en una esquina. El fulano me mira y me dice con toda naturalidad: ah, pues la limpio en seguida. Aggggg, creía que eso se podía limpiar y además “enseguida”....
Le dije que no, que me iba. Que si me devolvía el dinero que había pagado. Me daba pena el tipo, que por cierto, atendía a los clientes con una camiseta de tirantes que no se pondría el abuelo de Lola la Piconera ni para dar de comer a los cerdos.
Sentí un gran alivio al salir de aquel lugar. Y en cuanto a los alojamientos, quiero aclarar algo. Rara vez voy a hoteles de 5 estrellas, salvo que no pasen de 50 €, pillé algunos en países como Egipto, Túnez o Indonesia. Pero siempre quiero baño privado. Y aire acondicionado en áreas tropicales, por comodidad y salud al ser efectivo contra los mosquitos. El problema es que a veces ocurre que llaman hoteles a alojamientos de ínfima categoría porque incluyen ambos requisitos. Si oyes decir o lees “baño privado y aire acondicionado” te imaginas cierto nivel en todo y en algunos casos no es cierto en absoluto. Y el precio no es orientativo en bastantes ocasiones, así por 20 $ en Myanmar no me esperaba yo algo tan cutre. Y es que en realidad la habitación costaba solo 9 €, el resto se lo lleva la agencia. Teniendo esto en cuenta, hasta me parece barato el “hotel”, lo que no resulta aceptable es la suciedad incrustada durante siglos.



Relieves en el monasterio Schwenandau

Como me gusta variar, decidí probar un medio diferente de transporte para ir al hotel y sumarle al coche, metro, tren, taxi, bus, barco, moto y avión que ya llevaba en este viaje, el trishaw, típico de Mandalay. Es como el rickshaw, es decir, una bici, pero que en vez de un pasajero pueden ir dos, uno mirando hacia adelante y otro hacia atrás, ambos a la derecha del conductor.
Cené en un restaurante chino cerca del hotel donde solo había nativos. Pedí un plato, seguramente pollo con arroz, ya no recuerdo, y el fulano me trajo una sopa. Le dije que yo no la había pedido, me contestó que era una deferencia de la casa, una atención, un detalle con el que deseaban obsequiarme porque se sentían especialmente halagados al haber elegido ese restaurante entre todos los que hay en el mundo. Le contesté que realmente sí que era una casualidad haber ido a parar allí cuando yo vivo tan lejos. Y todo esto más o menos por señas, fíjense en el nivel de lenguaje gestual que se gastan por aquí.
Al poco, me trae una ensalada. Miro al fulano otra vez, señalando el platito de ensalada con la mano, echando ligeramente la cabeza hacia atrás y enarcando sutilmente las cejas y ya solo con eso entendió perfectamente que volvía a preguntarle lo mismo de antes. Con un gesto que ahora no recuerdo me vino a decir: “nada, nada, tú come tranquilo, es otro detallito para que te encuentres a gusto entre nosotros”. Tengo que decir que, con gran dolor de corazón, no probé la ensaladita, porque ya se sabe que los alimentos crudos en estos países, mejor no catarlos. Pero como vio que me había terminado la sopa, que no estaba mala, me trajo otra taza hasta el borde. Ya no la terminé, por dos razones, una, que estaba algo salada y podía darme una subida brusca de tensión; y dos, que el tío se calentara y me trajera una tercera taza.
Pero todavía no se quedó quieto el fulano, que se movía más que las maracas de Machín, y como le parecían pocos detalles, aun volvió para traerme un platito con mango cortado en tiras. La fruta tenía una pinta buenísima, con ese atractivo color del mango maduro, con una textura tentadoramente carnosa y un aspecto tan apeteciblemente jugoso, que no pude resistir tomármelo. Y en algún momento, no recuerdo cuándo, me trajo el plato, único, que había pedido.
Por supuesto, en la cuenta solo aparecía el plato principal y la bebida, que no llegaron a 3 €. No llegué a entender bien por qué tanta atención, pero sí es probable que el hecho de que un turista occidental coma en un local de nativos en vez de en el hotel en que se aloja, les resulte muy gratificante y quieran corresponder generosamente. Económicamente no les compensa…
Para pagar las 3 noches en el Queen Mandalay tuve que hacer filigranas porque cuando les di los dólares que me quedaban empezaron con el ritual siguiente que me desquicia un poco. Los billetes americanos tienen que estar impecables, sin marcas, enteros, ni siquiera les sirven si han sido doblados. Se tiran un rato mirándolos, toqueteándolos, observándolos a contraluz, raspándolos, oliéndolos. No los chupan de milagro, pero acabarán haciéndolo. No me aceptaron uno de 20 dólares porque tenía una pequeña fisura lateral en el labio superior de la figura, formándole un labio leporino muy gracioso, pero que no consienten. Y el caso es que los billetes de su país están rotos y tienen una cantidad de mierda encima que ni dios. ¿Quién entiende esto? Yo, no. Paciencia.
Al día siguiente quería hacer la excursión a Mingún, antigua capital, a la que se llega en barco desde Mandalay. Tenía que ir al embarcadero, que está como a media hora a pie. Pregunté precio en el puesto de taxis que hay junto al hotel y me dice que 5.000 chats. Como es caro, le digo que no y me voy a buscar otra solución, por ejemplo, un trishaw.
Es verdad que la economía también influye, pero no es el único motivo por el que prefiero un medio más genuino. Me gusta compartir vivencias con los habitantes del país que visito, te suele aportar magníficos momentos imposibles de imaginar, por ejemplo, en un viaje organizado. El que viaja por libre sabe muy bien a qué me refiero y hasta qué punto es importante este contacto con la población nativa.
El trishaw no es un medio muy utilizado por los turistas, y menos en zonas donde no hay nada que ver. Así que sus conductores no suelen hablar más que birmano, pero tampoco es complicado hacerles saber dónde vas y acordar un precio. Normalmente. Algunos se asustan al ver occidentales, por el temor a no entendernos, pero a veces buscan en seguida a otro con más luces, con una más amplia cultura general, una mayor capacidad de entendimiento y un detallado conocimiento del medio que incluso va más allá del propio barrio en que viven, abarcando calles de otras zonas más alejadas. Estos ya son el no va más. También hablan unas pocas palabras de inglés, incluyendo números entre los que destaca el enigmático, sorprendente y frecuentemente desconcertante “li” en que convierten el “three” inglés. Incluso pueden ilustrar las cantidades con los dedos, levantando uno (generalmente el índice, porque si se levanta el medio queda muy muy feo) si se trata de 1.000; dos si el precio son 2.000 o tres si hablamos de 3.000 chats. Este lenguaje un tanto primitivo, pero internacional, siempre ayuda a aclararse un poco cuando el verbal no es conocido por ambas partes.
A los taxistas, moto-taxis, taxis azules y demás hay que regatearles sin compasión, incluso salvajemente, como veremos pronto con Albert. Pero con los conductores de trishaw el regateo debe ser suave, sutil, con pequeñas oscilaciones en las cantidades hasta llegar a definir el precio final que nunca será muy inferior al que pide en principio. Así si un taxi pide 5.000 hay que bajar hasta 2 o 3.000 como máximo. Si por una carrera de trishaw nos piden 3.000, el precio final será 2.000 o 2.500. En parte porque ya no se suben a la parra, como hacen casi siempre los taxistas, y piden tarifas razonables y porque no debemos olvidar que el motor son las piernas del pobre hombre.
En definitiva, que llegar al embarcadero son 2.000 chats. Tardamos unos 20 minutos, y una vez allí hay que ir a la “oficina” para comprar el billete. A pesar de tener infraestructuras específicas para turistas, con precios más elevados que para los nativos, las condiciones son penosas. La mencionada oficina es un local de lo más cutre, imposible de reconocer como tal por fuera, sin letrero ni información alguna en ningún lado. La ida y vuelta a Mingún cuesta 5 dólares y te piden el pasaporte, pero afortunadamente no es imprescindible, pues el mío estaba en el hotel por esa estúpida manía que tienen en algunos países de quedárselo mientras no pagues. Me preguntó si recordaba el número y como sí me lo sé, no hubo más problema.
El barco sale a las 9 y regresa a las 13 h. Faltaba casi una hora para salir, así que me entretuve haciendo fotos, ya que el lugar es francamente interesante para ello. Los barcos son antediluvianos, es más, algunos recuerdan al arca de Noé, y todo resulta tan primitivo que tiene mucho encanto. Al otro lado del río Irawadi, bastante ancho, se ve un sorprendente poblado palafítico de chozas de bambú y paja, muy cerca de la orilla.



Arca de Noé y otros barquitos antediluvianos

Echando un vistazo a los diferentes barcos intuí cual sería el nuestro, uno con bastante mejor aspecto que los demás, más nuevo y grande, con flotadores colgando por la borda. Pero poco después, llegó en autobús una excursión de guiris que se subió a él y partieron rumbo al norte, a Mingún seguramente.
A las 9, puntualmente, nos juntan a los 8 o 9 que esperábamos por allí y nos indican que nos metamos en un barco pequeño y de los más cutres que se veían en la orilla. A pesar de tener cubierta de plástico para evitar el sol y unos travesaños para sentarnos, el barquito se las trae, el motor hace un ruido terrible y hasta lleva el depósito de gasolina colgando de un gancho. Y ese es el barco para turistas de Mandalay a Mingún, al menos para los que van por libre.
No soy el único español, hay dos parejas más. El trayecto de ida duró una hora y cuarto y el barquito fue pegado a la costa derecha en la que se veía algún poblado lacustre y chozas aisladas en las que viven en condiciones bastante rudimentarias los habitantes de la zona.
MINGÚN
Lo más sorprendente de esta antigua ciudad birmana es la base de una pagoda inacabada, que pretendió a finales del siglo XVIII convertirse en la mayor del mundo. Nunca se terminó, y lo que queda es una base inmensa de ladrillo, resquebrajada en parte por un terremoto, pero a la que se puede subir hasta lo más alto, unos 50 metros, para contemplar el río, varias stupas, Mandalay a lo lejos etc.
Para acceder a las escaleras de acceso, los turistas debemos pagar 3 $ e incluye también el resto de los templos de Mingún y la ciudad antigua de Sagaing.
Hay otras pagodas muy cerca, de las que visité la que está en el río, Settawya Paya, la Hsinbyume Paya, más interesante y fotogénica, la Molmi, moderna, y la que contiene la mayor campana colgada intacta del mundo. Estas 3 últimas están seguidas en el camino hacia el pueblo de Mingún.


Nada de lo que vi en esta excursión me ha parecido imprescindible, pero el conjunto de pagodas más el paseo en barco y el ambiente del embarcadero hacen recomendable esta visita.
Cuando llegué al barco unos 10 minutos antes de la una, ya todos estaban esperando por mí sentados dentro y las dos parejas se habían presentado y hablaban catalán entre ellos. La vuelta, a favor de la corriente, fue bastante más corta, unos 40 minutos.
Al desembarcar, como vi que ambas parejas se separaban, pregunté a una de ellas si iban al centro y les interesaba compartir el taxi. Y como les había oído hablar de contratar para el día siguiente un taxi azul para la excursión a las ciudades antiguas, proponerles también compartirlo. Hablando, vemos que también necesitamos un hotel para el último día en Mandalay porque tanto el suyo como el mío están completos para ese día.
Mónica y Albert aceptaron compartir el taxi, pero no me explicaron el complejo ritual que para ellos conlleva el establecimiento de un precio justo, siempre bajo su punto de vista, y no desde cualquier otro ni dependiendo de las leyes del mercado internacional. Me explico. Albert es el regateador por excelencia, que lo vive y disfruta, fundamentalmente regatea por placer. Y en toda ocasión y circunstancia. Por ejemplo, si le pregunta a alguien los años que tiene y le contestan 37, él dirá que no, que 25, hasta conseguir quitarle varios años y dejarlo en 32.
Así nos tiramos caminando un buen rato porque los taxistas que pasaban debían conocerle y no se atrevían a parar. De hecho, parece ser que en algunos países árabes, tan dados al regateo, a Albert no le conceden el visado porque puede arruinar la economía local, como ocurre en Egipto o Siria.
Junto al hotel Sedona, además de cambiar a 1.000 kyats por €, conseguimos, bueno, Albert consiguió un muy buen precio para la excursión del día siguiente a las ciudades antiguas, 18 dólares, en un taxi azul, que quedó en recogerlos en su hotel a las 8 y luego a mí en el mío.
Nos acercamos a un par de hoteles más en la zona del palacio real, pero eran muy caros. En uno de ellos, al llegar al hotel, algo lujoso, nos reciben antes de la entrada con una bandeja de cócteles de bienvenida y unas toallas calientes y húmedas para lavarnos las manos o lo que quiera cada uno, siempre dentro de un mínimo decoro, que no se va a poner uno a restregar las partes íntimas allí mismo.
Albert, al ver el panorama, ya dice que se va a tomar una de aquellas bebidas. Le comento que mejor no, que nos lo ofrecen porque creen que venimos a alojarnos al hotel y no es ético aprovecharse de estas pobres empleadas que en su buen hacer nos agasajan con sus mejores intenciones cuando nosotros estamos abusando de su ingenuidad y confianza al hacernos pasar por clientes del hotel. De ninguna manera podría yo cometer semejante crimen, me sentiría vil, despreciable, ruin, miserable. Incluso sucio, por mucho que tratara de limpiarme con la toallita caliente y húmeda.
Estaba llegando yo a una frase parecida a: “mi moral inquebrantable me impide…” cuando ya A, frotándose con la toallita y diciendo “cómo vamos a desperdiciar la ocasión” se bebía uno de aquellos cócteles que para mí representaban la manzana del paraíso, un fruto prohibido causante de un pecado, en este caso aun más original que el propio pecado original. Ya entonces me dio la risa, dejé a un lado mi endeblemente estricto código moral y con M también decidida, nos tomamos las bebidas.
Ya en la recepción, comprobamos que el hotel estaba por encima no de nuestras posibilidades, que son muchas, entre otras incluso comprar el hotel si se nos antojara o antojase, sino de nuestras intenciones respecto al alojamiento. No les quedaban suites de las más caras, estaban ocupadas, y las habitaciones normales costaban 144 $ la doble y ni siquiera incluía las sábanas y toallas. Vamos, que las incluía para usarlas, pero no te las podías llevar, que digo yo que por ese precio bien te las deberían regalar, ¿o no?
Tras mirarnos un poco y decidir entre nosotros que ni ellos ni yo pagábamos eso ni locos, les dijimos que no nos interesaba, pero de manera que les quedara bien claro que no era porque fuera caro para nuestro nivel y no tuviéramos presupuesto para esta inversión, no, nada de eso, sino que en realidad era el hotel que no tenía suficiente categoría para nosotros, ya que nunca elegíamos una habitación de menos de 200 €. Cuando pillaron el mensaje, los 3 conserjes nos miraron con los ojos como platos y se deshicieron en reverencias disculpándose por no ser merecedores de tales clientes, y nosotros salimos de allí con tanta dignidad como sale la duquesa de Alba de un tablao flamenco después de marcarse unas sevillanas.
Todavía le sacamos más partido al hotel, ya que por no pasar otra vez junto a las chicas de la entrada, con el peligro que corríamos sabiendo que Albert pillaría otra bebida, salimos por otro lado, mientras A contemplaba la piscina diciendo que vendría a darse un baño en ella (de llevar bañador ya se habría metido). En la otra entrada había un grupo de birmanos preparando un postre típico de ese día, que era fiesta nacional y, como nos volvieron a confundir con clientes, ya A se encargó de que nos regalaran un paquete de bolitas de coco cubiertas de no sé qué y hervidas, por cierto, muy ricas. La merienda nos salió gratis.



Como no conseguimos hotel, decidimos ir a ver la Paya Mahamuni, ya al anochecer. Para desplazarnos, teníamos a Albert que enseguida se plantó en la avenida donde está la entrada al palacio real y comenzó a hacer gestos para que parara alguien y nos llevara. Pero no se limitó a los taxis y taxis azules, no, su objetivo era cualquier vehículo que se moviera, preferentemente propulsado por un motor, esa era la única exigencia. Coches, motos de diferentes cilindradas, furgonetas variadas, camiones, autobuses, coches de bomberos etc le servían. Al poco, se para una furgoneta, tipo van, de esas abiertas por la parte de atrás, pero no era ni taxi ni nada parecido. Daba igual. Consigue, cómo no, un buen precio, y nos metemos los 3 en la parte trasera, que por cierto, estaba muy limpia, con cartones nuevos en el suelo. Pero habría dado lo mismo si estuviera llena de cerdos, ya puestos...
Como era festivo y es uno de los santuarios budistas más venerados de Myanmar, había un ambientazo enorme, con miles de peregrinos dentro y fuera de la pagoda, donde también había fiesta como de pueblo. El interior, muy bonito, tiene las paredes revestidas de dorado y pintadas de granate, en un contraste muy atractivo. Con la Schwenandaw, lo más interesante de Mandalay. Terminamos la visita y Albert consiguió que unos monjes se hicieran unas fotos con nosotros. Me despedí de los chicos ante la puerta de mi hotel quedando para la mañana siguiente.
Ese día cené en el hotel, que por cierto tiene buenos precios y un buen cocinero. En plena cena, nos avisan de que en la entrada del hotel, los propios empleados están soltando globos con fuego porque están de fiesta, y salimos todos los turistas a verlos.


Al día siguiente, desde las 8.10 espero en el vestíbulo a los chicos y el taxi azul, pero no aparece nadie hasta más de una hora después. Como me imaginaba, el taxista no apareció y tuvieron que buscar otro rápidamente. Ni siquiera hubo tiempo de regatear, con lo que para A tuvo que ser uno de los momentos más duros de su vida. De todas formas, fueron 20.000 chats, precio aceptable, entre 3 sale muy bien.
El blue taxi o taxi azul, porque en inglés “blue” significa taxi y curiosamente “taxi” significa azul, son cosas que tienen los idiomas, es de lo más cutre en cuanto a coches se refiere. Viene a ser como el barco a Mingún, el hotel Sabai Phyu o las agencias de viaje de Nyaungshwe. Es verdad que en parte la culpa es mía y de mi poderosa imaginación, que cuando leía en el foro, mejor dicho, Foro, lo de “blue taxi” veía un coche grande, tipo van, de color azul, amplio, con asientos cómodos de skay negro, ruedas grandes redondas, un gran volante redondo también, vamos, lo típico. Y cuando ves un blue taxi se te cae el alma a los pies, es una decepción inmensa. Yo no recordaba un chasco tan grande desde que mis padres me contaron lo de los Reyes Magos.
Por eso son más baratos que un taxi convencional, porque casi se parecen más a una moto que a un coche, al menos el motor es similar. La plaza de copiloto es mínima, vas allí embutido, un tío grande las pasa canutas. La parte trasera es abierta, aunque cubierta, con dos minibancos a los lados, a veces de madera y a mí al menos me mareó un poco, hasta que me cambié con A y fui delante. Prefiero ir embutido delante que mareado detrás. Pero los trayectos para visitar Amarapurá, Sagaing e Inwa son cortos, otra cosa sería ir ahí de Murcia a Pontevedra pasando por Pamplona.


Desfile de monjes en Amarapurá

Comenzamos la visita por Amarapurá para ver comiendo a los monjes en el Maha Ganayon Kyaung, a M le apetecía ver este momento. Yo, aunque en principio no le veía interés, también sentía cierta curiosidad porque por algo se recomienda en las guías, pero en realidad aquello se está convirtiendo en un número de circo un tanto vergonzoso. El monasterio no tiene ningún interés artístico, pero es llamativo el desfile que cientos de monjes realizan para acceder al comedor. Digamos que el hecho de valerse del momento en que se colocan en fila, avanzan y comen para descargar miles de fotos es poco ético, especialmente cuando los turistas invaden cualquier espacio y hacen fotos a los monjes hasta cuando se lavan semidesnudos. Porque en ese momento aquello se llena de excursiones de guiris. Para nosotros, occidentales, ver a tantos jóvenes y niños rapados, descalzos y con las atractivas túnicas resulta un espectáculo visual de alto valor estético y por lo tanto fotográfico. Para que me entiendan, la situación es parecida al desfile de las estrellas en un festival de cine, con montones de cámaras disparando a mansalva. Dos mundos totalmente opuestos: el lujo, la sensualidad, elegancia, belleza y frivolidad del séptimo arte finalmente coinciden y se dan la mano de la austeridad, inocencia, sencillez, belleza y espiritualidad de la mística atmósfera budista.
Yo también hice fotos, aquí están algunas, pero el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. ¿O es que ustedes nunca se han metido el dedo en la nariz? Bueno, pues eso no se hace tampoco, caramba.
Aunque el que va por libre no paga nada allí, se supone que los guías de las hordas de guiris darán algún donativo al monasterio para que les compense ese asalto a su intimidad.
En Amarapurá no visitamos nada más, M propuso volver al atardecer para pasear por el famoso puente de teca. Es muy buena idea.
Continuamos a Sagaing, otra ciudad antigua llena de stupas diseminadas por las colinas junto al Irawadi. Diría que lo mejor de la ciudad es la vista desde el gran puente sobre el río, junto al que sobresalen montones de templos entre la densa vegetación.
El taxista azul nos llevó a ver la más importante de las pagodas, dejándonos a los pies de una escalinata de cientos de escaleras que sería mejor haber evitado, porque luego arriba había carretera y algunos coches.
Antes de seguir, quiero aclarar que cuando digo el “taxista azul” en realidad lo que es azul es el coche, no el conductor, que si lo fuera parecería un auténtico pitufo. Se trata de una figura literaria, que espero aprecien mis inteligentes lectores, y cuyo nombre desconozco en este momento pero será seguramente una metáfora, una policondria o un exquisito, no recuerdo bien.
Esta paya es la Soon U Ponya Shin, a la que le pusieron este nombrecito de purita casualidad, porque igual le pudieron poner por ejemplo, Cham Pu Al Hue Bho o los más sugestivos de Khi Tael Cho Chin o Ay Ke Po Llon.
En la subida me encuentro con Mariza, la austríaca que había conocido en la embajada de Myanmar en Bangkok. Casualidad.
Desde arriba se contemplan el río y otras pagodas, sules, payas, templos, stupas (o estúpidas como decía el otro) en medio de la densa vegetación.
A unos 5 minutos a pie por la carretera de arriba hacia el oeste hay otra stupa blanca, pequeña, pero mona, estando tan cerca vale la pena. Y a 15 más, está la Umin Thounzeh. Como pasaba por allí una mototaxi, y Albert llevaba más de 20 minutos sin regatear con nadie ni con nada, la paró para que nos llevara hasta la otra pagoda. Tras el regateo, consiguió que por 1.000 chats (1 €), nos llevara a los 3, pero en dos viajes.
Al entrar, unas niñas con unos curiosos collares, pendientes, pulseras y abalorios varios hechos nada menos que con semillas de sandía, ofrecen su mercancía y Albert no desperdicia la oportunidad para que por un 1 €, en vez de 3, le den 6 pulseras. Les dice que a la vuelta, M ya molesta porque sabe que no les va a comprar nada. M está mal de la garganta y tiene algo de fiebre, lástima que esto le estropee parte del viaje.
Lo único que tiene este templo es una amplia galería con 45 nichos y 45 budas, ya que se está por aquí vale la pena, pero no vengan desde Albacete solo para ver esto, porque el chasco será fino. Al salir, queda la prueba de fuego de las niñas y las semillas de sandía. A decide pasar corriendo para librarse del acoso y llegamos a la moto cuando ya las pobres casi le pagan por llevarse las pulseras de regalo. Otra vez, los dos viajes por 1 €.


No vimos nada más en Sagaing y tiramos para Inwa. Como es una isla en el río hay que cruzarlo en un barco que va de un lado a otro todo el tiempo, son 5 minutos y 1.000 kyats. Al bajar, se coge un carro tirado por un caballo. Eso o a pie, no hay otra. Los precios son fijos, están apuntados en un tablón: el carro para 2 son 5.000; para 3, 7.000. A pesar de eso, si le dejamos, Albert pregunta a todos los conductores por si alguno le rebaja algo. Escogemos uno muy bonito y arrancamos a una velocidad de vértigo y con un movimiento fino porque el camino, no hay carretera, está lleno de baches. Todo muy muy rústico, toma autenticidad.


Inwa

La excursión consta de un recorrido no muy largo con paradas en varios puntos, siempre en medio de un ambiente de lo más rural y primitivo, las pocas casas que se ven son también 100 % de fabricación casera y artesanal, esto es, pivotes de madera, bambú y tejados de paja, algunas de madera, muy bonitas.
Hacemos 2 paradas en sendos templos con stupas pequeñas de ladrillo, medio abandonadas y con cierto encanto, que recuerdan vagamente a los templos camboyanos estilo jmer. Luego, un monasterio de madera, el Bagaya Kyaung, interesante, sobre todo viéndolo antes que los de Mandalay, es un buen aperitivo para ellos. Justo al lado, escenas de labores campesinas, un fulano arando el terreno con bueyes, así a pelo, y junto a stupas en ruinas; unas jóvenes recogiendo algas entre los nenúfares…
Después pasamos cerca de una torre muy inclinada y no sabíamos si era la de Pisa o no. El del carro nos dijo que no, que la italiana estaba inclinada hacia el otro lado, hacia el este, y es verdad. Menos mal que nos lo aclaró.
Por último, visitamos otro templo, bastante grande y con varias construcciones en buen estado. También interesante.
En total, casi 3 horas de excursión. El carro nos deja en el embarcadero, en ese momento llega el barco, nos subimos y sale inmediatamente. Volvemos al taxi azul que nos esperaba y vamos de nuevo a Amarapurá para ver la puesta de sol en el puente de teca más largo del mundo.


Lago en Amarapurá desde el U Bein

Llegamos justo a tiempo, una media hora antes del ocaso. Unas fotos desde abajo y subimos al puente, el U Bein. Soy reacio a mitificar y a copiar lo que hace todo el mundo, como ver amaneceres o puestas de sol en determinados lugares que los típicos turistas convierten en típicos tópicos. Por ejemplo, la salida del sol en el Sinaí, península donde estuve ya dos veces, y no fui a ver el amanecer. La puesta de sol en el Phnom Bakeng, Angkor Wat, Camboya, donde salí de ese templo justo cuando empezaban a llegar las marabuntas para ver el ocaso. La “Sunset hill”, en Capadocia, donde hasta cobran por ver la puesta de sol etc. Pero debo reconocer que ese momento en el puente de Amarapurá fue de los mejores del viaje por Myanmar.



El puente en sí no es sorprendente por su diseño, altura o estética, únicamente llama la atención por su longitud y rusticidad. Lo que hace del U Bein un lugar especial es el tráfico humano, la actividad y belleza de su entorno que, unidos a la incomparable luz del atardecer, hacen de ese momento un instante casi mágico. Todo colabora: el lago, los barquitos de paseo, los pescadores con el agua al cuello (y no por una hipoteca), la rusticidad del puente, los paisanos y monjes, las stupas a lo lejos, los reflejos en el agua…


Me voy a dejar llevar por el recuerdo y, poniéndome lírico y un pelín pedante, diré: “y entonces, el astro rey, tiñendo de rojo y bronce el cielo azul y con su bola de fuego inundando de intensa luz la cálida atmósfera, lanzó destellos carmesíes que encendieron reflejos de plata y oro sobre el líquido elemento. Y el orbe todo vibró con enérgica pasión ante su efímera belleza, rindiendo sus fuerzas enervadas al fugaz instante”. Fue un magnífico remate de otra memorable jornada en tierras birmanas.



Todavía paramos ya en Mandalay a ver la tienda donde hacen el pan de oro con que recubren las figuras de Buda, stupas y demás, aunque el taller ya estaba cerrado, eran más de las 6.
Me despedí de mis amigos y cené en el hotel una estupenda crema de cebolla y un segundo plato que no recuerdo, seguramente arroz con pollo.
Recibo mensaje de que otra vez Air Mandalay cancela el vuelo a Bagan del día siguiente, y me reubican con otra compañía, Asian Wings, que sale una hora antes.



Dispongo de toda la mañana para visitar algunos templos y busco un trishaw para que me lleve a la base de la colina de Mandalay, donde hay 4 templos juntos que merecen la pena. Acepta uno por 2.000 chats, que me lleva al Schwenandau Kyaung, el más bello de los edificios de la ciudad. Es un monasterio de madera de teca, completamente tallado de fina decoración con figuras humanas, animales y motivos geométricos en puertas, ventanas, cresterías (magníficas), pasamanos, remates etc. Un derroche ornamental.


En una de las escaleras me encuentro a dos niñas muy guapas, hermanas, bien vestidas y maquilladas a la birmana que quieren venderme unas flores. Aprovecho para hacerles unas fotos y se ve que están acostumbradas, de hecho comprobé su semiprofesionalidad. Como no había nadie más, estuvieron siguiéndome un rato por el templo y el jardín por si les daba algo y aunque les dije que no, se hicieron fotos conmigo y estuvieron simpatiquísimas. Les pregunté por qué no estaban en la escuela y me dijeron que era sábado y que hasta el lunes no iban. Hablaban algo de inglés.
Sentí que debía corresponder a su belleza y simpatía, y como nunca les doy dinero, les compré uno de los ramilletes de flores que vendían, con la condición de que le diera la mitad a su hermana pequeña. No le dio nada, maldita niña…


Luego llegan unos guiris de esos y compruebo que en una de las puertas hay una auténtica sesión de fotos con tres niños monjes como modelos y unos 4 turistas venga a hacerles fotos con unas cacho cámaras. Venga los monjes (de verdad o disfrazados, no sé) a ponerse uno aquí, otro allá, dos juntos, los tres, vamos, que ni a Inés Sastre le sacan más partido. La verdad es que el momento y los elementos eran un puntazo fotográfico y aunque me metí en el medio a hacer algunas fotos, no conseguí lo que me hubiese gustado y volví a lamentar no llevar la cámara réflex.



Poco después, y en otra de aquellas preciosas puertas, las dos niñas, que antes tuve para mí solo, eran ahora el centro de atención y posaban para otro grupito de guiris. Me acerqué y le recordé que le diera a su hermana su parte. Me miró, y sonriendo me dijo que no…niña mala.
Justo al lado del Schwenandau está la Atumashi, otra paya, bastante moderna y con poco interés, pero se merece un par de fotos y una visita breve. El interior es prescindible.
Muy cerca, otras dos pagodas parecidas entre sí: la Kuthodaw, que consta de más de 700 stupas todas iguales, cada una de ellas con una gran lápida de mármol escrita y la Sandamani, formada también por cientos de stupas blancas iguales.
Decidí no subir a la famosa colina de Mandalay porque intuyo que no vale gran cosa, ni lo que hay allí ni las vistas desde arriba. Prefiero visitar otro monasterio de teca, el Shwe In Bin Kyaung, en otro lado de la ciudad, pero ya más cerca del hotel. Justo entonces aparece un motorista (siempre surge alguien) que me pregunta si me lleva a algún sitio. En estos países, a veces parece que nos adivinan el pensamiento. Por ejemplo, paras un taxi y te preguntan: “a dónde quiere ir”… ¿Cómo saben que quiero ir a algún sitio? Es sorprendente. O te sientas en un restaurante y te preguntan: “¿qué quiere usted comer?” Increíble, ¿cómo saben que quiero comer algo?



Payas Atumashi y Kuthodaw

Pues nada, el de la moto ya sabía que yo había visto los 4 templos de abajo y que me quería ir de allí. Así que se ofrece a llevarme y tras un corto y rápido regateo llegamos a un acuerdo, primero al monasterio y luego al hotel por 3.000. Tiene casco incluso para mí, cosa rara, pero eso sí, por dentro no está muy limpio, aunque no llego a ver piojos ni chinches.
Tardamos unos 15 minutos, no está cerca, el lugar es tranquilo teniendo en cuenta el bullicio de la ciudad. No alcanza el nivel artístico del otro ni es tan antiguo, pero es un muy bonito monasterio de madera con numerosas tallas por todas partes y bastante menos visitado, no había nadie por allí.

En el hotel había solicitado un taxi compartido para ir al aeropuerto. Si no especificas, siempre tratarán de colocarte un taxi para ti solo, cuyo precio será de 20 o 25.000 chats. Hay que insistir en que se quiere uno compartido, y entonces cuesta 4.000. El aeropuerto está bastante lejos, con dos paradas para recoger a dos turistas en hoteles cercanos, tardamos casi una hora.

BAGAN


El vuelo a Bagan desde Mandalay es muy corto. Nada más llegar, te hacen pasar por un control donde te cobran los 10 $ para acceder al recinto arqueológico. No tengo dólares impecables, así que tengo que pagar en Kyats, son 9.000, un cambio abusivo, claro, pero no queda otra. Me quieren colocar el mapa de la zona por otros 1.000, también caro, y les digo que no, ya lo compraré en otro sitio.
El taxi tiene precio fijo también, al menos no hay que regatear y cabrearse, solo un poco, porque son 5.000 y aunque me dice que tardaremos unos 15 minutos hasta el hotel en Nyaung U, en realidad fueron unos 5 nada más.
Afortunadamente, el hotel New Park, aun teniendo el mismo precio, está bastante mejor que el Sabai Phyu de Mandalay. Y más limpio. Es un hotel sencillo, tipo bungalows adosados, con habitaciones amplias y aire acondicionado. Le vendría bien una mano de pintura a las paredes y una reforma del baño, pero la relación calidad-precio es muy buena. Me costó 20 dólares por noche, y si Khin Khin vuelve a llevarse 8 de ellos, el precio son unos 9 € con desayuno, baratísimo.
Tenía nada menos que 3 días y medio para Bagan porque esperaba que fuera el punto culminante del viaje. Y sentía mucha curiosidad por ver si las comparaciones con Angkor Wat tenían fundamento o eran exageradas.
La primera jornada decidí recorrer los templos de Bagan Antiguo a pie y me desplacé en coche de caballos hasta la puerta de entrada, son unos 4 km. A partir de ahí, andando, se hace estupendamente la visita de unos cuantos edificios. Mejor, por supuesto, si no es la época calurosa.


Comencé por el Thatbyinnyu Pahto, el más de grande de Bagan, aunque no de los más atractivos, ya que carece de pinturas o detalles ornamentales. Seguí con el Shwegugyi y luego el Ananda Pahto que sí figura entre los mayores y más interesantes, por sus diferentes volúmenes, sus detalles decorativos, y los 4 grandes budas del interior.
A continuación el Pitaka Taik, muy sencillo, y el Mahabodi Paya, de estilo hindú, con bastante escultura tallada y diferente a los demás. Y el Gawdawpalin Pahto, también de los más destacados por su gran tamaño, estructura en terrazas, remate dorado…
Aquí los niños asaltan tratando de vender postales, y como quería comprar algunas, aproveché el autorregateo que hacen ellos mismos bajando el precio al ver que no les haces caso. Pero solo un poquito, que dan pena y son saladísimos. Al que le compré quedó tan agradecido que me recomendó, y acompañó, subir a un templo vecino para contemplar las vistas. Naturalmente, también accedió a posar para mí como modelo.


Continuando el camino me encuentro a Mónica y Albert que hacían el recorrido en carro con caballo. Me alegra verles de nuevo y quedamos para cenar juntos esa tarde-noche.
A algunos templos, que aparentemente carecen de interés, conviene encaramarse, suelen tener escaleras, porque desde lo alto ofrecen magníficas vistas de otras pagodas. Y en algunos casos de un área enorme con docenas de construcciones. Así, por ejemplo, después del Mimalaung, vale la pena subir al Pahtothamya, después de ver los restos de lo que fueron magníficas pinturas en el interior.



Llegados a este punto, empecé a plantearme si Bagan es o no comprable a Angkor y si había alcanzado las expectativas que había puesto en el enclave birmano. Como yo casi nunca espero mucho de un sitio, y esto es un consejo que doy a todo el mundo, es poco probable que me decepcione. Siempre pienso: “voy a ver qué hay aquí”. Aunque en este caso ya venía algo condicionado porque los comentarios que había leído lo situaban entre lo máximo del mundo y yo tenía en mente otros dos lugares únicos ya visitados: Angkor y Petra.
Contemplando aquella extensión verde de la que sobresalían cientos de construcciones por los 4 puntos cardinales, con diferentes estructuras, tamaños y formas y que, como en Camboya, llevaban allí unos 1.000 años, tuve que reconocer que Bagan es no solo único e increíble, sino que figura en un primer puesto compartido con Angkor, del catálogo de los más maravillosos enclaves arquitectónicos de todo el mundo. Pero debemos tener claro que en Bagan no hay ningún edificio que por sí solo resulte excepcional, como sí los encontramos en el mencionado espacio camboyano. Lo que realmente impresiona aquí es el sorprendente conjunto de todos los templos en un área relativamente reducida.


Todavía recorrí varios templos más: Nathlaung Kyaung, el grupo de Patharda, formado por 4 pagodas y me dirigí a ver la puesta de sol en el Shwesandaw, una gran stupa blanca. Fue un error porque aquello se convierte en una auténtica romería a la que acuden incluso autocares llenos de guiris, de esos que van con guía y todo, jeje. Así que nos juntamos cientos de personas en las terrazas de la pagoda y también me encontré a los 3 españoles con los que coincidí en el taxi del aeropuerto de Mandalay. Podría haber sido un momento muy especial contemplando los templos de Bagan con la magnífica luz del ocaso, pero lo habría disfrutado mil veces más estando solo.
Además estaba algo preocupado porque no tenía cómo volver al hotel y no pensaba hacerlo a pie porque se hacía de noche y porque estaba cansado después de la pateada de todo el día. Bajé antes de que se ocultara el sol para evitar apelotonamientos en las escaleras, y en el camino pillé un carro que volvía vacío y que por 3.000 chats me llevó hasta Nyaung U.
Cené con Mónica y Albert que me propusieron visitar una pagoda en la que esa noche había una celebración importante. Antes pasamos a saludar a 4 españoles que acababan de conocer, en total éramos 7, pero nada menos que de 5 “grupos” diferentes: dos parejas y tres que íbamos solos, todos por libre. Me sorprendió encontrar a tanto español viajando a su aire por un país como Myanmar.
Entre la cena y el palique con los demás, cuando llegamos a la Schwezigon Paya estaban ya cerrando el chiringuito y no había nadie, pero nos dejaron pasar unos minutos. Vale la pena verla iluminada de noche, es de las revestidas de oro y el contraste del dorado con la negrura nocturna conforman una muy atractiva combinación.


El segundo día contraté el carro con caballo para recorrer los más alejados. El precio son 12.000 para todo el día, y es el que ya me ofrecieron en principio. Los templos de la zona este destacan por sus pinturas, y aunque en general no se encuentran en muy buen estado y son oscuros, valen la pena porque lo que se conserva es suficiente para apreciar su alto nivel artístico.
El 1º fue el Iza-Gaw-Na, con buenos detalles decorativos en las portadas, al que siguió el Nandamannya Pahto, uno de los mejores de Bagan por sus frescos. Fijándose, descubrimos bellísimas cenefas de motivos humanos, vegetales, animales y geométricos enmarcando escenas de Buda. Una lástima no estén mejor conservadas porque el conjunto debió ser magnífico y en realidad me frustra un tanto contemplarlas. Al lado, se puede echar un vistazo al monasterio Kyat Kan Kyaung, curioso por su austeridad al componerse de celdas subterráneas en las que todavía meditan y habitan los monjes.


Vinieron luego el Payathonzu, formado por 3 pequeñas pagodas iguales conectadas entre sí con muy buenas pinturas en irregular estado; el Thambula Pahto, más grande y con restos de pinturas bastante estropeadas y el Tayok Pye Paya, más atractivo arquitectónicamente, pero sin decoración interior.
El cochero decidió que había que beber algo, fue buena idea, y paró en un bar en medio de aquella especie de desierto donde además de la bebida una joven me mostró una granja de lo más rústica, con un telar, una vivienda típica, una vieja que se pone a tejer y a fumar un puro inmenso (me recordó a la de La Habana) en cuanto llega un turista para que le hagas fotos etc. Al final, la chica me pidió una propina, pero yo no le di nada.


Continuamos con el Sulamani Pahto, otro de los mayores de Bagan, tiene buenos relieves decorativos en estuco, como casi todos, y muy similares a los de otros templos, y pinturas en el interior bastante deterioradas, aunque algunas escenas se aprecian suficientemente bien. El Dhammayangyi, también de los grandes, presenta una estructura que recuerda a las pirámides precolombinas.


Pasamos luego al pueblo de Myinkaba para ver los 3 últimos, el Manuha Paya, cuyo único interés reside en un Buda enorme encorsetado en el interior; el Nan Paya, justo al lado, bastante más atractivo por sus ventanas talladas y los 4 pilares de piedra con bajorrelieves en el interior; y el remate perfecto, el impresionante Gubyaukyi, uno de los imprescindibles en Bagan por sus espectaculares pinturas que llenan de arriba abajo los muros interiores. Está muy oscuro, pero hay una bombilla con un cable muy largo que permite iluminar las escenas para poder apreciar su gran calidad. Magnífico.
Solo quedaba volver a ver la puesta de sol, esta vez ya le dije que en un sitio tranquilo, sin aglomeraciones. Me llevó a un templo cúbico con una terraza de acceso bastante incómodo por las estrechísimas y oscuras escaleras que hay que subir y donde no había más que 7 u 8 personas.


Tras el segundo ocaso en Bagan, me apresuré a bajar de primero porque había un alemán bastante gordo que tenía todas las papeletas para quedarse atascado en las escaleras, cual corcho en una botella. Sinceramente no me explico cómo pudo subir.
Para variar, el tercer día alquilé una bicicleta en el hotel (cuestan 1,50 € toda la jornada). Visité los que hay entre Nyaung U y Bagan Antiguo, es decir:
- Gubyaukyi (no confundir con el de Myinkaba), con restos de pinturas
- Gubyauknge, al lado, con decoraciones idénticas a los demás
- Htilominlo, de los grandes, parecidísimo al Sulamani
- Upali Thein, que estaba cerrado
- Ananda Ok Kyaung. El último templo de Bagan que visité fue el remate perfecto para un lugar tan extraordinario como es este enclave birmano. El exterior, muy sencillo, no refleja la belleza interior, es como alguien con un físico nada llamativo que posee un alma o una personalidad cautivadora. Además es pequeño, pero la grandeza está en la calidad artística de quien decoró estas cuatro galerías con maravillosas cenefas de intrincados diseños y diferentes escenas figurativas. Comparado con otros, las pinturas se conservan bastante bien en buena parte de los muros. Lamentablemente, se prohíben fotos, como en todos, y la vigilante no me dejó un momento solo, de manera que sufrí un montón por no poder llevarme unas imágenes de recuerdo. La Lonely apenas le presta atención a este pequeño santuario, pero para mí es el nº 1 de todos los templos pintados de Bagan. Le segurían el Gubyaukyi y el Nandamannya.



Dediqué parte de la tarde a intentar comprar el vuelo de vuelta del día siguiente Yangón-Bangkok con Air Asia en un cyber, pero no pude. 1º, porque no había conexión. Y cuando horas después ya la había, tampoco porque mi banco me envía un sms al móvil con un código para confirmar la compra. Y en Myanmar los móviles no funcionan en absoluto. En las agencias tampoco se pueden comprar vuelos de Air Asia, solo de compañías nacionales. Total, que se me ocurrió enviar un email a una amiga en España para que lo reservara para mí, pero no sabía si eso iba a funcionar. Con las 7 horas de diferencia, no podría saberlo hasta mañana en el mismo aeropuerto de Yangón. ¿Qué pasará?
Cené justo enfrente del New Park, hay un local sencillo con muy buenos precios, especialmente buenos los zumos de frutas que, a pesar de las recomendaciones, nunca dejo de tomar en países tropicales. Incluso en puestos callejeros, como en Indonesia, Tailandia o Malasia. De momento, sin problemas.



Lo que hay en Bagan son muchos mosquitos, especialmente a la hora de la cena, digo yo que porque salen a cenar a la misma hora que nosotros, también son ganas de fastidiar. Pero si nosotros nos conformamos con un plato de arroz con pollo, que nada tiene que ver con ellos, los mosquitos cenan sangre fresca, menú que pondría cachondísimo a cualquier vampiro. El caso es que allí fuera solo estábamos la hija de los que trabajaban en el local y yo, ambos sentados en una silla. Y la pregunta del millón, ¿a quién acribillaban una y otra vez los mosquitos sin dar un instante de tregua? ¿A quién? A mí, ¿verdad?...
Pues se han equivocado, porque incomprensiblemente la atacaban a ella, a la niña birmana, que no paraba de dar manotazos todo el tiempo para espantarlos y palmadas en todo el cuerpo intentando aplastarlos. Comprendí entonces esa recomendación que se hace cuando vas a un punto de algo de riesgo como Siem Reap en Camboya, y te dicen que si solo son 3 días no hace falta profilaxis de Malaria. Siempre nos extraña eso y nos hacemos preguntas como: ¿es que los mosquitos solo pican cuando ya tienen cierta confianza y necesitan un conocimiento previo de varios días antes de atacar? ¿Creen en lo de “más vale malo conocido que bueno por conocer”? ¿Les da vergüenza chuparla en la primera cita? No sé, no sé…el caso es que de mí pasaban olímpicamente, pero tanto, que hasta me dio un poco de rabia por semejante desprecio.
Más sobre los mosquitos en este interesantísimo estudio que recomiendo se lean :
www.losviajeros.com/fo... p?t=194548
Días después, en Bangkok, sufriría un desprecio mucho más humillante, cuando en plena calle de puterío de Patpong, lleno de jovencitas tailandesas esperando cliente, recorro aquel callejón sin que NI UNA SOLA levantara siquiera la vista hacia mí para atraer mi atención. Y yo, que me esperaba un acoso agobiante, pasé por allí completamente ignorado cual suculento guiso de pollo delante de una vegetariana. Sorprendente Chocado .
Aquella noche, en la ducha, recordé un comentario de una forera aconsejando que cuando se está en países tercermundistas no solo hay que evitar beber agua del grifo y no consumir fruta sin piel, sino también abrir la boca en el momento de ducharse, porque el agua puede no tener suficientes garantías de higiene y las bacterias nos jugarían una mala pasada colándose camino del estómago.
Bueno, pues yo creo que la forera se quedó corta con la recomendación, porque también es peligroso el contacto directo del agua con la piel, y una bacteria con muy mala leche se puede colar por un poro o por cualquier otro agujerito (más o menos grande) del cuerpo y arruinarnos un viaje. Así que lo ideal es ducharse justo antes de salir de casa y aguantar hasta la vuelta a España sin lavarnos, excepto con agua embotellada solo si hay una emergencia, que sale carísimo, y llevar siempre las piernas lo más juntas posibles. Conviene acompañar esta medida con perfumes intensos, como hacían en el siglo XVIII. Tampoco es recomendable acercarse mucho a los nativos porque suelen estar llenos de bacterias, algunas de ellas muy inteligentes, de tamaño considerable y dotadas de una especie de extremidades que hacen las veces de patas y les permiten dar saltos de hasta 2 metros, con viento favorable incluso 3 o más, pudiendo así pasar fácilmente de un aborigen a un inocente guiri en cuestión de segundos. Extremen, pues, las precauciones en estos países. Yo seguiré en mi línea, de más riesgo, pero mucho más divertida.


La mañana siguiente compartí el taxi al aeropuerto con los 3 españoles que estaban en mi hotel y que ya se iban también. Yo tenía un vuelo múltiple como nunca había hecho. La compañía Asian Wings vuela de Bagan a Yangón haciendo escalas en Mandalay y Heho. Más que pasajero, parecía una azafata, aterrizando y despegando 6 veces en 3 horas. Y aun me quedaba otro vuelo ese día. 4 en total, no está mal.
Al llegar al aeropuerto de Yangón, me dirigí a la oficina de Air Asia donde me comunicaron que no había ningún billete a mi nombre en el listado del vuelo de esa tarde. Pensé que mi intento había fallado, pero al poco me dicen que sí, que había reservada ya una plaza para mí. Funcionó.
En el aeropuerto me vuelvo a encontrar, por 3ª vez, con Mariza, la austríaca, que también vuelve, pero ya a su país, yo aun sigo por Tailandia una semana más.
Me despido de Myanmar muy satisfecho de sus gentes, que emocionan por su cálida acogida, su naturalidad, su inocencia y sencillez. Me voy impresionado por la grandeza de Bagan, por el enorme encanto de Inle, por el primitivismo del sencillo estilo de vida de sus habitantes…
Si les ha gustado y quieren más dosis de sudeste asiático, les invito a mi diario de Malasia y Singapur www.losviajeros.com/Bl... php?b=6129



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  Últimos comentarios al diario  Myanmar:el estupor de las stupas
Total comentarios 36  Visualizar todos los comentarios

CamilaE  CamilaE  08/01/2013 23:11
Buenísimo tu diario, sobre todo, me he reído mucho por la forma en que lo has redactado y tu gran sentido del humor. Muchas gracias por compartir la experiencia!!!

Dover157  dover157  30/01/2013 21:52   
muyyy bueno el diario, claro, conciso y con gran humor. me he reido bastante y por unos instantes me has trasladado a birmania. enorabuena
un consejo: el proximo diario dividelo por etapas, asi será mas facil leerlo.

Ixchel.  Ixchel.  11/02/2014 16:23   
buen diario y sobre todo al hacerlo por libre me es de gran ayuda ya que casi todo el mundo lo hace con guía, ya empezaba a dudar que era imposible visitarlo por libre. Gracias por compartir tu experiencia, te dejo mis estrellitas

Nosequenombre  nosequenombre  11/05/2015 09:17
hola abaquo, no recordaras el nombre del templo para ver el atardecer ese que estaba menos concurrido, me refiero al del alemán rellenito, jeje
Gracias

Venecia1  venecia1  10/03/2017 01:38
Jaja que bueno! Te dejo mis estrellitas.

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Fecha: Mie Jul 10, 2019 10:25 am    Título: Re: Recorriendo Myanmar. Itinerarios - Rutas

Yo Mandalay-Bagan lo hago próximamente en van, por los horarios que he visto cogeremos una después de comer y sobre la hora de cenar llegaremos a Bagan (son unas 5 horas)
bajamonti
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Fecha: Mie Jul 10, 2019 10:48 am    Título: Re: Recorriendo Myanmar. Itinerarios - Rutas

Recorrer Myanmar -al menos su parte más turistica- en buses, es cómodo y barato.
Buses son nuevos, carreteras aceptables, se evita todo lo que conlleva volar; esperas en los aeropuertos, posibles retrasos, cancelaciones... etc, etc. Y viajando de noche se gana tiempo.....que es lo que más vale.
Muskida
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Nov 12, 2015
Mensajes: 445

Fecha: Mie Jul 10, 2019 02:06 pm    Título: Re: Recorriendo Myanmar. Itinerarios - Rutas

Hola,

Tengo entendido, y salvo error, que en agosto no hay vuelos en globo en Bagán. Eso es lo que leí por alguna parte y lo que me salva del del "antojo". Muy feliz Muy feliz
Nathanian83
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Mensajes: 6859

Fecha: Mie Jul 10, 2019 02:21 pm    Título: Re: Recorriendo Myanmar. Itinerarios - Rutas

Correcto. En temporada de monzones no vuelan. Creo que comienza de nuevo en octubre.
indamatossi.marta
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Jun 05, 2014
Mensajes: 811

Fecha: Mar Jul 16, 2019 06:50 pm    Título: Re: Recorriendo Myanmar. Itinerarios - Rutas

En Tailandia estuve en el 86... no te puedo contar xk me acuerdo de bien poco y entonces no escribia.... En Birmania estuve combinado con Laos en noviembre del 18, asi que lo tengo mas fresco. Para mi, a Yangon con 1 dia suficiente. Dos excesivos. En el lago Inle y depende horarios vuelos, tienes 1 dia para hacer la excursion por el lago , y el otro medio dia ves a Kakku ( 1,30 horas ida) Kakku, para mi imperdible Respecto a Bagan y Mandalay cada uno con dos dias ok. Yo hice mas dias, xk fui a Kalaw, a Hsipaw y al festival de globos de Taunggy ( pero eso es noviembre), sino tienes...  Leer más ...
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