Nos levantamos a eso de los 9.30, y bajamos a desayunar. El desayuno, de tipo buffet, no estaba nada mal, bastante completo, y todo muy rico.
Cuando salimos y comenzamos a recorrer la calle de nuestro hotel, observamos que esas calles no son lo que a uno le han contado de Praga, sino que en ellas todavía se respiraba un cierto aire de los tiempos comunistas. Nos sorprendió ver tiendas con un aspecto muy sórdido, con reclamos publicitarios bastante agresivos ( se podía leer non-stop en todos los establecimientos), como si quisieran recuperar el tiempo perdido. Todo esto nos recordó a hace un par de años, cuando visitamos Bratislava, donde recuerdo que paseando observábamos como convivían anuncios gigantes de Coca-Cola, con edificios cuadriculados de corte soviético. Fantástico!. Os recomiendo que si queréis conocer esta increíble ciudad más allá de las prefabricadas rutas turísticas, os sumerjáis en esta otra Praga, la Praga obrera y cotidiana.


Hoy teníamos pensado recorrer Malá Strana. Nos encontramos con este barrio nada más cruzar el Puente Carlos. Se trata de un barrio sumamente pintoresco, lleno de rincones y callejuelas adoquinadas, en el que no encontraréis nada especialmente espectacular, pero ahí reside su encanto, es que es perfecto simplemente para pasear


Nada más cruzar el Puente Carlos, nos encontramos con la calle Mostecká, en la que encontraréis una tienda llamada Manufaktura. Esta firma tiene varias tiendas repartidas por la ciudad, y podréis encontrar juguetes de madera, alimentos tradicionales, utensilios domésticos y otros artículos que os encantarán. Tienen página web propia, www.manufaktura.biz, así podéis echar un vistazo. Aún así, y aunque yo me compré alguna cosilla, resulta un poco más cara que si compráis en un mercadillo o tienda menos estilosa.

Después de un ratillo, llegamos al Muro de Lennon. Cuando John Lennon fue asesinado en 1980, se pintó esta pared en su memoria. Aunque sólo es un muro lleno de pintadas, pasaos por aquí y dejad vuestra huella.

Siguiendo nuestro paseo por Malá Strana, llegamos a la Isla de Kampa, que se encuentra separada de Malá Strana por el Canal del Diablo (Čertovka), formándose una pequeña Venecia. Podéis llegar hasta aquí bajando unas escaleras, que se encuentran a la izquierda del Puente Carlos cruzándolo desde la Plaza de la Ciudad Vieja.


La Isla de Kampa, es un sitio muy tranquilo y acogedor, perfecto para dar un paseo.
Aquí además nos encontramos el Museo Kampa. Se trata de un museo de arte moderno, al que yo recomendaría que os acercaseis a su exterior, y podréis ver las esculturas de los bebés más inquietantes que hayáis visto nunca. Por cierto, no los olvidéis, que luego seguiremos hablando de ellos.
Se acercaba la hora de comer, así que acabamos en un sitio a la entrada de Malá Strana. No recuerdo su nombre, pero estaba en un porche que está lleno de sitios para comer.
Yo probé el gulash, que aunque es un plato típico húngaro, encuentras en la República Checa muy fácilmente. He de decir que me sorprendió lo rico que estaba.
Después de comer decidimos subir al Castillo de Praga. El camino que lleva hasta lo alto del Castillo es increíble, con unas vistas espectaculares.

El Castillo de Praga es un recinto gigantesco, en el que te puedes pasar horas.
Hay varias modalidades para poder verlo, que se basan en distintos circuitos y precios.
Como la entrada a los patios y jardines es gratuita, decidimos no gastarnos un duro.
Yo destacaría la Catedral de San Vito, que por cierto, su entrada también es gratuita. Sus espigadas agujas os acompañaran por toda Praga, porque casi siempre las verás a lo lejos. Os recomiendo que le prestéis atención a la vidriera art Nouveau de Alfons Mucha. Creo recordar que está en el ala izquierda y nada más entrar. Realmente preciosa.

La verdad es que el tiempo había sido fantástico hasta ahora, así que para variar, mientras estábamos en el Castillo, comenzó a llover y nos tuvimos que refugiar durante un buen rato. Así que lo aprovechamos para releer nuestras guías, y planificar un poco el próximo día.
Cuando terminó de llover, y cansados de tanta caminata, decidimos ir a por una pivo….vamos cervecilla en checo……..está realmente rica, es muy suave, y lo mejor de todo………..muy muy barata.
Caminando por las calles de Praga, se encuentran un montón de tiendecillas, donde las marionetas bailan así de bien.
Para cenar, encontramos un sitio en un callejón próximo a la Torre de la Pólvora. Era una terracilla pequeña, pero muy barata, donde podías comer muy bien y medio litro de cerveza por unas 20 czk.
Volvimos al hotel, como la noche anterior, caminando, pero aunque no era demasiado tarde, aquella otra Praga, y nuestro querido barrio Zizkov, del que luego hablaré, daban bastante repelús. Nosotros no somos para nada miedosos en este aspecto, si yo os contara situaciones que hemos vivido….ay!, ese viaje a Viena!, pero eso es harina de otro diario… Así que mientras nos quedaban unos 10 minutos para llegar a nuestro hotel, vemos en la calle vacía y a lo lejos, un tipo con unas pintas….uhmm, un poco raras, bueno más que raras de estética neonazi……….en fin, que contuvimos la respiración, y sin levantar la mirada apretamos el paso y le adelantamos, cuando escuchamos que empieza a hablar muy alto (supongo que en checo, porque no entendíamos ni papa), y como no teníamos muy claro si iba por nosotros o hablaba por el móvil o que puñetas…..nos cogimos de la mano, y llegamos al hotel en tiempo record.
Con esto no penséis que Praga es peligrosa, nada de eso, sólo que a veces pasan estas cosas, pero también te puede pasar en tu ciudad, no? Y si no fuese por estas peripecias, ¿que anécdotas contaríamos a la vuelta de nuestros viajes?.
Parece que el pueblo es solo la plaza y poco más. Es así? Porque entonces sería llegar, dar una vuelta a la plaza e irse del lugar, no? Mucha distancia en auto para ver poco.
Me ha recordado a lo de este precioso pueblo de la Toscana que he recomendaron visitar, Monteriggioni...