Hoy teníamos pensado visitar la parte más nueva de la ciudad, Nové Město o ciudad nueva. Caminamos desde el hotel hasta la Plaza Wescenlao (Václasvské náměstí). Se trata de una plaza de grandes dimensiones, donde se desarrollaron numerosos acontecimientos históricos de este país. En el centro podemos encontrar la estatua ecuestre de San Wenceslao, y al fondo el Museo Nacional.

Cerca de allí, se encuentra el Pasaje Lucerna, un pasaje comercial de estilo art Nouveau, que destaca por la escultura Kun (Caballo), de David Cerný. Es una escultura un tanto extraña, ya que puede verse colgado del techo a San Wesceslao (o Vaclav, en checo), montado sobre la tripa de un caballo boca abajo.

Si os gusta Mucha, en la misma zona, se encuentran el museo que lleva su nombre. Alfons Mucha, fue unos de los padres del art Nouveau, junto con mi adorado Gustav Klimt. En el museo podréis encontrar una tienda muy chula y no demasiado cara, en la que se puede comprar de casi todo. Lo que más me gusto, los anuncios parisinos del artista.
Por cierto, había otra tienda Mucha en Staré Město, pero no recuerdo la calle.
Otro museo cercano, es el Museo del Comunismo, al que no entramos, pero no dejó de llamarnos la atención su cartel publicitario, y lo mejor de todo, es que se encuentra irónicamente pegado a un MacDonalds….

Para comer, al final fuimos a un restaurante italiano llamado Giovanni Pizzería, en la calle Melantrichova 10, un sitio bastante agradable y a un precio muy bueno.
Después de comer paseamos junto al río hasta llegar a la Casa Danzante, obra del mismo arquitecto del Guggenheim de Bilbao, Frank Gehry. Lo mejor, es el contraste entre este extraño edificio y las fachadas clásicas de los alrededores. Muy recomendable.

Cruzamos el Moldava en este punto, y caminamos por la zona de Smichov, donde encontramos el último lanzamiento de Apple.

Volvimos a cruzar a la otra orilla, para admirar el Teatro Nacional. Un edificio impresionante, un tanto sucio y de aspecto descuidado, pero para mi, ahí reside su encanto.

Después de mucho caminar, como teníamos hambre entramos en un supermercado Tesco en Národní Třída. La verdad es que me encanta observar lo diferente que puede ser un simple supermercado en diferentes partes. Nos llamo especialmente la atención los millones de tipos de salchichas, y también los tipos de panes, que tenían una pinta fantástica.
Así que decidimos tener una merienda de lo más simple, un panecillo y una chocolatina. Fue gracioso que a la hora de pagar, yo saqué mi tarjeta, y como había olvidado firmarla por detrás (bastante propio de mí, de hecho), el cajero se mosqueó un poco. Me pidió el DNI, y entre que en la tarjeta de crédito mi nombre está abreviado, y que el pobre hombre no entendía porque tenía dos apellidos, vamos que se montó un pequeño totum revolutum…..al final lo convencimos,………..en fin, que para cuatro duros que nos costó la merienda, vaya lío, si lo se pago en efectivo…
Cuando salimos, nos sentamos en un bordillo a merendar, cuando se nos acercó un checo pidiéndonos algo, que debió oler a lo lejos que éramos turistas, le dimos un poco de nuestra merienda, y el tipo se marchó más feliz que una lombriz.
Como todavía era pronto decidimos dar una vuelta por el barrio judío (Josefov). Ya antes de llegar a Praga habíamos leído las enormes filas que había para entrar en las sinagogas, y la pasta que costaba, y como teníamos claro que ni íbamos a aguantar filas kilométricas ni íbamos a soltar un duro, así que por la tarde cuando no había un alma, dimos un paseo entre las sinagogas, y pudimos ver sin agobios el antiguo cementerio judío. ¿Qué como lo vimos?......Uhmmm, pues encaramándonos un poco a la tapia, y asomando la nariz por una rendija…….para hacer fotos, metíamos la mano por un agujerillo…………y todo gratis


Comienza a anochecer, y decidimos seguir el recorrido del río para llegar hasta Malá Strana, ya que teníamos pensado cenar por allí.

De camino encontramos una especie de playita que el río formaba, un sitio muy chulo y muy tranquilo. Y para romper esta tranquilidad, fue aquí donde mi cámara se llevó un porrazo considerable contra el suelo.
Para variar vuelvo a entrar en la tienda Manufaktura, de la calle Mostecká…….esta tienda me gusta tanto, aunque luego no compro nada porque es muy cara.
Me encantaba pasear al atardecer por Malá Strana. Al final acabamos cenando por esta zona.
Para volver al hotel decidimos coger un taxi, porque la noche anterior ya decidimos que no volvíamos andando ni locos. Ya habíamos leído que en Praga había que tener algo de ojo con los taxistas, ya que no eran demasiado de fiar, así que nos decidimos por los taxis AAA que son de color amarillo, y que parece que cumplen con la legislación. Fuimos a la parada de taxis de Na příkopě, y antes de subir le dijimos al taxista a donde queríamos ir y cuanto nos iba a costar. Creo que era sobre 250 Czk o tal vez menos, no lo recuerdo bien, pero vamos que el precio nos convenció. Y así fue, el taxista no encendió el taxímetro durante el viaje, y respetó nuestro trato. Llegamos al hotel en unos 10 minutos. Nos fuimos enseguida a dormir porque estábamos muertos.
Parece que el pueblo es solo la plaza y poco más. Es así? Porque entonces sería llegar, dar una vuelta a la plaza e irse del lugar, no? Mucha distancia en auto para ver poco.
Me ha recordado a lo de este precioso pueblo de la Toscana que he recomendaron visitar, Monteriggioni...