Tras desayunar, ducharnos y recoger, nos metimos en el coche con rumbo al aeropuerto de Frankfurt Han a una hora de camino apróximadamente. Nuestro vuelo salia a las 12.30 con Ryanair también y cruzabamos los dedos porque no hubiese ningún problema.
Entregamos el coche y a relajarnos en los poquísimos asientos que hay en el aeropuerto.
Habíamos estimado que ibamos a hacer unos 1020 km con el coche por toda la selva negra hasta Suiza y vuelta al aeropuerto, en nuestro recorrido circular. Al final nos equivocamos por muy poco, hicimos en realidad 1150 km y nos gastamos en diesel 64 € en total, eso si, ibamos echando diesel en aquellas gasolineras que estaban más baratas cuando llevabamos gastados tan sólo un cuarto de depósito.
El diésel estaba entre 1,16 € en Estrasburgo (Francia) y 1,36 € entre Frankfurt Han y Mannhein, así que repostamos cada vez que la veiamos sobre 1,20-1,23 € ya que no coincidimos nunca con el deposito algo vacío con el precio a 1,16 €.
Llegada a Berlín Shoenefeld
El vuelo hacia Berlín Schoenefeld es de una hora apróximadamente y para ir hasta el centro de Berlín hay que coger un tren o un taxi. La parada de trenes está según se sale a la calle a la izquierda, hay que seguir un camino cubierto con un techo y avanzar durante 10 min de camino más o menos, una vez allí agarramos un tren con el número S9 hasta Ostkreuz donde cogimos el S5 hasta Alexanderplatz donde cogimos el metro U8 hasta Rosenthalerplatz, muy cerca estaba ya nuestro hotel, el Easyhotel de Berlín.
Si no os habéis dado cuenta, en ningún momento he nombrado nada del precio del billete de tren o metro..
El hotel que teníamos reservado (Easyhotel), se caracteriza por ser una mini habitación tipo camarote y un mini baño. No está nada mal, sobre todo el precio, 25 € por noche, independientemente de si vas solo o acompañado, y está muy céntrico.
Una vez que llegamos al hotel, dejamos las maletas y nos cambiamos de ropa, agarramos nuestro paraguas (que llevo siempre conmigo a los viajes) y nos fuimos a recorrer un poco la ciudad caminando hasta la puerta de Brandenburgo.
Ya el cansancio se hacia notar tras los días anteriores y tras dar un pequeño paseo conociendo un poco la ciudad, ir a cenar a un restaurante de comidas rápidas basadas en pescados y mariscos, acercarnos a la antena de televisión para ver los precios para subir, nos volvimos al hotel. El día estaba realmente feo, no paraba de llover, tenia los zapatos empapados y era de noche. Lo mejor en estos casos es irse a dormir y esperar que el día siguiente estuviese mejor.