Que mejor lugar para descansar después de 10 días subiendo y bajando cuestas, que metidos en un todoterreno y viendo animales por todos lados. Buena guinda para este pastel. Queríamos visitar Ngorongoro, pero de camino nos pareció buena idea hacer un día también en el PN de Lake Manyara.
Desde Arusha salimos en un todoterreno con nuestro guía, el cocinero, el conductor y nosotros 3 solos. Tuvimos suerte y pudimos viajar cómodamente en el vehículo. El todoterreno era un poco viejo y hacía más ruido que un tractor, pero se portó bien. El techo se levantaba y podíamos asomarnos sin problemas cuando queríamos sacar alguna foto o sentir el aire en la cara.
Lake Manyara es un parque muy interesante. Su peculiaridad radica en el oasis verde alrededor del lago que ocupa prácticamente todo el parque. Es fácil ver familias de babuinos, monos azules, hipopótamos, gacelas, dik-diks, facóferos, jirafas, elefantes, …un largo etc.
Hicimos noche en un camping con vistas al lago en lo alto de una colina. El lugar era un poco solitario pero no me pareció mala idea hacer noche lejos del lago y del río “mosquitos”, que así se llama y no por nada.
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Panoramica Lake Manyara
De Lake Manyara nos fuimos a Ngorongoro. No hay adjetivos suficientes que puedan describir las sensaciones que experimentamos allí. En este lugar me sentí un poco como deben de sentirse los animales en el zoo, porque yo era allí el que tenía que estar en una jaula y ellos eran los amos y señores de la tierra.
Según entramos al parque atravesando la puerta, no pasaron 4 km que circulábamos subiendo por la carretera que te lleva al borde del cráter cuando de la selva saltó a la carretera, justo delante de nuestro todoterreno, el animal más condenadamente precioso y poderoso que he visto nunca: un enorme leopardo. Nos quedamos helados hipnotizados por su desafiante mirada. Con mucha calma, y sin perdernos de vista, a tan solo 7m de nosotros, ¡imaginar!, cruzó la carretera muy despacio, saltó con mucha gracia al otro extremo del camino y se escondió despacio detrás de la maleza para vigilarnos detrás de los arbustos. Sentí algo especial mirando esos ojos felinos. Sentí jerarquía, una mirada que impone respeto, que desafía, que no tiene miedo a nada. Es difícil de explicar, pero me quedé cautivado tanto que me olvidé de sacar la cámara de fotos
Era el primer carnívoro que veíamos en libertad y vaya que inauguración tuvimos. Más adelante nos cruzamos con un grupo de búfalos y pocos kms más adelante por fin llegamos a nuestro campamento. Nos alojábamos en el campamento público. Es el lugar más auténtico sin duda para acampar en Ngorongoro. Cualquiera puede llegar allí y plantar la tienda. Es una explanada de césped muy bien cuidado al pie de un hermoso árbol, y con vistas al crater, rodeado de selva por todos lados. Una maravilla. En el perímetro del campamento hay carteles advirtiendo de no alejarse más allá de la zona despejada. Como instalaciones hay un comedor y una cocina que más bien parecen las instalaciones de una cárcel por los barrotes que protegen sus ventanas y puertas. Luego entendimos por qué.
Mientras nuestro guía y el conductor montaban las tiendas y el cocinero descargaba el coche, nos quedamos mirando como un enorme marabú nos daba la bienvenida al campamento. Vimos como las águilas planeaban haciendo acrobacias por los alrededores de la cocina robando lo que algún cocinero desprevenido dejaba sin vigilar. Que lugar más maravilloso.
De aquí salimos dirección al parque. El cráter tiene 3 carreteras de acceso. Una se bajada, una de subida y otra en los dos sentidos. Dentro del parque hay multitud de caminos que cruzan el parque por todos lados y poder disfrutar en “busca” de todos los animales. No hay que buscar mucho. Será de los pocos lugares de la tierra donde tienes que filtrar donde mirás y centrarte en algo, porque no das abasto rodeado como estás de toda clase de animales: cebras, ñues, búfalos, elefantes, hienas, avestruces, facóferos, …es increíble...francamente increíble. Donde mires ves algún animal.
Éramos muchos los todoterrenos allí, pero los animales no huían de nosotros. Estaban acostumbrados a su presencia y al ruido que hacíamos. Algunos animales parecían hasta posar delante de nuestras cámaras.
Vimos todo lo que esperábamos ver multiplicado por 10. Era la época de cría de ñues y cebras y había mucha vida. Vimos varias cebras al poco de dar a luz; vimos rinocerontes negros, leones, águilas, cuervos, buitres, un gueopardo, hipopótamos; el lago lleno de flamencos, ibis y garzas; vimos jacales, antílopes, gacelas de Thomson, jirafas, elefantes, un ocelote, impalas, avestruces, hipopótamos, …te deja sin aliento. No hablo en singular, sino en plural. Lo único que vimos por unidades fueron el leopardo, el gueopardo y el ocelote. Es desbordante la riqueza en fauna que hay allí.
Una tormenta nos enseña un paisaje diferente. El cielo se oscurece y riega el suelo con agua de lluvia. Los colores crecen en intensidad y nos brinda estampas muy fotográficas. Es un día perfecto.
De vuelta a nuestro campamento pensamos que había acabado nuestro safari, pero no termina hasta que no sales del parque, y nuestro campamento estaba dentro. Así cuando salí del reservado, me tope a pocos metros de mi, saliendo del bosque un elefante que se acercaba a beber de nuestras cisternas de las duchas…y detrás de este elefante vinieron otros 2, y luego otro, y todo esto a 10 metros de las tiendas… ¿No es increible? No dejo de pensar que a pocos kilómetros de aquí fue donde vimos ese leopardo.
Cenamos y nos retiramos a las tiendas. Esa noche por nada del mundo iba a salir fuera de la tienda. A saber que bicho puedes encontrarte pastando al lado de tu tienda, y que sea eso…pastando,