Nos levantamos temprano, incluso antes de que nos suene el despertador y, la verdad, bastante más descansados de lo que pensabamos. Algo tendrá que ver que hoy empieza nuestro contacto con la gran fauna.
Nos recogían a las 8.30 de la mañana. Así que desayunamos tranquilamente y bajamos al hall a esperar a nuestro guía. Y al fin, llega. Cargamos las maletas a la furgo y tras las presentaciones, salimos del hotel dirección a Amboseli.
El conductor-guía se llama Fran (¿?) y es un joven y esbelto muchacho con una sonrisa siempre en la cara que habla el español con fluidez. La salida de Nairobi es algo caótica. Muchísimo tráfico y gente caminando por todos lados. La verdad es que es una conducción para estar con los cinco sentidos. Durante el trayecto se ve lo que este país y es muy interesante. A mitad de camino nos para para descansar y que gastemos los cuartos en uno de esas naves que hay con arte africano que seguro que se lleva comisión. Al final nos llevamos tres piezas de animales de caoba, regateando, por supuesto porque aquí es un arte.
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En la furgo dirección a Amboseli
El viaje continúa y la carretera, de un solo carril en ambos sentidos, está hasta los topes. No en vano es la que une Mombasa con Nairobi. Las líneas continuas no significan nada para los automovilistas. Aquí se adelanta cuando le da cada uno la gana, jugándose el tipo. Fran al menos es prudente, pero ves cada aparcamiento que finalizas cerrando los ojos porque no sabes como va a acabar.
Por otro lado, cada vez que pasas por un pueblo es normal que traten de venderte algo los lugareños, aprovechando atascos y semáforos. Cuando dejamos esta carretera el camino es mucho más tranquilo. Se empiezan a divisar poblados masais y muchos pastores de vacas y burras. También nos ha parecido ver a lo lejos algún tipo de antílope, pero nos dirigimos rápidamente hacia el Parque por lo que solo es un atisbo de lo que nos espera. Ya la última parte del trayecto (unos 30 kms) es por un camino de tierra, lo que hace que experimentemos el masaje autóctono.
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Burras "pastando" al lado de la carretera
Y llegamos a la puerta del parque y allí nos paramos y se baja Fran a pedir los permisos correspondientes. Mientras nosotros en la furgo, esperando, rodeados de una marabunta de masais que tratan de vendernos sus utensilios. Da igual que les digas que no que ellos insisten e insisten.
Y entramos en el parque. Eran más o menos las 12 y al poco tiempo vemos unas jirafas. La emoción nos recorre el cuerpo, enganchamos cámaras y bajamos las ventanas. Fran nos dice que la parte de arriba la levantará por la tarde, que ahora solo nos dirigimos al Lodge a hacer check-in. De todas formas cada vez que veíamos un animal paraba y nos explicaba datos interesantes de ellos. Estuvimos un buen rato con las jirafas, y eso que estaban bien lejos para la distancia a la que luego las veríamos decenas de veces, pero no hay nada como un primer contacto para que te dé todo igual.
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Nuestro primer contacto fueron las jirafas
Antes de la entrada al lodge, el Ol Tukai, vimos ya bastantes animales: jirafas, ñus, cebras, elefantes, babuinos, monos verdes, avestruces, gacelas Thompson, búfalos... unos algo lejos y otros más cerca. Al pobre Fran le hacíamos parar cada dos por tres, pero es que aquello era el paraíso para los amantes de los animales. Había por doquier. Lo único malo es que el Kilimanjaro estaba tapado por las nubes.
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Ñúes, cebras, elefantes, babuino, monos verdes...
Sobre las 12.45 llegamos al Lodge, y aquello era mejor de lo que me esperaba. Edificaciones bajas chulísimas en un jardín lleno de césped y monos verdes, con vistas al Kilimanjaro y rodeados de una valla en la que a pocos metros había un montón de animales. Si es que no tenías que salir del lodge para verlos
Hacemos el check-in y nos guían hasta nuestra habitación-cabaña. Magnífica, como todo en este lodge. Tras dejar las cosas, comemos al aire libre, con un buffet no muy abundante (en comparación al del Sopa Lodge) pero sí muy sabroso. Y probamos nuestra primera cerveza africana, la Tusker. Las bebidas hay que pagarlas. Mientras los trabajadores con tirachinas alejando a los monos. Allí conocemos a otra pareja de españoles, de Pamplona, huyendo de San Fermín.
Tras una excelente comida hacemos hora hasta las 15.30 que nos recoge Fran con la furgo para realizar lo que es el safari en sí. La verdad es que no nos aburrimos, hay muchos animales bordeando los límites del hotel. Ahí es cuando me doy cuenta que los cables de la valla están electrificados ya que toco uno sin querer al poner la cámara sobre uno de los postes y bueno, me dió un pequeño calambrazo
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Desde el interior del Lodge. El mono verde también es conocido como el mono de huevos azules, a saber por qué
A las 15.30 nos esperaba de nuevo Fran para realizar el safari, ya con el techo de la furgo levantado. Salimos del lodge, a los laterales quedan los restos de otro antiguo que cerró y que la madre naturaleza se está comiendo. Nada más salir vemos un par de impalas macho. Fotos, vídeo, fotos, video....
Seguimos y se abre el espacio y en medio de la altiplanicie nos quedamos sin aliento de la cantidad de herbívoros que hay pastando. Además como el cielo está con sol y nubes el cambio de luces hace que las imágenes que visualizamos sean más espléndidas. Nos tiramos un par de horas dando vueltas por los diferentes caminos que hay. Es sorprendente el cómo los guías se los conocen y lo fácil que sería perderse aquí. Además el Kilimanjaro poco a poco se está despejando

A las 17.30 nos bajamos del vehículo para subir a un monte donde se encuentra un mirador y ver desde todo lo alto Amboseli. Poco después de eso volvemos hacia al Lodge, ya que a las 18 hay que estar recogidos en estos parques.
La cantidad de animales vistos ha sido inmensa. Destacaría por su grandeza los elefantes, muy grandes aquí ya que no hay furtivos y son muy viejos alguno de ellos. Hemos tenido mala suerte en el sentido de que no hemos visto ningún depredador, pero estamos más que satisfechos. Unas cuántas fotos de la zona.
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Ya en el lodge, nos quedamos atónitos con lo bien que se el Kilimanjaro desde él. Tras ver el atardecer, acompañados de multitud de elefantes, búfalos, cebras,...duchita, cena en el interior porque hacía algo de fresquito y sin buffet, sino a la carta y luego disfrutamos en la terraza al fuego y luego en el hall de unas cervezas y a las 23 horas nos acostamos que aquí la gente se acuesta muy pronto y estábamos más solos que la una.
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