El día siguiente era uno de los más esperados para mí: visita en mar abierto para ver ballenas. En esto es donde más eché de menos que no fuera verano ya que en invierno no son muchas las especies que transitan este mar. También con buen tiempo puedes darte un baño con delfines.
Para ello nos dirigimos a Kaikorua, desde aquí salen ferrys que van a una velocidad tan alta que mi estómago hizo que quisiera salir de mi. Pudimos distinguir varias ballenas de la misma especie aunque siento no recordar el nombre.
Se nos va la mañana en esta visita aunque ver un animal de ese tamaño tan cerca sin duda que ha merecido la pena.
Pero si algo es también típico de Kaikorua son sus langostas, así que preguntamos a la misma chica que nos vende las entradas para el ferry que nos lleva a ver las ballenas y nos comenta que hay muchos sitios típicos para comer un buen plato de langosta, pero que ella nos recomienda seguir un camino pegado a la costa donde veremos una especie de puesto ambulante y una señora que las vende. Dicho y hecho, hacia allí nos dirigimos y allí localizamos a la mencionada mujer que nos hace unas langostas a la plancha recién salidas del mar espectaculares, y cual turistas que somos nos sentamos en una pequeña mesa con sombrilla que la señora tiene. El tiempo no es veraniego, hace más bien fresco, pero comer esas langostas al lado del mar no tiene precio.

Haremos noche en el camping del pueblo.