Amanece un soleado Domingo en Londres y como el día anterior no habíamos comprado nada para desayunar pues nos vamos a desayunar a .... Candem. Nos vamos a coger la linea negra, que nos llevaba directa a Candem desde London Bridge, pero estaba cortada así que tuvimos que dar un pequeño rodeo para llegar. Una vez que nos bajamos de metro ya veía lo que me iba a esperar y es que tenía muchas ganas de ir a Candem, de ver esa cantidad de puestos que desde luego son impresionantes. Jamas había visto tanto tenderete junto, tantas cosas para ver y creo que tanto había que me quedé sin comprar prácticamente nada (porque algo cayó, jeje, desde luego).
Caminamos, paseamos, subimos, bajamos, vimos un puesto, otro, el siguiente, vuelta por aquí, ahora nos toca por acá, esto nos falta... y después de unas horas, muchas horas... teníamos que hacer un paréntesis. Vamos a comer!!
Cogimos pizza en un puesto atendido por un Brasileño muy majo con un par de limonadas y nos sentamos en un banco a comerlo. Nos relajamos un rato, descansamos las piernas y... vimos otra parte del mercado que nos faltaba por ver y ya nos vamos a dar un paseo por los canales.
Nos metemos en el Regent´s Park y dando un paseo lo atravesamos para salir por la esquina opuesta donde nos encontramos con el museo de cera Madame Tussauds.
Nos acercamos, ya que nos quedaba de paso, por el 221 de Baker St, es decir a la residencia en la ficción de Sherlock Holmes.
Continuamos el paseo por Baker St hasta llegar a Oxford Street y de aquí nos vamos a Selfridge, un centro comercial en el que no nos quedó más remedio que entrar porque empezaba de nuevo a llover. Dimos una vuelta por el centro comercial y cuando salimos aunque no había parado de llover hicimos uso de nuestros impermeables y a la calle.
Pasamos por Liberty, pero ni nos detuvimos porque ya la lluvia molestaba bastante. Con paso ligero llegamos a Picadilly Circus y dejó un poco de llover, pero no duró mucho, así que cogimos el metro y volvimos a casa.
Hoy era el día que se celebraba el final del verano en Londres y para celebrarlo además de una serie de actuaciones había fuegos artificiales a las 21:45 así que teníamos que ir a casa, dejar las compras, cambiarnos y cenar antes de irnos hacia el Blackfriards Bridge desde donde teníamos pensado verlos.
Salimos a la calle y vamos hacia el Támesis. Allí vimos el Anchor Bankside. Un pub muy llamativo por fuera, y muy apreciado por Shakespeare, quien solía acudir aquí con su compañía de teatro después de cada función para cambiarse de vestuario con los actores. Comimos el típico fish and chips, que no me gustó mucho, aunque como había hambre no quedó nada en el plato.
Dimos un paseo por el lado del Támesis, que estaba repleto de puestos de todo tipo y Rubén aprovechó para comerse una cupcake (de chocolate, claro). Su opinión es que esta no estaba tan buena y el bizcocho era un poco seco. Seguimos con el camino, pasando por Shakespeare Globe, por el Tate Moderm y llegamos al Milennium Bridge, otra obra de Norman Foster. Desde aquí se divisa al otro lado del puente la cúpula de St Paul´s Cathedral.
Salimos a la calle y vamos hacia el Támesis. Allí vimos el Anchor Bankside. Un pub muy llamativo por fuera, y muy apreciado por Shakespeare, quien solía acudir aquí con su compañía de teatro después de cada función para cambiarse de vestuario con los actores. Comimos el típico fish and chips, que no me gustó mucho, aunque como había hambre no quedó nada en el plato.
Dimos un paseo por el lado del Támesis, que estaba repleto de puestos de todo tipo y Rubén aprovechó para comerse una cupcake (de chocolate, claro). Su opinión es que esta no estaba tan buena y el bizcocho era un poco seco. Seguimos con el camino, pasando por Shakespeare Globe, por el Tate Moderm y llegamos al Milennium Bridge, otra obra de Norman Foster. Desde aquí se divisa al otro lado del puente la cúpula de St Paul´s Cathedral.
Dando un rodeo, por las obras que había en la zona llegamos por fin al Blackfriards Bridge. Buscamos un buen sitio y allí nos quedamos a la espera. Los fuegos empezaron más de media hora tarde y la gente estaba ya muy impaciente. Pero por fin ahí estaban.
Una vez que terminaron ya no había mucho más que hacer que paseando irnos a casa, por que con la tontería nos dieron las doce de la noche.