A las 7:30 estábamos desayunando. Esto era otra cosa, sin tanta gente como ayer. Salimos del hotel caminando por Damrak hasta la estación central. Allí por donde se subía a los últimos andenes, al fondo del pasillo, buscamos la salida hacia la parte de atrás de la estación donde se cogen los buses. La encontramos enseguida. También un bus que ponía Edam y que era amarillo y con las iniciales EBS. Perfecto. Solo que estaba parado haciendo tiempo fuera de sitio y el conductor nos dijo que no con la mano. Nos fuimos hacia el resto de las paradas y al poco ese mismo bus, con el número 118 puesto se acercó y nos subimos. Como mi cálculo era que salía algo más barato pagar cada viaje que coger el waterlandticket para todo el día pues le pedi dos billetes. Y me quería cobrar 7,50€ por cada uno. Como no me entendía muy bien con él, lo que hice fue cambiar de opinión y pedir el waterlandticket. Así me evitaba debates en jerga que no conocía. En menos de media hora estábamos en Edam. El conductor nos dijo antes de bajar que pasáramos el ticket por el lector y me di cuenta que era para ponerlo en vigor. Una vez en marcha el ticket te despreocupas durante todo el día. Solo acercarlo al lector cada vez que subes a un bus. Incluso parece ser que eso no es muy necesario porque en algún caso nos dijeron que pasáramos sin hacer uso del lector.
Edam es muy bonito. Un pueblo holandés de lo más típico y no montado para el turismo como Volendam. La entrada al pueblo desde la busstation por un canal y unas casitas preciosas, es de cine. Juzgar por vosotros mismos:

Caminando hacia el centro nos encontramos con lo que podríamos denominar una bicicleta de novia. Y es que no se puede entender Holanda sin bicicletas de todo tipo:

La Iglesia no es muy allá pero sí tiene un cementerio rodeándola absolutamente increíble. Allí las tumbas, algunas muy recientes, están acompañadas con objetos del difunto o difunta que había tenido mientras vivía. Realmente merece la pena darse una vuelta porque tal vez fuera de lo que más nos llamó la atención:


A partir de aquí es cuando se produjo el problema en la cámara que citaba al principio, No obstante en algunos casos, cuando no había fotos hechas por mi mujer, he preferido colocar una foto deficiente, pero mínimamente nítida tras su paso por el photoshop para que os hagáis una idea de lo que quería representar.
No era época del mercado del queso por lo que al menos quisimos acercarnos a un almacén que hay por el centro de una de las mejores empresas. Pero por lo visto cerraban los sábados. Nos quedamos sin degustar el objeto de nuestros deseos. No hay nada concreto en Edam en especial. Todo es especial. Solo hay que limitarse a recorrer las calles y disfrutar. Estuvimos en Edam sobre una hora. Y nos volvimos a la busstation a coger el 110 que no llevó a Volendam.
Al llegar a Volendam, el conductor nos dijo la parada en la que nos teníamos que bajar. Y gracias al planillo que llevaba del Google no tuvimos ninguna dificultad en llegar a la parte del puerto que es lo único visitable. Un paseo lleno de tiendas y de sitios para degustar cosas de comer. ¿Qué hacer en volendam? Pues muy fácil recorrer la calle, comprar algo, porque es más barato que en otros sitios y tomarse algo en uno de los puestecitos. Nosotros nos compramos unas gambas que sinceramente están mejor las de por aquí. Nos hizo gracia ver limpiar el pescado a una velocidad de vértigo

También pasamos por delante de un curioso lugar donde el personal metía los pies en unos grandes recipientes con pescaditos. Supongo que algún tipo de beneficio saludable supondrá eso. Debe ser como lo que hacen por aquí de embadurnarse el cuerpo de lodo. Qué cosas

El tiempo en Volendam es el que quieras emplear en ver tiendas de recuerdos. Creo que no llegó a una hora el tiempo que estuvimos en Volendam. Y con las mismas nos fuimos a coger el barco para ir a Marken. Lo más bonito de Volendam son las vistas desde el barco a medida que vas saliendo del puertecillo.

Saliendo del puerto hay una curiosa imagen de la Virgen del Carmen llena de pinchos para evitar que las palomas la enmarranen. La virgen de los pinchos la podían denominar perfectamente

Media horas después de salir de Volendam estábamos en Marken. Este es un pueblecito mucho más pequeño todavía que Edam y de los que podríamos denominar con encanto. Las vistas de la llegada desde el barco son bonitas. Y en general es una delicia pasear por su escaso perímetro. Hay rinconcitos tan preciosos como este:

Nada más bajar del barco a la izquierda hay una casita que al parecer perteneció a una anciana que ya murió y algún heredero deja que la gente entre a ver los recuerdos al mismo tiempo que intenta vender cosas al turisteo. No es nada del otro mundo pero por entrar no se pierde nada.
Comimos aquí en un sitio llamado De Taanderij, en la zona más alejada del puerto hacia la izquierda. Pescado como era lógico. Está bien el lugar en todos los sentidos, incluso en el precio.
Después del paseo por el pueblo nos fuimos a la parada del bus, que encontramos con bastante facilidad, esperamos un ratito y cogimos el 311 que nos llevó a Ámsterdam. Una excursión muy recomendable, que sale muy económica, 10€ del waterlanticket en abril de 2012. Por supuesto, si la contratas a una de las empresas de tours te sale mucho más caro, además de no ir a tu ritmo.
En Ámsterdam nos dedicamos a pasear por el Jordaan, que apenas si lo habíamos tocado con el tour de Sandeman’s. Desde la zona de la estación saliendo hacia la derecha, llegamos al canal Brouwersgracht, que parece es conocido como el de los cerveceros. Fuimos cruzando los canales importantes de la ciudad, los que rodean la ciudad, Singel, Herengracht y Keizersgracht hasta llegar al Prinsengracht. Pues bien, justo donde se cortan los canales Prinsengracht y Brouwersgracht, en el puente Lekkerenluis hay una vista muy bonita de los canales, con sus puentes y sus casas-barco. Desde ahí vislumbramos uno de los cafés marrones más populares de la ciudad, el ‘t Papeneiland, al comienzo del Prinsengracht. Bajando por este canal nos encontramos con el lugar donde se pone el mercado llamado Noordermarkt y donde también está la Noorderkerk o iglesia del Norte. Creo que fue el canal que más me gustó. Había gran cantidad de casas flotantes con sus tumbonas y todo

También aquí ha llegado la moda de los candados sobre los puentes junto a una curiosa talla. Quede reflejado como curiosidad

Frente al número 296 de la calle podemos ver el Houseboat museum, o museo de la Casa Flotante. El barco se llama "Hendrika Maria" y fue construido en 1914. Estaba cerrado cuando pasamos. Andando por el canal te acabas dando de bruces con la casa de Ana Frank y sus espectaculares colas. No era nuestro objetivo, por lo que seguimos paseando. Cerca la Westerkerk o iglesia del Oeste. Ya creo haber hablado de lo originales que son para dar nombre a las iglesias. Más que la iglesia es bonito el entorno, muy holandés:

Donde el Prinsengracht se cruza con el Elandsgracht encontramos unas estatuas de tres músicos, Johnny Jordaan, Tante Leen y Johnny Meyer en memoria de los cuales se celebra todos los septiembres un festival de música y danza, el Jordaan Festival sobre un escenario flotante. Debe ser espectacular.

Los demás canales no se quedan mancos. Todos tienen edificios singulares como éste

O rincones tus preciosos como éste:

También nos cruzamos con uno de esos curiosos WC públicos masculinos que ya nos habían indicado en el tour de Sandeman’s y que empezaron en el barrio rojo y aquí comprobamos que también están en el resto de la ciudad.

Protestaron las mujeres, les pusieron unos cerrados y tuvieron que dejarlos en desuso porque allí se hacía de todo menos necesidades biológicas básicas. Hay que ver lo que se aprende con los tours esos.
Esta vez no queríamos que nos pasara igual que la noche anterior, por lo que habíamos pedido a los del hotel que nos reservaran sitio en el lugar que habíamos elegido, el T Zwaantje. Cuando se hizo la hora allí que nos dirigimos. El lugar está en Berenstraat 12. Otro sitio recomendable. Precios medios hacia abajo y la comida muy buena, así como el servicio. Como cuando eres previsor luego resulta que no era necesario, cuando llegamos había sitio, no de sobra, pero no hubiera hecho falta reservar. Claro que si no lo hubiéramos hecho seguro que estaba hasta los topes.