Lo primero del día era algo que a mi me hacía especial ilusión y a mi novia no le hacía nada de ilusión. Me apetecia probar una pistola o una escopeta o algo en The Gun Store. No es que sea amigo de la política de armas de los USA, todo lo contrario, pero me apetecía probar, nunca lo había hecho.
Nada más desayunar, cogimos el bus y nos fuimos dirección sur. Era temprano, así que decidimos que antes de ir a The Gun Store, nos pasaríamos por el famoso cartel de Welcome to Fabulous Las Vegas. Nos bajamos en la parada de bus más cercana y aún nos toco andar un buen rato hasta el cartel, esta lejos lejos, eran sobre las 9 de la mañana y el solazo que pegaba a esas horas ya nos adelantaba que iba a ser un día duro, parecía que estábamos cruzando un desierto (bueno, casi casi). Llegamos al cartel y ya había allí bastante gente haciendo cola para la foto de rigor. Cuando llegó nuestro turno nos cogió la cámara un americano que andaba por allí y la verdad es que saco unas fotos muy buenas, incluso nos pidió que diéramos un salto y sacó la foto perfecta dando el salto frente al cartel.
Con nuestras fotos hechas volvimos a darnos la caminata hasta donde habíamos bajado del bus para coger otro en dirección a The Gun Store. Se notaba que nos alejábamos del strip, el tipo de gente era totalmente distinta, parecía que nos habíamos adentrado en la América profunda que, al menos nosotros, imaginamos.
Bueno, cuando llegas a The Gun Store, te sacan una especie de menú para que elijas lo que te apetece. Puedes elegir entre algunos packs que tienen preparados en los que pruebas varias armas o probar solo un arma. Dependiendo del arma que elijas es un precio y un número de disparos determinado. Yo elegí lo más barato y lo que más disparos incluía, una pistola (una Glock, que me sonaba de las pelis) que por $25 podías hacer 20 disparos. Además tienes que comprar por otros $2 una diana que luego te llevas a casa, puedes elegir entre un atracador con un rehén, un árabe, algunos monstruos… yo elegí la típica diana de toda la vida. Después de firmar unos papeles que no me leí porque eran muy largos y con mucha letra pequeña en inglés y de ponernos los protectores para los oídos y unas gafas, nos dejaron entrar a los dos a la zona de disparos, aunque solo fuera a disparar yo. Como os he dicho, nunca había disparado y me sorprendió el ruido que hace cada disparo, suena más de lo que imaginábamos. En todo momento tienes a un tipo de la tienda acompañándote, haciéndote indicaciones y vigilando todo lo que haces. No se me dió mal, aunque la verdad es que la diana estaba relativamente cerca. Me gusto la experiencia.
Con mi diana y un par de casquillos de bala, volvimos a coger el bus para volver hacia el strip. Tocaba empezar a visitar hoteles. Primero estuvimos viendo el Luxor. Para nuestro gusto es más bonito por fuera que por dentro, pero tampoco está nada mal.
Después nos pasamos por el Excalibur. Más de lo mismo que el Luxor, mejor por fuera que por dentro, pero no deja de merecer un paseo por dentro, sobretodo si tenemos en cuenta la temperatura infernal que hacía en el exterior. El calor de Las Vegas hace que cualquier sitio con aire acondicionado te parezca más bonito.
El siguiente hotel a visitar fue el New York New York. Estos tres están muy cerca unos de otros. El New York New York vale mucho la pena tanto por fuera como por dentro. Esta muy bien pasearse por ese mini Nueva York que tienen montado. En cada hotel/casino que entrabamos nos jugábamos un dólar en las tragaperras (sin miserias). Solo una vez llegamos a multiplicar por siete, pero también acabamos a cero. Era por hacer la gracia, lo teníamos asumido.
Del New York New York nos fuimos al Hotel Paris. Este recorrido lo hicimos metiéndonos por dentro de todos los hoteles que había a nuestro paso, teníamos que evitar el calor que hacia fuera de cualquier modo. El Hotel Paris es de temática muy similar al New York New York, cada uno con su ciudad claro está, pero casi nos gustó más el New York, aunque este también está muy bien.
Nuestro siguiente hotel en visitar era el Bellagio. El día anterior habíamos estado viendo el espectáculo de las fuentes, y hoy tocaba verlo por dentro. También este es una pasada. A los hoteles en general no les falta detalle, son inmensos y te pierdes por sus pasillos y salones. Muchas veces nos daba rabia porque intentas salir del hotel y parece que quieras escaparte del laberinto del minotauro, es casi imposible encontrar la salida.
Del Bellagio nos fuimos hacia nuestro hotel para comer y, sobretodo, coger fuerzas para el gran acontecimiento del día: nuestra boda en Las Vegas. Bueno, no fue exactamente una boda, fue una renovación de votos (aunque no estamos casados). Por lo que habíamos leído en el foro y nos pudimos informar, decidimos que no valía la pena los trámites de más que había que hacer para que la boda fuera válida, preferimos dejarlo todo en una renovación de votos, que para nosotros cumple el mismo papel.
La boda era a las cuatro en Elvis Chapel. A las 15:15 llamó por teléfono a la habitación del hotel el chofer de la limusina que vendría a buscarnos. A las 15:40 estábamos en la puerta principal del Venetian esperando a la limusina, que fue bastante puntual. Era la primera vez que subíamos en una limusina y la verdad es que nos hizo gracia, aunque hubiera estado bien que llevara una botellita de champán o algo así.
Llegamos a la Chapel y nos recibió el fotógrafo, pagamos la boda, dimos las propinas “voluntarias” (lo de las propinas en EEUU merecería un capítulo aparte, soy enemigo de las propinas, pero allí no te escapas) y, de repente, apareció Elvis. Hablaba un buen castellano, lo que nos hizo ilusión, porque preferíamos que la boda fuera medio en ingles medio en castellano, tampoco toda en castellano para darle la gracia. Estuvimos un rato hablando con él, nos dijo lo buena que era nuestra selección de fútbol (tema recurrente allí) y empezó la boda. Unos cuantos mensajes al móvil nos hicieron saber que desde España mucha familia y amigos estaban viéndonos por internet. Fue muy divertida. Elvis nos cantó tres canciones, reímos, bailamos, “cantamos”… Una muy buena experiencia. Después estuvimos un rato hablando con el fotógrafo mientras nos preparaba un dvd con las fotos y otro con el video de la boda y cuando volvió el señor de la limusina volvimos al hotel.
En el hotel nos dimos una duchita y volvimos a salir a continuar disfrutando de Las Vegas parque temático. Fuimos al Caesar’s Palace. El exterior es impactante, pero el interior fue el que más nos impresiono de todos los que vimos en Las Vegas. El interior es como un inmenso centro comercial con las marcas más caras metido en una ciudad de la antigua Roma, hay hasta una réplica del David de Miguel Angel, que no tiene mucho que ver con la antigua Roma, pero queda muy bien. Sin duda es uno de los hoteles que no hay que perderse. Aunque te pierdas dentro, no hay que perdérselo.
Después decidimos ir a subir a la torre del hotel Stratosphere. Al llegar allí puedes elegir si subir solo a la torre para ver las vistas o subir a la torre y montarte en alguna de las atracciones que hay arriba. Dependiendo de lo que elijas, el precio varia. Nosotros cogimos la entrada de subir a la torre y montar en una atracción y nos costo $23 por cabeza.
Cuando subimos ya era de noche y las vistas de Las Vegas tampoco nos parecieron tan impresionantes. Te das cuenta de lo grande que es Las Vegas y lo “pequeña” que es la parte turística, tan solo la calle del strip. La parte bulliciosa del strip nos pareció que quedaba bastante lejos como para que las vistas fueran tan impresionantes como habíamos leído. Lo de la atracción es cosa aparte, nos subimos al X-Scream. Es una minimontaña rusa, que te saca de la torre y te deja en el aire a 300 m sobre el suelo. Yo debo tener alguna alteración genética porque esas cosas no me impresionan (y eso me da rabia), pero el resto de gente, incluida mi novia, salieron bastante impactados.
Teníamos varios sitios a los que ir a cenar, pero nos decidimos por ir al famoso Hooters. Lo habíamos visto en muchas películas y nos hacía gracia verlo en persona. La comida estaba buena, pero el reclamo de las famosas camareras hooters dejó bastante que desear.
Se estaba acabando nuestro tiempo en Las Vegas y de camino al hotel decidimos pasarnos por el Bar Coyote, en el New York New York, pero había tanta gente y hacía tantísimo calor que decidimos saltárnoslo e ir paseando hasta el hotel disfrutando de nuestra última noche en Las Vegas. De camino a Las Vegas fuimos entrando en cada uno de los casinos famosos y comprando una ficha de $1 para traérnosla de recuerdo, creo que tenemos del Bellagio, el Flamingo, el Caesar’s Palace, el Venetian y no se si alguno más. También en el Flamingo decidimos apostar en la ruleta. No nos gusta demasiado el juego, así que solo jugamos $10 que era la apuesta mínima. Comenzamos triplicando nuestra apuesta y luego volvimos a ganar un par de veces (siempre duplicando o triplicando, haciendo las apuestas “fáciles”), pero acabamos como esperábamos acabar, perdiéndolo todo, pero de eso se trata en Las Vegas no?
Las caminatas de tantos días y el cansancio estaban pudiendo con nosotros. Por fin llegamos al hotel y nos fuimos a dormir, se acababa nuestra ruta por los USA.