Empezamos el día desayunando en el jardín, nos pusieron todo lo pedido y algo más, el pan recién tostado y metido entre trapos para que no se enfriara. Nosotros teníamos decidido ir ese día a las cuevas de hielo de Werfen, pero el dueño de la casa nos comento que la cueva de hielo del macizo de Dachstein estaba muy cerca y que era muy parecida, su frase fue que una cueva de hielo es una cueva de hielo, y además podíamos ver la cueva del Mamut, al final decidimos seguir el consejo y ahorrarnos muchos kilómetros yendo a Werfen, cosa que mi novia agradeció porque tenía respeto por la subida a estas cuevas, también nos perdimos el castillo de Werfen que tenía buena pinta. Pero al final bajo nuestro punto de vista acertamos. Decidimos coger el ticket todo incluido que nos salio por persona 39€, que nos daba derecho a todos los funiculares, los miradores y las dos cuevas. La primera visita fue a la cueva de hielo (Rieseneishöhle), nunca habíamos estado en nada parecido por lo que no sabíamos que nos íbamos a encontrar, la visita nos resulto muy curiosa y nos gusto mucho. Es una visita guiada, nos toco una chica que en ingles más unos papeles de información en español nos contó todo muy bien. El interior impresiona por sus formaciones de hielo
y la explicación de cómo se crean es bastante curiosa. La visita dura una media hora entre algunas subidas por escalones y es muy aconsejable.
Cuando sales de la cueva tienes una vista impresionante del entorno lastima que el día estaba nublado.
Después paseamos un rato por la montaña, esperando hasta la hora que teníamos para entrar, la cueva del Mamut (Mammuthöhle) también es con visita guiada en este caso la guía nos dio explicaciones particulares, porque éramos los únicos no austriacos, sus explicaciones fueron en ingles para nosotros. Esta cueva destaca por su enorme tamaño una de las más grandes, no tiene formaciones de hielo y el desnivel entre la parte más alta y la más profunda es de 1 kilómetro.
Otro lugar que nos gusto. Al terminar la visita subimos hasta la cima donde te lleva el funicular, con la esperanza de que la niebla levantara pero tuvimos mala suerte. Así que dimos una vuelta llegando hasta una capilla que había arriba en la montaña, y nos sorprendió que sin parecer muy alta había bastante nieve. Había una pendiente con varios trineos dejados para que la gente se deslizara por la nieve de manera gratuita, cosa que yo aproveche para subir y bajar la pendiente varias veces con el trineo pasando un rato muy divertido, mientras mi novia se reía de mis caídas. Después de este buen rato y con la pena de no haber podido aprovechar los miradores que tenían muy buena pinta bajamos hasta el coche y fuimos a comer a nuestra buhardilla preparamos unos ricos macarrones a la boloñesa en nuestra cocina y luego nos dirigimos hacia Hallstatt. Este pueblo fue una de las causas de nuestro viaje, porque por casualidad vimos unas fotos del sitio y dijimos este lugar lo tenemos que ver. Y aunque llevábamos unas expectativas muy altas nos gusto más de lo esperado, es un pueblo en el que algunas de sus casas parecen estar hundidas en el lago,
sus dos iglesias parecen encajadas entre las casas,
su cascada atraviesa por la mitad la localidad,
se respira tranquilidad, sobretodo cuando no te toca una de las múltiples excursiones que viene a visitar este pueblo, por eso es mejor visitarlo por la tarde. Aparcar dentro del pueblo es casi imposible cerca hay varios parking de pago, pero la verdad un poco caros, esa fue la solución por la que optamos en nuestra primera visita. Tras aparcar tardamos unos cinco minutos en llegar a la entrada, el pueblo es pequeño, entrando por la calle principal paralela a la orilla del lago te encuentras las primeras tiendas y se pueden admirar como las preciosas casa de madera parecen estar amontonadas una encima de otra.
Como el día estaba nublado solo hicimos unas cuantas fotos pensando en ir otro día cuando el sol brillara para sacar las fotos del pueblo reflejado en el agua y lo conseguimos al día siguiente. Mientras paseábamos, disfrutábamos del lugar, entramos en alguna tienda, de donde nos llevamos algún recuerdo, y nos quedamos enamorados de su pequeña plaza central,
un lugar que es mejor ver que describir, preciosa.
Luego puedes destacar la cascada que cruza el pueblo, las escaleras de madera que te llevan a la parte alta del pueblo, sus iglesias, pero sin duda lo mejor es contemplar sus casas incrustadas entre la montaña y el lago
y sus numerosas panorámicas.
Nos tomamos un rico helado tranquilamente sentados en un banco de la plaza, donde estuvimos un buen rato disfrutando del lugar. Echamos unas tres horas en Hallstatt y después nos fuimos hasta nuestro alojamiento. Cogimos las bicis que ponen a disposición en la casa de manera totalmente gratuita y pasamos un rato genial y haciendo algo de deporte en pareja, fuimos hasta la orilla del lago y después la recorrimos durante un rato de manera relajada, fue uno de esos momentos que no se olvidan, fue todo un lujo ir en pareja con las bicis por aquel precioso sitio. Justo al llegar a la buhardilla se puso a llover, por lo que decidimos cenar tranquilamente, en nuestra habitación, mientras escuchábamos la fuerte lluvia caer. Estuvimos charlando un buen rato y a dormir. Era el primer día que prácticamente no utilizamos el coche y nos vino bien para reponer fuerzas.

y la explicación de cómo se crean es bastante curiosa. La visita dura una media hora entre algunas subidas por escalones y es muy aconsejable.

Cuando sales de la cueva tienes una vista impresionante del entorno lastima que el día estaba nublado.

Después paseamos un rato por la montaña, esperando hasta la hora que teníamos para entrar, la cueva del Mamut (Mammuthöhle) también es con visita guiada en este caso la guía nos dio explicaciones particulares, porque éramos los únicos no austriacos, sus explicaciones fueron en ingles para nosotros. Esta cueva destaca por su enorme tamaño una de las más grandes, no tiene formaciones de hielo y el desnivel entre la parte más alta y la más profunda es de 1 kilómetro.

Otro lugar que nos gusto. Al terminar la visita subimos hasta la cima donde te lleva el funicular, con la esperanza de que la niebla levantara pero tuvimos mala suerte. Así que dimos una vuelta llegando hasta una capilla que había arriba en la montaña, y nos sorprendió que sin parecer muy alta había bastante nieve. Había una pendiente con varios trineos dejados para que la gente se deslizara por la nieve de manera gratuita, cosa que yo aproveche para subir y bajar la pendiente varias veces con el trineo pasando un rato muy divertido, mientras mi novia se reía de mis caídas. Después de este buen rato y con la pena de no haber podido aprovechar los miradores que tenían muy buena pinta bajamos hasta el coche y fuimos a comer a nuestra buhardilla preparamos unos ricos macarrones a la boloñesa en nuestra cocina y luego nos dirigimos hacia Hallstatt. Este pueblo fue una de las causas de nuestro viaje, porque por casualidad vimos unas fotos del sitio y dijimos este lugar lo tenemos que ver. Y aunque llevábamos unas expectativas muy altas nos gusto más de lo esperado, es un pueblo en el que algunas de sus casas parecen estar hundidas en el lago,

sus dos iglesias parecen encajadas entre las casas,

su cascada atraviesa por la mitad la localidad,

se respira tranquilidad, sobretodo cuando no te toca una de las múltiples excursiones que viene a visitar este pueblo, por eso es mejor visitarlo por la tarde. Aparcar dentro del pueblo es casi imposible cerca hay varios parking de pago, pero la verdad un poco caros, esa fue la solución por la que optamos en nuestra primera visita. Tras aparcar tardamos unos cinco minutos en llegar a la entrada, el pueblo es pequeño, entrando por la calle principal paralela a la orilla del lago te encuentras las primeras tiendas y se pueden admirar como las preciosas casa de madera parecen estar amontonadas una encima de otra.

Como el día estaba nublado solo hicimos unas cuantas fotos pensando en ir otro día cuando el sol brillara para sacar las fotos del pueblo reflejado en el agua y lo conseguimos al día siguiente. Mientras paseábamos, disfrutábamos del lugar, entramos en alguna tienda, de donde nos llevamos algún recuerdo, y nos quedamos enamorados de su pequeña plaza central,

un lugar que es mejor ver que describir, preciosa.

Luego puedes destacar la cascada que cruza el pueblo, las escaleras de madera que te llevan a la parte alta del pueblo, sus iglesias, pero sin duda lo mejor es contemplar sus casas incrustadas entre la montaña y el lago

y sus numerosas panorámicas.

Nos tomamos un rico helado tranquilamente sentados en un banco de la plaza, donde estuvimos un buen rato disfrutando del lugar. Echamos unas tres horas en Hallstatt y después nos fuimos hasta nuestro alojamiento. Cogimos las bicis que ponen a disposición en la casa de manera totalmente gratuita y pasamos un rato genial y haciendo algo de deporte en pareja, fuimos hasta la orilla del lago y después la recorrimos durante un rato de manera relajada, fue uno de esos momentos que no se olvidan, fue todo un lujo ir en pareja con las bicis por aquel precioso sitio. Justo al llegar a la buhardilla se puso a llover, por lo que decidimos cenar tranquilamente, en nuestra habitación, mientras escuchábamos la fuerte lluvia caer. Estuvimos charlando un buen rato y a dormir. Era el primer día que prácticamente no utilizamos el coche y nos vino bien para reponer fuerzas.