Era el último día que teníamos para usar nuestras Welcome Cards, así que teníamos que aprovechar para ver lo que nos quedaba de los museos… Empezamos la mañana yendo al Altes Museum, obra del “arquitecto de Berlín” Karl Friedrich Schinkel, ya que parece que el 90% de los edificios más importante los diseñó él

La Alte Nationalgalerie, esta vez ideada por un alumno de Schinkel
Es uno de esos museos que si te gusta el arte antiguo no puedes perderte, sobre todo tiene piezas de arte griego. Merecería la pena entrar solo por ver su rotonda interior, soportada por 20 columnas, entre las que están representados los diferentes dioses del Olimpo.

Entre dioses y diosas…
Bueno, y también para ver el sarcófago de Medea, un increíble ejemplo de la maestría que alcanzaron en el relieve los artistas griegos. Me senté frente a él con mi audioguía (por cierto que en este museo y en la Alte Nationalgalerie las audioguías solo estaban en alemán e inglés) y estuve, sin exagerar, al menos 15 minutos observándolo, como hipnotizada…

El sarcófago de Medea… sobran las palabras
Lo bueno de estos museos, es que no son especialmente grandes, así te organizas mejor para verlo todo, creo yo… Así que cuando acabamos todavía teníamos tiempo para ver con calma la Alte Nationalgalerie, que como s propio nombre indica pues alberga una buen número de cuadros, desde el Romanticismo a las Vanguardias, con bastantes obras de artistas alemanes.

Abandonando ya otro museo…
Cuando acabamos con los museos, al menos con lo que nosotras queríamos ver, decidimos empezar un recorrido para descubrir lo que quedaba en pie del Muro. Nuestro punto de partida estaba muy cerca de Check Point Charlie así que repetimos comida en el Fresco, que nos había gustado mucho cuando estuvimos allí el primer día.

Sandwich y cremita de patata… rico-rico
Junto ese pedazo de muro, visitamos el museo de la Topografía del Terror, cerca de donde se hallaban los servicios secretos, la SS y la Gestapo. Si algo han hecho los alemanes es conservar las ruinas y levantar memoriales para que nunca se repita la misma barbarie. Hay una exposición sobre su historia, con fotos, informes, portadas de revistas y periódicos, etc. aquí es donde se planificaron la “germanización” y el holocausto.

Junto a la Topografía del Terror
Siguiendo las huellas del muro fuimos a parar a una de las torres de vigilancia que quedan en pie, cerca de las Potsdamer Platz, en la calle Erna-Berger-Strasse, aunque es difícil de encontrar si no vas buscándola, ya que se encuentra escondida entre altos edificios modernos.

Torre de vigilancia de la antigua RDA
Cogimos de nuevo el metro para ir hasta la orilla del río Spree, y deleitarnos con el bonito Oberbaumbrücke, erigido a finales del siglo XIX, estuvo cerrado a cualquier tipo de tráfico durante muchos años ya que separaba ambas partes del muro…

Un puente precioso
Cruzando el puente dimos con la National East Gallery, lo cierto es que está pegada a él, el trozo de muro más extenso que se encuentra en pie, y también el más famoso. Casi kilómetro y medio de murales en honor a la libertad, celebrando, por fin, la caída del muro.

Una de las imágenes más conocidas de la East Side Gallery
Algunas de sus imágenes son fácilmente reconocibles porque las hemos visto miles de veces, el beso o Bruderkiss entre Brezhnev y Honecker; o el trebi azul atravesando el muro azul celeste, uno de mis favoritos.

Junto a mi imagen favorita del muro…
Para verlo bien tienes que dedicarle al menos media hora, eso si apenas te paras a contemplar los murales… nosotras estuvimos al menos una hora recorriéndolo, sin mucha prisa por acabar. Hace unos años se restauró todo el muro, y creo que incluso hubo parte de él que lo movieron… algo me suena.
Bueno, la cuestión es que cuando acabamos fuimos en busca de un autobús que nos llevará la último tramos de muro que queríamos ver. Pero como tardó un montón en venir el que nosotras queríamos y que anochecía super-pronto, para cuando llegamos ya no se veía apenas nada, así que decidimos dejarlo para primera hora del día siguiente.
Ya no se veía apenas nada, así que lo dejamos para otro día
Cogimos esta vez el tren hasta Alexanderplatz, y nos fuimos a tomar algo y hacer algo de tiempo para cenar en un restaurante que nos había recomendado nuestra guía del día anterior: el Brauhaus Lemke. Está en Dircksenstraße, S-Bahnbogen 143, debajo de las vías de tren que parten de la plaza, así que no tiene mucha pérdida.

A brindar!!
Teníamos muchísimas ganas de probar el codillo, pero para cuando llegamos, ya se habían acabado Así que nos confromamos con un jamoncito asado, unas salchichas y costillas barbacoa… todo riquísimo y muy bien regado por cerveza que ellos mismos preparan.

Sin comentarios al respecto…
Este sitio, al igual que el Prater, lo recomiendo 100%, tal vez el primero al que fuimos sea más auténtico y este pueda ser más turístico, pero ambos están genial para degustar una buena cerveza alemana y probar platos típicos de la zona.
Cuando acabamos buscamos el tranvía nº1 que nos dejaba al lado del apartamento, creo que era la primera vez que elegíamos el tranvía como medio de locomoción, y fuimos a descansar…
Gastos del día:
Comida en el Fresco –> 28.95€
Cafés y chocolates –> 6,90€
Cena en el Brauhaus Lemke –> 52,60€