Desayunamos temprano y empezamos la ruta con destino a la plaza de Tiananmen y a la ciudad prohibida. Como dijimos hay mucha seguridad en todo Pekín, y justo era el congreso quinquenal del partido comunista, así que al salir del metro encontramos en la plaza de Tinanmen y la Ciudad Prohibida cientos de policías haciendo cacheos. Daba un poco de susto puesto que revisaban mochilas y chaquetas pero a los tres extranjeros que estábamos allí ni nos miraron. Luego nos hicimos la típica foto con el retrato de Mao detrás.
La ciudad prohibida más que una ciudad parece una megalópolis, no en vano fue la residencia imperial durante más de 500 años. Es gigantesco, ocupa más de 900 edificios y 720.000 km2 y hará falta una mañana entera o día si quieres verlo en su totalidad, visitando todos los pabellones y rincones de este complejo. Nosotros paseamos por la zona central sin pararnos demasiado en el resto de dependencias a los lados de los pabellones principales. Hicimos la visita en una hora y media y te deja un grato sabor en la boca, después de ver descomunal sitio, que tardó más de quince años en construirse con más de 1 millón de obreros.
Entrada Ciudad Prohibida. Pekin por Germán Lemes, en Flickr
Más fotos aquí Ciudad Prohibida Pekín.
Sobran las palabras y los números. La Ciudad Prohibida o en chino “Ciudad Púrpura Prohibida” es una de las grandes construcciones de China y el mayor complejo palaciego del mundo.
Salimos por la puerta que da al norte frente al Parque Jinshan, por la Puerta de la Divina Armonía, es una visita más que recomendable obligatoria, puesto quelas vistas que veremos de la ciudad prohibida desde el Parque Jinshan bien valen el paseo de subir a lo alto de la colina. Subimos arriba tras unos diez minutos paseando por el parque, y también se ven unas vistas increíbles del resto de Pekín y del precioso Lago Behai y la Pagoda Blanca que lo flanquea orgullosamente. También se puede hacer uno la medida de la distancia que hay entre todos estos sitios de interés, ciudad prohibida, parque Beihai con la pagoda y también verás desde Jinshan las torres del Tambor y de la Campana y la pequeña plaza que los separa.
Todo ello si la polución atmosférica te lo permite porque la bruma que se ve desde lo alto resta mucha visibilidad a las vistas y a la hora de hacer cualquier foto. Parece niebla pero no lo es. La distancia es bastante grande, sin saber que al final llegaríamos hasta las torres en lo que sería un día maratoniano.
Bajamos al Parque Beihai, es precioso, muy bien cuidado y con una gran cantidad de edificios, pabellosnes, plantas, flores, paseos, y un lago realmente enorme, es un sitio de visita obligatoria en Pekín. Entramos al Lago Beihai por una calle de puestos callejeros, un hutong pequeñito. La entrada es por un puente lleno de árboles y seguimos caminando para llegar a la Isla de Jade en medio del lago donde está la Pagoda Blanca. Cierto es que de lejos se ve bastante mejor que de cerca en el sentido que tiene grietas y está un poco deteriorada y muy de cerca se ven esas cicatrices que ha dejado la climatología. La Pagoda ha sido destruida varias veces por otros tantos terremotos. La actual data de los años setenta y está sobre el Templo Yongan. Vale la pena subir para obtener interesantes fotos del parque y de la Pagoda.
La Pagoda Blanca. Pekin. The white Pagoda por Germán Lemes, en Flickr
Tras coronar la isla de jade y visitar la pagoda blanca, se puede acceder al otro lado del lago con unas barcazas que por un módico precio te ahorran la caminata de bordearlo. Nosotros tuvimos que hacerlo puesto que en invierno no hay servicio de barcos. Es un paseo tranquilo y agradable hasta llegar a unos edificios tipo casetas encima del agua donde los chinos bailan y se divierten. Desde aquí hay una bonita panorámica del Lago Beihai, la Pagoda Blanca y el Parque Jinshan.
Saliendo se encuentra una inmensa avenida que tras seguirla y girar hacia la izquierda te lleva directamente a la Torre del Tambor y a la Torre de la Campana tras caminar unos diez minutos.
Estas Torres están separadas por una plazoleta de unos cien metros y están como mirándose la una a la otra, vigilándose mutuamente. Se usaban para anunciar el tiempo a la población cuando no habían medios de medirlo. La campana sonaba al amanecer y el tambor para avisar del anochecer. La subida a la Torre del Tambor es una enorme escalera ascendente con bastante inclinación no apto para personas mayores o niños y unos 50 metros de altura. Destaca en su entorno puesto que ya se integra en una zona llena de Hutongs, el de Dongcheng, y su función era dar las horas y avisar a la población. Dan un espectáculo, corto pero con mucho estruendo tocando los diez o quince tambores de imitación a los originales que funcionan. Vale la pena esperar a que dé la hora de espectáculo para verlo.
Acto seguido nos encaminamos a visitar la Torre de la Campana, que hasta el año 1.924 (cuando el último emperador, Puyi, fue obligado a abandonar la ciudad prohibida) se usaba para dar las siete de la tarde y su sonido podía oírse en más de 20 km a la redonda debido a la arquitectura de su construcción. El tamaño de la campana de bronce es gigantesco y es la más grande y pesada de china. Cuenta la leyenda que un emperador mandó hacer una nueva de bronce en el plazo de tres meses y si el color no le gustaba mandaría matar al forjador. Al ver que no lo conseguía la hija de éste se tiró al bronce fundido pero sus zapatos no cayeron. El sonido de la campana cuando hace viento suena como “xie” en chino que significa zapato, como el fantasma de la hija del forjador.
La campana. The drum. por Germán Lemes, en Flickr
Más fotos de Pekín Pekín
Y aquí se acabó el día, tras un paseíto de quince minutos llegamos a nuestro hostal a eso de las cuatro de la tarde.
La ciudad prohibida más que una ciudad parece una megalópolis, no en vano fue la residencia imperial durante más de 500 años. Es gigantesco, ocupa más de 900 edificios y 720.000 km2 y hará falta una mañana entera o día si quieres verlo en su totalidad, visitando todos los pabellones y rincones de este complejo. Nosotros paseamos por la zona central sin pararnos demasiado en el resto de dependencias a los lados de los pabellones principales. Hicimos la visita en una hora y media y te deja un grato sabor en la boca, después de ver descomunal sitio, que tardó más de quince años en construirse con más de 1 millón de obreros.
Entrada Ciudad Prohibida. Pekin por Germán Lemes, en Flickr
Más fotos aquí Ciudad Prohibida Pekín.
Sobran las palabras y los números. La Ciudad Prohibida o en chino “Ciudad Púrpura Prohibida” es una de las grandes construcciones de China y el mayor complejo palaciego del mundo.
Salimos por la puerta que da al norte frente al Parque Jinshan, por la Puerta de la Divina Armonía, es una visita más que recomendable obligatoria, puesto quelas vistas que veremos de la ciudad prohibida desde el Parque Jinshan bien valen el paseo de subir a lo alto de la colina. Subimos arriba tras unos diez minutos paseando por el parque, y también se ven unas vistas increíbles del resto de Pekín y del precioso Lago Behai y la Pagoda Blanca que lo flanquea orgullosamente. También se puede hacer uno la medida de la distancia que hay entre todos estos sitios de interés, ciudad prohibida, parque Beihai con la pagoda y también verás desde Jinshan las torres del Tambor y de la Campana y la pequeña plaza que los separa.
Todo ello si la polución atmosférica te lo permite porque la bruma que se ve desde lo alto resta mucha visibilidad a las vistas y a la hora de hacer cualquier foto. Parece niebla pero no lo es. La distancia es bastante grande, sin saber que al final llegaríamos hasta las torres en lo que sería un día maratoniano.
Bajamos al Parque Beihai, es precioso, muy bien cuidado y con una gran cantidad de edificios, pabellosnes, plantas, flores, paseos, y un lago realmente enorme, es un sitio de visita obligatoria en Pekín. Entramos al Lago Beihai por una calle de puestos callejeros, un hutong pequeñito. La entrada es por un puente lleno de árboles y seguimos caminando para llegar a la Isla de Jade en medio del lago donde está la Pagoda Blanca. Cierto es que de lejos se ve bastante mejor que de cerca en el sentido que tiene grietas y está un poco deteriorada y muy de cerca se ven esas cicatrices que ha dejado la climatología. La Pagoda ha sido destruida varias veces por otros tantos terremotos. La actual data de los años setenta y está sobre el Templo Yongan. Vale la pena subir para obtener interesantes fotos del parque y de la Pagoda.
La Pagoda Blanca. Pekin. The white Pagoda por Germán Lemes, en Flickr
Tras coronar la isla de jade y visitar la pagoda blanca, se puede acceder al otro lado del lago con unas barcazas que por un módico precio te ahorran la caminata de bordearlo. Nosotros tuvimos que hacerlo puesto que en invierno no hay servicio de barcos. Es un paseo tranquilo y agradable hasta llegar a unos edificios tipo casetas encima del agua donde los chinos bailan y se divierten. Desde aquí hay una bonita panorámica del Lago Beihai, la Pagoda Blanca y el Parque Jinshan.
Saliendo se encuentra una inmensa avenida que tras seguirla y girar hacia la izquierda te lleva directamente a la Torre del Tambor y a la Torre de la Campana tras caminar unos diez minutos.
Estas Torres están separadas por una plazoleta de unos cien metros y están como mirándose la una a la otra, vigilándose mutuamente. Se usaban para anunciar el tiempo a la población cuando no habían medios de medirlo. La campana sonaba al amanecer y el tambor para avisar del anochecer. La subida a la Torre del Tambor es una enorme escalera ascendente con bastante inclinación no apto para personas mayores o niños y unos 50 metros de altura. Destaca en su entorno puesto que ya se integra en una zona llena de Hutongs, el de Dongcheng, y su función era dar las horas y avisar a la población. Dan un espectáculo, corto pero con mucho estruendo tocando los diez o quince tambores de imitación a los originales que funcionan. Vale la pena esperar a que dé la hora de espectáculo para verlo.
Acto seguido nos encaminamos a visitar la Torre de la Campana, que hasta el año 1.924 (cuando el último emperador, Puyi, fue obligado a abandonar la ciudad prohibida) se usaba para dar las siete de la tarde y su sonido podía oírse en más de 20 km a la redonda debido a la arquitectura de su construcción. El tamaño de la campana de bronce es gigantesco y es la más grande y pesada de china. Cuenta la leyenda que un emperador mandó hacer una nueva de bronce en el plazo de tres meses y si el color no le gustaba mandaría matar al forjador. Al ver que no lo conseguía la hija de éste se tiró al bronce fundido pero sus zapatos no cayeron. El sonido de la campana cuando hace viento suena como “xie” en chino que significa zapato, como el fantasma de la hija del forjador.
La campana. The drum. por Germán Lemes, en Flickr
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Y aquí se acabó el día, tras un paseíto de quince minutos llegamos a nuestro hostal a eso de las cuatro de la tarde.


